Visión 20/20 (2ª Parte)

Visión 20/20 
(2ª parte)

Autor: William MacDonald

    La palabra discípulo ha sido por demás utilizada, y cada usuario le ha dado el significado de su conveniencia. El autor de este mensaje nos lleva a examinar la descripción de discipulado que presentó Jesús en sus enseñanzas, la cual se halla también en los escritos de los apóstoles, para que aprendamos y descubramos más acerca de este concepto.  


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PE1836 – Estudio Bíblico
Visión 20/20 (2ª Parte)



¿Cómo están amigos? Para comenzar, hagamos un resumen de lo que ya vimos en el programa anterior: Nadie tiene una visión perfecta, pero algunos tienen imperfecciones que les llevan a usar lentes. Así, también, es cierto que nadie tiene una visión espiritual perfecta. Cuando el pecado llegó al mundo afectó la vista espiritual del hombre y todos necesitamos lentes que nos corrijan. En 2 Corintios 5:9-21, se mencionan siete lentes correctivos que debemos usar todo el tiempo, para poder ver las cosas de la manera que Dios las ve.

El primero es el hecho del infierno, mencionado en el capítulo 5, versículo 11. Pablo dice allí:“Conociendo, pues el temor del Señor, persuadimos a los hombres”.Me gustaría aplicar este versículo en forma diferente. Me gustaría pensar que el conocimiento del horror y el terror del infierno, llevaban a Pablo a persuadir a los hombres para que fueran salvos de ese lugar de tormento. Por lo tanto, en nuestro armazón espiritual, deberíamos tener los lentes correctivos que nos permitan ver las llamas del infierno. Esto nos inspirará, con un sentido de urgencia, a compartir las buenas nuevas de la salvación con aquellos con quienes estamos en contacto. El segundo lente, que se menciona en el mismo capítulo, en los versículos 14 y 15, es el amor de Cristo, no nuestro amor hacia Él, sino su amor hacia nosotros. Si tenemos estos lentes en nuestra armazón, veremos la cruz sangrienta y, en esa cruz, al Hijo de Dios muriendo por nuestros pecados, pagando el precio que nosotros debíamos pagar. Él no murió por nosotros para que continuáramos viviendo vidas pecadoras, egoístas y carentes de sentido. En vez de eso, murió para que ahora nosotros pudiéramos vivir para Él.

El tercer lente correctivo es: El valor de la eternidad de un alma. El versículo 16, dice lo siguiente:“De manera que nosotros de aquí en adelante a nadie conocemos según la carne; y aun si a Cristo conocimos según la carne, ya no lo conocemos así”. Cuando nos convertimos, miramos a las personas en una forma diferente. Antes nos preocupaba la apariencia física de las personas, su personalidad, o la cantidad de sus riquezas. Pero, las cosas son diferentes ahora. La gracia nos enseña a verles como almas preciosas por las cuales Cristo murió. Debemos vivir por las personas, por su salvación eterna.

El cuarto lente correctivo es: El propósito de nuestra creación. En el capítulo 5, versículo 17, Pablo dice:“De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es”.Si somos nuevas criaturas, parte de una nueva creación, entonces surge la inevitable pregunta: ¿cuál es el propósito de nuestra creación? Estamos aquí para glorificar a Dios y para representar al Señor Jesús en la tierra. Estamos aquí como la sal de la tierra y la luz del mundo. Hemos sido llamados a contar las excelencias de Aquel que nos llamó de las tinieblas a su luz admirable. Como sus embajadores debemos urgir a los hombres y mujeres a que se reconcilien con Dios. Todo lo demás es una distracción. Todo lo demás es irrelevante.

Seguimos, entonces, con: El quinto lente correctivo, que es: El mandamiento plano de Cristo, el cual encontramos en el cap. 5, vers. 18 de 2 Corintios.

El Señor nos ha encomendado el ministerio de la reconciliación. Esto significa que nos ha enviado a decirles a los hombres y las mujeres cómo pueden reconciliarse con Dios. La obra de Cristo en la cruz, ha provisto el único camino a través del cual pueden llegar a la plena comunión con Dios. Pero, deben escuchar el mensaje y recibirlo. La única forma en que lo pueden escuchar es si nosotros vamos y lo contamos. Tenemos la responsabilidad de ir.

En el ejército, cuando un oficial expresa un deseo o extiende una invitación, sus subordinados deben interpretarlo como una orden. Cuando el Rey David deseó beber del pozo de Belén, sus hombres lo tomaron como una orden, a pesar que el pozo estaba detrás de las líneas enemigas (como leemos en 2 S. 23:15 al 17). Nuestro Capitán nos ha dado la Gran Comisión:“Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura”.Esto es más que un requisito o una sugerencia. Es una orden directa. No se nos presenta para nuestra discusión o consideración, sino para que la obedezcamos. Cada uno de nosotros debe enfrentar la posibilidad que cuando nos encontremos con el Salvador, Él nos pregunte: “¿Qué hiciste con la Gran Comisión?” El sexto lente correctivo es: La responsabilidad de poseer la respuesta, así leemos en el cap. 5, vers. 20 de 2 Corintios.

No sería exagerado decir que los cristianos tienen la respuesta a los problemas del mundo. El pecado es la causa básica de los problemas de la humanidad. Únicamente Cristo ha podido lidiar con el pecado en forma efectiva. Sólo su obra en el Calvario le concede al ser humano la libertad de la paga y el poder del pecado. ¡Cristo es la respuesta!

Es algo muy serio el tener la respuesta y no compartirla. Sería como tener la cura del cáncer y no ofrecerla en el mercado. O como ver una casa en llamas y no dar una voz de alarma y tratar de rescatar a sus ocupantes.

En los días de Eliseo había cuatro leprosos hambrientos quienes sorpresivamente descubrieron una gran provisión de comida. Al principio se hartaron de comida sin pensar en los demás. Luego, sus conciencias los atacaron. Estaban reteniendo las buenas noticias sin compartirlas con la gente del pueblo. Por lo cual hicieron correr la voz en la ciudad de que había suficiente comida como para terminar con la hambruna.

En cierto sentido, todos somos leprosos, con la comisión de contarles a otros dónde encontrar comida. No podemos permitirnos que los incrédulos nos pregunten en la eternidad: “¿Por qué no nos contaron?” Como embajadores de Cristo, no podemos permitirnos llevar la culpa de la sangre de nuestros vecinos.

Con este último lente correctivo, que encontramos en el cap. 5, vers. 10, vemos el Tribunal de Cristo. El Señor Jesús es el Juez. Cada uno de nosotros está en pie delante de Él. No seremos juzgados por nuestros pecados; los mismos ya fueron juzgados en la cruz del Calvario y la pena fue pagada en su totalidad. Éste es un tribunal en el cual se evaluará nuestro servicio al Señor y recibiremos nuestra recompensa.

Todo lo hecho para la gloria de Dios, para la bendición de su pueblo y para la salvación de los pecadores será recompensado. Todo lo que fue hecho con una motivación egoísta o impura terminará quemado. Habrá recompensas especiales por la paciencia, por la vida santa, por el liderazgo fiel, por ganar almas, por resistir la tentación y por amar la venida de Cristo.

Deberíamos vivir cada día con la expectativa del inminente Tribunal de Cristo. No tendrá el fin de aterrarnos, sino que nos inspirará para que cada momento sirva para la eternidad. Ahora: Tenemos que unirlos:

Hemos visto siete lentes para corregir nuestro astigmatismo espiritual y para darnos una visión 20/20: el hecho del infierno; el amor de Cristo; el valor y la eternidad de un alma; el propósito de nuestra creación; el mandamiento plano de Cristo; la responsabilidad de poseer la respuesta; y el Tribunal de Cristo. Úsalos y verás la vida desde su perspectiva correcta. Pero, sin ellos, la vida será borrosa.

 

Visión 20/20 (1ª Parte)
Aspire a ser como Jesús (1ª Parte)

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