Una cuestión de confianza (1ª parte)

Una cuestión de confianza
(1ª parte)

Autor: Wolfgang Bühne

La prueba de fe, a la que Ezequías se enfrenta, es uno de los pocos acontecimientos en el Antiguo Testamento
que se nos relata nada menos que tres veces. De ahí podemos deducir que era de una importancia especial.

 


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PE2072 – Estudio Bíblico
Una cuestión de confianza (1ª parte)



Hola, amigos! Como ya se dijo, el tema de hoy es: Una cuestión de confianza. Y comenzamos leyendo en 2 Crónicas 32:9 al 19: “Después de esto, Senaquerib rey de los asirios, mientras sitiaba a Laquis con todas sus fuerzas, envió sus siervos a Jerusalén para decir a Ezequías rey de Judá, y a todos los de Judá que estaban en Jerusalén: Así ha dicho Senaquerib rey de los asirios: ¿En quién confiáis vosotros, al resistir el sitio en Jerusalén? ¿No os engaña Ezequías para entregaros a muerte, a hambre y a sed, al decir: Jehová nuestro Dios nos librará de la mano del rey de Asiria? ¿No es Ezequías el mismo que ha quitado sus lugares altos y sus altares, y ha dicho a Judá y a Jerusalén: Delante de este solo altar adoraréis, y sobre él quemaréis incienso? ¿No habéis sabido lo que yo y mis padres hemos hecho a todos los pueblos de la tierra? ¿Pudieron los dioses de las naciones de esas tierras librar su tierra de mi mano? ¿Qué dios hubo de entre todos los dioses de aquellas naciones que destruyeron mis padres, que pudiese salvar a su pueblo de mis manos? ¿Cómo podrá vuestro Dios libraros de mi mano? Ahora, pues, no os engañe Ezequías, ni os persuada de ese modo, ni le creáis; que si ningún dios de todas aquellas naciones y reinos pudo librar a su pueblo de mis manos, y de las manos de mis padres, ¿cuánto menos vuestro Dios os podrá librar de mi mano? Y otras cosas más hablaron sus siervos contra Jehová Dios, y contra su siervo Ezequías. Además de esto escribió cartas en que blasfemaba contra Jehová el Dios de Israel, y hablaba contra él, diciendo: Como los dioses de las naciones de los países no pudieron librar a su pueblo de mis manos, tampoco el Dios de Ezequías librará al suyo de mis manos. Y clamaron a gran voz en judaico al pueblo de Jerusalén que estaba sobre los muros, para espantarles y atemorizarles, a fin de poder tomar la ciudad. Y hablaron contra el Dios de Jerusalén, como contra los dioses de los pueblos de la tierra, que son obra de manos de hombres” .

Esta prueba de fe, a la que Ezequías se enfrentaba ahora, es uno de los pocos acontecimientos en el Antiguo Testamento que se nos relata nada menos que tres veces. De ahí, podemos deducir que sería de una importancia especial.

Comparando con los otros pasajes, notamos que 2 Crónicas 32 narra los hechos con brevedad y comprimidos, mientras que los relatos de 2 Reyes 18, e Isaías 36, dibujan ampliamente y en forma impresionante el dramatismo de la lucha psicológica de los asirios y sus efectos sobre el pueblo de Dios.

Tenemos la fuerte impresión de que Dios quiere darnos una importante lección con esta historia; que Él quiere mostrarnos cómo debemos actuar ante retos parecidos, no sólo como individuos, sino también como creyentes en conjunto.

Hagamos memoria primeramente de las circunstancias exteriores: los asirios ya habían tomado las ciudades fortificadas de Judá, y se habían puesto en marcha para conquistar Jerusalén.

Ezequías había reaccionado ante el ataque amenazante y, tras una reunión de urgencia con sus principales, había tomado la precaución de cegar todas las fuentes de agua fuera de Jerusalén, para cortar el suministro de agua al enemigo.

Después reparó el muro de Jerusalén y el ejército fue provisto de armas lo mejor posible. Todo esto, claro está, no hizo mella en los asirios y dio lugar después a sus burlas y escarnio mordaz, como leemos en 2 Re. 18:23: “yo te daré dos mil caballos, si tú puedes dar jinetes para ellos”.

Por último, había reunido a sus generales y al pueblo en la plaza delante de la puerta de la ciudad, y había dado un discurso poderoso en la fe, poniendo en claro los poderes y sus relaciones.

Veamos algo sobre: El poder del ejemplo

En esta situación aparentemente desesperada, el rey confió en las promesas de Dios, y su fe tuvo repercusiones y se transmitió a otros. Una fe genuina basada en las promesas de Dios siempre tendrá un efecto “contagioso” en el entorno inmediato.

Encontramos numerosos ejemplos de ello en la Biblia y en la historia de la Iglesia.

La confianza en Dios de hombres y líderes como Josué, Gedeón, Samuel, David, Josías, Nehemías, etc., tuvo como consecuencia que otros fueran animados, originándose un avivamiento dentro del pueblo de Dios.

La primera estrofa en el cántico de Débora y Barac expresa un principio espiritual que podemos observar a menudo: “Por haberse puesto al frente los caudillos en Israel, por haberse ofrecido voluntariamente el pueblo,
load a Jehová” (Jue. 5:2).

Cuando en las situaciones de crisis los líderes del pueblo se ponen al frente valientemente y confiados, hallarán voluntarios que los seguirán gustosamente y que estaban esperando un liderazgo espiritual.

Un ejemplo entre muchos otros de la historia de la Iglesia:
En el año 1833, Jorge Müller leyó la biografía impresionante de August Hermann Francke (quien vivió entre 1663 y 1727), y fue el fundador de los famosos orfanatos en Halle (Alemania) y el pionero de la misión mundial del reparto de Biblias, literatura, etc. El 9 de febrero, J. Müller anotó en su diario:

“Leí la biografía de A. H. Francke. El Señor me ayude, por su gracia, a seguirlo de la forma en que él siguió a Cristo.”

En el mismo año Jorge Müller, con su mujer y su amigo Henry Craik, comenzó a atender a los pobres y los deshauciados, y tres años más tarde nació el primer orfanato en Bristol, según el modelo de A. H. Francke. Todos los medios necesarios para el mantenimiento y la extensión de este trabajo debían pedirse únicamente a Dios.

La confianza en Dios y el ejemplo de Jorge Müller, por su parte, tuvieron la consecuencia de que también sus colaboradores en la creciente obra de los orfanatos renunciaran a sus sueldos, poniendo también su provisión en manos de Dios, y no sufrieron desengaños. Dios cuidó de ellos.

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