Un hombre y su Misión (1 de 2)

Título: Un hombre y su misión (1 de 2)

Autor: Johanes Vogel PE1409
Este mensaje trata de Baruc. ¿Quién es y dónde lo encontramos en la Biblia – en el Antiguo o en el Nuevo Testamento? ¿Dónde lo buscarías?

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Un cordial saludo a todos los amigos. El mensaje de hoy trata de Baruc. ¿Quién es este personaje y dónde lo encontramos en la Biblia – en el Antiguo o en el Nuevo Testamento? ¿Dónde lo buscarías tú?
Cuando uno llega a Israel y se le da la una cordial bienvenida, oye en ella el nombre Baruc: “¡Baruc Habá!” – “¡Bienvenido seas!” Pero también se puede traducir con las palabras: “¡Bendito el que viene!”, pues el nombre Baruc significa: “El bendecido”. Baruc era el hijo de Nerías (así lo podemos leer en Jer. 32:12), y era también el amigo y secretario del profeta Jeremías. En los escritos Apócrifos encontramos un libro con el nombre Baruc. Es una compilación de interesantes escritos históricos que nos informan de la situación del pueblo de Israel en la época de la diáspora. Incluso, el nombre de Baruc apareció en algunos hallazgos arqueológicos. En 1996 se descubrió la existencia de un sello con el nombre de Baruc, en una colección privada en Londres (Moussajeff). El sello tiene además algo especial: Se ve sobre él una huella digital. Como el sello era de Baruc, él tiene que haber sido el ultimo que tocó el sello cuando se selló con él el rollo de papiro. Por lo tanto, los investigadores suponen que la huella digital es del mismo Baruc.
Baruc es, pues, una persona muy especial, que hasta hoy da lugar a comentarios. Miremos más de cerca a este interesante siervo de la Palabra. Podemos leer de Baruc en el libro de Jeremías, en los capítulos 32, 43, 45 – y mayormente en el capítulo 36.
Vemos en Jeremías 36:1 al 24 como la Palabra de Dios llama a la conversión. Pero ubiquémonos en la situación de ese momento.
Judá está al borde del abismo. Nos encontramos en el año 605 antes de Cristo. Los habitantes del reino del norte, Israel, ya habían sido llevados por los asirios hacía más de cien años. Los habitantes de Judá sabían que Dios los iba a juzgar. Entonces leemos que en Jeremías 22:29 Dios dice: “¡Tierra, tierra, tierra! oye palabra de Jehová.” Pero ellos no quisieron escuchar.
Cada vez que se niega la autoridad de la Palabra de Dios, poco después viene el caos y el juicio. Lo mismo pasa también en nuestros países, tanto en el pasado como hoy en día, y esto también se puede observar en el ámbito privado. Hoy reina el caos, donde sea que uno mire. El libro de Jeremías nos describe de una manera muy gráfica lo que pasa cuando todo un país rechaza la Palabra de Dios. Esta lección comenzó en el cuarto año del gobierno del rey Joacim en Judá. En aquel entonces, Dios ordenó al profeta Jeremías que pusiera por escrito todas las advertencias proféticas que había anunciado a su pueblo durante los 23 años pasados.
En el correr de aquellos años, Jeremías había advertido una y otra vez y con mucha insistencia a su pueblo del día en que Dios ajustaría cuentas con ellos, a causa de la impiedad y del derramamiento de sangre que había cometido Manasés, el padre del rey Joacim.
Dios quería evitar lo peor. Entonces, como está escrito en el cap. 36, vers. 2, le da una misión a Jeremías: “Toma un rollo de libro, y escribe en él todas las palabras que te he hablado contra Israel y contra Judá, y contra todas las naciones, desde el día que comencé a hablarte, desde los días de Josías hasta hoy”. Es fascinante ver cómo Jeremías transmite con sus palabras lo que Dios le dijo. Pues ésa es la manera como Dios se revela. No hace escribir a los hombres como máquinas, sino que usa a las personas con su originalidad para transmitir Su revelación. Por eso es que podemos hallar diferentes estilos en los libros de la Biblia. Muchas veces se puede percibir el estado del alma del autor y las circunstancias históricas de su época. Jeremías llamó a Baruc, el hijo de Nerías. Y le dictó todo lo que había anunciado durante todo aquel tiempo por mandato del Señor, y Baruc lo escribió sobre un rollo de libro, como lo leemos en Jeremías 36:4: “Y llamó Jeremías a Baruc hijo de Nerías, y escribió Baruc de boca de Jeremías, en un rollo de libro, todas las palabras que Jehová le había hablado.”
Decíamos antes de la pausa, que Jeremías llamó a Baruc, y éste escribió de boca de Jeremías, en un rollo de libro, todas las palabras que Dios le había hablado. Éste fue el primer rollo de libro que Baruc escribió, según el dictado, o la narración, de Jeremías. Los profetas eran inspirados por el Espíritu de Dios y anunciaban lo que Dios les había ordenado, como lo explica 2 Pedro 1:21: “Porque nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo.” Para Dios no era ningún problema hacer que Jeremías y todos los demás autores de la Biblia escribieran exactamente lo que Él quería. Pues Dios guiaba a los autores por Su Santo Espíritu, pero respetando la originalidad de cada uno de ellos. Por lo tanto, podemos confiar absolutamente en la Biblia. Cuando Dios se comunica con los seres humanos, tiene bien definida Su intención. Le dijo a Jeremías cuál era el motivo por el cual quería hablarles, como lo leemos en el cap. 36 vers. 3: “Quizá oiga la casa de Judá todo el mal que yo pienso hacerles, y se arrepienta cada uno de su mal camino, y yo perdonaré su maldad y su pecado”. ¿No es grandioso? En primer lugar no está el juicio, sino la salvación. Judá, y el pueblo de Israel en general, habían decepcionado muchas veces a Dios, incluso Lo habían rechazado y adorado a los ídolos. Varias veces habían prometido convertirse y no lo hicieron. A pesar de eso, Dios vuelve a intentarlo una vez más. Todavía quiere darle una oportunidad al pueblo. Quiere salvar al pueblo de la perdición. Quiere perdonarles su culpa. ¿No es lo mismo que Dios ha hecho – una y otra vez – contigo y conmigo? ¡Cuántas veces Dios perdonó mis transgresiones, y una y otra vez ha tenido misericordia y ha empezado de nuevo conmigo! Es maravilloso que tengamos un Dios tan bondadoso y misericordioso.
Dios lucha por Su pueblo. A causa de Su ilimitado e inconcebible amor, manda a Jeremías a escribir el rollo. Sus muchas advertencias, simplemente son la expresión de Su gran misericordia. Por eso queremos que las personas lean la Biblia. Todo lo que concierne al futuro está en este libro sagrado. Baruc fue obediente y anotó todo lo que le dijo el profeta Jeremías.
Luego, el Señor mandó que este rollo fuera leído al pueblo en un gran día de ayuno en el Templo, como una invitación a volver a su Dios. Nosotros también tenemos que salir y decírselo a la gente, porque está escrito en Ro. 10:13, 14, y 17: “Porque todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo. ¿Cómo, pues, invocarán a aquel en el cual no han creído? ¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán sin haber quien les predique?… Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios”.
Baruc, pues, se pone en marcha para leer públicamente el rollo, para advertir a las personas y llamarlas a la conversión. Tres veces leemos que diferentes grupos de personas escucharon el mensaje. Pero hubo también tres reacciones totalmente diferentes la una de la otra:
El pueblo reaccionó con indiferencia. Jer. 36:10 dice:“Y Baruc leyó en el libro las palabras de Jeremías en la casa de Jehová, en el aposento de Gemarías hijo de Safán escriba, en el atrio de arriba, a la entrada de la puerta nueva de la casa de Jehová, a oídos del pueblo”. Pero no leemos nada acerca de una reacción del pueblo, de que se hubieran asustado y arrepentido, o hubieran preguntado por Dios. Parece que permanecieron indiferentes. Ahora bien, si salimos a una zona peatonal de una ciudad hoy en día, ¿será diferente la reacción, después de 2.500 años? ¡No! Sucedería exactamente lo mismo.
Veamos ahora otro caso:
Los príncipes  reaccionaron con  espanto. Entre los príncipes, los politicos de aquel entonces, la reacción fue otra. Veamos lo que dice Jer. 36, vers. 11 y 12: “Y Micaías hijo de Gemarías, hijo de Safán, habiendo oído del libro todas las palabras de Jehová, descendió a la casa del rey, al aposento del secretario, y he aquí que todos los príncipes estaban allí sentados, esto es: Elisama secretario, Delaía hijo de Semaías, Elnatán hijo de Acbor, Gemarías hijo de Safán, Sedequías hijo de Ananías, y todos los príncipes”. Y en los vers. 14 al 16, dice que cuando oyeron de Micaías todo lo que Baruc había leído ante el pueblo “… enviaron todos los príncipes a Jehudí hijo de Netanías… para que dijese a Baruc: Toma el rollo en el que leíste a oídos del pueblo, y ven. Y Baruc hijo de Nerías tomó el rollo en su mano y vino a ellos. Y le dijeron: Siéntate ahora, y léelo a nosotros. Y se lo leyó Baruc. Cuando oyeron todas aquellas palabras, cada uno se volvió espantado a su compañero, y dijeron a Baruc: Sin duda contaremos al rey todas estas palabras”. Los príncipes del rey que trabajaban en el aposento del secretario, también escucharon la Palabra de Dios. Y reaccionaron con espanto. Se sintieron consternados y consideraron importante la noticia. Quisieron informar al rey al respecto. Sin embargo, tampoco aquí se ve arrepentimiento. ¿Será que los príncipes solamente tenían miedo de perder su posición si realmente ocurriera todo lo que Baruc les había leído? No lo sabemos. Pero parece que entre ellos ninguno dio un paso de arrepentimiento.
Hoy en día sucede lo mismo. Muchas personas se espantan por la exactitud con la cual la Biblia habla de las cosas, de las circunstancias y los acontecimientos de este tiempo. Pero aún así, rechazan el arrepentimiento personal y la entrega de su voluntad a Jesús y a Su Palabra.

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