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Autor: Eduardo Cartea Millos

Vemos en la vida de Jacob que la voluntad de Dios es clara. Es hacer lo que Él dice. Su voluntad es progresiva, Él te guía paso a paso. No es obediencia decir: “Dime primero todo, y luego yo veré si lo hago».


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PE2856- Estudio Bíblico
Cuando Dios llama dos veces (11ª parte)


Dios es claro en hacer conocer Su voluntad

Hola, ¿cómo está? Estamos viendo una experiencia en la vida de Jacob, el segundo hombre que nos dice la Biblia fue llamado por Dios con doble llamado. En el capítulo 46 del libro del Génesis encontramos esa experiencia. Jacob, ya un hombre entrado en años, no sabe si debe descender a Egipto y hace lo que no era normal en su vida: consultar a Dios. Levanta un altar y adora a Dios, esperando su respuesta. Y Dios le contestó. Y lo sigue haciendo con sus hijos, porque, hemos visto que Dios tiene un plan para nuestra vida, y porque Dios se manifiesta a aquellos que rinden su vida a Él.

Nuestro pensamiento para hoy es que, además, Dios es claro en hacer conocer su voluntad.

Muchas veces vemos en la Biblia como Dios mostró su voluntad en forma explícita. Por ejemplo: A Noé le dijo: “Hazte un arca”. A Abraham, “Sal de tu tierra… a la tierra que yo te daré”. A Moisés, “Ven, por tanto, ahora, y te enviaré a Faraón para que saques de Egipto a mi pueblo”. Y así a Josué, a Samuel, a David, a Elías, a Jeremías, a Daniel, a Jonás, y a tantos otros. Era tan clara su voz que cabían solo dos cosas: obedecerla o desobedecerla.

A veces, como en el caso de Gedeón, Dios le mostró su voluntad doblemente; diríamos “al derecho y al revés”. Y Gedeón no tuvo duda alguna de lo que Dios quería.

Muchas veces quisiéramos oír una voz del cielo que nos dijera: “Haz esto”. O, “no lo hagas”. ¿Cuál es el esposo o la esposa que tienes preparado para mí? ¿Debo estudiar esta carrera? ¿Por qué trabajo tengo que decidirme? ¿Qué don tengo para desarrollar en la iglesia? Y tantos otros interrogantes. Especialmente en la juventud, en tiempo de decisiones trascendentes, cuántas veces de rodillas, orando le hemos dicho al Señor: “Necesito que me indiques qué hacer. ¡Pero lo necesito ya!”. No es fácil esperar para conocer la voluntad de Dios. Y necesitamos conocerla. Pablo le dice a los Efesios: “No seáis insensatos, sino entendidos de cuál sea la voluntad de Dios”. En otras palabras, “no actúen tontamente, imprudentemente, sino traten de entender la voluntad de Dios”. 

Y entonces, ¿qué hacer? ¿qué debo hacer para conocer esa voluntad divina para mi vida?

La Biblia contiene la voluntad de Dios, pero muchas veces no es revelada explícitamente. La Biblia contiene mandamientos claros que solo requieren obediencia de nuestra parte. Por ejemplo, uno de ellos: “La voluntad de Dios es vuestra santificación, que os apartéis de fornicación”. O aquel otro: “No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cual sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta”.

Pero la Biblia no tiene listas explícitas de cosas que debo hacer, lugares donde tengo o no que concurrir, respuestas a todas mis dudas e inquietudes, etc. Pero, si leo la Biblia, voy a conocer cómo Dios piensa. Qué cosas le agradan y cuáles no. Cuál es su modo de pensar y de obrar. Qué demanda de cada uno de sus hijos. Y entonces entenderé cuál es su voluntad en cualquier aspecto de mi vida.

De algo debo estar seguro: Su voluntad nunca será contraria a lo que su Palabra dice. Dios es absolutamente coherente. Por lo tanto, si hay algo que no está permitido en Su palabra, no debo pensar que él lo va a permitir. Pablo escribe a su hijo en la fe, Timoteo y le dice en su segunda epístola: desde la niñez has sabido las Sagradas Escrituras, las cuales te pueden hacer sabio para la salvación por la fe que es en Cristo Jesús”. Sabio para la salvación tiene que ver con la sabiduría que se necesita, no solo para ser salvos, sino para vivir la vida cristiana, en ese aspecto de la salvación que es la santificación, o sea, el vivir de acuerdo a la voluntad de Dios. Y esa sabiduría se apoya en el conocimiento y la obediencia a las Sagradas Escrituras, la Palabra del Señor. Allí está escondida Su voluntad para mi vida.

Es en vano, pues, que me pregunte por ejemplo qué pensará Dios si entro en noviazgo, o en sociedad comercial con un inconverso, porque su Palabra me dice que no debo unirme “en yugo desigual con los incrédulos”.

Es en vano que pregunte si es lícito o no ir a algún lugar donde se manifiesten los placeres de la carne, porque la Biblia me dice que el creyente fiel “no anda en camino de pecadores ni se sienta en silla de burladores”.

Es en vano que le consulte si debo trabajar en lugares donde la moralidad escasea, porque la Palabra de Dios es clara cuando me dice: “Salid de en medio de ellos, y apartaos, dice el Señor, y no toquéis lo inmundo (impuro), y yo os recibiré”.

¿Hay algún requisito entonces para que Dios muestre su voluntad a un cristiano? Sí. Que ese cristiano se desarrolle en la esfera de su voluntad, que esté lleno del Espíritu, que viva en comunión estrecha con el Señor. La Biblia dice: “No hará nada el Señor sin que revele su secreto a sus siervos los profetas”. David añade en el Salmo 51: “He aquí tú amas la verdad en lo íntimo y en lo secreto me has hecho comprender sabiduría”. Jeremías 23: ¿Quién estuvo en el secreto de Jehová, y vio, y oyó su palabra? ¿Quién estuvo atento a su palabra, y la oyó?”.  

¿Miente Dios? No, en absoluto. Entonces si quiero que Él me responda cumpliendo “su” parte, no puedo por menos que cumplir la “mía”.

En segundo lugar, Dios revela su voluntad paso a paso.

El conocimiento de la voluntad de Dios es gradual. Él va mostrando en cada etapa lo que desea de nosotros y para nosotros. Muchas veces queremos tener el diseño completo para nuestra vida, pero en general no es así. La voluntad de Dios es progresiva y a medida que avanzamos y obedecemos sus propósitos, nos va mostrando lo que sigue. Así hizo con el profeta Elías. Podemos leerlo en el libro primero de los Reyes 17. Dios le fue diciendo: “allí”… “allí”… “allí”. Así fue con el Señor Jesús. Vez tras vez le vemos orando al Padre. Eso es dependencia, es buscar su guía para cada día. Y así con cada creyente y cada cristiano que confía en Sus propósitos. Le va guiando paso a paso, pero Dios es fiel mostrando su voluntad en la vida, en cada circunstancia, en cada momento.

Tengo que estar dispuesto a ir cumpliendo las diferentes etapas del programa divino.  

El gran escritor George Campbell Morgan dice:

“Al alma nacida de nuevo, la voluntad de Dios le es revelada de nuevo, no como un programa de vida perfecto y acabado, sino en una intimación que requiere inmediata obediencia, y luego, en revelaciones sucesivas, respecto al camino de la vida. De modo que un hombre puede decir, cuando empieza su nueva vida: “Veo adelante sólo un paso claro, pero, con esto, ya tengo bastante”.

“Cuando Saulo de Tarso fue aprendido por Jesucristo, no se le dijo que iba a ser con el tiempo el apóstol de los gentiles, el misionero más poderoso de la Cruz, el mayor teólogo de la Iglesia. Jesús le dijo: “Levántate, entra en la ciudad, y se te dirá todo lo que tienes que hacer”. Se le indicó el próximo paso. Una vez que hubo dado este primer paso, se le indicó otro, y así sucesivamente, hasta que al fin él pudo decir: “He peleado la buena batalla; he terminado la carrera; he guardado la fe”, y pasó al lugar de la luz perfecta y la vida perfecta”.

Cito a otro gran escritor, Alexander MacLaren:

“Dios siempre llama a sus siervos a tareas que son solo conocidas gradualmente. Así Pablo en su conversión fue llamado a ir a Damasco, y allí aprender que más él tenía que hacer. Nosotros debemos primero ponernos a nosotros mismos en las manos de Dios, y entonces El nos guiará por el camino y nos mostrará su tarea. Nosotros la obtenemos el conocimiento de esa voluntad poco a poco, pero la rendición debe ser completa. Los detalles de Su voluntad son revelados como nosotros los necesitamos para el momento en que debemos ser guiados. Aceptémoslos como un todo, pero esperemos su guía en cada necesidad. No es obediencia de ninguna manera la que dice: “Dime primero que quieres que haga, y luego yo veré si lo hago”.  El verdadero espíritu de filial sumisión dice: Yo me deleito en hacer Tu voluntad; ahora muéstrame cual es… la bendición de la sumisión es que nosotros no necesitamos saber. Es suficiente cuando estamos dispuestos. Lo que venga después debemos dejárselo a Dios”.   

¿Nos damos cuenta? Permítame resumir los puntos que hemos tratado juntos:

1. Dios tiene un plan para nuestra vida.

2. Dios se manifiesta a aquellos que rinden su vida a Él.

3. Dios es claro en hacer conocer su voluntad.

4. Dios revela su voluntad paso a paso. En nuestro próximo encuentro veremos algunas otras verdades tocantes a cómo conocer la voluntad de Dios. Que Dios le bendiga.

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