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Autor: Esteban Beitze

Las pruebas nos quieren enseñar más acerca de la persona de Dios. Elías conoció más la soberanía de Dios, aprendió acerca de la omnipotencia de Dios, y también de la sabiduría de Dios. En la soledad, allí junto al arroyo, Dios fue preparando a Elías para su ministerio, pero ¡Qué difícil es esperar la guía del Señor en una situación tan desesperante!


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PE2783- Estudio Bíblico
Elías: Enfrentando sus primeras pruebas (4ª parte)



Elías enfrentando sus primeras pruebas

¿Qué tal, queridos hermanos? Vamos a seguir con nuestro estudio de la vida de Elías, y hoy vamos a encararlo desde el punto de vista de las pruebas, la prueba a la fe que encontramos en el capítulo 17 de 1ª Reyes. A los creyentes nos resulta muy difícil enfrentar las pruebas cuando vienen. Nuestra carne les rehuye. Muchas veces los hijos de Dios se han preguntado frente a diferentes experiencias negativas: “¿por qué a mí? ¿Cómo la voy a soportar? ¿Qué hice para merecer esto? Y así varias preguntas más. Ahora, a través de 1 Reyes 17 vamos a aprender algunas lecciones que nos quiere enseñar el Señor por medio de las pruebas.

En 1ª Reyes 17:1 encontramos que Elías predice una sequía. Ahí dice “Entonces Elías tisbita, que era de los moradores de Galaad, dijo a Acab: Vive Jehová Dios de Israel, en cuya presencia estoy, que no habrá lluvia ni rocío en estos años, sino por mi palabra”. Esto venía como una advertencia, o más bien un castigo por el pecado de idolatría de Israel, que seguían el culto de Baal y de Asera (18:17,18). Luego de esto, Dios le dice que se tiene que esconder. 

Entonces seguimos leyendo en 1ª Reyes 17:2-4. Ahí vemos la primera puesta a prueba de la fe, en este caso de Elías. “Y vino a él palabra de Jehová, diciendo: Apártate de aquí, y vuélvete al oriente, y escóndete en el arroyo de Querit, que está frente al Jordán. Beberás del arroyo; y yo he mandado a los cuervos que te den allí de comer”. Dios pedía que se retirara, no a su casa, sino a un lugar desierto, apartado de todo el mundo. Pero para colmo, no tenía algún delivery a llamar, tickets de comida para algún restaurante o el convenio con una pizzería que le trajera la comida cada día. No, los cuervos lo iban alimentar. Ahora bien, hay cuatro aspectos que le decían a la razón de Elías que esto era irrazonable, imposible:

En primer lugar, los cuervos eran animales que lo iban alimentar. Es de lo más difícil, hacer que un animal le lleve una comida que le guste a su propio dueño en lugar de comérsela, es muy complicado. Obviamente se lo puede entrenar, pero en este caso eran animales silvestres no domesticados. En segundo lugar, vemos que también eran pájaros carroñeros, que en principio no traerían carne en buen estado. Elías, si llegaba a comer carne en estado de putrefacción se moriría.

En tercer lugar, vemos que para un judío eran animales impuros, por lo tanto, casi una ofensa que fueran estos los elegidos para alimentarlo. Recuerden el caso de Pedro cuando bajaba ese lienzo del cielo y le decía “mata y come”, y eran todos animales impuros, y Pedro se negó rotundamente. En cuarto lugar, otra incongruencia en esto era que el lugar a donde Dios lo estaba enviando, junto a este arroyo llamado Querit, era un arroyo estacionario. Sólo tenía agua en épocas de lluvia. Era obvio que en algún momento se quedaría sin agua, más teniendo en cuenta que ya no iba llover sobre la tierra, de acuerdo con el anticipo que había hecho.

Entonces, ¿qué aprendemos de esto? ¿Qué tuvo que aprender Elías, y con esto, nosotros? En primer lugar, las pruebas nos enseñan la dependencia de Dios. Esto también lo tuvo que aprender Elías. Cada mañana y cada tarde, Elías seguramente estaría mirando expectante al cielo para ver si esta vez volvían a llegar los cuervos. Cada nuevo día requería fe en el Señor. El profeta no podía hacer nada para proveerse del sustento. Tenía que esperar en el Señor, al estilo de lo que dijo el Señor al apóstol Pablo: “Bástate mi gracia…”.

Las pruebas nos quieren enseñar más acerca de la persona de Dios. Elías conoció más la soberanía de Dios porque no usaba los medios comunes. Aprendió también acerca de la omnipotencia de Dios, por ser pájaros sin razonamiento que lo alimentaban. Aprendió acerca de la sabiduría de Dios. Como Acab lo estaba buscando para matarlo, si algún hombre le llevara comida todos los días, le hubieran seguido. Si fuera algún animal terrestre, hubiera dejado rastro y lo hubieran perseguido debido a la hambruna que había. Pero Dios fue muy sabio: ellos no podían seguir a los pájaros. Esta es la primera puesta a prueba de la fe.

La segunda puesta a prueba de la fe la encontramos en el versículo 5: “Y él fue e hizo conforme a la palabra de Jehová; pues se fue y vivió junto al arroyo de Querit, que está frente al Jordán”. Sabemos, por otros pasajes, que Elías estuvo 3 años en Sarepta (18:1), y según Lucas 4:25 y Santiago 5:17, la sequía duró 3 años y medio. Esto significa que el profeta tuvo que quedar medio año en la soledad, alejado de todo ser humano, acompañado sólo por el murmullo del arroyo y los chillidos de los cuervos. Elías podría haber pensado: “mi ministerio recién comenzó y ya terminó. ¿Qué hago aquí contando cuervos? ¿Ya no sirvo para otra cosa? ¡Dios me tiene parado por completo!”

Pero Dios tenía un objetivo con esto. En este tiempo en la soledad Dios lo fue preparando para su futura tarea. Tenemos otros ejemplos que nos ilustran lo mismo: Moisés pasó un tercio de su vida, o sea, 40 años, en el desierto, siendo preparado para la tarea. David tuvo que aprender de la suficiencia del poder de Dios apacentando ovejas antes de enfrentar al gigante y después estuvo escondido en destierro por años, antes de ocupar el trono de Israel, para el cual había sido ungido. Jesucristo mismo permaneció hasta los 30 años en el retiro y silencio de Nazaret, antes de empezar su corto ministerio público. Incluso estuvo 40 días en el desierto antes de comenzarlo efectivamente. Pablo estuvo en las soledades de Arabia antes de convertirse en el apóstol de los gentiles.

En la soledad, allí junto al arroyo, Dios fue preparando a Elías para su ministerio con la viuda y luego frente a todo Israel en el Carmelo, lo que aparece en el capítulo 18. Entonces, ¿qué otra conclusión sacamos de esto? Las pruebas nos perfeccionan. Así como las piedras preciosas no pueden ser pulidas sin fricción, ningún ser humano se perfecciona sin pruebas y dificultades. Las pruebas nos perfeccionan.

Y una tercera puesta a prueba de la fe la encontramos en el versículo 7. Allí dice: “Pasados algunos días, se secó el arroyo, porque no había llovido sobre la tierra”. Podemos imaginarnos a Elías sentado frente al arroyo. De repente se dio cuenta que el agua ya no mojaba la piedra que el día anterior había estado bajo agua. ¡Claro, el caudal del arroyo iba decreciendo cada día! Bien nos podemos imaginar, que cada mañana su primera mirada era al nivel del agua.

Pasaron los días y del inquieto arroyo sólo quedaba un hilo de agua que se acumulaba en algunos charcos. Quizás Elías pensó: “ahora es hora de cambiar de lugar, por ejemplo, yendo al río Jordán”. Pero ninguna voz de Dios llegaba. El agua iba desapareciendo y Dios no intervenía. Al final lamió las últimas gotas. El arroyo no existía más. Se había secado por completo. ¡Qué difícil es esperar la guía del Señor en una situación tan desesperante!

Pero Elías no sale corriendo. Él había aprendido a esperar la voz del Señor. Aprendió paciencia. Es que las pruebas nos enseñan paciencia. Es lo que dice Romanos 5:3: “Y no sólo esto, sino que también nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce paciencia”. La paciencia produce muchos frutos buenos en nuestra vida, pero nos cuesta aprenderla. Santiago escribe al respecto diciendo: “sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia”. Pero no queda ahí: “Mas tenga la paciencia su obra completa, para que seáis perfectos y cabales, sin que os falte cosa alguna.” Evidentemente, las pruebas son necesarias para nuestra vida, para nuestra madurez. Como ya vimos, entonces, producen paciencia. Las pruebas nos perfeccionan, nos hacen crecer en lo espiritual. Las pruebas nos enseñan la dependencia de Dios, y las pruebas nos quieren enseñar más acerca de la persona maravillosa de Dios. Entonces, querido hermano, querida hermana, si estás pasando por pruebas, no desesperes. No preguntes el “¿por qué?” sino que quizás habría que cambiar la pregunta a un “¿para qué?”. Yo sé que esto no es fácil, justamente estoy en medio de una serie de pruebas muy complicadas. Pero también estoy buscando entender qué es lo que Dios quiere enseñar a través de esto. Algún día seguramente tendré la respuesta, y así también el Señor te la habrá de mostrar. Dios te bendiga y te fortalezca en medio de la prueba que puedas tener. Amén.

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