Un Entrenamiento Radical (Capítulo 3 – 2ª parte)

Un Entrenamiento Radical

(Capítulo 3 – 2ª parte)

Autor: William MacDonald

La palabra discípulo ha sido por demás utilizada, y cada usuario le ha dado el significado de su conveniencia. El autor de este mensaje nos lleva a examinar la descripción de discipulado que presentó Jesús en sus enseñanzas, la cual se halla también en los escritos de los apóstoles, para que aprendamos y descubramos más acerca de este concepto.



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PE1790 – Estudio Bíblico
Un Entrenamiento Radical (Capítulo 3 – 2ª parte)



Amigos, ¡qué gusto estar nuevamente con ustedes! Vamos a mencionar nuevamente algunos conceptos del programa anterior, porque nos parecen muy importantes, y luego seguiremos adelante con la última parte de este tema. Les recordamos que está basado en el pasaje de Lucas 6:39 al 49.

Como ya dijimos:El mundo exterior nos lee más a nosotros de lo que lee la Biblia.Los hombres dicen, al igual que Edgar Guest: “Prefiero ver un sermón antes que escuchar uno”. Y, a menudo, los obligamos a decir: “Lo que eres habla tan alto, que no puedo escuchar lo que dices”. Hubo cierto predicador, cuya congregación deseaba que nunca dejara el púlpito. Pero, cuando no estaba en ese lugar, la congregación deseaba que nunca volviera a ocuparlo. Era un gran predicador, pero su vida no era coherente con su prédica. Cada uno de nosotros es una Biblia, o una calumnia.

Un poeta nos recuerda:Tú escribes un evangelio, un capítulo cada día, Con las cosas que haces, y con las cosas que dices. Los hombres leen lo que escribes, ya sea verdadero o impío, Dime! ¿Cuál es el evangelio que escribes?

<CUANDO

Un famoso ministro, tenía un hermano que era doctor en medicina. Una señora llegó cierto día a la puerta del ministro, pero no estaba segura cuál de los hermanos vivía allí. Al llegar a la puerta preguntó: “Discúlpeme, ¿usted es el doctor que predica o el doctor que ejerce?” La pregunta le tomó por sorpresa, y se decidió a practicar en mejor forma las verdades que enseñaba.

Hace años, escribí lo siguiente en la tapa de mi Biblia:Si la única perspectiva del Señor JesúsFuera lo que la gente ve de Él en ti,Mac Donald, ¿Qué es lo que verían?Es saludable que recordemos que somos la única perspectiva del Salvador que muchas personas verán jamás.

En Lucas 6:39-49, nuestro Señor habla del carácter de sus discípulos y de la importancia del mismo. En primer lugar, señala que existen ciertos límites en cuanto a qué tanto podemos ayudar a otros. Los ciegos no pueden dirigir a los ciegos. Si tenemos algún punto ciego en nuestra vida (algún hábito sin conquistar, algún mandamiento que no hayamos obedecido, alguna debilidad del carácter) no podemos enseñarle a otros cómo vencer. Si intentamos hacerlo probablemente dirán, “médico, cúrate a ti mismo”.

Un maestro puede conducir a su discípulohasta el punto en el cual él mismo ha llegado, pero no puede esperar que el discípulo avance más allá de eso. La meta del discipulado es que el alumno llegue a ser como su maestro.

Si tenemos algún punto ciego en nuestra vida, no podemos enseñarle a otro cómo vencer. La meta del discipulado es que el alumno llegue a ser como su maestro. Jesús utilizó la ilustración de la viga y la paja para enfatizar este punto. Imaginemos a un hombre que está caminando y repentinamente una ráfaga de viento hace que una paja se introduzca en su ojo. Se frota y frota, pero cuanto más lo hace peor le queda el ojo. Los amigos le rodean con todo tipo de remedios pero nada parece ayudarlo. Entonces aparezco yo que tengo un poste telefónico atascado en mi ojo y ofrezco ayudarlo. ¿Qué sucede? Él me mirará con su ojo irritado y me dirá, “¿No te parece que primero deberías sacar el poste de tu propio ojo?”

Por supuesto, no puedo ayudar a alguien que esté sufriendo un problema moral o espiritual si yo tengo el mismo problema, y especialmente si lo padezco en un grado exagerado. Lo mejor que puedo hacer es restaurar mi propia vida antes de intentar ayudar a otros.

Para enfatizar que el propio hombre es el mensaje, Jesús usó las ilustraciones de árboles buenos y malos, hombres buenos y malos, constructores sabios y necios. Los buenos árboles dan buen fruto. Los árboles que no están en una condición saludable, producen enfermedades y frutos decadentes. El árbol se conoce por sus frutos. Los espinos no pueden producir higos, ni de las zarzas crecen uvas.

Lo mismo sucede con los hombres. Un buen hombre ministra palabras de edificación, consuelo y estímulo para otros. Su vida es una bendición para aquellos que le rodean. Un hombre perverso habla en una forma que desprestigia, destruye y vacía. La calidad de ministerio de una persona, es determinada por lo que él es en su interior. La conversación es un barómetro de su carácter.

Cuando el Señor Jesús llega al final de su sermón en el monte, es consciente de su naturaleza radical y revolucionaria, por lo tanto anticipa la tentación, por parte de sus discípulos, de escucharla pero no obedecerla. Ellos lo llamarán“Señor, Señor”,pero no harán lo que Él dice. Por lo tanto, muestra la diferencia entre un discípulo sabio y uno necio. El hombre sabio escucha Sus palabras y las obedece. La vida de este hombre se edifica sobre un fundamento sólido. Cuando las tormentas vienen a su vida, lo cual ciertamente sucederá, permanecerá firme. Su vida fue construida sobre los principios sólidos del discipulado cristiano que el Señor Jesús enseñó.

El hombre necio, es aquel que escucha pero no obedece. Depende de su propia sabiduría y sentido común. Piensa que el programa del Salvador nunca se podrá implementar en un mundo como el nuestro. Por lo tanto, edifica su vida en las arenas movedizas de la sabiduría mundana. Cuando vienen las tormentas, la vida que ha construido es llevada por la corriente. Es posible que su alma se salve, pero su vida se pierde. De todos sus años perdidos, no le queda nada. Y es algo terrible haber desperdiciado la vida.

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