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Autores: Samuel Rindlisbacher y Nathanael Winkler

En el programa de hoy escucharemos sobre cómo es posible mantenerse gozoso en las adversidades y al mismo tiempo estar vigilantes ante enseñanzas que pueden parecer parte del mensaje de Cristo, pero no lo son.


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PE2695- Estudio Bíblico
La carta de Pablo a los Filipenses (21ª parte)



Motivados por el gozo, guardaos de los perros

Pablo comienza el capítulo 3 de su carta a los filipenses con las palabras: “Por lo demás, hermanos”. Les quiere llamar la atención a algo nuevo, tiene algo para decirles, como también a nosotros. Pero miremos primero la situación en la cual se encuentra Pablo. En Filipenses 2:26-30 habla de Epafrodito, diciendo que era “ministrador de mis necesidades”, que “gravemente se angustió”, que “estuvo enfermo, a punto de morir”; de sí mismo el apóstol dice que tuvo “tristeza sobre tristeza”.

Pablo describe aquí problemas que todos los seres humanos tenemos, más allá de ser creyentes o no. Todos nos enfermamos, todos algún día nos acercamos a la muerte, cada uno pasa por tristezas. Son aflicciones que vienen desde afuera. Las conocemos todos, algunos más, otros menos. Pero en Filipenses 3:2 Pablo escribe acerca de aflicciones que vienen desde adentro de la iglesia: “Guardaos de los perros, guardaos de los malos obreros, guardaos de los mutiladores del cuerpo”. Habla aquí de feligreses que se están mordiendo mutuamente, de malos obreros que destruyen en lugar de edificar y lo están haciendo en la Iglesia de Jesús, de los “mutiladores del cuerpo” o en otra versión, de la “falsa circuncisión”.

¿Qué debemos hacer? Con estas aflicciones uno podría hundirse en la depresión, pero Pablo ataca el problema de raíz. En Filipenses 3:1 dice que no se dejará vencer por todas las aflicciones que acabamos de describir: “Por lo demás, hermanos, gozaos en el Señor. A mí no me es molesto el escribiros las mismas cosas, y para vosotros es seguro”. Pablo no se deja robar el gozo; él se goza en el Señor. ¿Cómo puede ser que Pablo se goce a pesar de que hay, dentro de la misma Iglesia, obreros que destruyen y que falsifican la obra, y personas que se muerden como si fueran perros malos? Y además de esto, no faltan los problemas, las aflicciones, las enfermedades y el sufrimiento en la vida personal de Pablo. Lo que ocurre es que él tiene un gran ejemplo: el mismo Señor Jesús.

También para nosotros, Jesús siempre debe ser el gran modelo. Leemos que en Juan 17:13 dijo: “Pero ahora voy a ti; y hablo esto en el mundo, para que tengan mi gozo cumplido en sí mismos”. El Señor Jesús habla aquí del gozo que los miembros de la Iglesia de Jesús pueden tener en sus corazones. Se refiere a un gozo permanente, un gozo que no depende de las circunstancias. Recordemos que en Juan 17 Jesús estaba ya camino al Gólgota. Para Jesús el gozo era estar en el centro de la voluntad de Su Padre. En Hebreos 10:7 leemos acerca de Su disposición: “He aquí que vengo, oh Dios, para hacer tu voluntad”. Y en Juan 4:34, Jesús dijo: “Mi comida es que haga la voluntad del que me envió, y que acabe su obra”. Pablo podía gozarse porque tenía el mismo sentir que Jesús. El Señor Jesús quiere que nos gocemos y que no andemos por este mundo como gruñones. Quiere que tengamos un testimonio contagioso y que Dios sea glorificado por nuestras vidas. Por eso, Pablo nos escribe que nos gocemos en el Señor, aunque las circunstancias no sean motivo de gozo.

Pero para esto debo aferrarme a Jesús, doblar mis rodillas una y otra vez delante de Él, buscar la quietud ante Él, buscarlo en oración. Debemos gozarnos, aunque haya enfermedades, problemas y aflicciones de afuera. También debemos gozarnos cuando desde adentro se manifiesten falsos hermanos o malos obreros. Solamente puedo hacer esto cuando sé que hay Alguien que está por encima de todas estas cosas: el mismo Señor Jesús. Él tiene todo bajo Su control y nunca llega tarde. Cuando Jesús estuvo en la cruz, pudo decir a Su Padre que encomendaba Su espíritu en Sus manos; pudo entregar todo al Padre con completa confianza. Nosotros podemos hacer lo mismo en nuestras circunstancias de vida, diciéndole todas las cosas al Señor Jesús. Él nunca llegó tarde cuando una persona depositó confiadamente su vida y toda su debilidad en Sus manos. Quienes hacen esto experimentan que el Señor es fiel y cumple Su Palabra. Y cuando entendemos que el Señor intercede por nosotros, nuestros corazones se llenan de gozo. Es un gozo que este mundo no conoce, un gozo que nace de nuestro “sí” a los caminos de Dios; un gozo que nos da Jesús y que nos quiere dar una y otra vez en la vida cotidiana y en las diferentes circunstancias que vivimos. Es un gozo que permanece, aunque todo lo demás cambie. Es un gozo que está presente, aunque las lágrimas llenen nuestros ojos.

Podremos tener este gozo cuando aprendamos a aceptar de corazón los caminos de Dios. Tengamos presente siempre el único nombre en el cual podemos tener gozo, recordemos Filipenses 3:1: “Por lo demás, hermanos míos, regocijaos en el Señor. A mí no me es molesto escribiros otra vez lo mismo, y para vosotros es motivo de seguridad”. Lleva contigo este único nombre y fuente de gozo, aunque la vida sea difícil. Tenemos la meta por delante. Un día le veremos como Él es, y entonces experimentaremos gozo sobre gozo. Pablo comienza el capítulo 3 de la carta a los filipenses con la invitación: “Gozaos en el Señor”. La idea del gozo atraviesa toda la carta. Se trata de un gozo que no depende de la situación por la cual uno está pasando. Todos nos alegramos cuando nos va bien, estamos bien de salud, no tenemos problemas, estamos en paz con nuestros vecinos, no falta el dinero y no sufrimos persecución. Pero Pablo nos dice claramente que debemos gozarnos en cualquier situación, no importa cuál sea. El gozo no depende de lo terrenal, sino de nuestro Salvador Jesucristo. El gozo siempre dirige la mirada hacia Jesucristo, lleno de esperanza de estar un día con el Señor. Los cristianos son personas que se caracterizan por tener gozo. Es comprensible que nos entristezcan ciertas circunstancias, pero nuestra actitud fundamental debe ser la de gozo por lo que aún vendrá.

En Filipenses 3:2 leemos: “Guardaos de los perros, guardaos de los malos obreros, guardaos de los mutiladores del cuerpo”. Este tipo de advertencias las encontramos en casi todas las cartas de Pablo. Advierte contra los falsos maestros que se infiltran en las iglesias y enseñan cosas diferentes a la enseñanza de Pablo y los apóstoles. Describe a los falsos maestros como perros, malos obreros, gente que mutila el cuerpo. Cuando se trata del mensaje del evangelio, Pablo es intransigente. A los ojos del hombre de hoy, el apóstol es “políticamente incorrecto”. En nuestros días, especialmente en el discurso político, se intenta elegir las palabras de forma que nadie se sienta atacado. Pero Pablo no puede tolerar nada que aleje a la iglesia de la doctrina de la gracia.

¿Quiénes son los perros descritos por Pablo? En aquel entonces, los perros eran distintos a los perros que conocemos hoy. En nuestra sociedad, el perro es un animal doméstico considerado agradable, amable, e incluso el mejor amigo. En aquel entonces los perros eran salvajes, se trasladaban en manadas y su única meta era conseguir una presa. De la misma manera se comportan los falsos maestros que logran meterse en las iglesias: buscan a quién devorar, cuándo poder aprovechar un punto débil. En el Salmo 59:4-5 leemos: “Sin culpa mía, corren y se preparan contra mí. Despierta para ayudarme, y mira. Tú, SEÑOR, Dios de los ejércitos, Dios de Israel, despierta para castigar a todas las naciones; no tengas piedad de ningún inicuo traidor”. Al mencionar las naciones, David está pensando en los gentiles, en los incrédulos. Y Pablo, en cierta manera, también se refiere a los incrédulos. En Filipenses 3:3 subraya: “Nosotros somos la circuncisión”. Los falsos maestros eran judaizantes que predicaban que había que cumplir con el mandamiento de la circuncisión. Decían que los creyentes tenían que circuncidarse para poder ser parte de la Iglesia. Esto significaba una carga y desánimo para los gentiles que conocían a Cristo, haciendo que sin duda muchos desistieran o bajaran los brazos. Por esto se puede decir que los “perros” tenían su efecto en el cuerpo. Pero gracias a la predicación directa y clara, ya no quedaba lugar a dudas o especulaciones al respecto.

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