Un Mesías Que No Se Rinde (2ª parte)

Un Mesías Que No Se Rinde 
(2ª parte)

Autor: Roger Liebi

  Cuando el Señor Jesús vino como “humilde siervo del Eterno” sólo encontró desprecio y desdén. Sólo unos pocos reconocieron su gloria. Esto ya había sido anunciado 700 años antes. Pero, gracias a Dios, nuestro Salvador fue, y es: “Un Mesías que no se rinde”.


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PE1995 – Estudio Bíblico
Un Mesías Que No Se Rinde (2ª parte)



¿Cómo están amigos? Seguimos analizando este pasaje, para ver cómo se cumplieron estas profecías en Jesús.

Isaías 53:4,segunda parte, hasta 6: “Y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido. Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados. Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino; mas Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros.” Una cosa era que el Mesías Jesús sufriera por la maldad de los romanos y los judíos (¡lo que no podía redimir ni un solo pecado!), y otra cosa (de lo que se habla aquí), que Dios lo castigara en la cruz, en las tres horas de oscuridad, en forma vicaria por los pecados de todos los que, con arrepentimiento, confesaran a Dios sus pecados (o lo hicieran más adelante) y confiaran en el sacrificio redentor del Gólgota (o estuvieran por confiar) (al respecto podemos leer 1 Jn. 1:9; y Ro. 3:23 al 26).

Isaías 53:7: “Angustiado él, y afligido, no abrió su boca; como cordero fue llevado al matadero; y como oveja delante de sus trasquiladores, enmudeció, y no abrió su boca.” ¡El Señor Jesús soportó todos esos maltratos sin oponer resistencia, cumpliendo así con exactitud lo que dice este versículo, que Él “no abrió su boca; como cordero” (podemos ver Mt. 26:62; 27:12 al 14, etc.)! En el AT se ofrecían sacrificios de animales, a Dios, por los pecados. Lo que llama la atención es que de este pasaje de Isaías, por ejemplo, se puede deducir que, ya en ese tiempo, la gente tenía claro que esos sacrificios sólo eran ejemplos del sacrificio del Mesías que verdaderamente quitaría los pecados.

Isaías 53:8: “Por cárcel y por juicio fue quitado; y su generación, ¿quién la contará? Porque fue cortado de la tierra de los vivientes, y por la rebelión de mi pueblo fue herido.” La condena del Señor Jesús fue un pseudo-juicio corrupto, realizado en un procedimiento vergonzosamente corto. En casos de “juicios de vida o muerte”, el Sanedrín solía llamar a personas que pudieran testificar a favor del acusado. ¿Dónde estaban los defensores de Jesús? Por eso lo hicieron pasar apresuradamente por los procedimientos del juicio. ¿Quién puede describir la perversidad de esa generación? ¡Ellos asesinaron a su Mesías! ¡Pero, al mismo tiempo, Él murió considerando al pueblo entero de Israel (podemos leer al respecto Mt. 1:21; y Jn. 11: 50 y 51)!

Isaías 53:9: “Y se dispuso con los impíos su sepultura, mas con los ricos fue en su muerte; aunque nunca hizo maldad, ni hubo engaño en su boca.” La “tumba de los impíos” habría estado en el Valle de Hinnom, en las afueras de la ciudad de Jerusalén, en la “planta de incineración de residuos”. Pero, Dios no permitió ninguna profanación más. De este modo, sucedió que fue puesto en la sepultura del rico José de Arimatea (así está escrito en Mt. 27:57 al 60). La inocencia de Jesús fue confirmada por un triple testimonio apostólico:
– No conocía pecado (nos dice Pablo en 2 Co. 5:21),
– Él no cometió ningún pecado (escribe Pedro en 1 P. 2:22),
– No había pecado en Él (afirma Juan en 1 Jn. 3:5).

Isaías 53:10: “Con todo eso, Jehová quiso quebrantarlo, sujetándole a padecimiento. Cuando haya puesto su vida en expiación por el pecado, verá linaje, vivirá por largos días, y la voluntad de Jehová será en su mano prosperada.” Cuando el Señor Jesús se encontraba en la cruz, durante esas tres horas de oscuridad, cargado con culpas ajenas, el Dios santo y justo Lo tuvo que abandonar (así leemos en Mt. 27:46) y lo tuvo que quebrantar en nuestro lugar. Pero, cuando Él terminó la obra redentora, “alargó sus días”, haciéndolo resucitar al tercer día de entre los muertos (leamos, por ejemplo, Hch. 1:3; y 10:40 y 41; Ro. 6:9; y Ap. 1:18).

Isaías 53:11: “Verá el fruto de la aflicción de su alma, y quedará satisfecho; por su conocimiento justificará mi siervo justo a muchos, y llevará las iniquidades de ellos.” Su obra redentora tiene consecuencias: las personas son liberadas de su culpa, ellos son el “fruto de la aflicción de su alma”. Por medio de Él, todos los que creen pueden ser justificados delante de Dios (como nos dice Ro. 3:26).

Y, finalmente: Isaías 53:12: “Por tanto, yo le daré parte con los grandes, y con los fuertes repartirá despojos; por cuanto derramó su vida hasta la muerte, y fue contado con los pecadores, habiendo él llevado el pecado de muchos, y orado por los transgresores.” El Señor entregó Su vida voluntariamente (derramó su vida hasta la muerte; (como podemos ver en Jn. 10:17 y 18) y fue contado con los “pecadores” (en hebreo: “posh’im” = “criminales”, o “revoltosos”) (Lc. 23:33). Por eso, como premio, en el futuro, Dios le dará su reino mesiánico como despojo (según Ap. 19:6), y también el remanente creyente de Israel participará en dicho reino (= “los grandes”). En la cruz, el Señor Jesús intercedió por los indignos (Lc. 23:34). Él cargó con el pecado de muchos, ¡pero no de todos (al respecto podemos leer He. 9:28; y Mr. 10:45)! Toda persona que no confiesa sus pecados a Dios, y no le da gracias por el sacrificio de su Mesías Jesús, entrará personalmente en el juicio eterno de Dios (del cual leemos en Mt. 25:41 y 46). Pero, ¡hoy todavía es día de salvación! Y como dice Jn. 6:37: ¡Todo aquel que viene al Señor Jesús es aceptado!

Y, para terminar, leemos completo el pasaje de Isaías 52:13 a 53:12: El evangelio según Isaías:

“He aquí que mi siervo será prosperado, será engrandecido y exaltado, y será puesto muy en alto. Como se asombraron de ti muchos, de tal manera fue desfigurado de los hombres su parecer, y su hermosura más que la de los hijos de los hombres, así asombrará él a muchas naciones; los reyes cerrarán ante él la boca, porque verán lo que nunca les fue contado, y entenderán lo que jamás habían oído. ¿Quién ha creído a nuestro anuncio? ¿y sobre quién se ha manifestado el brazo de Jehová? Subirá cual renuevo delante de él, y como raíz de tierra seca; no hay parecer en él, ni hermosura; le veremos, mas sin atractivo para que le deseemos. Despreciado y desechado entre los hombres, varón de dolores, experimentado en quebranto; y como que escondimos de él el rostro, fue menospreciado, y no lo estimamos. Ciertamente llevó él nuestras enfermedades, y sufrió nuestros dolores; y nosotros le tuvimos por azotado, por herido de Dios y abatido. Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados. Todos nosotros nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino; mas Jehová cargó en él el pecado de todos nosotros. Angustiado él, y afligido, no abrió su boca; como cordero fue llevado al matadero; y como oveja delante de sus trasquiladores, enmudeció, y no abrió su boca. Por cárcel y por juicio fue quitado; y su generación, ¿quién la contará? Porque fue cortado de la tierra de los vivientes, y por la rebelión de mi pueblo fue herido. Y se dispuso con los impíos su sepultura, mas con los ricos fue en su muerte; aunque nunca hizo maldad, ni hubo engaño en su boca. Con todo eso, Jehová quiso quebrantarlo, sujetándole a padecimiento. Cuando haya puesto su vida en expiación por el pecado, verá linaje, vivirá por largos días, y la voluntad de Jehová será en su mano prosperada. Verá el fruto de la aflicción de su alma, y quedará satisfecho; por su conocimiento justificará mi siervo justo a muchos, y llevará las iniquidades de ellos. Por tanto, yo le daré parte con los grandes, y con los fuertes repartirá despojos; por cuanto derramó su vida hasta la muerte, y fue contado con los pecadores, habiendo él llevado el pecado de muchos, y orado por los transgresores”.

 

Un Mesías Que No Se Rinde (1ª parte)
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