La soberanía de Dios – Parte 2

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Continuamos hablando con Sonja Maag sobre la soberanía de Dios. En esta oportunidad, vemos cómo Dios actúa de forma soberana en la historia mundial, en la historia con Israel, en la historia de la salvación y en nuestra vida personal. También vemos el ejemplo de los amigos de Daniel, quienes confiaron el Dios soberano y se negaron a adorar la estatua de Nabucodonosor.


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EA743 – Entre Amigas –
La soberanía de Dios – Parte 2



Entrevista a Sonja Maag

Victoria: Continuamos, amigas, con la entrevista. Hoy vamos a retomar el tema de la soberanía de Dios. Vamos a hacer un pequeño repaso de lo que habíamos estado hablando. Es un tema muy interesante. Sonja, te queremos seguir escuchando.

Sonja: Bueno, muchas gracias por esta segunda oportunidad, espero que podamos disfrutar de este tiempo para hablar de este tema tan importante: La soberanía de Dios.

En el programa anterior vimos este atributo de Dios tan grande e importante, y que funciona juntamente con el amor, que en su sabiduría sabe lo que cada uno de nosotros necesita. Dios es soberano, y siempre hace su voluntad, pero lo hace con esa mirada de amor hacia nosotros.

Ahora, me gustaría invitarlas a ver cómo Dios actúa con su soberanía en la historia mundial, en la historia con Israel, en la historia de la salvación, y en la vida de personas con necesidades y desafíos personales. Y quiero subrayar, nuevamente, que todo lo que hace lo hace porque las obras de Dios tienen que manifestarse, y su nombre tiene que ser alabado por ellas.

Quiero ver cada una de estas áreas con un versículo bíblico. Primero vamos a la historia mundial. Vamos a ver cómo Dios actúa con su soberanía en la historia mundial. Podemos leer en 2da Crónicas 20:6. Dice: “Oh Señor, Dios de nuestros antepasados, solo tú eres el Dios que está en el cielo. Tú eres el gobernante de todos los reinos de la tierra. Tú eres fuerte y poderoso. ¡Nadie puede hacerte frente!” Y Daniel 2:20-21 dice: Alabado sea el nombre de Dios por siempre y para siempre, porque a él pertenecen toda la sabiduría y todo el poder. Él controla el curso de los sucesos del mundo; él quita reyes y pone otros reyes. Él da sabiduría a los sabios y conocimiento a los estudiosos.” Impresionante, ¿no? Quedó bien claro. Es la soberanía de Dios sobre toda la historia mundial. También podríamos leer Hechos 1:7 “Solo el Padre tiene la autoridad para fijar esas fechas y tiempos, y a ustedes no les corresponde saberlo” Dios lo sabe, y eso tiene que ser suficiente para nosotros. Y debemos tener la seguridad de que, en todos los acontecimientos de todo el mundo, Dios tiene el control total. Ahora, lo mismo pasa en cuanto a la historia de Israel. Hay muchos pasajes que podríamos leer, pero yo elegí Isaías 41:8-10 y 13-14. Dice así: “Pero en cuanto a ti, Israel, mi siervo Jacob, a quien he escogido, descendiente de mi amigo Abraham, te he llamado desde los confines de la tierra, diciéndote: “Eres mi siervo”. Pues te he escogido y no te desecharé. No tengas miedo, porque yo estoy contigo; no te desalientes, porque yo soy tu Dios. Te daré fuerzas y te ayudaré, te sostendré con mi mano derecha victoriosa. Pues yo te sostengo de tu mano derecha; yo, el Señor tu Dios. Y te digo: “No tengas miedo, aquí estoy para ayudarte.  Aunque seas un humilde gusano, oh, Jacob, no tengas miedo, pueblo de Israel, porque yo te ayudaré. Yo soy el Señor, tu Redentor. Yo soy el Santo de Israel”. Aunque habló hace mucho tiempo, esto es válido hasta hoy, y va a ser válido por toda la eternidad. Y en la historia de la salvación, es lo mismo. Leamos Efesios 1:4-5 “Incluso antes de haber hecho el mundo, Dios nos amó y nos eligió en Cristo para que seamos santos e intachables a sus ojos. Dios decidió de antemano adoptarnos como miembros de su familia al acercarnos a sí mismo por medio de Jesucristo. Eso es precisamente lo que él quería hacer, y le dio gran gusto hacerlo.” Impresionante ¿no? A Él le da gusto hacerlo. También, si pensamos en la vida de personas individuales, con sus necesidades y sus desafíos, encontramos unas palabras maravillosas en Juan 10:27-30, que dice: “Mis ovejas escuchan mi voz; yo las conozco, y ellas me siguen. Les doy vida eterna, y nunca perecerán. Nadie puede quitármelas, porque mi Padre me las ha dado, y él es más poderoso que todos. Nadie puede quitarlas de la mano del Padre. El Padre y yo somos uno.” Precioso, ¿no? El hijo y el Padre son uno, y esa soberanía es para nosotros, personalmente.

La soberanía es un hermoso atributo de Dios, y es mi deseo que nuestras oyentes puedan entender eso, que nunca le tenemos tener temor a la soberanía de Dios. Podemos descansar en Él, porque Él es el Dios soberano, y disfrutarlo. Porque nos da seguridad, y, como ya hemos dicho, sabemos que su voluntad es buena, agradable y perfecta. Esto nos debe llevar a adorar a Dios, y nos debe llevar a permitir que Dios sea el rey de nuestras vidas.

Victoria: ¡Disfrutemos de la soberanía de Dios alabándolo!

Sonja: Claro que sí. Quiero leer un texto y luego vamos a ver algunos ejemplos que encontramos en la Biblia. Dice en Deuteronomio 32:3-4: “Porque el nombre de Jehová proclamaré. Engrandeced a nuestro Dios. Él es la Roca, cuya obra es perfecta, porque todos sus caminos son rectitud; Dios de verdad, y sin ninguna iniquidad en él; Es justo y recto.” Esto lo vemos en la vida de los tres amigos de Daniel.

El ejemplo de los amigos de Daniel lo vamos a analizar con tres preguntas. Primero, vamos a ver la situación o el desafío que estaban viviendo, después, la decisión que tomaron, y, por último, el resultado. Así que vamos a Daniel 3 y vemos lo que pasó. Muchos seguramente ya conozcan la historia: Nabucodonosor hizo levantar una estatua enrome, de 27 metros de alto. Él puso la estatua para que, al oír el son de los instrumentos musicales, todo el mundo se postrara y adorara a esta estatua. Esa era la situación en la se encontraban los tres amigos de Daniel: Sadrac, Mesac y Abed-nego. Al sonar la música, ellos no se postraron ni adoraron a esta estatua, porque adoraban solamente Dios. Esto fue una decisión que tuvieron que tomar, y llevó a que fueran difamados, y que tuvieran que presentarse delante del rey Nabucodonosor, quien los amenazó con un castigo: Lanzarlos al horno de fuego. Sin embargo, los tres amigos tomaron una decisión que leemos en Daniel 3:16-18: “No es necesario que te respondamos sobre este asunto. He aquí nuestro Dios a quien servimos puede librarnos del horno de fuego ardiendo; y de tu mano, oh rey, nos librará.” Y ahora viene algo que a mí me impresiona mucho: “Y si no, sepas, oh rey, que no serviremos a tus dioses, ni tampoco adoraremos la estatua que has levantado.” Ellos contaban con la posibilidad de que Dios no los librara, pero sabían que Dios es soberano. Tomaron una decisión, lo dejaron bien claro. Que solo adorarían al Dios soberano, en quien creían. Y aunque Dios no los liberara, de igual manera no adorarían a la estatua.

Victoria: Además Nabucodonosor era el mismo de quien estuvimos hablando cuando comenzamos a hablar de la soberanía de Dios. ¡Cuántos encuentros tuvo Nabucodonosor con la soberanía de Dios! ¿No es así?

Sonja: Exactamente. Entonces, ellos tres dejaron un testimonio impresionante de su confianza, de su seguridad en el Dios soberano, de su fe. Ahora viene el resultado de esta situación: El rey se llena de ira, y manda calentar el horno 7 veces más que normalmente. Era imposible salir con vida de este horno. Nabucodonosor hizo que ataran a los tres amigos, y los tiraran al fuego. Pero de pronto, el rey se espanta. ¿Por qué? Porque ve a cuatro hombres en las llamas, y el aspecto del cuarto era semejante a un hijo de Dios. Así que los llaman fuera, y salen sin ningún daño del horno de fuego, la Biblia dice que ni siquiera tenían olor a humo. Fueron salvados por la poderosa mano de Dios. Entonces el rey del Imperio de Babilonia dice unas palabras que son impresionantes. El que pensaba que era el rey de los reyes, tuvo que rendirse delante del verdadero Rey de Reyes, delante del Dios soberano. Y Nabucodonosor dice en Daniel 3:28-30: “Entonces Nabucodonosor dijo: Bendito sea el Dios de ellos, de Sadrac, Mesac y Abed-nego, que envió su ángel y libró a sus siervos que confiaron en él, y que no cumplieron el edicto del rey, y entregaron sus cuerpos antes que servir y adorar a otro dios que su Dios. Por lo tanto, decreto que todo pueblo, nación o lengua que dijere blasfemia contra el Dios de Sadrac, Mesac y Abed-nego, sea descuartizado, y su casa convertida en muladar; por cuanto no hay dios que pueda librar como éste. (…)”

Victoria: Es impresionante ver cómo la soberanía humana queda totalmente en ridículo. Él tenía poder para mandar a calentar el horno, pero Dios tenía el poder para hacer que el fuego no quemara.

Sonja: Exactamente. Y Nabucodonosor después dijo que no había dios que pudiese librar como este Dios, el Dios soberano del cual estamos hablando.

Victoria: Y del cual vamos a seguir aprendiendo en el próximo programa. ¡No se lo pierdan!

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