Cuidando a nuestros mayores – Parte 2

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Continuamos hablando con Rosario sobre su trabajo en el cuidado de personas mayores. Rosario nos cuenta sobre el fallecimiento de su madre y cómo vivió los últimos años de cuidarla y acompañarla. Nos anima a respetar, valorar y mostrar cariño hacia las personas mayores, y nos cuenta sobre sus experiencias al hacerlo. ¡No te pierdas de esta segunda parte de la entrevista!


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EA995 – Entre Amigas –
Cuidando a nuestros mayores – Parte 2



Entrevista a Rosario

Victoria: Amigas, estamos en un nuevo programa, en un nuevo espacio de la entrevista. Continuamos hablando con Rosario, quien nos ha contado acerca de su trabajo con adultos mayores, nos ha contado de todas las personas a las que pudo acompañar y con las que también pudo compartir del evangelio, de la Palabra de Dios. También nos contaba al final del programa anterior sobre su madre y todo el tiempo que pudo compartir con ella en los últimos momentos de su vida, y nos contaba sobre cuán gratificante fue esto para ella. Hoy tenemos a Rosario nuevamente con nosotros para poder seguir conversando. Gracias, Rosario, por estar con nosotros una vez más, gracias por tu tiempo. Nos estabas contando sobre la paz que te dio el Señor en el momento de la partida de tu mamá.

Rosario: Sí, la verdad es que esa paz que Dios me dio ya la venía preparando unos días antes, porque ya Dios sabía que se la iba a llevar a mi mamá. Lo mejor de todo esto fue que cuando mi mamá partió yo le hablaba como si estuviera dormida, porque tenía una cara tan linda que parecía que estaba dormida. Sin embargo ella ya estaba con el Señor. Dios también preparó a una persona cristiana para que me ayudara. En los momentos en los que yo salía a trabajar esa persona se quedaba con mi mamá, leía la Biblia, cantaban, se contaban historias de cuando eran chicas, y esta persona ahora tiene 80 años. Yo la quiero como si fuera mi madre. Dios la preparó a ella, me dio más que una mano, me ayudó mucho, mucho. Quizás un día yo tenga que acompañarla a ella también. Ahora ella vive sola, pero lo haría con mucho gusto porque es una persona mayor, y como yo dije al principio, a los mayores hay que amarlos, hay que respetarlos, hay que darles cariño.

Victoria: Así que te tocó estar del otro lado, del lado del familiar. Así como tu fuiste empleada en algún momento para acompañar a un adulto mayor, también tuviste que emplear a alguien para que te ayudara con las tareas de tu mamá.

Rosario: Así es, sí. Dios preparó a una persona maravillosa con la que charlo hasta ahora, nos llamamos, charlamos y recordamos todo ese tiempo en el que ella estuvo con mamá cuando yo tenía que salir a trabajar. Ella la recuerda a mi mamá como una persona que pasó por muchas cosas. La mamá de mi mamá falleció cuando era chica, así que ella le contaba todas esas historias a esta señora, y hasta ahora ella las recuerda y me dice que con mucho gusto ella la cuidó porque mi mamá era como una madre para ella. Ahora yo digo lo mismo, esta persona que cuidó a mamá es como una madre para mí, porque lo hizo con mucho amor, yo veía que mi mamá estaba bien cuando estaba con ella, y eso era lo principal, era lo que yo quería, que mi mamá se sintiera bien con la persona que la acompañaba.

Victoria: Hubo una cosa que nos comentabas fuera de micrófonos y era que tu mamá hasta último momento recordaba la Palabra, hasta último momento ella recordaba algún cántico o versículos de la Biblia, ¿no?

Rosario: Sí, es verdad. Mi mamá recordaba muchos versículos, y siempre me pedía por las noches que yo le cantara alabanzas del himnario, porque cuando éramos chicos cantábamos. Mamá se gozaba escuchando esas alabanzas y ella las cantaba también porque las recordaba. Era una manera de dormirse en paz y tranquila, porque orábamos cantábamos, compartíamos versículos, testimonios de la vida de ella, de cuando yo era chica también, y todo eso ella lo recordó, hasta el último momento.

Victoria: Estamos hablando de la parte linda, de la parte gratificante de poder cuidar a un padre o a un abuelo, pero también hubo momentos difíciles, ¿verdad? Hubo momentos de esos en los que tal vez alguien que hoy está en la situación de cuidar a un adulto mayor puede decir que es un desafío. ¿Fue todo gratificante o hubo momentos de dificultad?

Rosario: Sí, hubo muchos momentos de dificultad, muchos momentos en los que yo pensaba “¿será que mamá ya se tiene que ir, ya tiene que partir con el Señor?” Porque mi mamá tenía muchas enfermedades y muchas veces tuve que llamar a la emergencia en la madrugada, a veces a las tres, a las cuatro de la madrugada, porque tenía arritmia muy avanzada y parecía que se nos quedaba. Así que pasamos mucho nerviosismo pero siempre veíamos la mano de Dios, y mamá siempre, en todos esos momentos, nos fortalecía con su palabra, nos decía “quédense tranquilas que Dios está acá, Dios está en este lugar y Él me está guardando. Mi partida va a ser la voluntad de Dios y cuando Dios quiera”. Ella nos recitaba el Salmo 91 y también el versículo de Filipenses 4:13, que me repetía todos los días cuando veía que yo estaba un poco bajoneada. “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece”.

Victoria: Rosario, me gustaría que nos contaras alguna otra experiencia que has tenido cuidando a adultos mayores, y que nos cuentes acerca de qué es lo que podemos esperar espiritualmente para nuestra vejez. Si Dios lo permite, todos vamos a llegar a la vejez. ¿Qué es lo que podemos esperar para esos días? Hay una historia que todavía no nos contaste, una historia sobre una persona a la que pudiste cuidar.

Rosario: Sí, la dejé para lo último. Yo estuve cuidando y acompañando a mi suegro de 90 años. Él fue un hombre con su vida siempre puesta en las manos de Dios, tenía mucha fe en Dios y mucha fe para clamar por los demás, también. Es un hombre muy viejito, ya va a cumplir 91 años, pero siempre su fe está en Dios, y creo que eso es lo que lo ha ayudado mucho. Aunque apenas puede caminar y tiene sus altos y bajos, siempre ha estado agarrado de Dios y eso le ayuda mucho. Tiene muchos problemas en sus piernas, es un hombre que antes andaba de aquí para allá, que le gustaba hacer muchas cosas y ahora está quieto, pasa de la cama a la silla, de la silla a la cama, y eso lo incomoda mucho. Pero siempre nos ha dado aliento que en Dios todo lo puede.

Victoria: Teníamos para compartir por allí algunos pasajes sobre la vejez, ¿no?

Rosario: Sí, es verdad. Quiero que tú leas, Victoria, lo que dice la Palabra de Dios sobre los ancianos en Génesis 15:15.

Victoria: Dice, hablando de Abraham: “Y tú vendrás a tus padres en paz, y serás sepultado en buena vejez”.

Rosario: Y en 1º Crónicas 29:28.

Victoria: Acá está hablando del rey David y dice: “Y murió en buena vejez, lleno de días, de riquezas y de gloria; y reinó en su lugar Salomón su hijo”.

Rosario: Bueno, aquí vemos también que la Palabra de Dios dice que David tuvo largos días, largos años, tanto así que dejó a su hijo en su lugar. Eso es lo que Dios hace con nosotros, si nosotros somos de testimonio Dios va poniendo en la familia un servicio para Él. El otro pasaje está en Job 42:17

Victoria: Es el último pasaje del libro de Job y dice así: “Job murió muy anciano, colmado de días”. Vemos que son personajes de la Biblia que no tuvieron una vida fácil, ¿no es verdad? Pero sin embargo su esperanza estaba en el Señor. Rosario, estamos hablando de ancianos que pueden ser ejemplares o de ancianos que vivieron su vida en el Señor, pero alguien nos puede estar escuchando y tal vez no tuvieron buenos padres, no tuvieron referente, y hoy están teniendo que cuidar o tienen que compartir con un mayor de edad que tal vez no fue bueno en su época de juventud, que tal vez no fue el padre más ejemplar, que tal vez no fue creyente o incluso se opuso a la fe. ¿Qué es lo que tenemos que hacer en esos casos?

Rosario: Bueno, en ese caso tenemos que saber perdonar, porque sabemos que ese anciano o esa anciana habrá sido malo por sus problemas y dificultades, pero que ahora, en la vejez, nos necesita. Entonces nosotros, en los últimos tiempos de su vida, tenemos que pedirle a Dios que nos de fuerza, pedirle a Dios que nos ayude a tratarlos de la mejor manera posible. Ya que a nosotros no nos gustaba su manera de ser, entonces nosotros tenemos que ser ese cambio y cambiar nosotros, para ellos. Que ellos vean, antes de partir, a Dios en nuestras vidas, y que vean que cuando nosotros los ponemos en las manos de Dios todo cambia.

Victoria: ¿Cómo fue el trato con las diferentes familias que te tocó vivir en el tema del cuidado de los adultos mayores? ¿Eran todos iguales, todos se preocupaban? ¿O había algunos que simplemente los dejaban a las empleadas y no se preocupaban por la parte afectiva?

Rosario: En realidad aprendí de todo un poco, porque estaban aquellas personas que pagaban para que estuvieras con ese anciano y que le brindaras amor y cariño, pero también estaban aquellos que pagaban para que cuidaras a los familiares y que no aparecían nunca. Y ahí están los ancianos clamando por su familia “¿Cuándo va a venir mi hijo a verme? ¿Cuándo va a venir mi hija a verme?” Estaban muy tristes porque me contaban que ellos habían dado la vida por los hijos y ahora se sentían solos, con una persona extraña porque sus hijos no aparecían.

Victoria: En ese caso, tal vez, si tenemos a algún anciano cerca puede ser un llamado de atención para poder juntarnos, verlos a ellos, ver cuáles son sus necesidades, preocuparnos, o simplemente darles un abrazo. ¿No?

Rosario: Sí, en realidad tenemos que valorar a los ancianos, tenerles respeto, sobre todo, y también tenemos que ayudarlos, porque ellos siempre han sido de buen ejemplo para nosotros y siempre nos han dado aliento para seguir en la lucha, en la prueba. Ellos están ahora con dolores, pero siempre nos alientan a seguir adelante. Yo después de que empecé a acompañar así a los ancianos sentí que Dios puso eso en mi corazón, siento un gran afecto por los ancianos y en mi oración siempre pido que Dios pelee por ellos, por los que están siendo maltratados, por los que están pasando hambre, frío, necesidad, falta de amor, falta de cariño. Que sea Dios el que los rodee con su amor, porque nosotros como cristianos sabemos que Dios puede hacer todo. Todo aquello que les falta a los ancianos Dios lo puede proveer.

Victoria: Muchas, gracias, Rosario. Una vez más vamos a volver a conversar contigo en el próximo programa acerca de ti y de lo que esperás para el futuro. Amigas, las invitamos a que no se pierdan el próximo programa en el que nos reencontraremos con Rosario para seguir conversando sobre estos temas tan interesantes.

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