Un Estilo de Vida

Un Estilo de Vida 

Autor: William MacDonald

  La palabra discípulo ha sido por demás utilizada, y cada usuario le ha dado el significado de su conveniencia. El autor de este mensaje nos lleva a examinar la descripción de discipulado que presentó Jesús en sus enseñanzas, la cual se halla también en los escritos de los apóstoles, para que aprendamos y descubramos más acerca de este concepto.


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PE2028 – Estudio Bíblico  – Un Estilo de Vida



¿Cómo están, amigos oyentes? Hemos estudiado algunos de los principales elementos del discipulado cristiano. Noten que he dicho “algunos”. Existen más. El único libro completo sobre dicha temática es el Nuevo Testamento.

No es suficiente con tener un conocimiento intelectual sobre el contenido de este libro. Estas enseñanzas deben hacerse carne en la vida del discípulo. Debe aplicarlas en su hablar. Debe demostrar que es un devoto seguidor del Señor Jesús. Otros deben ver a Jesús en él.

Permítame compartir otra cosa de importancia. Un mentor debe exponer a su discípulo a varias formas de servicio cristiano. El discípulo, a cambio, debe estar dispuesto a ir con su maestro y ver cómo testifica a los no convertidos, cómo les enseña a los cristianos, cómo predica el evangelio, cómo aconseja a aquellos que necesitan dirección, cómo dirige una boda y un funeral, y cómo visita a los enfermos. Lo ideal sería que el discípulo aprenda cómo hacer todo lo que el anciano (o pastor) en la iglesia local esté llamado a hacer.

El apóstol Pablo, en Col. 1:28, dijo:A quien anunciamos, amonestando a todo hombre, y enseñando a todo hombre en toda sabiduría, a fin de presentar perfecto en Cristo Jesús a todo hombre; para lo cual también trabajo, luchando según la potencia de él, la cual actúa poderosamente en mí.

Al decir esto, nos dejó una espléndida imagen de un discípulo en acción. Culminamos, entonces, con una pocas sugerencias que todo discípulo haría bien en implementar en el patrón de su vida.

Practique actos de bondad y de belleza cada día. Estas cosas pueden crear maravillosas oportunidades para testificar.

Dé una palabra de aliento cada día. Alguien la necesita.

No se queje. Si lee 1 Corintios 10, verá allí que a Dios no le gustan las quejas.

Ore para que, al igual que Andrew Bonar, su vida se “consuma bien hasta el final”. No irrumpa en el escenario cristiano como un fuego artificial que se extingue pronto, y cae al suelo en forma de cenizas.

Sea alegre. El Señor le perdonará tal cosa. Franz Joseph Haydn dijo: “Dios me dio un corazón alegre. Él seguramente me perdonará si lo sirvo con alegría”. ¿Acaso el salmista no dijo“servid a Jehová con alegría”?

Si hace una promesa, cúmplala. Si no piensa cumplirla, no la haga. Nunca apague un impulso interno a hacer algo bueno. Hágalo rápidamente.

Sea agradecido. Cuente sus bendiciones. Le sorprenderá lo que el Señor ha hecho.

No pierda tiempo. Manténgase ocupado para el Señor.

Visite a los enfermos, a los ancianos, a los que están de duelo. El sólo hecho de estar allí significa que se preocupa por ellos.

Viva cada día a la luz del Tribunal de Cristo. Estaremos allí mañana; tan sólo no sabemos cuál mañana.

Sea prudente al hablar. Sea un buen oidor. Se sorprenderá de cuánto aprende.

No intente gobernar la vida de otros. Renuncie a su cargo de gerente general del universo.

No haga publicidad de sus dolores o enfermedades. Cada uno ya tiene suficiente con las suyas propias.

Muestre un interés divino en los niños y las niñas. Jesús les ama.

Salga de su rutina y hágase amigo de los que tienen limitaciones mentales y físicas. Cada uno de ellos es especial y precioso para el Señor.

2 Timoteo 2:2, dice: “Lo que has oído de mí ante muchos testigos, esto encarga a hombres fieles que sean idóneos para enseñar también a otros”.

Veamos ahora algo que Andreas Lindner ha dicho acerca del discipulado como estilo de vida.

Cuando el Señor Jesús llamó a Pedro, a Juan y a los otros discípulos, ellos dejaron su trabajo para seguirlo (así leemos en Mr. 1:20). Los discípulos pasaron mucho de su tiempo con el Señor, lo vieron trabajar y aprendieron de Él. Formaron su carácter y adquirieron habilidades. Participaron en su obra saliendo a predicar. A través de todo esto fueron preparados para el trabajo futuro.

Muchos de nosotros no dejamos a nuestras familias para trabajar de esta manera. Pero, ¿el discipulado se reduce a nuestro tiempo libre los fines de semana o en las noches? No, también tenemos que aprender muchas lecciones de valor en las experiencias diarias de la vida.

¿Cómo podemos aprender del Señor y prepararnos para mayores tareas? Veamos: Un día el Señor usó la barca de Pedro como púlpito para atender a la multitud. Luego le dijo a Pedro:“Boga mar adentro, y echad vuestras redes para pescar.” Pedro no esperaba tener éxito:“Maestro, toda la noche hemos estado trabajando, y nada hemos pescado; mas en tu palabra echaré la red.”Esa fue la primera vez que Pedro hizo algo así en su trabajo, y lo hizo sólo porque el Señor se lo pidió. Cuando Pedro obedeció, muchas cosas le sucedieron, y también nos sucederán a nosotros cuando hagamos de nuestro trabajo diario un servicio al Señor.

En primer lugar: Los hombres de Pedro pescaron muchos peces. El Señor recompensó a Pedro. Cada uno de nosotros debe volverse al Señor, preguntándole qué quiere que hagamos, y entonces hacerlo por Él. Nuestro servicio para el Señor incluirá cosas como trabajar (2 Ts. 3:12), y administrar nuestra casa (1 Ti. 5:14). Cuando un discípulo hace su trabajo diario como un servicio para el Señor, Él lo recompensará. La recompensa no siempre será tener éxito en el trabajo, como sucedió con Pedro ese día. Pero sí habrá una recompensa eterna por todo lo que hagamos como servicio para Él (como podemos ver en Col. 3:24).

En segundo lugar: Pedro cayó a los pies del Señor, porque se dio cuenta de quién era Él. Pedro vio el poder del Creador cuando Cristo ordenó que los peces entraran en las redes. Pedro sintió la santidad de Dios allí presente y entonces dijo:“Apártate de mí.”El Señor mostró su amor y cuidado hacia Pedro al proveerle alimento, y al consolarlo con las palabras:“No temas.”

La meta del apóstol Pablo era conocer al Señor de una manera mejor y más profunda (como vemos en Fil. 3:10), y es una muy buena meta para nosotros también. Conocer a Dios no se limita al tiempo que pasamos con la Biblia o en reuniones. Como en cualquier otra relación, llegamos a conocerlo cuando pasamos tiempo con Él. Proverbios 3:6, nos dice:“Reconócelo en todos tus caminos, y él enderezará tus veredas”.

En tercer lugar: Pedro se dio cuenta que era un hombre pecador. Es de notar que él no entendió esto mientras escuchaba el sermón, sino mientras trabajaba bajo las órdenes del Señor. Cuanto más entendamos quienes somos, más confiaremos en el Señor y no en nosotros mismos.

Y, en cuarto lugar: Finalmente, Pedro entendió más acerca de otras cosas que el Señor quería que hiciera. Como cuando le dijo en Lc. 5:10:“Desde ahora serás pescador de hombres”. Pedro fue llamado a otra esfera de servicio mientras cumplía con su trabajo diario. Y muchas cosas que Pedro había aprendido como pescador, podría usarlas como pescador de hombres. Por ejemplo, el pescador debe ir donde están los peces, así como los evangelistas deben ir donde están las personas (Mt. 28:19); y tanto el pescador como el evangelista necesitan tener paciencia, trabajar duro, fijarse en su objetivo, y usar todo tipo de métodos para atrapar al pez.

De la misma manera, el Señor usará nuestro trabajo diario para prepararnos para tareas futuras. Él nos prepara para otras tareas mientras estamos en la tierra, o para otros trabajos que el Señor tiene para sus siervos fieles en el futuro (como vemos en Lc. 19:17). Cuando David pastoreaba las ovejas, no se daba cuenta que estaba siendo “entrenado para el tiempo de su reinado.” Como rey, se comportó como un verdadero pastor del pueblo de Dios. Él aprendió muchas lecciones sobre reinado mientras estaba con las ovejas de su padre. 2 Timoteo 2:12, nos dice:“Si sufrimos, también reinaremos con él”.

La pesca es un trabajo duro y secular. Con frecuencia, Pedro iba a pescar por varias razones. Esta vez lo hizo por obediencia al Señor, y como resultado el Señor también lo escogió para trabajar con Él. Haga su trabajo diario para Él, bajo sus órdenes. Ése es el estilo de vida de un discípulo.

Pedro estaba tan impresionado con esto, que dedicó gran parte de su carta a este tema. Él hace saber a los creyentes (en 1 P. 2:9) que son sacerdotes, parte de un sacerdocio real. ¿Qué necesitan hacer los creyentes para ejercitar su sacerdocio? ¿Necesitan cambiar de ocupación? No, el Señor quería que se quedaran donde estaban como siervos o amas de casa, aunque tuvieran amos malvados o esposos incrédulos. Se les dieron direcciones sobre cómo debían comportarse como sacerdotes en medio de sus circunstancias (como podemos ver en 1 P. 2:18 al 3:6).

Si amamos al Señor y lo ponemos en primer lugar, nuestras vidas no serán en vano. Pues, como nos dice Romanos 8:28, el Señor usará todas las cosas para nuestro bien.

 

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