¿Virgen o mujer joven?

IMG_028_mariaB¿Dónde se equivocan los editores de la nueva Biblia de Lutero 2017?
Una opinión de la historia de la salvación bíblica.

Norbert Lieth

La nueva Biblia de Lutero 2017 traduce Isaías 7:14, como de costumbre, con la palabra “virgen”. No obstante, los responsables de esta edición, señalan en una nota al pie que la traducción “literal” es “mujer joven”. Y en las “notas anexas” en el apéndice de la Biblia, hacen una conexión entre el “nacido de una virgen” y los mitos griegos de “Heracles, Asclepios, y Alejandro el Grande”. Los teólogos opinan que en el Nuevo Testamento queda “pendiente, cómo el origen divino de Jesús y su descendencia terrenal de David concuerdan entre sí”. Por lo tanto, sería así que la “declaración de la concepción virginal de Jesús (Mt. 1:23; Lc. 1:27)” no debería “ser comprendida como un milagro biológico, sino como una declaración teológica sobre su origen divino”. Con eso, se anularía la profecía sobre el nacimiento virginal.

El hecho de que Jesús, como Hijo de Dios, nació de la virgen biológica María, está bíblicamente fuera de toda duda, y de modo alguno este asunto queda “pendiente”. Ya en las primeras promesas del Redentor, la Biblia señala el nacimiento virginal: “Y pondré enemistad entre ti y la mujer, y entre tu simiente y la simiente suya; ésta te herirá en la cabeza, y tú le herirás en el calcañar” (Gn. 3:15).

Si el Mesías que había de venir fuera a ser concebido de manera normal, es decir a través de un hombre, entonces no diría “la simiente suya”. Normalmente la concepción sucede a través del semen del hombre, el Mesías, sin embargo, es llamado “simiente suya” en alusión al nacimiento virginal.

En Isaías 7:14 se encuentra la palabra hebrea almãh, y eso significa chica (mujer joven), refiriéndose a una virgen en edad de casarse. La misma palabra hebrea es utilizada en Génesis 24:43; Éxodo 2:8; Salmos 68:26; Cantar de los Cantares 1:3; 6:8; Proverbios 30:19. Y cada vez se trata de una virgen biológica. Según la comprensión bíblica, en el tiempo de Isaías estaba sobreentendido que una joven, que aun no era casada, tenía que ser virgen. En este contexto, es importante el testimonio del apóstol Mateo quien, inspirado por el Espíritu Santo, aplica el pasaje de Isaías 7:14 a Jesucristo y anuncia el cumplimiento ocurrido en Él: “Todo esto aconteció para que se cumpliese lo dicho por el Señor por medio del profeta, cuando dijo: He aquí, una virgen concebirá y dará a luz un hijo, y llamarás su nombre Emanuel, que traducido es: Dios con nosotros” (Mt. 1:22-23).

Mateo claramente se refiere a una virgen (cp. v. 18 y Lc. 1:34). También dice que María quedó embarazada antes de unirse a José. Y María misma habla de no haber tenido aún relaciones sexuales con ningún hombre. Esto demuestra que el nacimiento del propio hijo de Isaías (cp. Is. 7:15-16), aún no fue el cumplimiento completo de Isaías 7:14.

Del mismo modo, la genealogía de Jesús da un indicio sobre el nacimiento virginal de Jesús que no puede ser pasado por alto, ya que Mateo dice al final de la genealogía: “Y Jacob engendró a José, marido de María, de la cual nació Jesús, llamado el Cristo” (Mt. 1:16).

En toda la genealogía se menciona, cómo los hombres engendraron a sus descendientes, pero en el caso de Jesús, eso repentinamente se detiene, y tan sólo dice que Jesús nació de María. ¡Ni una palabra de un engendrador! El evangelio de Lucas, dice: “Hijo, según se creía, de José” (Lc. 3:23). Eso es enfatizado porque, precisamente, Jesús no era un hijo engendrado por José. En esto vemos lo exacta y unánime que es la Biblia en sus declaraciones.

Desde el punto de vista de  la historia de la salvación, el nacimiento virginal de Jesucristo, precisamente, es de importancia decisiva: es importante porque, a través del mismo, Jesús nació sin el pecado original de Adán. Él nunca pecó (1 P. 2:22), y así pudo llegar a ser nuestro perfecto redentor. En base a este hecho, nosotros los que hemos nacido de nuevo, en Cristo, ya no somos derrotados por el pecado original de Adán, el pecado que a través de la transmisión del semen del hombre pasa a todo ser humano. Dicho de otra manera: una persona nacida de nuevo, a través de su nuevo nacimiento, es salvo de ese pecado que es trasmitido a través de la carne, y esto a través de Jesús, quien fue engendrado sin pecado por el Espíritu Santo. Por eso somos salvos eternamente y podemos tener la seguridad de la salvación.

Si cuestionamos el nacimiento virginal de Jesús, ponemos en duda la fatalidad del pecado y la total necesidad de redención del ser humano, pero sobre todo a Dios y a Su maravilloso plan de salvación en Su Hijo divino y en la encarnación sin igual y necesaria de éste.

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