Una vida Victoriosa 3 de 3

Título:”Una vida victoriosa”

Autor: Thomas Lieth  PE1262

El tercero de una serie de tres programas que presentan el secreto para tener una vida victoriosa!

Un estudio de Samuel Rindlisbacher en la voz de Herman Hartwich.


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Querido amigo, en el deporte aun no existe un método de entrenamiento cien por cien seguro que lleve a la victoria. Ni nunca lo habrá. Pero las cosas son totalmente diferentes para un cristiano nacido de nuevo. Nosotros sí tenemos ese método de entrenamiento – pero lamentablemente lo usamos muy poco.

Cuando Josué se puso en camino con el pueblo de Israel para conquistar la tierra prometida, Dios le prometió:“Yo os he entregado, como lo había dicho a Moisés, todo lugar que pisare la planta de vuestro pie”(Jos. 1:3). Con eso, la victoria estaba asegurada de antemano.

En todo lugar a donde llegaban los israelitas, la victoria ya era segura. Para ilustrar eso, la Biblia nos informa de un combate en cuyo transcurso cinco reyes enemigos tuvieron que huir de Josué y esconderse en una cueva. Su escondite, sin embargo, fue descubierto, y él ordenó a los israelitas:“Abrid la entrada de la cueva, y sacad de ella a esos cinco reyes. Y lo hicieron así, y sacaron de la cueva a aquellos cinco reyes: al rey de Jerusalén, al rey de Hebrón, al rey de Jarmut, al rey de Laquis y al rey de Eglón. Y cuando los hubieron llevado a Josué, llamó Josué a todos los varones de Israel, y dijo a los principales de la gente de guerra que habían venido con él: Acercaos, y poned vuestros pies sobre los cuellos de estos reyes. Y ellos se acercaron y pusieron sus pies sobre los cuellos de ellos. Y Josué les dijo: No temáis, no os atemoricéis; sed fuertes y valientes, porque así hará Jehová a todos vuestros enemigos contra los cuales peleáis”(Jos. 10:22-25).

Con eso Josué ilustró a los oficiales del ejército, en la forma común de aquellos tiempos, que el enemigo estaba vencido.

También en nuestra lucha espiritual es así: El enemigo ya está vencido. En la cruz del Gólgota, Jesucristo le aplastó la cabeza. ¡Jesús es el vencedor! El infierno puede rabiar todo lo que quiera, pero aún así ¡Jesucristo sigue siendo el vencedor! Y Su victoria pasa, automáticamente, a ser también de todos aquellos que le han confiado sus vidas.

Lo que Pablo, en aquel tiempo, les dijo a los cristianos en Corinto, también es válido para nosotros en la actualidad:“Mas gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo”. ¡Seamos profundamente concientes de ese hecho y recordémoslo siempre! Satanás con todos sus demonios es un enemigo desarmado y vencido. ¡Jesús es y sigue siendo vencedor, y nosotros nos encontramos de Su lado!

Querido amigo sabe usted cuáles son los obstáculos en el camino?

En las olimpíadas de 2004, en Atenas, sonó el pistoletazo de salida para la final de varones de 110 metros vallas. Uno de los candidatos más prometedores para la victoria logró una buena salida. Pero de repente perdió el ritmo, comenzó a tropezar, arrasó con una valla y finalmente cayó él mismo. ¡Repentinamente el sueño del oro olímpico se convirtió en una burbuja que había explotado!

¿No es cierto que eso también sucede en nuestra vida cristiana? ¿Cuántas veces nos hemos salido del ritmo, hemos tropezado, caído sobre un obstáculo y el sueño de la victoria otra vez se ha ido lejos? Si solamente no hubieran obstáculos, dificultades, problemas y pruebas. Pero justamente aquí es donde el libro de Josué nos da una buena ayuda. Porque aunque habla mucho de la victoria, también muestra que parte de la victoria también son las derrotas.

Toda derrota en realidad podría ser evitada, pero los pasos en falso ocurren una y otra vez. Aunque una derrota está muy lejos de ser el fin del mundo. En el mundo del deporte tenemos buenas ilustraciones: ¿Qué hace un deportista después de una derrota? ¿Simplemente renuncia a todo? ¿O aprende de sus errores para entrenarse aun más intensivamente y así poder ver su derrota como oportunidad para una futura victoria?

Es este tipo de comportamiento el que vemos también en Josué. Siguiendo las instrucciones recibidas de Dios, los israelitas habían conquistado victoriosamente Jericó. Pero ya durante el próximo ataque contra la pequeña ciudad de Hai, fueron sorprendidos por una derrota:“Y subieron allá del pueblo como tres mil hombres, los cuales huyeron delante de los de Hai. Y los de Hai mataron de ellos a unos treinta y seis hombres, y los siguieron desde la puerta hasta Sebarim, y los derrotaron en la bajada; por los cual el corazón del pueblo desfalleció y vino a ser como agua”(Jos. 7:4-5). ¿Por qué Israel repentinamente no obtuvo más la victoria? Porqueunhombre había sido desobediente a la Palabra de Dios y había jugado con el pecado: Acán. A veces uno se dice a sí mismo, o lo escucha de otros: “¡Ah, no lo tomes tan en serio!” “¡Qué importa! Si fue sólo una pequeña mentira blanca.” Pero Dios no tolera ningún pecado, por más pequeño que sea a los ojos humanos. A través del “pequeño” pecado de Acán, treinta y seis hombres murieron.

¿Se asombra usted de no tener victoria sobre el pecado, de que le falte el gozo, y aun de que la seguridad de salvación ya no esté presente? Si es así, debería plantearse las siguientes preguntas: ¿Podría ser que haya comenzado a tolerar algún pecado en su vida, a hacer cosas a las cuales usted sabe que Jesucristo diría “No”? ¿Ha tomado un camino en el cual el Hijo de Dios no puede acompañarle? ¿Se ha rodeado de “amigos” o “amigas” que le seducen al pecado? Entonces no debe asombrarse, si tiene que rendirse ante el pecado.

Si usted quiere llevar otra vez una vida de victoria, debe sacar de en medio todo obstáculo que se encuentre en su vida. Confiese su culpa a Jesús, y haga uso nuevamente del poder purificador de Su preciosa sangre. Sepárese de sus amigos y amigas equivocados. Tome nueva – y decididamente – el camino del Señor Jesús y verá que obtendrá victoria en su vida diaria. El gozo del Señor (Fil. 4:4) volverá a su vida, y también la seguridad de la salvación.

Estimado amigo, ya nos encontramos en la recta final

Al principio, vimos que el deseo del cristiano nacido de nuevo es vivir una vida de victoria. ¿Es también su deseo? Si es así, para terminar, quisiera darle algunos consejos: 

¡Anímese a dar un paso más allá del límite, es decir, realice pasos bien concretos en su vida en pos de Jesús! Observadores en la “arena” ya hay suficientes.

Sea usted un o una “deportista” perseverante en los asuntos de Jesús, y no deje de lado ningún punto, por más pequeño que sea, en su entrega a Jesucristo. Viva en una profunda relación con el Hijo de Dios, el mejor “entrenador” posible. ¿Cómo es posible realizar eso? Lea la Biblia intensamente y con oración. Lleve una vida activa de oración. Y esté siempre consciente del hecho de que Jesucristo es el vencedor. Él consiguió de una vez y para siempre la victoria, allá en la cruz del Gólgota.“¡Consumado es!”. 19:30). Cuente con Su victoria en cada momento de su vida, y comience a quitar de su vida todo obstáculo por más pequeño que sea, todo pecado por insignificante que parezca. Si usted, con la ayuda del Señor, trata de poner en práctica todo esto, con el tiempo se dará cuenta lo que significan las palabras del Salmo 118:15:“Voz de júbilo y de salvación hay en las tiendas de los justos; la diestra de Jehová hace proezas.”¡Qué Dios le ayude a vivir una vida victoriosa!

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Sobre la bendicion de la humildad 1 de 2

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