Ejemplos Bíblicos e Históricos (1ª parte)

Poder y Ejemplo (2ª parte)
22 marzo, 2018
Ejemplos Bíblicos e Históricos (2ª parte)
22 marzo, 2018
Poder y Ejemplo (2ª parte)
22 marzo, 2018
Ejemplos Bíblicos e Históricos (2ª parte)
22 marzo, 2018

Autor: Wolfgang Bühne

La historia de la Iglesia está llena de ejemplos de hombres y mujeres que oraron con disciplina, a pesar de sus debilidades y fallas humanas. Aprendieron en la escuela de Dios a pasar un tiempo intenso con Él en oración, antes de todas las demás actividades. Y Dios los pudo usar para Su honra, y para bendición de otros.


DESCARGARLO AQUÍ
PE2288 – Estudio Bíblico
Ejemplos Bíblicos e Históricos (1ª parte)



Estimados amigos oyentes, les invito a echar una mirada a Hombres y mujeres de oración en la Biblia y en la historia de la Iglesia – que podemos tomar como ejemplo – quienes abogaron por la disciplina.
La vida del profeta Samuel estuvo enmarcada por la oración. Su madre oró a Dios por él cuando estaba desesperada, y luego le dio el nombre “lo pedí de Jehová” o “Dios escucha”. Cuando era un niño “adoró a Jehová” (como leemos en primera Samuel 1:28), y siendo muy anciano, cuando el pueblo de Israel le rechazó como juez y pidió un rey, “oró a Jehová” (primera Samuel 8:6).
Después de haber ungido a Saúl como rey, y pronunciado su discurso de despedida para el pueblo, no se le ocurrió retirarse, como bien podía haberlo hecho a su edad. No, sino que en primera Samuel 12:23 vemos que prometió delante de todo el pueblo reunido, que ya vislumbraba la pérdida de este hombre de oración:
“Así que lejos sea de mí que peque yo contra Jehová cesando de rogar por vosotros…”
La costumbre de Samuel de orar por el pueblo de Dios, digna de ser imitada, estaba tan arraigada en él, que consideraba un pecado el dejar de interceder por ellos. Su intercesión no dependía del barómetro de emociones del pueblo.
El Salmo 99:6, nos recuerda su importancia como hombre que oraba:
“Moisés y Aarón entre sus sacerdotes, y Samuel entre los que invocaron su nombre; invocaban a Jehová y él les respondía.”

Veamos ahora otro ejemplo:
Existe un paralelo interesante entre las costumbres en la vida de Jesús, y una de las personas más impresionantes del Antiguo Testamento: Daniel. Él es uno de los grandes hombres de oración de la Biblia. Tres veces, en Daniel 9:23; 10:11, y 19, Dios lo califica de manera extraordinaria: “Tú eres muy amado”.
Igual que nuestro Señor, Daniel estaba bajo la observación constante de sus enemigos envidiosos. A pesar de una intensa atención, no pudieron descubrir ninguna falta en su vida cotidiana, “porque era fiel” (como se nos dice en Daniel 6:5).
Finalmente, sus colaboradores lo hacen caer en la trampa – en forma semejante como más tarde le ocurriría a Jesús. Habían observado atentamente sus costumbres de oración, y allí encontraron el punto donde actuar:

Con hipocresía, lisonjearon al rey Darío y su vanagloria, presentándole una ley para que la firmara, la cual exigía que, durante 30 días, ninguna persona en el reino medo-persa pudiera pedir nada a nadie, sino sólo al rey Darío bien nacido.

El rey – en su delirio de grandeza, y andando por las nubes con la idea grandiosa de ser adorado y reverenciado como un dios, durante un mes – cayó en la trampa y firmó la ley.
Los enemigos de Daniel tenían razones para alegrarse: el hecho de orar acarrearía inmediatamente la pena de muerte, y un hombre de oración como Daniel – si seguía con sus costumbres de oración – sería echado al foso de los leones por infringir la ley.

¿Qué haría Daniel? Ésa era la cuestión.
Sabían muy bien que Daniel solía orar tres veces al día, en su cámara. Lo hacía en voz alta, de forma que los de afuera lo podían oír; y, además, con la ventana abierta en dirección a Jerusalén, donde quedaban los tristes restos del templo, que una vez fue un edificio magnífico.

La reacción de Daniel, que en ese entonces tenía unos 80 años, es impresionante:
En Daniel 6:10, leemos: “Cuando Daniel supo que el edicto había sido firmado, entró en su casa, y abiertas las ventanas de su cámara que daban hacia Jerusalén, se arrodillaba tres veces al día, y oraba y daba gracias delante de su Dios, como lo solía hacer antes”.

Como era de esperarse, sus enemigos estaban al acecho, y con placer malévolo y aire triunfante por la insensatez de su compañero aborrecido, quien les hacía la vida imposible, lo acusaron de delito de lesa majestad y de infractor de la ley.

Por segunda vez, la trampa funcionó…

  • ¿Fue prudente que Daniel orara tres veces al día, bajo estas circunstancias?
  • ¿No habría bastado una oración antes del amanecer, cuando todos dormían aún?
  • ¿No se puede orar en silencio a Dios, sin ser oído por los demás?
  • ¿Tenía que orar precisamente en el lugar de costumbre, en su cámara?
  • ¿No pudo haber cerrado las ventanas, por lo menos, o poner unas cortinas?
  • ¿Por qué Daniel mordió el anzuelo, sabiendo lo que iba a ocurrir?

Para Daniel, la lealtad hacia Dios estaba por encima de la lealtad al rey, y era más fuerte que su instinto de conservación. Él sabía que apartarse de sus costumbres de oración, hubiese sido una traición a su Dios.
Así que oró y dio gracias “delante de su Dios, como lo solía hacer antes.” (así está escrito en Daniel 6:10).
La vida de oración de Daniel no se fundaba en el principio de tener ganas o no, sino en una costumbre conservada y practicada fielmente durante muchos años, con disciplina.
Spurgeon lo expresó así, con acierto:
“La fe de Daniel no fue el resultado de una pasión, sino el fruto de principios profundamente arraigados.”

Otro ejemplo es el de: David
Este hombre, según el corazón de Dios, pudo decir de sí mismo:
“Siete veces al día te alabo a causa de tus justos juicios” (Salmo 119:164).
“A medianoche me levanto para alabarte por tus justos juicios” (Salmo 119:62).
Y: “Se anticiparon mis ojos a las vigilias de la noche, para meditar en tus mandatos” (Salmo 119:147).
Es triste, pero también hay que decirlo, que David, al menos una vez en su vida, se apartó de su buena costumbre de buscar a Dios muy de mañana. En lugar de hacerlo, se quedó descansando en su cama hasta la tarde. El resto de esta triste historia es bien conocido: debido a ello David se convirtió en adúltero y, más tarde, en un asesino (como podemos ver en segunda Samuel 11).

Veamos ahora el ejemplo de: Pedro
Parece ser que Pedro también practicó una vida de oración disciplinada después de Pentecostés, a pesar de que, por su temperamento, posiblemente no le fue tan fácil.
En Hechos 3:1, leemos que subió al templo con Juan “a la hora novena, la de la oración”.
Unos capítulos más tarde, lo hallamos de visita en Jope. Posando en la casa de Simón el curtidor, “Pedro subió a la azotea para orar cerca de la hora sexta” (según Hechos 10:9).
Aparentemente, Pedro tenía sus tiempos fijos de oración, en los que se iba a algún lugar donde pudiera orar sin ser molestado.

Estos fueron ejemplos bíblicos. Pero, tenemos también: Ejemplos de la historia de la Iglesia.

La historia de la Iglesia está llena de ejemplos de hombres y mujeres que oraron con disciplina, a pesar de sus debilidades y fallas humanas. Por eso, es muy instructivo y edificante estudiar la historia de la Iglesia y leer buenas biografías, después del estudio de la Biblia.

Algunos autores han descrito muy bien lo provechoso que es leer buenas biografías:
Por ejemplo: John Piper, quien dijo: “¡Lea biografías cristianas! El hacerlo lo hará salir de sí mismo y le trasladará a otros tiempos y otras vidas, para que pueda ver a Jesús con ojos que se maravillan más que los suyos. Halle a los santos de siglos pasados, que estaban llenos de la Biblia, que glorificaron a Cristo y que tenían la mirada puesta en Dios, y entonces aprenderá de ellos cómo se lucha por la alegría.” “Las biografías son un buen remedio contra la miopía cultural y el esnobismo temporal.”

Y también David Martyn Lloyd-Jones, dijo:
“El mejor método para mantener a raya la inclinación a la altivez – altivez en sus predicaciones, o en otras cosas que usted haga o sea – es leer los domingos por la tarde la biografía de algún gran santo.”

Seguramente no es una exageración afirmar, que las personas que Dios pudo usar para Su honra y para bendición de muchos, fueron hombres y mujeres que oraban. Aprendieron en la escuela de Dios a pasar un intenso tiempo con Él en oración, antes de todas las demás actividades.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Elija su moneda
UYU Peso uruguayo