El Plan de Cristo para la Iglesia – II (4ª parte)

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Autor: William MacDonald

La asamblea en el Nuevo Testamento, un tema que está muy en el corazón de Dios y ciertamente es de suma importancia para el Señor Jesucristo. Deberíamos preocuparnos por aquello que es lo que Dios más ama en este mundo. La asamblea más pequeña en la tierra significa más para Dios que el imperio más grande. Cristo es la Cabeza de la Iglesia, y también el mismo Cuerpo.


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PE2301 – Estudio Bíblico
El Plan de Cristo para la Iglesia – II (4ª parte)



Estimados amigos y hermanos, ¿cómo están? Estábamos viendo en el programa pasado que todos los creyentes tienen dones. Así dice 1 Corintios 12:7 y 14: “Pero a cada uno le es dada la manifestación del Espíritu para provecho… Además, el cuerpo no es un solo miembro, sino muchos”. Si conoce a Cristo como su Señor y Salvador, tiene un don o varios dones.

Los dones fueron dados, no para la auto-exhibición, sino para el beneficio del cuerpo. “Pero a cada uno le es dada la manifestación del Espíritu para provecho”, como leímos recién. Por ejemplo, parece que en los primeros días de la Iglesia, algunas personas tenían el don de lenguas. Sin siquiera haber estudiado italiano, un hombre podía ponerse en pie y hablarlo fluidamente. Algunas veces dichas personas se pavoneaban por ello. De hecho, decían: “Deseo que los demás queden impresionados cuando me pare aquí y hable italiano”. No les preocupaba si se les interpretaba o no. En otras palabras, amigos, se estaban exhibiendo. Es por ello que Pablo dice esto en 1 Corintios 12. Los dones fueron dados para el provecho de todos. No para la auto-exhibición, sino para el beneficio de la Iglesia. Es algo bueno que ejercitemos nuestro don para el beneficio de los demás.

Los nombres de los dones son dados en tres lugares del Nuevo Testamento. Existe una lista en Romanos 12, una lista en 1 Corintios 12, al final del capítulo, y también en Efesios 4.

Pensemos en esta lista básica de Efesios 4:11 al 16:

“Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros, a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo, hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo; para que ya no seamos niños fluctuantes, llevados por doquiera de todo viento de doctrina, por estratagema de hombres que para engañar emplean con astucia las artimañas del error, sino que siguiendo la verdad en amor, crezcamos en todo en aquel que es la cabeza, esto es, Cristo, de quien todo el cuerpo, bien concertado y unido entre sí por todas las coyunturas que se ayudan mutuamente, según la actividad propia de cada miembro, recibe su crecimiento para ir edificándose en amor”.

Esto puede parecerle como una jungla de palabras. Pero no lo es en absoluto, así que vamos a clarificarlo un poco.

Volvamos al versículo 7: “Pero a cada uno de nosotros fue dada la gracia conforme a la medida del don de Cristo”. Si Cristo le da un don, y sí lo hace, le da también la gracia para implementarlo. Esto es muy importante. Si Dios quiere que haga algo, le dará el poder para hacerlo. La voluntad de Dios nunca nos conduce donde Su gracia no nos faculta. Si quiere que usted haga algo, le dará el poder de hacerlo. Eso es lo que dice el versículo 7.

Y el 8 dice así: “Por lo cual dice: Subiendo a lo alto, llevó cautiva la cautividad, y dio dones a los hombres”.

Esto significa que cuando el Señor ascendió nuevamente al cielo luego de Su obra en el Calvario, fue una tremenda victoria. Atravesó la atmósfera, a través de las huestes malignas de Satanás y sus secuaces. “Llevó cautiva la cautividad”. Fue un triunfo sobre sus enemigos. “Y dio dones a los hombres”. Esto se cita del Salmo 68:18: “Tomaste dones para los hombres”.

Aparentemente, uno de los frutos de Su obra allí en la cruz del Calvario fue que Dios Le dio dones. Él a su vez, los entregó a los hombres. Pablo dilucida esto en este pasaje en el versículo 9:

“Y eso de que subió, ¿qué es, sino que también había descendido primero a las partes más bajas de la tierra?” Aquí se habla de la ascensión de Cristo. Cristo había estado en el cielo durante toda la eternidad. ¿Cómo podía ascender? Presupone que debía bajar primero a la tierra. Eso es lo que sucedió en Belén: la encarnación del Señor Jesús, cuando tomó para Sí mismo un cuerpo humano.

Entonces, ¿qué dice Pablo aquí al afirmar que Él ascendió? ¿Qué podía significar sino que primero tuvo que descender? Puede que usted pregunte: “Sí pero, ¿qué significa ‘a las partes más bajas de la tierra’? Este es un tema difícil. Pero si me quiere acompañar leyendo el Salmo 139, podrá ver una pequeña luz sobre el mismo.

El Salmo 139 es uno de los otros pasajes en la Escritura que usa una expresión similar: “en lo más profundo de la tierra”. Allí David está hablando de su nacimiento, su concepción y su formación en el vientre de su madre. Es en realidad uno de los Salmos más hermosos, en todo el libro, el cual es muy hermoso. Aquí se ve la formación del feto en el vientre de la madre. Ahora, David dice en los versículos 14 y 15: “Te alabaré; porque formidables, maravillosas son tus obras; estoy maravillado, y mi alma lo sabe muy bien. No fue encubierto de ti mi cuerpo [es decir, mi estructura ósea], bien que en oculto [es decir, en el vientre] fui formado, y entretejido en lo más profundo de la tierra”. Esto habla del vientre, el lugar donde se formó ese cuerpo. Es una expresión poética.

Realmente ayuda algunas veces, cuando leemos la Escritura, el tener alma de poeta. Ahora, yo nunca habría escrito algo así. Nunca habría puesto ‘lo más profundo de la tierra’ refiriéndome al vientre de María; pero, es eso lo que significa.

Así que, cuando Efesios 4:8 y 9 dice que Cristo ascendió, significa que primero descendió al vientre de María y nació en Belén. “El que descendió, es el mismo que también subió por encima de todos los cielos para llenarlo todo”.

Y entonces Dios dio estos dones a los hombres: apóstoles, profetas, evangelistas, pastores, y maestros.

No creo que signifique que cada uno de nosotros tenga uno de estos dones en particular. Creo que éstos son dones especiales de servicio, distinguidos de alguna forma de las listas en Romanos capítulo 12 y 1 Corintios 12. Éstos son dones especiales de servicio.

Analicemos primero lo de: Apóstoles y profetas. Los apóstoles eran hombres que testificaron de la resurrección de Cristo y a los cuales Él envió. Los apóstoles, en el sentido inicial del Nuevo Testamento, no están con nosotros hoy en día. Los profetas eran hombres de Dios en el período del Nuevo Testamento, los cuales nos dieron el Nuevo Testamento. Los apóstoles y profetas nos dieron lo que tenemos hoy en día en las páginas del Nuevo Testamento. En el primer sentido de la palabra, no necesitamos apóstoles y profetas hoy en día, porque tenemos su ministerio aquí mismo en la Biblia. Ahora, en un sentido más débil de la palabra, podemos tener apóstoles. Podemos tener hombres que salen, Dios bendice su obra en una forma maravillosa. Algunos hombres tienen un ministerio apostólico. Tenemos hombres hoy en día que son profetas, pero no son personas que nos dan la Palabra de Dios. No aceptaríamos a nadie que profese darnos la Palabra de Dios, pero sí hombres que exponen la Palabra de Dios, los cuales explican la Palabra de Dios. Estos son profetas, pero en un sentido más débil.

Pero, ciertamente tenemos otros dones hoy en día.

Por ejemplo: Evangelistas. Un evangelista es un hombre que avanza con el evangelio. Su parroquia es el mundo, no la iglesia local. La parroquia del evangelista es el mundo, todo el mundo. Y él va donde hay peces.

También tenemos pastores. En aquella época eran pastores itinerantes. Esto es en plural, recuerde. En ese sentido, Timoteo era un pastor, y fue y ministró entre las iglesias. Tito era un pastor, ciertamente. Pablo tenía el corazón de un pastor.

Y también están los: Maestros, que son hombres que exponen la Palabra de Dios.

El propósito de los dones se declara desde el versículo 12 en adelante. El versículo 12 es crucial. Él dio estos dones “para equipar a los santos para la obra del ministerio”. En la versión Reina Valera es un poco confuso, ya que dice: “a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio”. Parecería que hay tres propósitos diferentes. No es así. Eso haría que perdiéramos de vista el punto principal de “equipar a los santos para la obra del ministerio”. Observe con atención el versículo. ¿A quién le es entregada la obra del ministerio? ¿A cualquiera? No, a los santos. Esto es revolucionario. La obra no se le da a un grupo selecto de clérigos, sino a los santos. Si usted es un creyente en el Señor Jesucristo, la obra del ministerio le es entregada a usted.

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