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Autor: Nathanael Winkler

La biblia dice que los cristianos son “Ciudadanos del cielo”. ¿Qué implica esto para la forma de vivir en la Tierra? y ¿cuáles deben ser las expectativas para el futuro? Sobre estos temas escucharemos en este programa.


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PE2703- Estudio Bíblico
La carta de Pablo a los Filipenses (29ª parte)



Vivir alertas

Sin dudas, todos conocemos algún caso, por las noticias o por contacto personal, de personas deportadas. También existen largos trámites para obtener la ciudadanía de algunos países e incluso, casos en los que para ganar una, se debe renunciar a otra. La legislación migratoria es un tema que siempre da que hablar. Sin embargo, los hijos de Dios tienen un permiso de residencia que nadie les puede quitar. De acuerdo con Filipenses 3:20-21, son ciudadanos del cielo. Pero esto, por supuesto, no significa que no poseen responsabilidades que asumir aquí en la tierra. La Biblia nos enseña con claridad en Romanos 13: 1, 2 y 7, que debemos someternos al Gobierno. Dice: “Sométase toda persona a las autoridades superiores; porque no hay autoridad sino de parte de Dios, y las que hay, por Dios han sido establecidas. De modo que quien se opone a la autoridad, a lo establecido por Dios resiste; y los que resisten, acarrean condenación para sí mismos. (…) Pagad a todos lo que debéis: al que tributo, tributo; al que impuesto, impuesto; al que respeto, respeto; al que honra, honra”.

No pensemos, por ejemplo, que no es necesario para un ciudadano del cielo pagar los impuestos. Aunque podríamos argumentar que lo recaudado es usado para promover el pecado, inversiones que uno no puede apoyar, no sería correcto dejar de pagar los impuestos por esta razón. La desobediencia a las leyes solo es permitida cuando exigen de nosotros actuar en contra a la voluntad de Dios.

El cristiano no es un rebelde que participa en todas las protestas. En 1 Pedro 2:12-13 leemos que el Apóstol recomienda: “(mantener) buena vuestra manera de vivir entre los gentiles; para que en lo que murmuran de vosotros como de malhechores, glorifiquen a Dios en el día de la visitación, al considerar vuestras buenas obras. Por causa del Señor someteos a toda institución humana, ya sea al rey, como a superior…

El cristiano tiene otra prioridad, asuntos más importantes que atender. En primer lugar, debemos ser fieles al Señor que está en el cielo, donde tenemos nuestra ciudadanía y donde habita Cristo. El cielo es nuestra patria, como dijo nuestro Señor y encontramos en Juan 14:1-3: No se turbe vuestro corazón; creéis en Dios, creed también en mí. En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros. Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis.

Nuestro tiempo aquí en la tierra es limitado, estamos tan solo de paso. Pero Filipenses 3:20 nos dice Mas nuestra ciudadanía está en los cielos, de donde también esperamos al Salvador, al Señor Jesucristo. Como cristianos, tenemos un futuro maravilloso esperándonos. Pero la pregunta es: ¿vivimos aguardando de manera consciente el regreso del Señor? ¿Está toda nuestra vida enfocada hacia ese día? La palabra esperar significa, en el texto original, una expectativa paciente, pero muy alerta. Es una expresión fuerte, que expresa seriedad y compromiso al esperar un acontecimiento.

Recuerdo mi tiempo en el servicio militar, que es obligatorio en Suiza, cuando nuestra tropa debía estar alerta en la defensa de la ciudad de Davos. Era tan solo un ejercicio, por lo tanto, no lo tomábamos demasiado en serio. Pese a esto, nos exigían dormir con el uniforme puesto y tener siempre listo el fusil. Si algo acontecía, debíamos subir de inmediato al tanque para entrar a la ciudad. Este es un ejemplo de una alerta ininterrumpida. Un ejemplo a seguir es el de Efesios 6:10-20 en donde se habla de la armadura de Dios.

Todo lo que hacemos, lo debemos hacer con esta misma expectativa: “¡El Señor viene!” Y si lo hiciera ahora, ¿nos encontraría preparados? ¿Nos asustaríamos si de repente nos encontráramos delante de él? Debemos ordenar de forma correcta las prioridades en nuestra vida. A los malos referentes, mencionados por Pablo en Filipenses 3:18-19, solo les importaba la comida, la ropa, su propia honra, la comodidad y el deleite. Por supuesto que podemos disfrutar de las bendiciones materiales que el Señor nos da, pero no debemos ser glotones. De acuerdo a Colosenses 3:5 la avaricia, es idolatría. Pero es necesario preguntarnos en cada área de nuestra vida: “Señor, ¿qué quieres que haga?”. Fuimos llamados a invertir en lo eterno e imperecedero, pues lo terrenal es pasajero. Si el Señor nos llama a hacer algo, hoy es el tiempo de obedecer, no mañana, cuando tal vez sea demasiado tarde.

Los líderes de una iglesia le dijeron a un joven muy capaz que les gustaría que sirviera con sus dones en algún ministerio. Pero él estaba ocupado con su carrera, por lo que respondió que lo haría luego de progresar un poco más con sus estudios. Los años pasaron. Había cumplido los cuarenta. Otra vez se solicitó su colaboración en la congregación. Explicó que justo había llegado a la cumbre de su carrera y que pronto estaría en condiciones para dedicarse a esa tarea. Se casó, tuvo hijos y alcanzó los sesenta años. Volvieron a proponerle su participación, pero le faltaba tiempo, ya que debía hacer su último esfuerzo para su jubilación. Y cuando por fin había logrado su retiro, dijo: “Ahora estoy demasiado cansado”.

Cuando el Señor nos da algo, no debemos ignorar sus dones ni aplazar nuestras tareas por tiempo indeterminado. Lejos esté de nosotros convertirnos en cristianos perezosos. 1 Pedro 2:11-12 dice: Amados, yo os ruego como a extranjeros y peregrinos, que os abstengáis de los deseos carnales que batallan contra el alma, manteniendo buena vuestra manera de vivir entre los gentiles; para que en lo que murmuran de vosotros como de malhechores, glorifiquen a Dios en el día de la visitación, al considerar vuestras buenas obras. La voluntad de Dios es la prioridad, aunque esta implique sufrir.

En Filipenses 3:21, Pablo dice que Cristo transformará el cuerpo de la humillación nuestra”. Alude aquí al arrebatamiento. Leamos 1 Tesalonicenses 4:13-18: Tampoco queremos, hermanos, que ignoréis acerca de los que duermen, para que no os entristezcáis como los otros que no tienen esperanza. Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, así también traerá Dios con Jesús a los que durmieron en él. Por lo cual os decimos esto en palabra del Señor: que nosotros que vivimos, que habremos quedado hasta la venida del Señor, no precederemos a los que durmieron. Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero. Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor. Por tanto, alentaos los unos a los otros con estas palabras«.

Tenemos la esperanza de que nuestro cuerpo, que se deteriora como consecuencia del pecado, será reemplazado por un cuerpo nuevo y eterno. No sabemos con exactitud cómo será, pero sí que nos reconoceremos unos a otros. Recibiremos un cuerpo real y, en cierta manera, conservaremos nuestro carácter. Los vivos serán transformados y los muertos, resucitados. 1 Corintios 15:53 dice: Porque es necesario que esto corruptible se vista de incorrupción, y esto mortal se vista de inmortalidad […]. Dios nos tiene preparado un cuerpo inmortal como el de Cristo. Entonces estaremos libres de pecado y no nos podrá afligir ninguna tentación.

Cuando compartimos con el mundo el mensaje del arrebatamiento, muchos no nos creen. Hay incluso cristianos que sienten vergüenza al hablar acerca de este tema. No les gusta contar de su futura transformación y de la venida de nuestro Señor, el cual llevará con él a todos los hijos de Dios. Sin embargo, este día sin duda vendrá. Dios cumplirá todo como dice Filipenses 3:21 por el poder con el cual puede también sujetar a sí mismo todas las cosas. Nuestro Dios creó el cielo y la tierra. Puede hacer todo lo que se ha propuesto. Vivamos en esta fe y estemos listos ya que en cualquier momento puede resonar el llamado de Mateo 25:6 ¡Aquí viene el esposo; salid a recibirle!.

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