El alto llamado de la Iglesia de Jesús 3/3

Titulo: “El alto llamado de la Iglesia de Jesús”
 3/3

Autor: SAMUEL RINDLISBACHER
Nº: PE1061

. Ser miembro del cuerpo de Cristo, es decir de Su iglesia, significa una y otra vez decir un decidido “Sí” a Dios y un decidido “No” al pecado.-

 

Los miembros de la Iglesia han decidido tener las cosas claras con Jesús, y vivir de acuerdo al ejemplo de las declaraciones bíblicas.

 


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“El alto llamado de la Iglesia de Jesús”  3/3

Como ya lo hemos anunciado, querido amigo, querida amiga, veremos que “La Iglesia de Jesucristo está llamada a vivir en santidad”.

En Efesios 1:4 la Biblia dice:“… según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él en amor.”La Iglesia de Jesús tiene un llamado muy elevado: Ella debe ser “santa y sin mancha” y eso “en amor”. Este aspecto de la Iglesia de Jesús muchas veces es poco enfatizado o, peor aún, totalmente olvidado. Y eso que la Biblia habla de esto en varios pasajes, como por ejemplo en la primera carta de Pedro:“Porque escrito está: Sed santos, porque yo soy santo”. De acuerdo con Santiago 1:27 nosotros debemos“guardarnos sin mancha del mundo”. En 1 Juan 2:15 se nos exhorta a vivir un estilo de vida consecuente:“No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él.”Ser miembro del cuerpo de Cristo, es decir de Su iglesia, significa una y otra vez decir un decidido “Sí” a Dios y un decidido “No” al pecado. No en vano, Jesús dijo:“Ningún siervo puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro”. Los miembros de la Iglesia han decidido tener las cosas claras con Jesús, y vivir de acuerdo al ejemplo de las declaraciones bíblicas.

Ahora bien estimado amigo, Ser Iglesia de Jesús, también significa ser testigos de Su gloria.

De esto testifica, en forma especialmente clara, la segunda carta a los corintios:“Así que, somos embajadores en nombre de Cristo, como si Dios rogase por medio de nosotros; os rogamos en nombre de Cristo: Reconciliaos con Dios”. La Iglesia de Jesucristo carga con una gran responsabilidad, ya que ella es la imagen misma de Su gloria y, con eso, el indicador del camino a la salvación. Ella debe ser una luz bien clara en la oscuridad de este mundo, y tener la respuesta a las preguntas existenciales: ¿De dónde? ¿Para qué? ¿A dónde? La Iglesia de Jesús es la sal que evita la podredumbre del pecado. Nuestro mensaje es el de la gloria y la santidad de Dios y, por lo tanto, el de Su gracia y salvación en Jesucristo.

Querido amigo, veamos esta ilustración; Cuando un embajador se presenta en el campo político, lo hace con la conciencia de estar cuidando en la mejor forma posible los intereses de su país. Si no cumple eso, recibe una reprensión, es cambiado de lugar, o hasta sacado de su puesto. También nosotros como embajadores de Jesucristo deberíamos estar conscientes de esto. Pablo escribe:“Nuestra carta(de presentación)sois vosotros, escritas en nuestros corazones, conocidas y leídas por todos los hombres”(2 Co. 3:2). Nosotros trasmitimos un mensaje. Pero, ¿será que el mensaje que trasmitimos también corresponde a nuestro elevado llamado y a la tarea a la cual fuimos llamados? No nos olvidemos que nuestros hechos hablan más fuerte que nuestras palabras. Nuestra forma de presentarnos, es decir nuestra apariencia, echa luz sobre nuestro empleador, para testimonio a favor o en contra de Dios.

Por esta razón, quisiera mencionar brevemente algo que de lo cual muchos cristianos ya no son concientes: La manera de vestirnos. A través de nuestra apariencia podemos descalificar nuestra fe en Cristo, o la podemos enfatizar. La obra misionera “Orientdienst” (‘Servicio para el Oriente’ que trabaja entre musulmanes) escribe lo siguiente: “Si un musulmán entra en una iglesia cristiana y se encuentra allí con numerosas mujeres con polleras osadamente cortas, ¡eso solamente puede confirmar su prejuicio contra los ‘cristianos inmorales’!” Dios fue el que, como primer “diseñador de modas”, vistió a los seres humanos. En la actualidad, el diablo los vuelve a desvestir. Él desnuda, expone, roba el pudor, hurta la intimidad, despierta deseos equivocados y seduce al pecado. Nosotros, los de la Iglesia de Jesús, sin embargo, estamos llamados a ser la imagen de la gloria de Dios, una indicación de Su gloria. El Señor nos proteja de que nuestro poder declaratorio hacia el mundo se pierda a través de las “cosas exteriores” (como ser la vestimenta). Tengamos el valor de vivir en la Iglesia de Jesucristo de acuerdo con las normas bíblicas, y no nos vistamos en forma provocativa, sino en forma casta y decente.

Veamos ahora cuál es La meta de la Iglesia de Jesucristo.

Querido amigo la Iglesia de Jesús tiene una meta delante suyo, por la cual vale la pena vivir y hasta morir, como lo han demostrado miles y miles de mártires. Algún día estaremos con Jesús y lo veremos tal como es:“Amados, ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es”(1 Jn. 3:2). ¡Una perspectiva inimaginable! Por esta razón, la Iglesia de Jesucristo puede, aun en medio de sufrimientos, crisis y problemas, mirar confiadamente hacia el futuro. Ella tiene una esperanza y una meta: ¡Lo mejor aún está por delante! Pero aun así no se hunde en la creencia en el destino, ni se queda inactiva. Más bien hace como Martín Lutero, quien dijo: “¡Aun si supiera que mañana se termina el mundo, hoy todavía plantaría un manzano!” Del mismo modo, la Iglesia de Jesús se goza en ese maravilloso futuro, de algún día poder estar con Jesús por toda la eternidad, pero al mismo tiempo ella vive en la actualidad. Entiende que Dios la ha puesto en medio de este mundo, con sus asuntos sociales, económicos y políticos. De este modo, la Iglesia es una luz brillante que señala a Jesucristo. Al mismo tiempo, sin embargo, ella también es la sal de esta tierra y tiene influencia sobre la sociedad a través de su estilo de vida ético cristiano. Y, no en último lugar, también parte el pan, en forma literal, siendo conciente de su responsabilidad social.

La Iglesia de Jesús, verdaderamente, tiene un llamado alto y sublime. ¡Tomemos esto en cuenta! ¡Vivamos para la glorificación de Jesucristo, para la edificación de la Iglesia, y siendo bendición para muchos que aún están vagando en la oscuridad espiritual!.

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