El Cristiano y la Ley (3ª parte)

El Cristiano y la Ley 
(3ª parte)

Autor: Ger de Konning

 Que no se puede ganar la salvacióncumpliendo los mandamientos, es algo que, en general, lo reconocen todos loscristianos. Pero qué pasa cuando se trata de la pregunta de qué tiene que verla ley en la vida diaria de un cristiano. Esto y mucho más es lo que veremos eneste instructivo mensaje de Ger de Konning: “El cristiano y la ley”.


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PE1964 – Estudio Bíblico
El Cristiano y la Ley (3ª parte)



Queridos amigos, habíamos dicho que: Vale la penaestudiar más a fondo la palabra “ayo”, que Pablo utiliza en este pasaje sobrela Ley (en el v. 24 de Hch. 15). Un “ayo” es alguien que cuida de un niño quele ha sido confiado, y también cuida de su bienestar físico. Ésta es la funciónde la Ley. La Ley es un ayo hacia Cristo. Esto, sin embargo, no significa quemuestra el camino hacia Cristo. Más bien caracteriza un período de la historiade la salvación, en la cual Dios regula la vida de su pueblo Israel a través deella. Esta etapa finalizó con la venida de Cristo.

Al realizar el Señor Jesús Su obra en la cruz, hizo posibleque Dios pudiera justificar a un ser humano sobre la base de la fe. Esto esposible sólo por la fe, nunca por la Ley, ni por cualquier esfuerzo humano.Desde que la obra de Cristo fue consumada, Dios ya no trata con el ser humanosobre la base de la Ley, sino sólo sobre la base de la fe.

Por eso, el versículo 25 dice:“Perovenida la fe, ya no estamos bajo ayo.Eltérmino “la fe” se refiere a la etapa de la fe. La Ley tuvo su tiempo. Losgálatas tuvieron que aprender esto muy a fondo, y en ese aprendizaje ellos tuvieronque deshacerse de las enseñanzas de los falsos maestros judíos. También paranosotros, como cristianos, es importante comprender esto. La Ley es una prisiónque quita toda libertad al ser humano que se pone bajo de la misma. Por la feen Cristo, el ser humano es liberado de esa prisión.

Si alguien después de esto vuelve a tomar la Ley como reglade vida, eso significa para él un regreso a la etapa de la Ley y un volver a laprisión. Quien regresa a esto pierde la libertad que recibió a través de la feen el Señor Jesús, y pierde toda la bendición en Cristo, que le pertenece através de la fe en Él (como menciona Gá. 5:4). En la segunda parte de esteversículo, Pablo les dice a los gálatascreyentes, que ésa es la consecuencia por querer ser justificados porla Ley. Lo que, al mismo tiempo, significa que ellos caen de la gracia. Aquídice que el creyente que desea cumplir la Ley, lo hace para ser justificado porla misma, aun cuando quizás sinceramente declara lo contrario. El hecho es queno se trata de los motivos que tiene el creyente para cumplir la Ley, sino delo que la Ley es y para qué Dios la ha dado.

De modo que nadie pudo, ni puede, cumplir la Ley. De ahí quehaya sido, y sea, imposible ser justificado por ella. Ahora, vemos que cuandoun creyente quiere cumplir la Ley, ante Dios vuelve a hacerlo sobre esta mismabase: para ser justificado por ella. Pero, eso no cambia el hecho de quealguien que en alguna forma quiera cumplir la Ley, se coloca bajo maldición.Pablo ya lo había dicho en la carta a los gálatas, cap. 3, v. 10:“Porque todos los que dependen de las obras de la Ley estánbajo maldición”. Quientoma la Ley de Dios en serio, confirmará esto.

El cristiano ya no vive en conexión con la Ley, sino enconexión con Cristo. Él ya no está bajo la Ley, sino bajo la gracia (como dieRo. 6:14). Gracia significa no esperar nada de sí mismo y entregarse totalmentea Dios. Sólo bajo la gracia se encuentra el poder de vivir para Dios.

Preguntémonosahora: ¿Cómo es posible que el cristiano ya no esté bajo la Ley?Primeramente, aclaremos que Pablo no dice en ninguna parteque la Ley no fuera buena. Al contrario, en Ro. 7:12 dice:“De manera que la Ley a la verdad es santa, y el mandamientosanto, justo y bueno”. Porque,¿cómo podría algo que viene de Dios ser malo? ¿Qué es, entonces, lo que no esbueno? No es bueno usar la Ley para ser justificado. Quien lo intenta descubresu pecaminosidad, y tiene que darse cuenta que merece la muerte.

Justamente esto es lo que Pablo dice en Gálatas 2:19:“…yo… soy muerto para la Ley.”Élreconoce la pena de muerte sobre sí mismo, contenida en la Ley. De este modo,vemos que él toma la Ley en serio. Él reconoce su autoridad. La Ley le hadejado en claro lo que es pecado, porque la Ley produce reconocimiento depecado (como vemos en Ro. 3:20; y 7:7). Él reconoce también la paga del pecado:la muerte (mencionada aen Ro. 6:23). Quien desecha la Ley, muere sinmisericordia (He. 10:28, y podemos ver también Ro. 4:15; y Stg. 2:10 y 11). Noen vano la Ley es llamada“ministeriode muerte”y“ministerio de condenación”(en 2Co. 3:7 y 9).

Pablo confirma la sentencia justa sobre sí mismo comopecador, pero él dice, al mismo tiempo, que la Ley, de ese momento en adelante,ya no tiene nada que decirle a él. Porque, ¿qué efecto puede tener la Ley sobrealguien que ha muerto? A una persona muerta, ¿se le puede decir aún “debes” y“no debes”?

En Gálatas 2:19 y 20, Pablo explica cómo él murió a la Ley ycómo se encuentra ahora:“Porqueyo por la Ley soy muerto para la Ley, a fin de vivir para Dios. Con Cristoestoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo queahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y seentregó a sí mismo por mí.”Conesto, él está diciendo: En lo que tiene que ver con mi viejo hombre, con miviejoyo, he sido crucificado con Cristo. Pero, también tengo unnuevo yo, que es mi nueva vida que vive por la fe. Por eso, dice también:“[Esto] lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a símismo por mí.” Cuando uno mira al Señor Jesucristo, el Hijo de Dios, entoncessiempre hay fuerza para vivir para Dios.

Que la muerte libera de la Ley, también está claramenteexplicado en Romanos 7:1 al 6. Allí, el argumento es que todos saben que unaLey sólo puede reinar sobre una persona mientras ésta vive. No tiene sentidoimponer una multa a alguien que, por ejemplo, ha infringido contra las Leyes detránsito, pero que, al hacerlo, ha perdido la vida. Una multa se le impone aaquél que puede ser hecho responsable por una transgresión cometida y que puedepagar por la misma. En el caso de un muerto, esto es imposible. En lajurisprudencia deja de existir toda acusación contra una persona, si la mismaha fallecido.

Pablo ilustra esto en Romanos 7:1 al 3, con el ejemplo de unmatrimonio. Él dice que, según la Ley, una relación matrimonial tiene validezmientras ambos cónyuges viven. Esa relación sólo es anulada cuando muere uno delos dos cónyuges. Recién ahí la mujer está libre de la Ley que la ataba a sumarido; recién entonces ella puede casarse con otro. Ella es adúltera, si llegaa ser la mujer de otro hombre mientras su primer esposo aún está vivo.

Cuando Pablo aplica este ejemplo en los versículos 4 al 6, ala conexión entre un creyente y la Ley, lo dice de la siguiente manera: Segúnla Ley, el pecador debía morir. Esto es lo que sucedió con el creyente. Él hamuerto para la Ley a través del cuerpo de Cristo (v. 4). Es decir, cuandoCristo murió, también murió el creyente. Pero, Cristo resucitó de entre los muertos.De ahí, que el creyente ya no está atado a la Ley sino al Cristo resucitado,quien tampoco tiene ya nada que ver con la Ley, ya que la Ley ha sido ejecutadaen Él en toda su extensión. Es por esa razón que el creyente ya no está atado ala Ley, sino al Cristo resucitado, y por eso puede traer fruto para Dios. Esefruto es obra del Espíritu Santo en el creyente (según Gá. 5:22), en quientiene morada después de que éste ha aceptado el evangelio de la salvación (comomenciona Ef. 1:13).

El tribunal de Cristo / Un tribunal de recompensas (1ª Parte)

El tribunal de Cristo – Un tribunal de recompensas 
(1ª parte)

Autor: Thomas Lieth

    2ª Co. 5:10 nos habla de un futuro tribunal ante el cual un día todos los hijos de Dios debemos comparecer. Pero, ¿de qué se trata este tribunal de recompensas? ¿Cómo debemos imaginarlo?


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PE1865 – Estudio Bíblico
El tribunal de Cristo – Un tribunal de recompensas (1ª Parte)



Hola amigos! ¿Cómo están? Como ya se dijo, el tema del programa es: El Tribunal de Cristo – Un tribunal de recompensas. En 2 Corintios 5:10, leemos: “Porque es necesario que todos nosotros comparezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba según lo que haya hecho mientras estaba en el cuerpo, sea bueno o sea malo”.

En el caso de los destinatarios de la segunda carta a los corintios se trataba de hijos de Dios, personas nacidas de nuevo que un día estarían con el Señor. Y aún así, en Segunda Corintios 5:10 se habla de un futuro tribunal.“Porque es necesario que todos nosotros”, dice allí, tengamos que comparecer“ante el tribunal de Cristo”. El apóstol Pablo, expresamente, se incluye a sí mismo al decir “nosotros”. A primera vista, pareciera haber una contradicción con respecto a Juan 5:24, donde dice:“De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida.”Esto, sin embargo, sólo es una contradicción si uno no tiene en cuenta que existen diferentes tribunales. En su carta a los creyentes en Corinto, Pablo menciona un tribunal totalmente diferente al que Jesús menciona en el evangelio de Juan.

También nosotros, los cristianos, un día tendremos que responder ante un tribunal. Allí, sin embargo, se tratará exclusivamente de nuestro galardón, y no del juicio por nuestra culpa. ¡Nuestra culpa ha sido expiada a través de la preciosa sangre del Señor Jesucristo que Él vertió por nosotros en la cruz del Gólgota, y eso es definitivo!“Porque con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los santificados… Y nunca más me acordaré de sus pecados y transgresiones”(He. 10:14,17). En Colosenses 2:13 al 15 habla además de que el Señor anuló nuestra acta de culpa y que Él ha triunfado sobre el pecado y sobre la muerte. Y en otro pasaje dice, que nosotros tenemos parte en la victoria.“Mas a Dios gracias, el cual nos lleva siempre en triunfo en Cristo Jesús…”(nos dice 2 Co. 2:14). ¿Qué triunfo sería éste, si un cristiano pudiera perderse? ¿Qué victoria sería ésta, si el Dios todopoderoso, quien no escatimó a su propio Hijo, permitiera que Satanás le arrancara a Su hijos escogidos y redimidos? No, eso no sería un triunfo. Nosotros, sin embargo, somos vencedores por medio de Él, ya desde ahora. Pues como dice 1 Co. 15:57:“Mas gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo”.

Nuestra culpa ha sido expiada una vez y para siempre, nuestros pecados ya no son recordados. El acta de culpa, no ha sido simplemente puesta a un lado, ha sido destruida. ¡Eso es perdón completo! Ya no hay nada ni nadie que pueda acusar a los que somos hijos redimidos de Dios. Por esa razón, en lo que concierne a esto ya no necesitamos comparecer ante un tribunal:“El que en él cree, no es condenado…”(Jn. 3:18).

¿De qué trata el tribunal de recompensas? ¿Cómo lo podemos imaginar? Por supuesto que toda comparación queda corta, pero quisiera compararlo con el otorgamiento de un Oscar. Los que han sido invitados para esa ocasión, no son personas menospreciadas o insultadas, sino que pueden participar de una gran fiesta como huéspedes escogidos y privilegiados. Y muchos de ellos son elogiados, y condecorados con un Oscar. Reciben ramos de flores, besos en la mejilla, uno después del otro. Pero no todos reciben un premio. Por supuesto, algunos pueden estar desilusionados por no haber recibido un Oscar mientras que otros sí lo hicieron. Pero, en realidad, incluso aquel que solamente puede disfrutar del buffet, se alegra de la invitación. ¡Estar allí es lo más importante! En definitiva es algo lindo para todos, aun cuando haya diferentes premios y condecoraciones.

  Segunda Corintios 5:10 dice que“cada uno recibe según lo que haya hecho mientras estaba en el cuerpo, sea bueno o sea malo.”De modo que se trata de nuestras obras y, entonces, surge la pregunta: ¿Cómo hemos administrado los dones que nos han sido confiados? ¿Qué frutos hemos cosechado como siervos de Dios, o qué semilla hemos sembrado? Esas cosas serán reveladas en el tribunal de recompensas, y según eso recibiremos nuestro galardón. El cristiano es llamado a dar fruto, y a no contentarse solamente con su propia salvación, sino a servir al Señor con buenas obras y a causarle gozo a Él. Ésa es nuestra tarea:“Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas”(como nos dice Ef. 2:10). ¿Pero qué son buenas obras? Son actos y palabras que contribuyen a que el nombre de Dios sea glorificado. Mt. 5:16 dice:“Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos”. ¿Lo hemos comprendido bien? Toda palabra que contribuye a este fin, y toda obra que aporta a que el nombre de Dios sea alabado y glorificado es una buena obra.

El criminal en la cruz no tuvo realmente la oportunidad de hacer el bien como hijo de Dios, pero ya su confesión, la cual leemos en Lucas 23:41: “Nosotros, a la verdad, justamente padecemos, porque recibimos lo que merecieron nuestros hechos; mas éste ningún mal hizo”, fue una buena obra, porque con ella el nombre del Señor Jesús fue glorificado. Si yo, como predicador por ejemplo, transmito la Palabra y al terminar el culto la congregación llega a la conclusión de que soy un orador fabuloso, entonces puedo estar seguro de que mi charla no fue una buena obra, ya que obviamente los he distraído de lo esencial en vez de señalarlo a Él. Pero si los oyentes llegan a la conclusión: “¡Tenemos un gran Dios, un maravilloso Salvador; glorificado sea el Señor Jesús!”, entonces el mensaje fue una buena obra.

¿Cuál es el objetivo de las obras que usted realiza? ¿Se trata de agradar a la gente, de quedar bien uno mismo, o se trata de magnificar el maravilloso nombre del Señor Jesús? Cada uno de nosotros tiene la responsabilidad de aportar a la gloria de nuestro grande y todopoderoso Dios con los dones que nos son confiados. Todo esto no se trata tanto de cuánto ha hecho cada uno, sino con qué dedicación y con qué fidelidad ha cumplido con su servicio.

“Ahora bien, se requiere de los administradores, que cada uno sea hallado fiel” (nos dice 1 Co. 4:2). Dios ni siquiera espera de nosotros grandes hechos, heroicos y extraordinarios. Él espera nuestra sincera fidelidad – no más, pero tampoco menos. Una cosa debemos recordar con respecto a esto: El Señor conoce nuestro corazón, a Él no le podemos mentir en nada. ¡Con qué facilidad decimos: “Todo para el Señor, todo para la gloria de Dios”, mientras que nuestro corazón habla un lenguaje diferente!

En el tribunal de recompensas, entonces, no se evaluará nuestro logro como actor, sino nuestra sincera fidelidad. Todo lo que un cristiano posee en la vida son dádivas recibidas de Dios. Y cuanto más nos ha sido confiado, de tanto más tendremos que rendir cuentas.

La medida para determinarlo no es cuánto nos hemos hecho querer por la gente con nuestros dones, cuánto ellos nos aprecian, elogian, palmean el hombro, sino si hemos puestos nuestros dones a disposición del Señor con corazones sinceros.

¿Tiene usted el don del hablar? ¡Entonces no vaya dar una charla cómica, de entretenimiento, que haga que todos en la sala se doblen de la risa, sino proclame al Señor Jesucristo resucitado! ¿Tiene usted el don de escribir? ¡Entonces, por favor, no escriba largos ensayos filosóficos – que de todos modos no sirven de nada -, sino escriba para el Señor! ¿Tiene usted el don de dar? Entonces no tire su dinero en una máquina o en pozos de la suerte, ¡sino delo para el Señor! ¿Tiene usted el don de servir? Entonces no sirva en organizaciones mundanas – “Dejen que los muertos entierren a sus muertos” -, sino sirva al Señor.

¿Tiene usted manos rápidas y diestras? ¡Entonces no construya una casa sobre la arena, sino sobre la roca que se llama Jesucristo! Seguramente, no existe ninguna iglesia ni obra misionera que no se alegre y agradezca por toda ayuda que se le pueda brindar, sea en la forma que sea. Entre nosotros, los cristianos, hay muchas capacidades que están enterradas, sin ser aprovechadas, porque nos hemos vuelto apáticos y, a veces, ya no tenemos ánimo para servir.

Nueve Reglas de Vida Espirituales (1ª parte)

Nueve Reglas de Vida Espirituales

(1ª parte)

Autor: Norbert Lieth

Al igual que el fruto del Espíritu Santo, el cual se muestra en nueve atributos en Gálatas 5:22, en Proverbios 3 encontramos nueve reglas de vida espirituales, muy orientadas a la práctica, que nos ayudan a entrar en un discipulado activo.



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PE1808 – Estudio Bíblico
Nueve Reglas de Vida Espirituales (1ª parte)



¿Cómo están amigos? En Gálatas 5:22 y 23, donde dice:“Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza”,el Espíritu Santo está orientado hacia la práctica, ayudándonos a entrar en un discipulado activo, y Él es el poder para transformar el conocimiento espiritual en obras. Él nos transforma para que seamos como Jesucristo, acerca de quien Pablo dice, en Hechos 1:1:“En el primer tratado, oh Teófilo, hablé acerca de todas las cosas que Jesús comenzó a hacer y a enseñar”. El Señor Jesús, sin lugar a dudas, fue el maestro más grande y más influyente que jamás haya existido.

Él primero practicaba Su doctrinay, después, la trasmitía en forma oral:“Las cosas que Jesús comenzó a hacer y a enseñar.”Esto impresionaba a los oyentes y tenía consecuencias en ellos. ¿No es verdad que siempre estamos en peligro de tener el conocimiento bíblico, pero que nos falten las obras? A menudo tenemos el conocimiento, pero actuamos en contra de él. Nuestros vecinos, compañeros de trabajo y de estudio, miembros de la familia, o nuestros propios hijos, nos miran, ven nuestras obras y escuchan nuestras palabras. ¿Será que las palabras enfatizan lo que hacemos, o será que nuestras malas obras gritan tan fuerte que no se pueden escuchar nuestras palabras?

Al igual que el fruto del Espíritu Santo, el cual se muestra en nueve atributos en Gálatas 5:22, en Proverbios 3 encontramos nueve reglas espirituales de vida, muy orientadas a la práctica.

La primera, es:La confianza producida por el Espíritu.“Fíate de Jehová de todo tu corazón, y no te apoyes en tu propia prudencia”(leemos en el vers. 5, de Proverbios 3). ¿Será que la gente que está a nuestro alrededor ve en nosotros a una persona que confía en Dios? ¿A alguien que habla con Dios en oración, que Le entrega sus cargas y preocupaciones? ¿A alguien que, como Job, José o Daniel, también sabe aceptar las situaciones de crisis poniendo su confianza en Dios, que no se rinde, y que no se deja perturbar en su fe? Vivir la confianza y salir airoso, seguramente, deja una impresión más fuerte que simplemente hablar de eso y esperarlo de otros.

La mente juega un rol importante en la vida de fey no debería ser excluida. Pero, la misma nos puede ser de estorbo si no se encuentra bajo el dominio del Espíritu de Jesucristo. En Filipenses 4:7, leemos:“Y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús”; y 2 Corintios 10:5, nos dice:“… llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo”.

Dudar del accionar de Dios y cuestionar Sus palabras no nos ayuda. Sólo quien vence por la fe y confía en que Dios sabe lo que hace, y que hace todo bien, tendrá la paz de Dios en el corazón. El Espíritu Santo nos quiere ayudar a tener esta confianza en Dios. Alguien dijo: “Las cosas que nos confunden, y las cosas en las que no sabemos que hacer, tienen cierto objetivo; son piezas del rompecabezas de nuestra vida. Dios sabe dónde encajan. Por supuesto, nos gustaría ver el rompecabezas armado, pero, mientras vivamos, éste no estará terminado. Por eso es que nos cuesta tanto comprender a Dios. Si bien el día entero miramos lo que Él hace, nosotros sólo vemos fragmentos de lo que Él mueve. Nunca vemos el rompecabezas entero en la tierra.” ¡Aquí, es necesaria la confianza!

La segunda regla espiritual de vida, la encontramos en el vers. 6, de Proverbios 3, y es:La preeminencia espiritual.Allí dice así:“Reconócelo en todos tus caminos, y él enderezará tus veredas”. La palabra “reconocer” significa poner al Señor por delante en todo, en el sentido de: “Piensa en Él en todo lo que hagas”, “Deja que Él sea el motivo de tus acciones”, “Busca primeramente Su reino”. Si en todo lo que hacemos buscamos Su voluntad, entonces el Señor nos hará experimentar Su guía, aun cuando no siempre lo sintamos directamente.

¿En qué áreas de nuestra vida no permitimos que Dios nos diga algo o, por lo menos, muy poco?Ésas, generalmente, son las áreas en las que tenemos los peores problemas. Pero, si en todo lo que hacemos incluimos al Señor Jesucristo, Él nos guiará de tal modo que Su voluntad sea hecha, y nosotros, con toda seguridad, no nos quedaremos cortos.

La tercera regla espiritual de vida, aparece en Proverbios 3, versículos 7 y 8, y es:Salud espiritual.Leemos allí lo siguiente:“No seas sabio en tu propia opinión; teme a Jehová, y apártate del mal; porque será medicina a tu cuerpo, y refrigerio para tus huesos”.

“La lectura es para el alma lo que la gimnasia es para el cuerpo”, dijo José Eddison, autor británico del siglo dieciocho. Esto se aplica, mucho más todavía, a la Biblia. La lectura y el estudio de la Biblia es para el alma lo que es el deporte y el entrenamiento para el cuerpo. Como alma y cuerpo están relacionados entre sí, la salud espiritual, a menudo, también tiene su efecto sobre el cuerpo. Cuando el alma está enferma, el cuerpo sufre; si está enfermo el cuerpo, el alma sufre.

El apóstol Juan, escribe acerca de esa relación entre cuerpo y alma, de la siguiente manera:“Amado, yo deseo que tú seas prosperado en todas las cosas, y que tengas salud, así como prospera tu alma”(podemos leer esto en 3 de Juan, versículo 2). En la medicina, se sabe ahora que las cargas emocionales, como ser el estrés, el pecado, el odio, la intransigencia o la aflicción, pueden llevar a enfermedades físicas y, en sentido contrario, la sanidad de esas cargas también puede llevar a la sanidad de las dolencias físicas. Esto, por supuesto, no significa que las personas espiritualmente sanas y alegres no se puedan enfermar también.

Existen muchos otros factoresque también juegan su rol. Pero, aquello que actualmente es confirmado por los médicos y está siendo cada vez más investigado, la Biblia ya nos lo enseña desde hace mucho tiempo.

Seguiremos hablando de este tema muy interesante y muy actual en el próximo programa, porque por hoy se nos ha acabado el tiempo. Les esperamos para compartirlo con nosotros. ¡Hasta entonces!

Él dijo: Renuncien a Todo (2ª parte)

Él dijo: Renuncien a Todo

(2ª parte)

Autor: William MacDonald

La palabra discípulo ha sido por demás utilizada, y cada usuario le ha dado el significado de su conveniencia. El autor de este mensaje nos lleva a examinar la descripción de discipulado que presentó Jesús en sus enseñanzas, la cual se halla también en los escritos de los apóstoles, para que aprendamos y descubramos más acerca de este concepto.



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PE1800 – Estudio Bíblico
Él dijo: Renuncien a Todo (2ª parte)



¿Cómo están amigos? En el programa anterior vimos que este tema está basado en Lucas 14:25 al 35, y que éste debe ser uno de los pasajes menos populares de la Biblia. Destacamos que allí se habla del servicio, y que el Señor quiere discípulos y no sólo decisiones, calidad y no cantidad. Cristo debe estar en el primer lugar en nuestras vidas y eso significa, en comparación, odiar todas las demás cosas. Después de algunos ejemplos, llegamos al de Charles Spurgeon, el cual retomamos ahora, para después seguir adelante.

Cuando Spurgeon era joven, tuvo que ir de lugar en lugar para encontrar un edificio lo suficientemente grande para recibir a las multitudes que venían a escucharle. Tenía poco más de veinte años cuando predicó en el Exeter Hall. El lugar estaba repleto. Él estaba comprometido y a punto de casarse con una joven llamada Susan Thompson. Esa noche, él estaba en casa de ella y, luego, se dirigieron juntos al Exeter Hall para la reunión. Cuando llegaron allí, él se apresuró a salir del vehículo. Había una enorme multitud de gente. La policía trataba de regular el fluir del tránsito, pero le resultaba extremadamente difícil. Spurgeon tuvo que abrirse camino entre la multitud para llegar al salón. Estaba tan impresionado con la enorme cantidad de gente a la que debía predicarle el evangelio, que olvidó prácticamente todo, excepto su sentido de responsabilidad. Así que se abrió camino entre la multitud para, finalmente, llegar a la plataforma y dirigir la reunión.

Cuando todo había terminado recordó que había llegado al salón en compañía de alguien más, pero la había perdido por completo entre la multitud. Trató de pensar si la había visto entre la congregación. Luego, recordó que no la había visto. Temió que estaba en problemas, así que después de la reunión se dirigió muy aprisa a la casa de la Srta. Thompson. Al llegar allí le dijeron que no quería verlo. Ella estaba arriba, sollozando. Se había imaginado que ella era mucho más importante que toda la multitud. Él insistió en verla, y finalmente ella bajó.

Él le explicó su posición: “Estoy muy apenado, pero debemos entendernos en esto. Yo, en primer lugar, soy siervo de mi Maestro. Él siempre debe estar en primer lugar. Creo que viviremos muy felices si tú estás dispuesta a tomar el segundo lugar, pero siempre debe ser el segundo lugar con respecto a Él. Mi obligación en primer lugar es para con Él.”

Años más tarde, cuando aquel gran ministerio había culminado, la Sra. Spurgeon dijo que aquel día había aprendido una lección inolvidable. Aprendió que había Alguien que tenía el primer lugar en la vida de su esposo. Ella tendría el segundo. Esa es una exigencia muy alta, ¿no es cierto? Pero, es la exigencia de la Biblia. Cristo demanda el primer lugar.


Éste parece ser el significado de la bendición de Moisésa Leví, que encontramos en Dt. 33:9:“Quien dijo de su padre y de su madre: Nunca los he visto; y no reconoció a sus hermanos, ni a sus hijos conoció”. Cuando los Israelitas adoraron el becerro de oro, los hijos de Leví se pusieron del lado de Dios al destruir a sus propios parientes (así leemos en Ex. 32: 26 al 29). En realidad, el hombre que coloca a Cristo primero, es la mejor clase de esposo y padre con la que se puede vivir.

Veamos ahora que el versículo 26, de Lucas 14, termina con las palabras:“Sí, y su propia vida también”.Para mí, ésta es la parte más difícil del pasaje. Debemos poner a Cristo, también, por encima de nosotros mismos. Pablo hizo exactamente eso. Vemos en Hechos 20:24, que él pudo decir:“Pero de ninguna cosa hago caso, ni estimo preciosa mi vida para mí mismo, con tal que acabe mi carrera con gozo, y el ministerio que recibí del evangelio de la gracia de Dios”.


Con respecto a la tribulación de los santos, en Apocalipsis 12:11 se dice:“y menospreciaron sus vidas hasta la muerte”.Y, en Juan 12:24 y 25, nuestro Señor deja esto bien en claro:“… si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, queda solo; pero si muere lleva mucho fruto. El que ama su vida, la perderá, y el que aborrece su vida en este mundo, para vida eterna la guardará.”

T. G. Ragland, uno de los misioneros pioneros, fue quien dijo: Si rehusamos ser granos de trigo que caen al suelo y mueren; si no sacrificamos nuestros proyectos ni arriesgamos nuestro carácter, ni dejamos a un lado nuestras propiedades y riquezas; y si al ser llamados no dejamos a un lado el hogar y rompemos los lazos familiares por amor a Cristo, entonces, permaneceremos solos. Pero, si queremos dar fruto, debemos seguir a nuestro bendito Señor convirtiéndonos en un grano de trigo que muere, para, entonces, dar mucho fruto.

El versículo 27, de Lucas 14, dice así:“Y el que no lleva su cruz y viene en pos de mí, no puede ser mi discípulo”.La cruz, no se refiere a cosas como la artritis o a un esposo quejoso. Significa elegir deliberadamente la senda del rechazo, la vergüenza, el sufrimiento, la pobreza, la soledad, la traición, la negación, el odio, los insultos, la persecución, la agonía mental e, incluso, la muerte por amor a Cristo. Un hombre le advirtió a su amigo misionero cuando salía al extranjero: “No vayas, puede que mueras”. La respuesta fue: “Ya he muerto”.

Un clásico de los anales de la Guardia Costera de Estados Unidos, es la historia del Capitán Pat Etheridge, de la Estación Cape Batterne. Una cierta noche en que les azotaba un huracán, el vigía vio la señal desesperada de un barco que había encallado en el peligroso Diamond Shoals, diez millas mar adentro. El capitán ordenó que alistaran los botes salvavidas. Fue entonces que una persona protestó: “Capitán Pat, podemos salir, pero, puede que nunca volvamos”. “Muchachos”, fue la respuesta que ha trascendido: “no tenemos que volver”.


El Señor Jesús nos ha dado una orden de marcha. Él ha ordenado que el evangelio debe ser predicado en todo el mundo. No les ha prometido a los mensajeros momentos fáciles. No nos ha dado la seguridad de un viaje seguro de regreso a nuestro cuartel, pero sí dijo: “Id”.

El patriota italiano Garibaldi, puesto en pie sobre las huellas de San Pedro, en Roma, dijo a los hombres que estaban reunidos a su alrededor: No les ofrezco ni paga ni provisiones; les ofrezco hambre, sed, marchas forzadas, batallas y muerte; únicamente aquel que ame a este país con todo su corazón, y no con sus labios, debe seguirme.

Sir Ernest Shackleton, un explorador de la Antártida, puso un aviso en un periódico de Londres: “Se buscan hombres para viaje intrépido. Poca paga, mucho frío, largos meses de completa oscuridad, peligro constante, regreso a salvo poco probable. Honor y reconocimiento en caso de éxito”. Todos volvieron vivos y recibieron honor y reconocimiento.


Cuando, voluntariamente, aceptamos las circunstancias adversasde la vida como instrumentos de muerte para el egoísmo y la existencia egocéntrica, entonces estamos cargando nuestra cruz.


Quien permanece en mí, éste lleva mucho fruto (5ª parte)

Quien permanece en mí,
este lleva mucho fruto


El último programa de una serie muy interesante, de la mano de Sonja Maag. Bajo el título: quien permanece en mí, este lleva mucho fruto, y basada en la palabra de Dios, nos muestra de manera práctica cómo las mujeres podemos ser…


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EA550 – Entre Amigas –
Quien permanece en mí, este lleva mucho fruto



Receta: Pinchos de Pollo al Orégano


Entrevista con Sonja Maag

Sandra: Amigas nos encontramos en nuestra casita, en nuestro espacio; con un estudio que hemos seguido paso a paso sobre la Biblia: de Permanecer y llevar fruto. Nos encontramos en el punto culminante de este estudio.

Sonja: Podemos hacer un breve repaso. El Señor Jesús dijo: el que permanece en mí y yo en él, éste lleva mucho fruto. Fue en un contexto muy especial, cuando habló estas palabras; a manera de herencia para sus discípulos pues sabía que su hora había llegado. Y nuestro estudio se ha basado en los capítulos del Evangelio según San Juan 13 – 17.

Hemos dicho que esta herencia fue una preparación para los discípulos para que puedan seguir después cuando él había ido a la cruz, pero también resucitando y yendo al cielo con su padre. Él les daba esta esperanza, les daba esta enseñanza con un propósito.

Por otro lado, hablamos de servir a Jesús con una vida íntegra y contagiosa para justamente, cumplir con la gran comisión, y ahí, entra el tema de la capacidad.

Hablamos de 4 “C”, sobre elConocimientode la Biblia, enfocado mucho al saber de la Palabra de Dios. Hablamos de lasConviccionesa través de la oración que sostiene a nuestra fe; también hablamos de laComunicación, en la cual Dios nos manda a nosotros, receptores, un mensaje y nosotros respondemos a través de nuestras oraciones a nuestro Señor.

En el programa pasado hablamos mucho de nuestro carácter y del fruto del Espíritu Santo. A nuestro ser Jesús lo quiere transformar más a su imagen.

Es un desafío que ese fruto del Espíritu Santo pueda ser visible en todas nuestras áreas de la vida. El tema de laCapacidad, también entra en esto de llevar mucho fruto. Hemos dicho que llevar fruto es algo natural y lógico de esta unión con el pámpano y la vid. Es el Señor mismo que nos capacita para poder hablar de él. Él mismo dijo: “Nada hago por mí mismo”, él estaba totalmente pendiente de su padre. Él mismo da el querer y el hacer. Nunca nos va a pedir algo para lo que no nos haya capacitado para hacer.

En cada uno de nosotros es diferente esa capacidad, ese don. Al menos un don tenemos todos. Si sabemos cuales son nuestras capacidades, entonces, ¿Ejerces ese don en tu vida personal? ¿Usas ese don en la Iglesia? Es la pregunta y el desafío con el pámpano y la vid. Hay un versículo que dice: andar en las obras que él ha preparado de antemano. A mí me consoló mucho este versículo cuando yo me preguntaba mucho si estaba bien lo que hacía, si tenía que esforzarme más. El señor dice que debo andar en las obras que él ha preparado para mí.

Sandra: Hay un trato especial del Señor para cada una de sus hijas.

Sonja: Haciendo un paréntesis, yo sé que hay muchos cristianos que están pasando por problemas de depresión. Y hay muchos factores que pueden causarla pero yo descubrí que muchas veces los factores que causan este estado sea que una cristiana no busca permanecer a él y también no le sirve a él.

Su vida se transforma en una vida egocéntrica. De esta manera hay mucho desánimo, hay muchas emociones asociadas y no se puede enfocar a lo que nos enseña la Palabra de Dios. No usan esa capacidad que Dios les ha dado, no usan ese don para servirle a él.

Aquí tenemos entonces los pasos para conocer la palabra de Dios, afirmarnos en nuestras convicciones y permitir que el Señor transforme nuestro carácter egocéntrico en un carácter que agrada al Señor.

Algunos pasajes Bíblicos nos hablan acerca de la necesidad de testificar a los demás. Hay un versículo muy importante en la carta a los Romanos eso está en el capítulo 10, del versículo 14 al 17.

“¿Cómo, pues, invocarán a aquel en el cual no han creído? ¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán sin haber quien les predique? ¿Y cómo predicarán si no fueren enviados? Como está escrito: ¡Cuán hermosos son los pies de los que anuncian la paz, de los que anuncian buenas nuevas! Mas no todos obedecieron al evangelio; pues Isaías dice: Señor, ¿quién ha creído a nuestro anuncio? Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios.

La gente tiene que saber y oír de la Palabra de Dios y nosotros tenemos muchas oportunidades en nuestro diario vivir en Cristo. No como cristianas “super santas” que andan de manera poco natural hablando de Cristo ¡No! Debemos aprovechar las oportunidades que Dios nos da. Donde él prepara las situaciones para que nosotros demos una palabra de consuelo, para que de el evangelio, la palabra de Dios para los demás.

Colosenses, nos invita a andar sabiamente con los de afuera redimiendo el tiempo. No podemos ser un muro para los demás sino un puente. No podemos ser un muro que choca para los demás sino que podemos ser un puente que lleva a los demás a Cristo.

En efesios 5:15 al 17 también dice que debemos aprovechar el tiempo que tenemos todavía para ser un testimonio para Cristo y usar esta capacidad que nos ha dado!

Podemos redondear el tema de las 4 C, conocimiento, carácter, convicciones y capacidad.

Y, somos responsables del tiempo que Dios nos da sobre esta tierra y este tiempo es limitado, y debemso aprovecharlo en todos los momentos y oportunidades que él nos da para testificar de él. ¿Tengo amor por las almas? ¿Voy a encarar mi vida Diaria escuchando, orando? Aprovecho las oportunidades que Dios nos dá? De esta manera somos bendecidas y llevamos mucho fruto.

Invito a las mujeres a ponerse la siguiente meta: AGRADAR AL SEÑOR CRECIENDO ESPIRITUALMENTE PARA LLEVAR FRUTO, SIENDO DE BENDICIÓN Y NO DE TROPIEZO.

Caminando por la playa ví un montón de peces muertos a la orilla del mar y me acerqué más y dentro de las olas, donde generalmente se ve a los peces nadando vi más peces muertos. Y pensé: estos peces muertos están en el mar y entonces hice la siguiente comparación. Podemos andar en el mundo, pero, sin vida espiritual y no estamos cumpliendo con nuestros propósitos. Estamos cumpliendo como estos peces muertos. Pero no cumplimos con nuestros propósitos. Los peces muertos en la arena: sin fruto, sin propósito. Así puede pasar con nosotras, si no permanecemos en él.

Debemos tener una vida en la que creemos, pensamos y queramos sentir el hecho de funcionar, y en la que el centro sea Dios y que andemos en la obra que él ha preparado de antemano y esto es un proceso que se va a terminar cuando estemos con el Señor Jesús.

Galatas 2:20 dice:Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí.