La fuente de vida que no fue creada (1ª parte)


Autor: William MacDonald

“Porque como el Padre tiene vida en sí mismo, así también ha dado al Hijo el tener vida en sí mismo”, nos dice Juan 5:26. El Dios trino es la fuente de toda vida. La eternidad de Dios está ligada con Su autoexistencia. Su vida no fue creada. La fuente de Su existencia está enteramente en Él mismo.


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PE2246 – Estudio Bíblico
La fuente de vida que no fue creada (1ª parte)



Estimados amigos, como ya se dijo, el tema de hoy es: La Fuente de Vida que no fue Creada. Leemos en Juan 5:26: Porque como el Padre tiene vida en sí mismo, así también ha dado al Hijo el tener vida en sí mismo.

Tal como lo muestran las palabras de nuestro Señor Jesús citadas en este texto, el Dios trino es la fuente de toda vida.

La eternidad de Dios está ligada con Su autoexistencia. Él no le debe Su existencia a nadie o nada fuera de Él. Su vida no fue creada. No es nada que Le fuera dado a Él. La fuente de Su existencia está enteramente en Él mismo.

Esta cualidad de autoexistencia está incluida en el mismo nombre de Dios que leemos en Ex. 3:14: “YO SOY EL QUE SOY”. Aunque este nombre tiene muchos significados, incluye la verdad de que el ser de Dios no tiene causa fuera de Sí mismo.

La contemplación de la autoexistencia de Dios debería evocar alabanza y adoración. ¡Qué Dios tan grande es Él! ¡Cuán indescriptibles son Sus excelencias! ¡Cuán intachable Su persona!
Al mismo tiempo, deberíamos ser agradecidos con la Fuente de vida, ya que ha escogido darnos vida a nosotros. La vida es un don de Dios. Cada respiro es un don misericordioso de Su parte: “Él es quien da a todos vida y aliento y todas las cosas…porque en él vivimos, y nos movemos, y somos” (como dice Hch. 17:25 y 28). Seamos siempre agradecidos por la vida natural y, todavía más, por el don de la vida eterna a través de Jesucristo, Señor nuestro.

Un popular himno medieval habla de la segunda persona de la Trinidad como la fuente de toda vida o existencia:
Jesús, gozo de corazones amantes,
Fuente de Vida, Luz de los hombres,
De la mayor felicidad que imparta la tierra,
A Ti de nuevo se vuelve insatisfecha el alma.

El Señor es Autosuficiente

Hechos 17:25 dice: Ni es honrado por manos de hombres, como si necesitase de algo; pues él es quien da a todos vida y aliento y todas las cosas.

Nuestro Señor es completamente autosuficiente. No depende de nadie ni de nada fuera de Sí mismo para Su felicidad. Él no necesita nada de Sus criaturas.

En el Salmo 50:10 al 12, Lo oímos decir:
Porque mía es toda bestia del bosque,
Y los millares de animales en los collados.
Conozco a todas las aves de los montes,
Y todo lo que se mueve en los campos me pertenece.
Si yo tuviese hambre, no te lo diría a ti;
Porque mío es el mundo y su plenitud.

David reconoció la autosuficiencia de Dios, en 1 Cr. 29:14 dice: “Todo es tuyo, y de lo recibido de tu mano te damos”.

James Packer, escribe:
“Dios era feliz sin el hombre antes que el hombre fuese creado; y hubiera seguido siendo feliz si se hubiese limitado simplemente a destruir al hombre después que pecó; pero, tal como están las cosas, ha derramado Su amor para con pecadores particulares, y esto significa que, por Su propia y libre elección, ya no ha de conocer la felicidad perfecta y permanente mientras no haya llevado al cielo a cada uno de ellos. En efecto, Dios ha resuelto que en adelante, y para toda la eternidad, su felicidad estará condicionada por la nuestra. Así, Dios salva, no sólo para Su gloria, sino también para Su felicidad. Esto sirve en buena medida para explicar por qué es que hay gozo (el gozo de Dios mismo) en la presencia de los ángeles cuando un pecador se arrepiente (como dice Lc. 15:10), y por qué habrá “gran alegría” cuando Dios nos presente sin culpa en el día final en Su propia presencia sacrosanta (como leemos en Jud. 24). Este pensamiento sobrepasa el entendimiento y casi agota la fe, pero no cabe duda que, según la Escritura, tal es el amor de Dios”.

La autosuficiencia de Dios es una doctrina que Lo glorifica en gran manera. Dios es espléndido y majestuoso en Su independencia. Él contiene todo lo que necesita, y no recibe nada que antes no haya dado. El escritor cristiano, Aiden Tozer, lo expresó muy bien:
Aunque todos los seres humanos quedasen repentinamente ciegos, el sol seguiría dando su luz durante el día y las estrellas durante la noche, pues éstos nada deben a los millones que se benefician con su luz. Así, aunque todo hombre sobre la tierra se volviese ateo, esto no afectaría a Dios de ningún modo. Él es lo que es en Sí mismo, sin relación a ningún otro. Creer en Él no añade nada a Sus perfecciones; dudar de Él no Le quita nada.

Esta doctrina nos reduce a nuestro tamaño correcto. Es un golpe mortal al orgullo humano. Dios no nos necesita. No necesita nuestra ayuda. No necesita que Lo defendamos. No necesita nuestro servicio. Cuando Le damos algo, sólo le estamos dando de lo Suyo propio. Aunque Dios sí busca nuestra adoración, Él puede existir sin ella, y así lo hizo durante siglos. Oyendo cómo la gente habla hoy en día, parece como si Dios fuese muy afortunado cuando se convierte una persona muy talentosa y prominente. ¡Eso es un disparate arrogante! Todo el beneficio está en nuestro lado, no en el de Dios.

Pero aun así, Dios busca el tener comunión con nosotros. Como Jesús le dijo a la mujer samaritana, en Jn. 4:23: “La hora viene, y ahora es, cuando los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca que le adoren”.

Y aunque seguimos insistiendo en que Dios no necesita a Sus criaturas, un poeta puede hablar de una necesidad divina y quedar impune:
¿Puede ser que en la gloria
Ante Él tuve un pensar:
Por el perdido Él ansiaba,
A quien con Su preciosa sangre llegó a comprar?
¿Y cuál fue Su necesidad que le hizo bajar
al árbol de maldición?
Aun más profunda que Su honda compasión,
¡oh, sublime pensamiento!, fue Su necesidad de mí.

Annie Johnson Flint continua la paradoja del que es autoexistente, recordándonos que:
Cristo no tiene manos más que las nuestras
Para hoy hacer Sus obras;
No tiene pies más que los nuestros
Para llevar en Su camino a otros;
No tiene labios más que los nuestros
Para contar Su muerte a otros;
No tiene ayuda más que la nuestra
Para llevarlos al lado Suyo.

Por supuesto, todo esto es licencia poética. Como resumen, queda que Dios es autosuficiente, y que no necesita a nadie ni nada fuera de Sí mismo.

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Un pensamiento acerca de “La fuente de vida que no fue creada (1ª parte)

  • 20 enero, 2017 at 18:47
    Permalink

    Gracias por rescatar estos hermosos y doctrinales mensajes, saludos desde venezuela. Pastor pedro.

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