Israel y la Iglesia (Diferencias) 1/2

Titulo: “Israel y la Iglesia (Diferencias)” 1/2
  

Autor: ThomasS. McCall
Nº: PE1198

Israel, en los pasados diecinueve siglos de la dispersión, fue empujado a un costado. Fue la iglesia la que se encontró en el centro del obrar del Señor cuando el evangelio se propagó por el mundo entero. A pesar de eso, Dios presta mucha atención al pueblo judío – aun cuando todavía se encuentra en la incredulidad – y esto se muestra en que Él lo guarda en medio de dificultades y persecuciones de todo tipo.


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“Israel y la Iglesia (Diferencias)” 1/2

Estimado amigo, comenzare diciendo que uno de los grandes campos de batalla teológicos del cristianismo tradicional de todos los siglos ha sido la naturaleza y el carácter de la iglesia, especialmente en su relación con su antepasado bíblico Israel.

Las dos opiniones principales con respecto a esto son: (1) que la iglesia continúa la línea de Israel, y (2) que la iglesia se diferencia totalmente de Israel.

Estudiemos la primera opinión: La iglesia es sinónimo de Israel.La opinión predominante en esto ha consistido en que la iglesia personifica el “nuevo” Israel – ésa es una continuación del concepto de salvación que fue introducido en el Antiguo Testamento juntamente con Israel. De acuerdo a esta opinión, la iglesia constituye un mejoramiento y un perfeccionamiento del concepto comenzado con Israel. Y todas las promesas que fueron dadas a Israel en las Escrituras encuentran su cumplimiento en la iglesia. De este modo, aquellas profecías que se refieren a las bendiciones y a la restauración de Israel en la Tierra Prometida, son consideradas como promesas de bendiciones espirituales hechas para la iglesia. Las profecías que tienen que ver con la condenación y el juicio, sin embargo, siguen valiendo literalmente para el pueblo de Israel.

Esta opinión, a veces, es denominada como “teología de la sustitución”, porque se considera a la iglesia como sustituto de Israel en la mayordomía de Dios. Uno de los problemas vinculado con esta opinión es, entre otras cosas, la continuación de la existencia del pueblo judío, especialmente en vista de la nueva fundación del Estado de Israel que tuvo lugar en nuestro tiempo. Si Israel está condenado a la extinción y no existe un futuro divinamente dispuesto para él, se nos plantea la pregunta: ¿Cómo se explica el hecho que el pueblo judío, desde la fundación de la iglesia, haya continuado existiendo durante casi dos mil años, en contra de todas las expectativas? ¿Cómo se explica, además, el resurgimiento de Israel en el conjunto de las naciones, en el cual existe como nación independiente – como pueblo que ha salido victorioso de varias guerras y que ha logrado éxitos económicos?

Ahora bien, veamos la segunda opinión: Israel y la iglesia difieren uno del otro.Nosotros consideramos que esto es claramente enseñado en el Nuevo Testamento, pero que no fue tomado en cuenta durante la mayor parte de la historia eclesiástica. Esta opinión dice que la iglesia se diferencia totalmente de Israel, y que los dos no deberían ser confundidos uno con el otro. Es más: la iglesia representa una creación totalmente nueva, que fue fundada en el día de Pentecostés, después que Cristo resucitara de los muertos. La misma continuará existiendo hasta que sea recibida en el cielo – y eso sucederá en el momento en el cual el Señor regrese para arrebatarla. Ninguna de las palabras de maldición o de bendición que fueron proclamadas para Israel se refieren directamente a la iglesia. Solamente porque Dios así lo dispuso, y no en base a la interpretación original, la iglesia es, por ejemplo, partícipe del pacto de Abraham y del nuevo pacto.

En consecuencia, todos los pactos, promesas y advertencias que corresponden a Israel, quedan sin tocar. Israel, el pueblo judío, en el sentido natural continúa siendo lo que era. Por supuesto que Israel, en los pasados diecinueve siglos de la dispersión, fue empujado a un costado. Fue la iglesia la que se encontró en el centro del obrar del Señor cuando el evangelio de propagó por el mundo entero. A pesar de eso, Dios presta mucha atención al pueblo judío – aun cuando todavía se encuentra en la incredulidad – y esto se muestra en que Él lo guarda en medio de dificultades y persecuciones de todo tipo. A veces, incluso, el cristianismo nominal mismo (hay que decirlo para nuestra vergüenza) ha ocasionado esas persecuciones de los judíos.

Dios no solamente ha protegido al pueblo judío, sino que también cumplió Su promesa de conservar un remanente de Israel en cada generación. Pero de esto hablaremos en el próximo bloque.

Antes de la pausa musical estuvimos hablando de que Dios no solamente ha protegido al pueblo Judío sino que también cumplió su promesa de conservar un remanente de Israel en cada Generación. El remanente de Israel en esta época es la totalidad de los judíos que creen en Cristo, que están lado a lado con los creyentes no judíos, y que con ellos conforman la Iglesia, el cuerpo de Cristo (Ro. 11:5). En ese sentido, entonces, una parte de los miembros del pueblo de Israel (el remanente creyente) se superpone a la iglesia durante el tiempo de la misma. Pero eso no justifica una equiparación de Israel con la iglesia, o viceversa. En el futuro, se cumplirán tanto las advertencias de Dios que se aplican a Israel, como también Sus promesas. Cuando el Señor finalice Su plan para el tiempo de la iglesia, y la misma sea llevada al cielo durante el arrebatamiento (1 Ts. 4:16-18), volverá a llevar a Israel al escenario principal de los acontecimientos mundiales, determinados por Él mismo. Primero vendrá el desastroso tiempo de la tribulación para Jacob (Jer. 30:7), también llamado la “gran tribulación”. Será un terrible tiempo de siete años, que en la primera mitad comenzará en forma relativamente inofensiva, pero cuya atrocidad, sin embargo, irá en aumento durante la segunda mitad hasta llegar a su más alto punto. Durante ese tiempo, el mundo será juzgado por haber desechado a Cristo. Pero más específicamente, será Israel quien será juzgado, depurado y preparado, a través de la prueba de fuego de la gran tribulación, para la segunda venida del Mesías.

Eso es lo desagradable de todo eso. Lo lindo de esto es que en el momento en que Cristo vuelva a la tierra, al final de la tribulación, los miembros del pueblo de Israel estarán listos, dispuestos y orientados para aceptarlo. Entonces proclamarán al Señor, como Él mismo lo predijo:“Porque os digo que desde ahora no me veréis, hasta que digáis: Bendito el que viene en el nombre del Señor”(Mt. 23:39). Así como a través del tropiezo de Israel durante la primera venida de Cristo el mundo recibió bendición, el hecho que Israel acepte a Cristo durante Su segunda venida será como vida de entre los muertos (Ro. 11:15). Los miembros del remanente de Israel que aún estén vivos después de la tribulación (aproximadamente un tercio del pueblo judío que haya entrado a ella) serán salvos. A continuación, el Señor establecerá Su reino sobre toda la tierra, en la capital de Israel, Jerusalén – justamente en el mismo escenario donde Él, siglos antes, fue desechado. Israel llegará a ser la cabeza de las naciones y no ya su cola. Todas las naciones enviarán representantes a Jerusalén, para honrar y adorar al Rey de reyes y al Señor de señores. La iglesia regresará con Cristo, y reinará con Él durante mil años. Para ir finalizando me gustaría decir que Él mismo dijo a Sus discípulos que en la renovación de todas las cosas, ellos reinarían sobre las doce tribus de Israel. Eso nos muestra que Israel no ha sido olvidado en el plan de Dios. Aun cuando el pueblo judío todavía tenga tiempos oscuros por delante, habrá una hermosa melodía final en su larga historia. Amen.

Ser liberado y permanecer libre 3/3
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