La soberanía de Dios – Parte 3

La soberanía de Dios – Parte 2
9 abril, 2018
Coordinadora de Red Viva
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Hoy continuamos hablando de la soberanía de Dios con Sonja Maag. Vemos el obrar soberano de Dios en distintos personajes bíblicos: Ester, el hombre ciego de nacimiento, María, Marta y Lázaro. Te invitamos a conocer la decisión que cada uno de estos personajes tuvo que tomar, y cómo se manifestó la soberanía de Dios en sus vidas.


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EA744 – Entre Amigas –
La soberanía de Dios – Parte 3



Entrevista a Sonja Maag

Victoria: Seguimos en Entre Amigas entrevistando a Sonja Maag. Vamos a retomar el tema de la soberanía de Dios. En los programas anteriores estuvimos viendo ejemplos de la soberanía de Dios en distintos personajes bíblicos. Estudiamos la situación, la decisión que los personajes deben tomar, y el resultado en el cual se ve la soberanía de Dios. Sonja, estamos ansiosas de seguirte escuchando.

Sonja: Porque la soberanía de Dios es impresionante, ¿te das cuenta? Estamos en el tercer programa y todavía hay mucho para hablar sobre la soberanía de Dios. Es muy lindo ver en los distintos ejemplos. Hoy queremos ver un ejemplo en el cual podemos ver la mano del Dios soberano en la historia con Israel. Lo podemos ver a través del ejemplo de la reina Ester. De Ester podríamos hablar muchísimo y sacar muchas enseñanzas de su vida, en la cual vemos el obrar soberano de Dios de una forma impresionante.

Primero, vamos a ver la situación de la reina Ester: Ester era la esposa del rey Asuero, era reina. Ester tenía una característica que era muy linda, y la vemos en Ester 2:9-11, y en el versículo 15. Ester halló gracia delante de las personas debido a su humildad. Ella no declaró su pueblo ni su parentela porque su tío Mardoqueo le había pedido que no lo hiciera, así que ella fue humilde, obediente, y fiel. La fidelidad también es una característica muy linda de Ester. El rey amó a Ester más que a todas las otras mujeres, y ella halló gracia y benevolencia delante de él. Su actuar favorable hacia su esposo también es una característica muy linda de Ester, incluso ayudó a salvar la vida de su esposo.

Hay otro personaje en esta historia, Amán. Amán logró que el rey hiciera un decreto que permitía la eliminación de los judíos en todo el imperio. Otro personaje era Mardoqueo, quien al enterarse de este decreto se vistió de luto. Las doncellas le contaron a Ester, lo que llevó a que ella descubriera el plan de Amán: Eliminar el pueblo de Israel. Ahí está el desafío de Ester. Mardoqueo mismo desafía a Ester para que actúe en favor de su pueblo.

Victoria: Esto me hace acordar a que cuando nosotros empezamos a hablar de la soberanía de Dios, hablábamos de la decisión: Dios tienen el poder para hacer lo que quiera, pero nos deja elegir. Esa fue una de las respuestas de la encuesta ¿no?

Sonja: Sí, exactamente. Y Ester eligió bien. Ella tomó la decisión de someterse al Dios soberano y decir esta frase tan conocida: “Si perezco, que perezca.” Estaba dispuesta a ir y presentarse delante del rey sin haber sido llamada. El resultado fue impresionante. Ahí vemos la mano de Dios. Ester consiguió gracia delante del rey, le extendió el cetro, y con mucha gracia y sabiduría, en el segundo banquete ella presentó delante del rey la necesidad que tenía. De esta manera el plan de Amán fue expuesto, y Dios obró para que el rey sacara un nuevo decreto que permitía que los israelitas pudieran defenderse hasta derrotar a sus enemigos. Es lindo ver que los judíos pusieron un conmemorativo, la fiesta de Purim, que se festeja hasta el día de hoy en Israel para recordar la poderosa mano de Dios que intervino para la salvación de su pueblo.

Victoria: También vemos la sabiduría de Dios, que le dio sabiduría a Ester para proceder de la mejor manera, y por lo tanto lograr un resultado positivo.

Sonja: Sí, vemos, por un lado, la mano soberana de Dios, y, por otro lado, la forma en la que Ester permitió ser un instrumento en las manos de Dios.

Victoria: ¡Qué lindo ver estos ejemplos prácticos de la soberanía de Dios!

Sonja: Tenemos otro ejemplo, en el cual podemos ver la soberanía de Dios en nosotros. Es la historia del ciego de nacimiento que encontramos en Juan 9. Su situación: Nació ciego y era dependiente de limosnas. No era una situación muy animadora ¿no? Pero un día tiene un encuentro con Jesús. Y este hombre tiene que tomar una decisión. Tiene que obedecer a Jesús: tuvo que levantarse, ir al estanque de Siloé, y lavarse. Yo me imagino que no era tan fácil para él, siendo ciego, hacer esto. Seguramente alguien lo tuvo que ayudar a llegar hasta ahí, sin embargo, tomó la decisión de obedecer, y por eso pudo ver la mano soberana de Dios en su vida. Pero hay otra parte de esta historia: Los discípulos. Los discípulos le preguntaron a Jesús quién había pecado, si el ciego o sus padres. Relacionaron su ceguera con el pecado. Sin embargo, el Señor les respondió: “No pecó este, ni sus padres. Sino para que las obras de Dios se manifiesten en él.” Y así volvemos a lo que ya habíamos dicho, la mano soberana de Dios se manifiesta en su obrar.

Victoria: Se manifiesta como Él quiere, porque Él es soberano. Tantas veces la gente se pregunta: Si Dios está, ¿por qué no lo vemos? ¿Por qué no se muestra? Pero se está mostrando todo el tiempo.

Sonja: Exactamente. Y, es más, este hombre, al quien tuvieron por basura, por pecador, después dejó un testimonio impresionante delante de todos los sabios. Lo podemos leer en Juan 9:30-33, donde el ciego de nacimiento dice: “Respondió el hombre, y les dijo: Pues esto es lo maravilloso, que vosotros no sepáis de dónde sea, y a mí me abrió los ojos. Y sabemos que Dios no oye a los pecadores; pero si alguno es temeroso de Dios, y hace su voluntad, a ése oye.” Y esto fue un testimonio muy claro delante de todas esas personas, de que Dios hace y pone su mano soberana donde la quiere poner.

Victoria: El ciego, el que pedía limosnas, testificando de la soberanía de Dios a los maestros.

Sonja: Impresionante. Otro ejemplo es Lázaro, María y Marta. Estos tres hermanos a quienes Jesús amaba mucho. Leemos su historia en Juan 11. Lázaro se enfermó, y las hermanas mandaron a llamar a Jesús para que viniera a sanarlo como lo había hecho tantas veces. Pero Jesús no fue enseguida, sino que dijo: “Esta enfermedad no es para muerte, sino para que la gloria de Dios sea manifestada”. Así que Lázaro murió. Hubo algunas decisiones que se tomaron. Primero, Jesús. A pesar de amar a los hermanos, decidió no ir enseguida, sino esperar. Otro que tuvo que tomar una decisión fue Tomás. Cuando los discípulos no querían ir porque en esa zona querían matar a Jesús, Tomás decidió acompañarlo, y todos los discípulos lo siguieron. María también tomó una decisión: se entregó por completo a su dolor. Marta tomó otra decisión: Ella salió al encuentro del Señor Jesús. Su fe es desafiada, porque Jesús le dijo: “¿No te he dicho que si crees verás la gloria de Dios?” Y vemos un resultado impresionante, porque la mano soberana de Dios obró: Resucitó a Lázaro de los muertos, y encaminó a María y a Marta nuevamente, para que confiaran en Dios, en que, en su voluntad buena, perfecta y agradable, hace lo mejor para nuestras vidas y en nuestras vidas. A veces lo entendemos, y a veces no tanto, pero la gloria siempre tiene que ser para Dios.

Por eso cantamos muchas veces ese coro en la iglesia: Al único que es digno de recibir gloria y honra, fuerza y poder. Al Dios y padre eternal, invisible pero real, a Él hoy ministramos loor. Te coronamos Señor y Rey Jesús, adoramos tu nombre, nos rendimos a tus pies, consagramos todo nuestro ser a ti.

Victoria: Muy bien, qué interesante todo este tema de la soberanía de Dios, qué bueno que podamos meditar en ello. Quédense con esto en sus corazones: Dios es soberano, Dios es amor, y su gloria se quiere manifestar. ¡Nos vemos en el próximo programa!

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