Las 7 Dispensaciones de la Historia de la Salvación (8ª parte)

Las 7 Dispensaciones de la Historia

de la Salvación

(8ª parte)

Autor: Norbert Lieth

La Biblia tiene una división estructurada que debería tomarse en cuenta a la hora de leerla o exponerla. Y deja en claro que en el pasado Dios actuó de diversas formas, pero siempre con el propósito de brindarnos la salvación por medio de Jesucristo.


DESCARGARLO AQUI :
PE1507- Estudio Bíblico – Las 7 Dispensaciones
(8ª parte)


 


Queridos amigos, estamos tratando la séptima dispensación de la historia de la salvación, o la dispensación del reino. Habíamos hablado en el programa anterior del final del tiempo de la iglesia. Y habíamos comenzado a ver las señales del reino mesiánico de paz. Vamos a repasar algunas cosas que habíamos dicho:

Jesús volverá con sus santos en poder y gloria, e Israel será rescatado. Todos los judíos dispersos serán reunidos. La tierra será reconquistada para Dios y liberada del señorío de Satanás. Eso repercutirá positivamente en toda la creación, en el hombre, los animales y la naturaleza, y la tierra será renovada o renacida. Satanás será atado por mil años. Eso concuerda con la duración del reino mesiánico sobre la tierra.

Jesús se sentará como Mesías en el trono de David en Jerusalén, y el Espíritu Santo será derramado sobre Israel. Israel será cabeza de todas las naciones. Los habitantes de Israel no judíos serán integrados al país y al pueblo, como judíos nativos. En cierto sentido se llega a un “Estado Palestino” en Israel. Los extranjeros que hayan tenido hijos en Israel (los palestinos), recibirán una parte del territorio como herencia.

El Señor reinará desde Sion y será rey sobre toda la tierra. Será un señorío teocrático, y Dios vivirá entre los hombres. De ahí que habrá justicia y paz entre todos los pueblos, al igual que justicia social. El reinado tendrá condiciones paradisíacas. William McDonald escribió en un comentario del Antiguo Testamento: “Será un tiempo increíble para este mundo cansado y lleno de conflictos. El tiempo dorado, el cual anhela la humanidad, habrá comenzado. Los gemidos de la creación serán silenciados, y la paz y la prosperidad florecerán… Todo lo que en el Salmo 72 está escrito en forma de deseo (en algunas traducciones está en modo futuro), será realidad cuando el Salvador levante su reluciente reinado”.

Los pasajes que apoyan todas estas afirmaciones ya se mencionaron en el programa anterior. Ahora, entonces, continuamos:

La eternidad penetrará en este período y será realidad (lo podemos ver en Apocalipsis 21 y 22). Ya en la lectura de estos capítulos, el cielo y la tierra casi no se diferencian en las descripciones. El milenio es en cierto sentido una parte de la eternidad. El tiempo paradisíaco en el huerto del Edén fue muy parecido. En aquel entonces, la eternidad penetró en el tiempo. La separación recién vino con la caída. Para esta intervención del cielo (eternidad) en la tierra (tiempo), la estrella de David nos puede servir como una linda ilustración: La estrella de David está formada por dos triángulos. Un triángulo puede simbolizar la trinidad de Dios: Dios Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo. Es el triángulo que señala de arriba hacia abajo. El otro sería la llamada trinidad del hombre: Cuerpo, alma y espíritu. Este triángulo va desde abajo hacia arriba. Así el Señor interviene desde arriba hacia la humanidad, y ésta alcanza a Dios desde abajo hacia arriba.

Además se llevarán a cabo las bodas del Cordero Jesús con su esposa (la iglesia de Jesús) (lo leemos en Apocalipsis 19:7 al 9), y la Jerusalén celestial estará en la tierra (Apocalipsis 21:2, y 9 al 14). Los convertidos de la tribulación serán despertados y co-gobernarán (Apocalipsis 20:4 al 6). La iglesia de Jesús también estará presente, pero de otra forma, diferente de los cuerpos físicos en la tierra. La iglesia tendrá un cuerpo glorificado. Se moverá entre cielo y tierra; semejante a los ángeles quizás.

Por el primer Adánvino la maldición, por el segundo Adán vendrá la bendición sobre toda la creación (1 Corintios 15:45 al 47). Por el primer Adán perdimos el paraíso. El segundo Adán nos traerá el paraíso de vuelta. El primer Adán pecó en un huerto (del Edén), el segundo Adán se sometió en obediencia al Padre, también en un huerto (Getsemaní). El primer Adán (y Eva) recurrió a un árbol y la serpiente obtuvo el poder sobre él, el segundo Adán también recurrió a un árbol (el tronco de la cruz) y la serpiente perdió su poder. Sí, el primer Adán trajo la muerte, el segundo Adán trajo la vida (con relación a esto podemos ver también Isaías 4; 11; 35; 65; 66; y Apocalipsis 19 al 22).

El reiterado fracaso de la humanidad: El tiempo del reinado demuestra que el hombre, a pesar de las mejores condiciones, sigue siendo un pecador. Nadie puede decir que Dios es malo. Hizo todo para salvar a los hombres, y al final del tiempo lo dio todo en su Hijo. En el reino milenario los hombres lo verán incluso cara a cara. Pero el hombre fracasó en cada tiempo; también fracasará en el último. Satanás engañará nuevamente a los hombres, y los ejércitos de Gog y Magog se juntarán contra Cristo (Apocalipsis 20:7 al 9).

Las consecuencias de la rebelión: Se llegará a un juicio de fuego y a la destrucción de la tierra (Apocalipsis 20:9; y 2 Pedro 3:10 al 13). Satanás será juzgado (Apocalipsis 20:10) y arrojado al lago de fuego al igual que la muerte (Apocalipsis 20:10 al 15). Dios juzgará en el juicio final a todos los hombres incrédulos (Apocalipsis 20:11 al 15). Hay un nuevo cielo y una nueva tierra (Apocalipsis 21; y 2 Pedro 3:13). Dios será todo en todo (1 Corintios 15:23 al 28).

Del juicio finalhay que decir que todo aquel que cree en Jesús e invoca su nombre, será salvo incondicionalmente. Las promesas más valiosas, eternas y celestiales le serán dadas. Pero quien ignora al dador de estos regalos, no recibirá gracia alguna al final. Y eso significa que no estará escrito en el libro de la vida y, por eso, será juzgado por sus obras. Pero ya que nadie puede ser justificado por obras, estos hombres van a la perdición eterna (Apocalipsis 20:11 al 15). Van a un lago de fuego, cuyo fuego nadie puede apagar (Lucas 3:17; Mateo 25:41; y Marcos 9:48). En este lugar no hay más gracia ni misericordia (Lucas 16:23 y 24). Es un lugar de sufrimiento, lloro y lamento (Mateo 13:40 al 43). No hay esperanza de que este sufrimiento se detenga, los perdidos estarán eternamente perdidos (Apocalipsis 14:11). Sin embargo, nadie podrá llamar injusto a Dios, nadie se justificará o defenderá, cada uno sabe que con razón está en este lugar (Apocalipsis 5:9, y 12 al 14; 11:16 al 18; 15:3 y 4; 20:11 al 15; y Romanos 2:3; 3:4, 5, y 19).

Quisiera citar ahora un ejemplo ilustrado de la entrada al cielo, de Randy Alcorn:“No entrará en ella(la ciudad, la nueva Jerusalén)ninguna cosa inmunda, o que haga abominación, o mienta, sino solamente los que están inscritos en el libro de la vida del Cordero”(Apocalipsis 21:27).

Una cantante fue invitada a cantar en la iglesia en la boda de un hombre muy rico. En la invitación decía que ella y su esposo estaban invitados después de la boda a la recepción y al banquete. Cuando terminó la ceremonia en la iglesia, los invitados pasaban por donde estaba un camarero, quien se encontraba en la entrada al salón y verificaba los nombres de los invitados con un libro de visitas. Cuando le tocó al matrimonio, sus nombres no figuraban en el libro. No hubo excusa, explicación o protesta que sirviera. La mujer incluso añadió: “¡Soy la cantante, canté durante la boda!” Pero el hombre le contestó: “Quien sea usted o lo que haya hecho no importa. Si su nombre no está en este libro, no puede participar de la fiesta”. Llamó a un mesero y le dijo: “Por favor guíe a estas personas al ascensor”. Avergonzados y con lágrimas en los ojos abandonaron la casa. ¿Qué había pasado? La mujer le contó a su esposo: “Cuando llegó la invitación no tuve tiempo. No me preocupé de enviar la respuesta de la invitación. Además, ¡al fin y al cabo soy la cantante. Pensé que seguramente podría participar sin la confirmación de la invitación!”

A continuación, Randy Alcorn escribe: “Desde siempre hubo incontables personas que no tuvieron tiempo para responder a la invitación de Jesús a su banquete. Muchos están convencidos que lo bueno que han hecho, como por ejemplo concurrir regularmente a una iglesia, bautizarse, cantar en el coro o ayudar en una olla comunitaria para los pobres, es suficiente para permitirles entrar en el cielo. Pero las personas que no aceptan el regalo del perdón de pecados que les hace Cristo, son personas cuyo nombre no está escrito en el libro de la vida del Cordero”.

Las 7 Dispensaciones de la Historia de la Salvación (7ª parte)
Espíritu de Poder (1ª parte)

Déjanos un mensaje!

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>