Un tesoro bíblico…

…del monasterio del desierto.

img_0014_tesoro_bConstantino de Tischendorf y el descubrimiento de la Biblia más antigua del mundo.

El Códex Sinaiticus, uno de los manuscritos bíblicos más valiosos del mundo, hoy puede ser bajado en el World Wide Web con unos pocos cliques (www.codex-sinaiticus.net/de/). La preparación digital del antiguo manuscrito en pergamino, es uno de los proyectos de investigación más amplios y más costosos de la era de Internet, y costó 5 millones de euros. El manuscrito bíblico, de 1.600 años de edad, contiene grandes partes del Antiguo Testamento en lengua griega (la así llamada Septuaginta) y el Nuevo Testamento completo. El Códex (=libro) proviene del siglo cuarto d.C. y, juntamente con el Códex Vaticanus (4º siglo d.C.) y el Códex Alexandrinus (5º siglo d.C.), es considerado como una de las Biblias completas (AT y NT) más antiguas del mundo. Pero, ¡solamente el Códex Sinaiticus puede pasar por ser el manuscrito más antiguo completamente conservado del Nuevo Testamento! Por lo menos 3 escribas han preparado esta copia de la Biblia, en Cesarea Marítima o en Egipto. El finísimo pergamino fue fabricado con piel de terneros y ovejas. Se estima que 350 animales tuvieron que dar su piel para esto. ¡Un rebaño entero de vacas o cabras para una sola Biblia!

Las hojas tienen una altura de 38 cm. y un ancho de 34 cm., lo que a su vez las convierte en las más grandes entre los manuscritos bíblicos. Se estima que el número original haya sido de 739 hojas (= 1.478 páginas). Lamentablemente, sólo se han preservado 411 hojas. Cada página tiene cuatro columnas (con excepción de los libros poéticos, como los salmos, que tienen sólo dos columnas), siendo cada columna normalmente de 48 líneas.

Aún cuando las hojas del Codees, en Internet, están “virtualmente” unidas y pueden ser bajadas todas juntas, en realidad se encuentran repartidas por el mundo entero.
La parte mayor del manuscrito (347 hojas) es guardada desde 1933 en el British Library de Londres. Se trata de gran parte del Antiguo Testamento, según el Canon de la Septuaginta, o sea, incluyendo los apócrifos, al igual que el Nuevo Testamento completo. El número de los libros neotestamentarios corresponde a nuestras ediciones bíblicas actuales. Solamente el orden es diferente, encontrándose la carta a los Hebreos después de la segunda carta a los Tesalonicenses, y los Hechos de los Apóstoles después de la carta a Filemón y anterior a la carta de Santiago. Además, el Códex Sinaiticus contiene también los dos escritos del cristianismo temprano: El Pastor del Hermas, y la Carta de Bernabé. Hasta 1933, estas páginas bíblicas fueron guardadas en la biblioteca de los zares en San Petersburgo/Leningrado, luego, Stalin las vendió por 100.000 libras a los ingleses. Eso correspondía al valor de 3 Biblias de Gutenberg o, calculado en moneda actual, a unos 25 millones de euros.

En la biblioteca universitaria de Leipzig, Alemania, desde 1844 se encuentra la segunda parte, en tamaño (43 hojas), con partes de primera y segunda Crónicas, Esdras, Ester (completo), Tobías (una página), una parte de Jeremías, y una parte de Lamentaciones.

Algunas partes de 4 hojas están en San Petersburgo, tratándose solamente de fragmentos de Génesis, Números, y Judith, al igual que del Pastor de Hermas.
Dieciocho hojas (en parte fragmentadas) son guardadas en el Monasterio de Santa Catalina, del Monte Sinaí. Dichas hojas contienen partes de los cinco primeros libros de la Biblia: Josué, Jueces, primera Crónicas, Jueces 1, y el Pastor de Hermas.

El hallazgo de estas hojas de pergamino, es una verdadera novela de la ciencia de la historia bíblica, y además está indefectiblemente unida al nombre Constantino de Tischendorf.
Tischendorf nació hace 200 años, el 18 de enero de 1815, en Lengenfeld, Alemania. Ya en la escuela mostró un talento para las lenguas antiguas. Siempre fue el mejor de la clase, y en la universidad en Leipzig fue un estudiante excelente, quien concluyó sus estudios como Dr. en Filosofía en 1838. Durante el estudio de teología, Tischendorf, cuya madre le había mostrado el camino a la fe cristiana, también fue confrontado con la teología liberal y con fuertes ataques contra la fe cristiana. Dichos ataques, en parte, se fundamentaban en la forma de la transmisión del Nuevo Testamento, y justamente allí era que Tischendorf quería ser activo, debido a sus excelentes conocimientos de las lenguas antiguas. Se instaló en él el deseo de iniciar la búsqueda de las copias más antiguas del Nuevo Testamento, para utilizar éstas en una nueva edición de los textos. De esta manera, quería poner la transmisión de los textos del Nuevo Testamento sobre un fundamento firme, quitando así su seguridad a los críticos. Pero, ¿por qué era necesario hacer esto?

Poco antes de la memorable traducción del Nuevo Testamento, por Lutero (1522), Erasmo de Rotterdam por primera vez había publicado una versión griego-latina impresa del Nuevo Testamento (1516), que Lutero utilizó como “edición original” para su traducción en el Wartburg. No obstante, Erasmo había utilizado solamente unos pocos (7) y muy tardíos manuscritos griegos, del siglo 12 y 15, como base para su impresión del Nuevo Testamento. Este texto griego de los manuscritos, de la edad media, en las siguientes décadas fue impreso una y otra vez, y a través de revisiones consecutivas, a partir de 1633, fue conocido como “textus receptus” (texto aceptado por todos). Por siglos, llegó a ser la base para las traducciones de la Biblia (también para la famosa versión King James de 1611, o de Lutero 1545/1912). No obstante, este “textus receptus” no le parecía lo suficientemente antiguo a Tischendorf. Él deseaba poner como base, para una nueva edición crítica del texto en lengua griega, manuscritos más antiguos, mucho más antiguos, ya que – según reflexionaba Tischendorf – cuanto más antigua la copia y cuanto más cerca del tiempo de redacción de los evangelios, tanto menor la posibilidad de que los textos hubieran sido falsificados. Para él estaba claro que, en la búsqueda de los textos originales del Nuevo Testamento, primeramente se debía partir de los manuscritos más antiguos, aun cuando la mucha edad no siempre representara también la garantía del mejor texto.

De este modo, en 1839/40, Tischendorf realizó viajes de investigación, yendo a las bibliotecas en el sur de Alemania y en Suiza. Ya el año siguiente (¡él tenía apenas 26 años!), publicó su primera edición del Nuevo Testamento en lengua griega, bajo el título “Novum Testamentum Graece”, para el cual había aprovechado los manuscritos entonces disponibles. En el correr de su corta vida – Tischendorf falleció en 1872, a los 59 años – le seguirían otras 23 (¡!) ediciones del Nuevo Testamento en lengua griega. Se trata de ocho ediciones básicas. El prólogo para la edición de su primer Nuevo Testamento, en 1841, fue a su vez su tesis postdoctoral, lo que le dio derecho de dictar cátedra en la Universidad de Leipzig.

Pero, en lugar de la universidad, lo que atrajo a Tischendorf fue París, donde en el correr de dos años descifró, e inmediatamente publicó, el Códex Ephraemi, un manuscrito bíblico fragmentario del siglo quinto d.C., hasta entonces ilegible. Este trabajo hizo que, de golpe, él fuera reconocido en los círculos de expertos. Y con apenas 27 años, se le otorgó por este trabajo su primer doctorado honoris causa. A pesar de que poco antes de concluir sus estudios se enamoró de la encantadora hija de un pastor, y ésta esperaba con ansias su regreso en las cercanías de Leipzig, no se conformó con este éxito. Él le escribió a su amada Angélica: “El destino me lleva poderosamente, tengo que seguirle.” Angélica estuvo dispuesta a esperarlo, y le escribió: “Amado corazón, vete vigoroso y alegre a donde te llame tu voz interna”, no imaginando que pasaría un total de más de cuatro años hasta que lo viera otra vez.

Durante su tiempo en París, viajó a Holanda e Inglaterra. Allí, se dispuso a trabajar en las bibliotecas de Londres (Museo Británico), Cambridge y Oxford. Cuando concluyó sus estudios en París, en 1843, se fue a través Estrasburgo a Basilea (4 semanas de trabajo con el Códex E); luego: Berna, Ginebra, Lyon, Avignon, Marsella. A esto le siguió un año de investigaciones en Italia: Roma (trabajo en la biblioteca del Vaticano), Nápoles, Florencia, Venecia, Módena, Verona y Milán. En aquel tiempo no había avión, ni automóvil, ni tren. ¡Todos estos largos trayectos de camino los hizo en una diligencia! Y hay algo más que uno debe imaginarse: en aquel tiempo no existía el escáner, ni la fotografía digital, de modo que Tischendorf se ocupaba día tras día en copiar las antiguas Biblias en griego, bajo la mayor presión de trabajo y tiempo. Y también investigó la traducción latina, la así-llamada Vulgata. En Florencia se encontraba el Códex Amiatinus, un manuscrito en formato gigante (50 x 34 x 20), que era considerado como uno de los testigos textuales más importantes de la Vulgata. Tischendorf tuvo que comparar, es decir copiar completamente, 1.040 hojas de pergamino. ¡Un rendimiento laboral increíble! ¡En el correr de su vida copió, de esta manera, unas 50 veces la Biblia completa, en griego o en latin!

Además de las bibliotecas en Europa, era en especial en las bibliotecas de los monasterios en Oriente lo que Tischendorf quería investigar. En el Oriente surgió la Biblia. Allí tenía la esperanza de encontrar testigos textuales especialmente antiguos. Por esta razón, viajó en vapor a Egipto. Además de los monasterios coptos en el desierto libio, y las bibliotecas en Alexandría y El Cairo, quería, sin falta, visitar el Monasterio de Santa Catalina en el Sinaí, ya que es el monasterio más antiguo del mundo, que el Emperador Justiniano hizo edificar en el año 550 d.C. La reputación de la biblioteca de ese monasterio, ya entonces era legendaria. Después de dos semanas de viaje peligroso a través del desierto, con una pequeña caravana de camellos, el investigador sajón de la Biblia llegó, en mayo de 1844, a ese monasterio distante. ¡No obstante, los esfuerzos resultaron ser exitosos! Tischendorf descubrió en la biblioteca del monasterio 129 hojas de aquella Biblia antiquísima, que hoy es conocida mundialmente como el Códex Sinaiticus (= libro del Sinaí). Cuarenta y tres hojas de las mismas le fueron dadas a Tischendorf, como obsequio, por los monjes del Sinaí, pudiendo así llevarlas a Leipzig. Las otras las dejó atrás, y pidió poder estar atento a las demás hojas. El regreso ocurrió, a través de Suez de vuelta a El Cairo, y luego a Jerusalén, Siquem, Beirut, Smyrna, Patmos, Constantinopla y Atenas. En todos esos lugares visitó las bibliotecas. A través de Italia, Viena y Munich, llegó en la Navidad de 1844 a Lengenfeld, y unos pocos días después, a la casa de su amada Angélica, con la cual inmediatamente se comprometió, casándose en 1845.

A su regreso, fue nombrado profesor en la Universidad de Leipzig, donde enseguida publicó las hojas del Antiguo Testamento en una edición ejemplar, sin embargo, sin dar a conocer el lugar del hallazgo. En 1853, Tischendorf viajó una segunda vez al oriente, para encontrar el resto del manuscrito. Pero, descubrió solamente un pequeño fragmento. En enero de 1859, realizó su tercer viaje al Oriente. A su esposa Angélica, le escribió: “Voy en el nombre del Señor y busco tesoros que lleven fruto para Su iglesia.” En su tercer viaje, Tischendorf pudo interesar incluso a los zares. El Zar Alejandro II era el santo patrono de la iglesia griego-ortodoxa. Él se hizo cargo de los costos del viaje, y el hermano del zar, el Gran Duque Constantino, llegó a ser el patrocinador más importante de Tischendorf.

Los monjes del monasterio ya lo conocían muy bien, pero de las 86 hojas del hallazgo de la Biblia dejadas atrás en 1844 ninguno de ellos podía acordarse. Nuevamente, Tischendorf rebuscó en los recintos en los cuales se encontraba la biblioteca con sus miles de libros. Pero, ¡sin éxito! Poco antes de emprender su viaje de regreso, subió al tradicional Monte de Moisés, y cuando al regresar descansó en la casa de un hermano monje, éste le mostró “su” biblia griega. ¡Era el 4 de febrero de 1859 – una fecha que ha quedado en la historia de la Biblia! El monje le trajo a Tischendorf un grueso paquete de pergaminos, envuelto en un paño rojo. Este paquete de pergaminos, no obstante, no eran solamente las 86 hojas dejadas atrás, ¡sino otras hojas más del Antiguo Testamento y el Nuevo Testamento completo! Tischendorf había llegado a su objetivo, a cumplir sus deseos. A su esposa, le escribió: “Un boletín de éxito esperaba poder dar: ahora de verdad, el Señor ha concedido que tenga uno. Una bendición tan grande ha puesto sobre mis investigaciones, ya con el primer paso, que solamente tengo lágrimas de emoción como respuesta… Lo que no me dejó en paz en casa, por más que se acercara a los deseos humanos, fue el llamado del Señor. Si bien siempre me dije: voy en el nombre del Señor y busco tesoros que traigan frutos a su iglesia; hasta ahora lo entiendo y verdaderamente me sorprendo de esta verdad. Todo el manuscrito, así como está ahora, es una joya incomparable para la ciencia y la iglesia” (El Cairo, 15 de febrero, 1859).

La adquisición del manuscrito era imposible, pero la idea de un donativo al zar ruso le gustó a los monjes. Dicho donativo, no obstante, no era realizable de inmediato, ya que el que hasta entonces había sido arzobispo de los sinaítas acababa de fallecer, y primero debía ser elegido y reconocido uno nuevo. Mientras no fuera posible realizar la donación, el manuscrito debía ser entregado a Tischendorf, con motivo de su publicación, contra un documento garantizador del embajador ruso. El Zar Alexander II estaba encantado con el hallazgo y se hizo cargo de los gastos de publicación de un facsímil (réplica fiel hasta en los más mínimos detalles). La Universidad de Leipzig instituyó para Tischendorf una cátedra creada especialmente para él, de “Paleografía y teología Bíblica”. En un tiempo increíblemente corto de tres años – Tischendorf debe haber trabajado incansablemente día y noche – logró terminar ese trabajo tan enorme. En 1862 se publicó el Códex sinaiticus, como reproducción esplendorosa para el zar ruso, con motivo del aniversario de los 1000 años del reino ruso. El zar regaló este facsímil a todas las bibliotecas importantes y casas reales. Paralelamente a esto, Tischendorf publicó también una edición manual económica y diversas publicaciones sobre la historia del descubrimiento de la “Biblia del Sinaí”, como se le llamaba al Códex en ese entonces. También revisó nuevamente su edición del texto del Nuevo Testamento.

Como ya se mencionó, en el correr de su vida de investigador, Tischendorf llegó a publicar 24 ediciones del Nuevo Testamento en lengua griega. El punto culminante en esto lo representa la “Editio Octava Critica Maior” (Tomo I 1869 / Tomo II 1872), que hasta el día de hoy es utilizada en la investigación del texto neotestamentario, y que es considerada como un mojón. En esta edición, el Códex Sinaiticus, juntamente con el Códex Vaticanus, toma el lugar más importante como testigo textual. Muchas preguntas de los críticos de textos pudieron ser aclaradas, y al mismo tiempo se pudo demostrar que el Nuevo Testamento esta transmitido en forma extraordinariamente buena. Hasta el día de hoy, el descubrimiento del Sinaiticus, del siglo cuarto, eclipsa todos los demás hallazgos. Entretanto, ya existen comprobantes más antiguos del Nuevo Testamento, ¡pero solamente el Sinaiticus ofrece el Nuevo Testamento completo!

Los monjes, en 1869, dieron el valioso manuscrito como donativo al zar, por lo cual el monasterio recibió 9.000 rublos como retribución, tal como es la costumbre en el Oriente. A menudo ha sido descrito el descubrimiento de Tischendorf de ese manuscrito, aunque poco después de su muerte (1874), no obstante, hubo voces que le atribuyeron haber quitado el manuscrito a los sinaítas de manera maliciosa. A menudo se declara que él solamente habría pedido prestado el manuscrito, no devolviéndolo a pesar de las promesas, sino haberlo donado al zar sin el permiso de los monjes.

En el contexto del proyecto de investigación digital, se registraron ampliamente los archivos en Alemania e Inglaterra, pero sobre todo en Rusia y en el Monasterio de Santa Catalina — ¡con gran éxito! Allí se encontró el documento de donación de los monjes al emperador ruso, en el antiguo archivo de los zares. El profesor Christfried Böttrich, de la Universidad Greifswald (antiguamente Leipzig), ha publicado estos documentos en alemán para el proyecto de investigación digital. Su conclusión solamente puede confirmar: “El traslado del ‘Codex Sinaiticus” hacia San Petersburgo fue realizado – a pesar… de todas las circunstancias concomitantes – en forma legalmente correcta. Al menos, no es posible hablar de un hurto.” Desde hace más de dos décadas investigo acerca de Tischendorf. Sus descendientes me han entregado las obras póstumas para la revisión (entre otras cosas, 300 cartas de amor del tiempo de 1838 a 1868 con más de 1.000 páginas). Además, desde hace años, también trabajo con las obras póstumas científicas guardadas en la Universidad de Leipzig. De todos esos documentos se desprende, sin lugar a dudas, que Tischendorf fue no solamente un cristiano piadoso, ¡sino también un hombre de honor e integridad!

Con motivo del 200º aniversario, la ciudad Lengenfeld (en las cercanías de Dresde, Alemania) realizó una gran exposición de Biblias y sobre Tischendorf en la municipalidad. Las conferencias solemnes y el servicio religioso tuvieron una muy buena asistencia. La bisnieta de Tischendorf viajó expresamente desde Londres con motivo del aniversario, y alrededor de 3.000 visitantes llegaron de todas partes de Alemania a la pequeña ciudad de Lengenfeld. Es un gozo ver cómo este científico bíblico singular, y sus trabajos científicos, nuevamente han despertado el interés de las personas, ya que sus aventuras de investigación son más fascinantes que toda novela policíaca. El lema de vida de Tischendorf fue: “En la duda se fortalece la ciencia, ¡pero solamente la fe la santifica!” Por esta razón, él siempre trató de explicar sus trabajos de investigación a los cristinos en general, y de hacerlos accesibles a ellos. Lamentablemente, la fascinante vida y obra de Tischendorf hoy es totalmente desconocida para muchos cristianos. Por esa razón, es de celebrar que se intente cambiar el nombre de su ciudad natal en “ciudad Tischendorf-Lengenfeld”.

Tischendorf, escribió en una ocasión: “Usted sabe que fue el entusiasmo por el Libro de los libros lo que me sacó de los brazos de los amigos y me vio bajo un cielo extraño, buscando joyas escondidas” (carta desde Jerusalén, 15/7/1844). Tischendorf encontró tesoros bíblicos en cantidad, y a través de él fue fundada la moderna investigación de textos. Otros hallazgos de textos acerca del Nuevo Testamento encontrados en la cálida arena desértica de Egipto, entre los años 1930 y 1950 del pasado siglo, documentan la excelente transmisión de los escritos neotestamentarios. A pesar de todos los malos agüeros: el Nuevo Testamento está documentado de la mejor forma. Ningún texto de la antigüedad puede presentar tal abundancia de transmisión. ¡Dios cuida Su Palabra!

Los hallazgos de manuscritos de Tischendorf son un mojón en la investigación de textos, y de igual valor en importancia a los rollos encontrados en el Mar Muerto. Los hallazgos de Tischendorf hoy decoran los más grandes museos del mundo. Entre todos ellos, sin embargo, se destaca el descubrimiento del Códex Sinaiticus. ¡Con él tenemos frente a nosotros la totalidad del Nuevo Testamento, en una copia realizada en el siglo cuarto d.C.! En Juan 20:31 leemos la razón de la redacción de los evangelios: “Pero éstas se han escrito para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo, tengáis vida en su nombre.” Cuando abrazamos personalmente esta vida en Jesús, como el Mesías, como el Redentor y Salvador del mundo, entonces la Biblia se convierte para nosotros en un libro muy personal. Y entonces el Salmo 119:162 también será válido para nuestra vida, tal como lo fue para el investigador de la Biblia Tischendorf: “Me regocijo en tu palabra como el que halla muchos despojos.”

alexander_schickAlexander Schick
Vive en Sylt y es, entre otras cosas, co-editor del “Diccionario de la Biblia” y redactor de la parte de estudios arqueológicos de la “Biblia Elberfelder con explicaciones”. Él fue el conferenciante principal en el Congreso Israel realizado en el Salón de Zion, en Dübendorf. Su exposición de Qumran y la Biblia desde hace más de 20 años viaja a través de la Europa germano-hablante, y registra cientos de miles de visitantes (www.bibelausstellung.de). Como docente invitado, da clases, entre otros, en el Seminario Martín-Bucer. Para el 200º cumpleaños de Tischendorf, Schick preparó la exposición de celebración en Lengenfeld, ciudad natal de aquél, y fue el conferenciante principal en los días festivos. Como acto de celebración fue publicado por A. Schick el libro “Tischendorf y la Biblia más antigua del mundo: el descubrimiento del Códex Sinaiticus en el Monasterio de Santa Catalina del Sinaí”.

Un pensamiento acerca de “Un tesoro bíblico…

  • 16 marzo, 2017 at 13:09
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    Gracias por publicar este artículo donde se expone la vida y obra de ese gran cristiano. Para mi es un héroe de la Crítica Textual. Había escuchado referencias en algunos foros de la SOCIEDAD BÍBLICA IBEROAMERICANA. Pero me llena de gran satisfacción conocer mas detalles de ese GRAN ERUDITO DE LA PALABRA DE DIOS: Sin duda fue un verdadero instrumento del SEÑOR.

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