Único Dios Verdadero (3ª parte)


Autor: William MacDonald

En Deuteronomio 6:4, leemos: “Oye, Israel: Jehová nuestro Dios, Jehová uno es”. La Biblia enseña que desde el mismísimo comienzo Dios reveló que Él es uno –y el único Dios verdadero.


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PE2245 – Estudio Bíblico
Único Dios Verdadero (3ª parte)



Amigos, ¿cómo están? Vamos a ver que: En el Nuevo Testamento, la revelación de la Santa Trinidad se hace bastante clara.

En el bautismo de nuestro Señor, relatado en Mr. 1:9 al 11, estaban presentes las tres personas divinas: Aconteció en aquellos días, que Jesús vino de Nazaret de Galilea, y fue bautizado por Juan en el Jordán. Y luego, cuando subía del agua, vio abrirse los cielos, y al Espíritu como paloma que descendía sobre él. Y vino una voz de los cielos que decía: Tú eres mi Hijo amado; en ti tengo complacencia.

El Hijo de pie en el Jordán, la presencia del Padre manifestándose por medio de la voz del cielo, y el Espíritu mostrándose como paloma descendiendo sobre el Hijo de Dios, nos dejan ver a la Trinidad en acción.

En Gálatas 4:4-6, vemos a las tres personas de la Trinidad trabajando juntas para nuestra salvación: Pero cuando vino el cumplimiento del tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer y nacido bajo la ley, para que redimiese a los que estaban bajo la ley, a fin de que recibiésemos la adopción de hijos. Y por cuanto sois hijos, Dios envió a vuestros corazones el Espíritu de su Hijo, el cual clama: ¡Abba, Padre!

Otros pasajes que muestran a las tres personas juntas incluyen 1 Corintios 12:3 al 6; Efesios 4:4 al 6; y 1 Pedro 1:2.

En Su famoso y bello Discurso del Aposento Alto, nuestro Señor revela alguna de las relaciones entre las personas de la Trinidad. Dos versículos similares, pero que se diferencian un poco, son Juan 14:26 y 15:26:
Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho.
Pero cuando venga el Consolador, a quien yo os enviaré del Padre, el Espíritu de verdad, el cual procede del Padre, él dará testimonio acerca de mí.

Debido a que la doctrina de la Trinidad es difícil de comprender, algunos eruditos de la Biblia han usado ilustraciones de caracteres triples de la naturaleza. Realmente, la misma dificultad de la doctrina muestra que no es una enseñanza humanamente inventada, sino que es una revelación divina que debe recibirse por fe. A ninguna religión concebida meramente por humanos se le hubiese ocurrido algo que parece tan ilógico.

Un ejemplo bien conocido para intentar enseñar la Trinidad a través de la naturaleza es el de Patricio con el trébol para ilustrar el carácter de tres en uno de Dios. Quizás fue una ilustración atractiva en su época, pero apenas sirve hoy en día.

Otras analogías naturales se basan en el espacio, materia y tiempo. Generalmente el espacio se ve como tridimensional en su medida: altura, anchura y profundidad. La materia también ilustra el concepto de tripartito, porque puede ser líquida, sólida o gaseosa. El agua es la más común de estas ilustraciones: líquido (agua), sólido (hielo) y gas (vapor). También el tiempo se divide en pasado, presente y futuro, y todos son tiempo.

Estos tríos en la naturaleza, que hemos mencionado, aunque son inadecuados para ilustrar a Dios, al menos dan testimonio indirectamente de la expresión de la deidad en la Trinidad. Pero, una de sus debilidades es que a todas les falta personalidad.

La persona, compuesta de espíritu, alma y cuerpo (que se menciona en 1 Ts. 5:23), es una analogía mejor. El ser humano es una entidad compuesta de tres partes. Cuando Dios nos hizo a Su imagen, la naturaleza tripartita fue quizás parte de ese significado.

Agustín de Hipona, en su erudita exposición de la Trinidad, usó dos analogías que son superiores a las ilustraciones naturales. Él no estaba del todo satisfecho con ellas, pero éstas han sido de ayuda para muchos pensadores cristianos, así que detengámonos en ellas brevemente.

Una de las analogías es que la Trinidad es como Hablante, Hablado y Hablando. El Padre, que se presenta como el que envía, la fuente, y el iniciador en la Trinidad, es el Hablante. El Hijo es Hablado. Esto encaja con Juan 1:1, donde Cristo es el Verbo, la expresión de los pensamientos de Dios para el mundo. El Espíritu, el agente de la Trinidad activo sobre la tierra, especialmente ahora que Cristo ha ascendido, está Hablando. A través de la Palabra que Él inspiró y a través de Sus agentes humanos llenos de Él, sigue hablando al mundo de hoy en día. Y aun así, éstos son uno esencialmente, Hablante, Hablado y Hablando.

La segunda analogía, aunque tiene sus fallas, es todavía más popular y está basada en la verdad de que “Dios es amor” (como enseña 1 Jn. 4:8). Agustín, un brillante pensador, se preguntaba cómo podía Dios amar en la eternidad pasada, siendo que no había objeto al cual amar. El amor debe tener un objeto, y el amor perfecto demanda amor por un objeto mutuamente amado. Por ejemplo, el esposo y la esposa pueden amarse mucho mutuamente y ser felices en su amor. Pero, cuando viene un hijo, el fruto de su amor mutuo, su amor compartido hacia esta extensión de su amor es perfeccionado. En el Nuevo Testamento se enfatiza en el Padre como el que amó (el Amante); el Hijo es el Amado (“Mi Hijo amado”); el lazo creativo y activo entre ellos se ve como el Espíritu (Amor).

La doctrina de la bendita Trinidad es una enseñanza únicamente cristiana. El judaísmo moderno, el islam, y el cristianismo “liberal”, por no mencionar las sectas –tanto las antiguas como las modernas– rechazan esta gran verdad. Cualquier grupo que niega la doctrina de la Trinidad está fuera del redil del verdadero cristianismo. Desde los primeros días de la Iglesia, la comprensión trinitaria de Dios ha sido el sello de la fe.

La Trinidad no es meramente teología; es cómo Dios se ha revelado –cómo es Él realmente– “Dios en tres personas, bendita Trinidad”. Un dios unitario nunca podría satisfacer el ser tripartito de la raza humana. Hemos sido hechos a la imagen de Dios. Parte de esta imagen, como hemos visto, es trinitaria.

El poeta y predicador inglés, George Herbert, expresó de una manera exquisita estas verdades, en estas líneas poéticas:
Todo el mundo alrededor
No basta para llenar los tres rincones del corazón;
Pues aún anhela y ansía;
¡Tan sólo la Trinidad que lo creó
Puede llenar el vasto triángulo del corazón humano!

Termino con otra clara referencia a la Trinidad en el Nuevo Testamento, de la pluma del apóstol Pablo, en 2 Co. 13:14: “La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios, y la comunión del Espíritu Santo sean con todos vosotros. Amén”.

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