Jonás – el profeta que no debería existir (3ª Parte)

Jonás – el profeta que no debería existir 
(3ª parte)

Autor: Samuel Rindlisbacher

  El autor se pregunta: ¿qué tiene que ver la profecía con el evangelio? La palabra profética, ¿tiene relevancia en relación con las buenas nuevas? ¡Veamos cuales son las respuestas, basadas en la Palabra de Dios!


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PE1903 – Estudio Bíblico
–  Jonás – el profeta que no debería existir (3ª Parte)



  Estimados amigos, hemos visto que, a causa de su desobediencia, Jonás enfrentó un viaje verdaderamente infernal. Y, en esos momentos de angustia, pudo experimentar el significado del pasaje del Sal. 50:15:“E invócame en el día de la angustia; te libraré, y tú me honrarás”.

En Jonás 2:10, leemos:“Y mandó Jehová al pez, y vomitó a Jonás en tierra”. Sería interesante saber qué aspecto tenía Jonás, y qué olor, después de todo esto. ¿Conoces tú el olor de lo vomitado?  Seguramente Jonás tenía ese mismo olor y su piel se encontraba quemada por los jugos gástricos. Quizás también se le haya caído el cabello. Probablemente se pareciera más a una momia que a un ser humano, debe haber sido un ser vacilante en su andar y maloliente, con la piel corroída, arrugada y amarillenta, alguien como escapado del infierno. 

Nuevamente llegó el mandato de Dios a él, lo leemos en Jonás 3:2 al 4:“Levántate y ve a Nínive, aquella gran ciudad, y proclama en ella el mensaje que yo te diré. Y se levantó Jonás, y fue a Nínive conforme a la palabra de Jehová. Y era Nínive ciudad grande en extremo, de tres días de camino. Y comenzó Jonás a entrar por la ciudad, camino de un día, y predicaba diciendo: De aquí a cuarenta días Nínive será destruida”.

Seguramente Jonás causó mucha sensación en Nínive. Su apariencia, su olor y su mensaje deben haber atemorizado a la gente de esa ciudad. Ellos habrán notado la presencia de alguien que no solamente predicaba acerca del infierno, sino que había pasado por el infierno en su propia vida. Y, en ese contexto, sucedió lo increíble:“… los hombres de Nínive creyeron a Dios”(dice el v. 5). La gente comprendió que les hablaba un hombre por orden de Dios, lo cual tuvo como consecuencia lo siguiente:“… y proclamaron ayuno, y se vistieron de cilicio desde el mayor hasta el menor de ellos. Y llegó la noticia hasta el rey de Nínive, y se levantó de su silla, se despojó de su vestido, y se cubrió de cilicio y se sentó sobre ceniza. E hizo proclamar y anunciar en Nínive, por mandato del rey y de sus grandes, diciendo: Hombres y animales, bueyes y ovejas, no gusten cosa alguna; no se les dé alimento, ni beban agua; sino cúbranse de cilicio hombres y animales, y clamen a Dios fuertemente; y conviértase cada uno de su mal camino, de la rapiña que hay en sus manos. ¿Quién sabe si se volverá y se arrepentirá Dios, y se apartará del ardor de su ira, y no pereceremos? Y vio Dios lo que hicieron, que se convirtieron de su mal camino; y se arrepintió del mal que había dicho que les haría, y no lo hizo”(así leemos en Jonás 3:5 al 10).

Dios ve las emociones de nuestro corazón y, en Ez. 33:11, nos dice:“No quiero la muerte del impío, sino que se vuelva el impío de su camino, y que viva. Volveos, volveos de vuestros malos caminos”. Nínive, la capital del temido y despiadado reino asirio, se arrepintió. La ciudad entera dio un vuelco, sintió pesar por sus acciones y le dio la razón a Dios. Y fue por eso que Dios tuvo compasión. Leemos en Jonás 4:11, que dijo:“¿Y no tendré yo piedad de Nínive, aquella gran ciudad donde hay más de ciento veinte mil personas que no saben discernir entre su mano derecha y su mano izquierda, y muchos animales?Cuando Dios habla de ciento veinte mil personas que no saben distinguir su mano derecha de la izquierda, se refiere a niños de entre 1 y 4 años de edad. No fueron contados ni sus padres, ni sus hermanos, ni sus abuelos.

¡Sí, Dios tiene compasión, porque Él no quiere la muerte del pecador, sino que éste se convierta y viva! ¿No se aplicará esta verdad también ti? No importa cuál haya sido tu pasado, o cómo sea tu vida actualmente… en Juan 3:16 también a ti te dice:“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna”. Si Dios quiso conferirle el perdón a una ciudad como Nínive, conocida por su pasado oscuro, entonces eso también es válido para ti. Él quiere borrar tus pecados, como dice en Is. 44:22:“Yo deshice como una nube tus rebeliones, y como niebla tus pecados; vuélvete a mí, porque yo te redimí”. La compasión de Dios es para ti. En el Nuevo Testamento, en Ef. 1:7 dice:“En quien tenemos redención por su sangre, el perdón de pecados según las riquezas de su gracia”.

Si comparamos a Jonás con Israel, se desprenden interesantes conexiones entre él y la historia del pueblo judío: Jonás, al igual que Israel, fue llamado a ser un testimonio y un mensajero de Dios a los impíos, al mundo perdido. Debía explicarles la realidad, la santidad y la justicia de Dios. Pero los sentimientos de orgullo y el nacionalismo, hicieron que tanto Jonás como Israel no cumplieran con esa tarea. Ambos se alejaron de la presencia de Dios, al negarse, en el comienzo, a cumplir el mandato divino. Para hacerlo, Jonás se subió a un barco mercante, mientras que los judíos se convirtieron en comerciantes en todo el mundo – pero siempre estuvieron inquietos, desasosegados, vagando, azotados por el salvaje y rebelde mar de las naciones. Lo interesante es que ni Jonás, ni el pueblo de Israel, negaron nunca su procedencia, ni aun ante la muerte. Aun en la mayor angustia, en medio de las cámaras de gas del Holocausto, ellos confesaron al verdadero Dios, al Dios de Abraham, Isaac y Jacob. Sí, los judíos fueron entregados al infierno humano. Jonás fue tragado por un pez, y para Israel comenzó una odisea de cientos de años de duración en medio del mar de las naciones, una odisea que terminó en las cámaras de gas del Holocausto. Luego, por fin liberados de ese infierno, ambos quedaron profundamente marcados. Jonás fue escupido por el pez, e Israel fue traído por las olas, desde el mar de las naciones a la tierra que Dios le había prometido. Mientras que Jonás predicaba en Nínive el mensaje que Dios le había dado, en nuestros días, Israel es preparado para el tiempo en el cual volverá a predicar el mensaje de salvación de Dios a las naciones, en el reino de mil años. Mientras que Jonás salió del escenario mundial hace unos 2.700 años atrás, Israel está nuevamente en él, con un objetivo, que encontramos en Ez. 18:22: “Porque no quiero la muerte del que muere, dice Jehová el Señor; convertíos, pues, y viviréis”.

 

Jonás – el profeta que no debería existir (2ª Parte)
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