Las enseñanzas revolucionarias de Jesús (2ª parte)

Las enseñanzas revolucionarias de Jesús

(2ª parte)

Autor: William MacDonald

La palabra discípulo ha sido por demás utilizada, y cada usuario le ha dado el significado de su conveniencia. El autor de este mensaje nos lleva a examinar la descripción de discipulado que presentó Jesús en sus enseñanzas, la cual se halla también en los escritos de los apóstoles, para que aprendamos y descubramos más acerca de este concepto.



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PE1776 – Estudio Bíblico
Las enseñanzas revolucionarias de Jesús (2ª parte)



Que tal amigos? Al finalizar el programa anterior, vimos que el autor nos decía así: Recientemente hablé, en una reunión, sobre algunos jóvenes comprometidos que sienten una gran llenura al vivir una vida de sacrificio personal en el extranjero. Luego de regresar a casa, recibí una carta de una joven que estaba en esa reunión. La tituló:“La Realidad – ¿Cómo la encontramos?”Veamos ahora, entonces, lo que decía esa joven en esa carta:

“Durante los últimos días hemos escuchado sobre el valor, la persecución, y la vida de sacrificio de algunos jóvenes en países de Europa y Asia. Ellos encontraron la REALIDAD en la vida cristiana, algo que yo y docenas de otros jóvenes hemos estado buscando por mucho tiempo. Quiero experimentar esa realidad más que cualquier otra cosa en el mundo. Sin embargo, me siento atrapada. Debido a que los jóvenes estadounidenses tenemos todos los lujos, todas las conveniencias, todas las oportunidades para testificar, ha dejado de ser un desafío, si entiende lo que digo. No hay nada por lo cual luchar. Deseo desesperadamente dejar a un lado todas las cosas y mis ambiciones egoístas por la causa de Cristo, pero parece ser una batalla perdida. ¿Sabe cómo se siente esto? Es una trampa, es como una trampa diabólica de la cual parecería no puedo escapar. Estoy enferma, enferma, enferma de vivir para mí misma. Quiero y necesito un desafío. Una oportunidad de olvidarme de mí misma y vivir para el Señor. Daría todo por la oportunidad de padecer hambre por amor a Dios, de ser encarcelada, perseguida, etc., pero aquí en los ilustres Estados Unidos no hay desafíos, no hay oposición, y debido a esto los jóvenes no podemos evitar ser complacientes y carnales. Por favor ayúdeme, o le damos todo a Dios o no le damos nada según me parece. ¿Existe una respuesta para esto?”Comenzamos el mensaje anterior diciendo que las enseñanzas del Señor Jesús son revolucionarias. Vayamos ahora al Nuevo Testamento para ver qué tan revolucionarias y radicales son. Pienso que si tan sólo leyéramos el Nuevo Testamento por primera vez, nos daríamos cuenta de cuán revolucionario es.

El Señor Jesús les enseñó a sus discípulos que debían adoptar un estándar de vida revolucionario. En Lucas 14:33 Él dijo:“Así, pues, cualquiera de vosotros que no renuncia a todo lo que posee, no puede ser mi discípulo”. Pablo se hace eco de estas palabras en 1 Timoteo 6:8, donde dice:“teniendo sustento y abrigo, estemos contentos con esto”. El Salvador dice que debemos dejar a un lado todo lo que tenemos. Pablo dice que deberíamos conformarnos con la comida y el abrigo. Ahora, éste es un estilo de vida revolucionario. Apunta a una vida de sencillez. Apunta a vivir una vida sacrificial.

Y no sólo eso, sino que, además, el Señor Jesús enseñó que debemos tener una vida social revolucionaria. Él dijo en Lucas 14:12 al 14:“Cuando hagas comida o cena, no llames a tus amigos, ni a tus hermanos, ni a tus parientes, ni a vecinos ricos; no sea que ellos a su vez te vuelvan a convidar, y seas recompensado. Mas cuando hagas banquete, llama a los pobres, a los mancos, los cojos y los ciegos; y serás bienaventurado; porque ellos no te pueden recompensar, pero te será recompensado en la resurrección de los justos”.Estas palabras del Señor Jesús le dan un golpe a la costumbre entre los hombres y mujeres de hoy día, de invitar a aquellos que luego les invitarán en una suerte de reciprocidad. Y esta filosofía yace en la mayor parte de la sociedad moderna. Pero, el Señor Jesús dijo que no hiciéramos eso cuando invitamos a alguien. Más bien, debíamos invitar a aquellos que no podrán devolver el favor, para ser recompensados en la resurrección de los justos.

Luego, también, el Señor Jesús enseñó que debíamos tener una actitud revolucionaria respecto a las relaciones interpersonales y con respecto a nuestras vidas. Dijo en Lucas 14:26:“Si alguno viene a mí, y no aborrece a su padre, y madre, y mujer, e hijos, y hermanos, y hermanas, y aún también su propia vida, no puede ser mi discípulo”. Ahora, cuando dice:“no odia a su padre, y madre, y mujer, e hijos, y hermanos, y hermanas”, el Señor no quiso decir que debíamos mostrar una animosidad, amargura, o un espíritu áspero hacia nuestros seres amados, pero sí quiso decir que Él debe estar en el lugar número uno de nuestras vidas, y que todo otro tipo de amor podría catalogarse como odio, en comparación.

Pero creo que la parte más revolucionaria de este versículo es la expresión “…y su propia vida también”.“Si alguien viene a Mí… y no odia su propia vida también no puede ser mi discípulo”. Esto, por supuesto, significa que debemos poner la causa de Cristo por encima de nuestras vidas; deberíamos estar dispuestos a entregar nuestro cuerpo y alma por Dios. En otro lugar, el Señor Jesús dice que si alguno ama su propia vida la perderá, pero que si la menosprecia, por amor a Dios y del evangelio, la hallará.

En Mateo 6:33, también, el Salvador enseña que la razón central de nuestra existencia es buscar primeramente el reino de Dios y Su justicia. Allí dice:“Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas”. Esto es revolucionario. La mayoría de las personas piensa que ha nacido en el mundo para ser plomero, electricista, doctor, maestro, o algo por el estilo, pero existe una diferencia entre nuestro llamado y nuestra ocupación. El llamado de todo hijo de Dios es a servir al Señor Jesucristo. Su ocupación, es meramente un medio para tener alimento sobre la mesa, pero no para enriquecerse o encontrar satisfacción en ello. Pablo era un hacedor de tiendas, pero al comenzar sus epístolas nunca dijo: “Pablo, llamado a ser un hacedor de tiendas”. Él siempre decía: “Pablo llamado a ser apóstol”. Su llamado en la vida era a ser un apóstol, y hacía tiendas para suplir sus necesidades temporales.

Más adelante, en Mateo 19:19, el Señor dijo algo que algunas personas consideran su declaración más revolucionaria. Allí dice, “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. Sin embargo, nos hemos acostumbrado tanto a esas palabras que no las entendemos y no parecemos darnos cuenta del poder que hay en ellas. Pensemos en esta declaración por un momento: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. Así como nos amamos a nosotros mismos, como nos agasajamos, como nos aseguramos de tener alimentos y de cepillarnos los dientes, de cuidar nuestro cuerpo, de tener todas las versiones bíblicas y las mejores cosas de la vida. Jesús dijo: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. ¿Quién es mi prójimo? Cualquiera que esté en necesidad. Si realmente amo a mi prójimo como a mí mismo, no estaré satisfecho hasta que los hombres y las mujeres de todo el mundo sean llevados al Señor Jesucristo y tengan copias de la Palabra de Dios.

Nuestro Señor enseñó, asimismo, una perspectiva revolucionaria de la grandeza. En Su reino, la grandeza significa guardar y enseñar Sus mandamientos (así lo vemos en Mt. 5:19), servir, incluso padecer esclavitud por otros (de lo cual se habla en Mt. 20:1 al 16; Lc.17:7 al 10; y 22:26), y tomar el lugar más bajo (como se menciona en Lc. 9:48). ¡Qué diferencia, en comparación, con la perspectiva del mundo! Allí el más grande es aquel que se impone, el que ordena y el que señorea sobre los demás.

Se nos ha acabado el tiempo, queridos hermanos y amigos, así que concluiremos este mensaje en nuestro próximo encuentro.

Las enseñanzas revolucionarias de Jesús (1ª parte)
Las enseñanzas revolucionarias de Jesús (3ª parte)

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