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Autor: Tom Short

Un recorrido por cinco preguntas básicas sobre la fe cristiana, que pocas veces son respondidas adecuadamente: evidencias de Dios, Biblia, propósito de Jesucristo, vida cristiana.


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PE2384 – Estudio Bíblico
Preguntas cruciales sobre el cristianismo (4ª parte)



¡Amigos! Continuamos hoy esta serie con una tercera pregunta, que estoy seguro de que a muchos les va a interesar: ¿Acaso no soy yo quien determina lo que es bueno para mí? Miren, yo creo que es innegable que los diarios y los noticieros televisivos se han vuelto casi una agresión para nuestra sensibilidad. Estos medios de comunicación modernos nos bombardean a diario con delitos atroces cometidos alrededor del mundo. Sin embargo, mientras crece la corrupción y la violencia, paralelamente también nos bombardea otro mensaje: “¡No juzgue! ¡Viva y deje vivir! Nadie tiene derecho a decir que el comportamiento del otro es incorrecto, está mal o es malvado”.

A pesar de que ciertos aspectos todavía nos generan repulsión a la mayoría, el mensaje de tolerancia ha sido tan generalizado que nos debemos preguntar si todavía existe lo correcto e incorrecto. ¿Existe algo que siempre esté mal para todas las personas, en todo tiempo y circunstancia? ¿O cada uno debe decidir qué es lo correcto para nosotros? En contraposición a la filosofía moderna del relativismo (donde nada es absolutamente correcto o incorrecto, tan solo “depende”), la Biblia enseña que hay absolutos morales, ciertas cuestiones que son siempre correctas o incorrectas, pase lo que pase. Aunque algunas personas defienden hasta el delito más grave, el sentido común básico demanda que homicidio, violación, adulterio, hurto, fraude y otros delitos siempre están mal.

El criterio bíblico sobre los absolutos morales se conoce como la “Regla de Oro”, que en resumen es tratar a otros como le gustaría a uno que lo traten. No existe realmente un argumento sólido en su contra, ya que mientras un hombre puede justificar su propio adulterio, ciertamente se indignaría si alguien más cometiese adulterio con su esposa. Una persona puede justificarse si hurta, pero no podría aceptar la misma excusa si alguien más le robara algo de su posesión. La Regla de Oro se basa en el principio moral más alto: el amor. Mientras poemas, canciones e historias inspiradores sobre el amor hacen eco en nuestro interior, nos enfrentamos a la lucha interna de pensar y actuar con egoísmo. Este egoísmo es la esencia de lo que la Biblia llama pecado, o no cumplir con las leyes de Dios.

Pero a pesar de esto, algunas personas creen tan profundamente en el relativismo moral que defienden comportamientos que simplemente son indefendibles. Con frecuencia doy charlas en universidades donde la filosofía sobre el relativismo moral es ampliamente enseñada y practicada. Por lo general, existe al menos un estudiante que está absolutamente convencido de que no existen absolutos; en esos casos yo siempre le hago la misma pregunta: ¿Qué pasa con Hitler? Pensar en este ejemplo extremo quizá nos demostrará que existen al menos algunos absolutos. Lo que hago es preguntarle al estudiante qué cree sobre Adolf Hitler. ¿Era un hombre malo? ¿Era malvado? ¿Está dispuesto a hacer un juicio moral sobre él? Me asombra con qué frecuencia los relativistas morales se niegan a pronunciar tales juicios. ¡De hecho, sus filosofías los llevan a discursos absolutamente disparatados! He escuchado respuestas como “Hitler no encajaría bien en nuestra construcción social”, o “nunca haría lo que él hizo, pero tampoco podría juzgarlo”, o incluso “no sé si se equivocó o no; nunca lo conocí”. Ciertamente usted no cree que los actos de Hitler fueron correctos, ¿no es cierto? Aún así, si no existiese Dios ni tampoco absolutos morales, ¿por qué creeríamos que Hitler se equivocó? Después de todo, el gobierno alemán declaró que lo que Hitler hizo fue legal. La ley respaldó su horror. La voz del pueblo se manifestó al elegirlo. Consiguió lo que quería (al menos por un tiempo). En lo profundo de su corazón, evidentemente sintió que lo que hacía era bueno y estaba bien, y que algún día se lo veneraría como un héroe. No obstante todo esto, ¿estuvo bien lo que hizo? Espero que su respuesta sea un rotundo “¡No!”. Si así es, ha reconocido que al menos existen algunos valores morales absolutos. Y aunque usted y yo no seamos culpables de los actos extremos de Hitler, también hemos cometido actos egoístas que quebrantaron las leyes de morales absolutos impuestas por Dios.

Sí, escuchó bien: la moralidad es definida por Dios. Como vimos en el capítulo uno, existe abundante evidencia que demuestra la existencia de Dios. Si no existiese Dios y cada uno de nosotros fuera la forma de vida más alta, entonces cada uno de nosotros podría ciertamente determinar su propia moralidad. Sin embargo, si Dios existe, la definición de moralidad le corresponde a Él no a nosotros. La Biblia no solo enseña que Dios existe, sino que cada uno de nosotros fue creado a Su imagen y semejanza. No significa que nos asemejemos a Dios físicamente, sino que nos creó en semejanza a Su imagen moral. ¡Cuando se trata de moralidad, fuimos creados para ser como Dios! Por ejemplo, Dios no nos dijo que no matemos solo porque quería crear una norma arbitraria. Nos mandó a no matar porque Él es quien da la vida y quien la quita. Otro ejemplo, es que como Dios es sincero, nos exige que seamos honestos y sinceros nosotros mismos. Debido a que Dios es amor en esencia, siempre que actuamos con egoísmo en lugar de actuar con amor, dejamos de reflejar Su imagen moral. Como ya hemos visto, la Biblia denomina a este fracaso de reflejar la imagen moral de Dios “pecado”. Además, destaca que reflejar la imagen moral de Dios es algo hermoso, pero que, como dice en Romanos 3:23 “todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios”.

Amigos, a través de la Biblia Dios nos revela constantemente cómo es Él y así cómo deberíamos también ser. Quizá la más conocida y comprobada en el tiempo expresión de Dios sobre la moralidad se otorga en una lista que por lo general se denomina Los Diez Mandamientos. Éstos han servido como fundamento de la cultura y el derecho occidental. Hoy en día se han vuelto una “cuestión muy discutida” ya que escuelas y otras instituciones públicas determinan si anunciarlos o desterrarlos de su propiedad. Sin embargo, a pesar de toda esta controversia, ¡he encontrado que la mayoría de las personas no pueden ni nombrar la mitad de Los Diez Mandamientos! ¿Puedes tú? Considera que esto es muy importante, ya que constituye el criterio con el que Dios espera que las personas vivan y por el que juzgará en última instancia a cada uno de nosotros. Te propongo echarle un vistazo a cada uno de los mandamientos y su significado. Si los quieres leer de primera mano, los encuentras en la Biblia, en el libro de Éxodo 20:1-17.

  • 1. “Yo soy Jehová tu Dios… No tendrás dioses ajenos delante de mí”.
    Expresado de forma sencilla, Dios exige que Él debe ser su “Dios”. Espera que lo ame de la misma manera que Él lo ama a usted. Rechaza que lo desplacemos de nuestros afectos. No es egoísta o egotista de parte de Dios; es simplemente apropiado y correcto que usted y yo amemos y reverenciemos a Aquel que nos dio vida y continúa dominando el universo.
  • 2. “No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo de la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra”. Debemos conocer y amar a Dios por lo que Él realmente es. Dios no nos da la libertad para creer lo que queramos creer sobre Él. Espera que cada uno de nosotros lo busque seriamente, y si lo hacemos, promete revelarnos Su verdadera identidad. Este mandamiento es de vital importancia, ya que la persona finalmente se convertirá en lo que él o ella perciba que Dios es. En lo profundo de cada ser humano está el deseo de “adorar”. La adoración no se limita a algo que usted lleva a cabo en la iglesia, sinagoga o mezquita. Adorar conlleva admiración y el atribuirle “valor” a algo. Cuando una persona comprende y adora al verdadero Dios, comenzará a parecerse cada vez más a Él. Sin embargo, si el valor máximo se lo atribuye a algo inferior del verdadero Dios, a la larga se transformará en esa imagen falsa.
  • 3. “No tomarás el nombre de Jehová tu Dios en vano; porque no dará por inocente Jehová al que tomare su nombre en vano”. Este mandamiento, por lo general, se viola por mero descuido. Muchas personas dejan escapar una maldición acerca de Dios o Jesús sin siquiera pensar, utilizar Su nombre de manera inconsciente y descuidada sin otorgarle el respeto apropiado. De hecho, para muchas personas, el nombre de Dios no es más que una forma de expresar ira o indignación. Jesús enseñó que nuestras palabras indican lo que hay en nuestros corazones. Cuando usted oye lo que dice acerca de Dios, ¿cuál es el contenido que le manifiesta su corazón? Lo más aterrador de este mandamiento consiste en que, a pesar de que muchas personas inconscientemente lo violan cada día, es el único de los diez donde Dios añadió la amenaza de castigo en la misma oración “…porque no dará por inocente Jehová al que tomare su nombre en vano”.

Hasta aquí vamos por hoy. En el próximo programa continuaremos analizando los 10 mandamientos de Dios, y respondiendo la pregunta quién determina lo que es correcto y lo que no.

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