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Autor: Norbert Lieth

El libro de Apocalipsis, además de ser tener la particularidad de ser el último de la Biblia, contiene mensajes esenciales para la vida de la Iglesia y los creyentes, pero: ¿Cuáles son los puntos esenciales? Llegando al final de este estudio veremos cuál es el propósito final de estas revelaciones y a qué nos deben animar.


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PE2643 – Estudio Bíblico
¿Cuáles son los puntos esenciales del Apocalipsis? (4ª parte)



Amigos, vimos en el programa anterior que el “día del Señor” es el día que le pertenece al Señor, y Juan experimenta este día “en el Espíritu” como profeta. La expresión “en el Espíritu” le cabe al Profeta Ezequiel, quien experimentó lo mismo en Ezequiel 11:24: “Luego me levantó el Espíritu y me volvió a llevar en visión del Espíritu de Dios a la tierra de los caldeos, a los cautivos. Y se fue de mí la visión que había visto”. Y 37:1 donde Ezequiel relata: “La mano de Jehová vino sobre mí, y me llevó en el Espíritu de Jehová, y me puso en medio de un valle que estaba lleno de huesos”. Apocalipsis 1:12 y 13 dice: “Y me volví para ver la voz que hablaba conmigo; y vuelto, vi siete candeleros de oro, y en medio de los siete candeleros, a uno semejante al Hijo del Hombre”. El término “Hijo del Hombre” no lo encontramos ni una sola vez en las cartas del Apóstol Pablo a las iglesias, pero sí en Daniel 7:13, una y otra vez en los evangelios en los que el Señor le habla al pueblo de Israel, y una vez en Hechos 7:56 como últimas palabras de Esteban agonizante al pueblo judío. En Hebreos 2:6 también se menciona al “Hijo del Hombre”, pero es una cita del Salmo 8 y le habla al ser humano en general.

El título “Hijo del Hombre” se refiere al dominio terrenal del Señor. El Apocalipsis se dirige a la Iglesia, pero como tema principal tiene el juicio sobre el mundo y sobre Israel. Este Hijo del Hombre está de acuerdo a Apocalipsis 1:13 “vestido de una ropa que llegaba hasta los pies, y ceñido por el pecho con un cinto de oro. Su cabeza y sus cabellos eran blancos como blanca lana, como nieve; sus ojos como llama de fuego; y sus pies semejantes al bronce bruñido, refulgente como en un horno; y su voz como estruendo de muchas aguas. Tenía en su diestra siete estrellas; de su boca salía una espada aguda de dos filos; y su rostro era como el sol cuando resplandece en su fuerza”. Esta descripción del Señor Jesús refleja la aparición del Señor en el Antiguo Testamento, por ejemplo, en Salmos 93; Daniel. 7:9 o Ezequiel: 1:1. El Apocalipsis es la conexión y el cumplimiento definitivo de todas las promesas de Dios anunciadas por los profetas. El teólogo Robert Haldane dijo acerca de esto: “Al pueblo de Israel no se le puede quitar ninguna de las cosas, por las cuales Dios se ha comprometido con él”.

Juan ve símbolos de lo que el Señor es: Su majestad, Sus cargos y Sus características. La ropa larga expresa dignidad. El cinto de oro alrededor de Su pecho señala el sumo sacerdocio celestial, divino y eterno. Su cabeza blanca y los cabellos blancos son como la luz blanca, la Shekhiná, la nube de la gloria de Dios que podía verse en el tabernáculo. El blanco de acuerdo a Apocalipsis 20:11 también señala Su justicia insobornable, tal como el trono blanco del juicio. Sus ojos como llamas de fuego señalan que su mirada penetra y evalúa todo. Sus pies semejantes al bronce bruñido, refulgente como en un horno, recuerdan al altar del holocausto. Solamente aquello que sea “resistente al fuego” podrá permanecer delante de Él: oro, plata y piedras preciosas. Y es aquí que nos reencontramos con el pasaje de 1 Corintios 3:13: “La obra de cada uno se hará manifiesta; porque el día la declarará, pues por el fuego será revelada; y la obra de cada uno cuál sea, el fuego la probará”. Y podemos remitirnos también a Hebreos 4:13 que dice: “Y no hay cosa creada que no sea manifiesta en su presencia; antes bien todas las cosas están desnudas y abiertas a los ojos de aquel a quien tenemos que dar cuenta”. Dios mismo es un fuego consumidor que consume todo lo que es contrario a Él. Su voz como estruendo de muchas aguas significa que Su Palabra llena y domina todo. Cuando Cristo habla, todo lo demás enmudece.

Las siete estrellas en Su mano derecha de Apocalipsis 1:20 simbolizan las siete iglesias a quienes se les dirigen las cartas en el Apocalipsis. Lo que el Señor sostiene en Su derecha, Le pertenece a Él; y sobre eso solo Él decide. Jesús es el brazo derecho del Señor, el brazo de salvación y redención eterna. Isaías 53:1 lo menciona como: “¿Quién ha creído a nuestro anuncio? ¿Y sobre quién se ha manifestado el brazo de Jehová?”. Nadie puede quitarle Su propiedad de Su mano. La espada de dos filos que sale de la boca del Señor simboliza la agudeza de Su Palabra. La misma divide y corta. A esto se refiere Hebreos 4:12 cuando dice “Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón”. Su Palabra también juzgará a las naciones. Y Su rostro que resplandece como el sol en su fuerza nos hace recordar la transfiguración de nuestro Señor en la imagen de Mateo 17:2: “Y se transfiguró delante de ellos, y resplandeció su rostro como el sol, y sus vestidos se hicieron blancos como la luz”. Este lenguaje de imágenes típico del Antiguo Testamento, también nos muestra que el Apocalipsis tiene que ver con la salvación de Israel y con la segunda venida de su Mesías Jesús en gloria.

Apocalipsis 1:17 y 18 “Cuando le vi, caí como muerto a sus pies. Y él puso su diestra sobre mí, diciéndome: No temas; yo soy el primero y el último; y el que vivo, y estuve muerto; mas he aquí que vivo por los siglos de los siglos, amén. Y tengo las llaves de la muerte y del Hades”. ¿Alguna vez ha visto a alguien como fulminado? Algo similar le sucedió a Juan. Del mismo modo reaccionaron también Ezequiel y Daniel a la gloria celestial. Ningún ser humano puede mantenerse en pie delante del Dios vivo. Nadie podrá quedarse parado delante de Él. Ninguno podrá justificarse. Nadie podrá mantener su posición. Desde la resurrección del Señor Jesús, la muerte le teme a Él.

A continuación, vemos la reacción del Señor frente a aquel que cree en Él y es Su siervo volvamos detenidamente sobre Apocalipsis 1:17 donde leemos “Y él puso su diestra sobre mí, diciéndome: ¡No temas!”. Todos los que han sido redimidos por Jesucristo pueden y deben sentirse felices. No deben tenerle miedo a Dios; son levantados y consolados. Él, que es el Primero y el Último y de naturaleza divina, que resucitó de la muerte, que vive Él mismo de eternidad en eternidad, que sostiene en Sus manos el poder sobre la muerte, a quien Le pertenece el Apocalipsis y quien tiene el poder sobre los acontecimientos futuros, Él protege y consuela a aquellos que Le pertenecen. Ellos no necesitan tenerle miedo. Sus vidas y sus muertes están en Su mano. Ellos no están a la merced del destino; Le pertenecen a Él y a Su mundo. Para los creyentes en Jesucristo esto significa: sea lo que sea que suceda, sea lo que sea que te toque vivir, ¡no temas!

Y así Juan recibe la orden de Apocalipsis 1:19 y 20: “Escribe estas cosas que has visto, y las que son, y las que han de ser después de estas. El misterio de las siete estrellas que has visto en mi diestra, y de los siete candeleros de oro: las siete estrellas son los ángeles de las siete iglesias, y los siete candeleros que has visto, son las siete iglesias”. El versículo 19 establece la división del Apocalipsis: “Las cosas que has visto” abarca el capítulo 1; “las que son” capítulos 2 al 3; “y las que han de ser después de estas” los capítulos 4 al 22. Eso nos muestra que somos llamados a proclamar la voluntad de Dios, Su evangelio y la Palabra profética bíblica de Su segunda venida hasta que Él venga. Y cerrando en Apocalipsis 22:20 leemos: “El que da testimonio de estas cosas dice: ciertamente vengo en breve. ¡Amén; ¡sí, ven Señor Jesús!” hacemos nuestras estas palabras.

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