Escuche la Palabra del Señor (1ª parte)

Escuche la Palabra del Señor

(1ª parte)

Autor: Thomas Lieth

«Por tanto, es necesario que con más diligencia atendamos a las cosas que hemos oído, no sea que nos deslicemos» (He.2:1). No importa cuál sea la situación, es importante escuchar y, sobre todo, actuar de acuerdo a lo que dice Dios en la Biblia. La Palabra de Dios, es la guía determinante para nuestra vida en plenitud.



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PE1758 – Estudio Bíblico
Escuche la Palabra del Señor (1ªparte)



¿Cómo están amigos? El tema que comenzamos hoy se titula: ¡Escuche la palabra del Señor! En 1 Juan 2:24, leemos: “Lo que habéis oído desde el principio, permanezca en vosotros. Si lo que habéis oído desde el principio permanece en vosotros, también vosotros permaneceréis en el Hijo y en el Padre”.

El autor de la carta a los Hebreos, les exhorta, en el capítulo 2:1 al 4:«Por tanto, es necesario que con más diligencia atendamos a las cosas que hemos oído, no sea que nos deslicemos. Porque si la palabra dicha por medio de los ángeles fue firme, y toda transgresión y desobediencia recibió justa retribución ¿cómo escaparemos nosotros, si descuidamos una salvación tan grande? La cual, habiendo sido anunciada primeramente por el Señor, nos fue confirmada por los que oyeron, testificando Dios juntamente con ellos, con señales y prodigios y diversos milagros y repartimientos del Espíritu Santo según su voluntad.»Ya antes de esto, en el capítulo 1, vers. 1 y 2, se nos describe en qué manera habla Dios:«Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo».

Los siguientes versículos continúan con una impresionante adoración al Hijo de Dios. El autor de Hebreos, describe que, a través del Hijo, Dios creó al mundo (en el v. 2), que el Hijo es la revelación de la gloria de Dios y la expresión de su ser (en el v. 3), que hay liberación de los pecados a través del Hijo de Dios (también en el v. 3), que el Hijo es más alto que todos los ángeles (en el v. 4), y mucho más. Hebreos 1 nos muestra la grandeza de Jesucristo de una manera maravillosa. Toda la alabanza y adoración que se le da a Jesús está reafirmada en Colosenses 2:3, donde Pablo escribe que en Cristo«están escondidos todos los tesoros de la sabiduría y del conocimiento.»Mucha gente aspira a tener sabiduría. Citan a filósofos y a líderes religiosos, con admiración hacia su sabiduría. Sobre todo las religiones del extremo oriente, con sus ejercicios de meditación y experiencias de auto revelación, se consideran como algo ejemplar y deseable en nuestra sociedad actual. Sin embargo, en comparación con la sabiduría divina que está escondida en Jesucristo, toda otra sabiduría se desvanece.

En el capítulo dos de la carta a los Hebreos, leemos que Dios habla a través de su Hijo y que nosotros debemos escuchar, pero, sobre todo, actuar de acuerdo a la Palabra de Dios.


No debemos ser oidores de la Palabrasino hacedores de ella (como dice Santiago 1:22). También Lucas 11:28 nos dice que no basta con saber escuchar:«¡Bienaventurados los que oyen la Palabra de Dios, y la guardan!»,agrega.Guardar la palabra significa ponerla en acción. Si usted escucha: «¡En sus marcas, listos, ya!», y se queda parado en la línea de largada, nunca ganará la carrera – aunque tenga los oídos más abiertos y sea el primero en escuchar la señal del inicio de la corrida.

Muchos cristianos padecen de esta importante carencia. Leen y escuchan la Palabra de Dios, pero no actúan de acuerdo a ella. El autor de la carta a los Hebreos, inspirado por Dios, destaca la importancia de guardar el evangelio que nos fue encomendado, en el cap. 2, vers. 1:«Por tanto, es necesario que con más diligencia atendamos a las cosas que hemos oído, no sea que nos deslicemos».


La Biblia, Palabra de Dios, es la guíadeterminante para nuestra vida en plenitud. La Biblia es para los creyentes, lo que es la guía de ferrocarriles para el motorista. Si el motorista no ejercita exactamente lo que dice su guía, se arma un caos total en todas las líneas y estaciones del tren. Hasta podría causar un colapso total del sistema de ferrocarriles. Hay poca diferencia entre esta situación, y la de los creyentes que piensan que no es necesario cumplir con su guía – la Biblia. En cierto momento de la vida experimentarán que su tren está descarrilándose, y que se arma un caos total en la estación de su tren.

Le pregunto: ¿Es usted cristiano? ¿Se llama cristiano a sí mismo solamente, o también quiere vivir como uno de ellos? Si lo quiere hacer, lea, oiga y actúe de acuerdo a su guía – la Palabra de Dios. Sin la misma, todos estamos en peligro de perder la meta, como lo menciona Hebreos 2:1. ¿Y cuál es la meta? Glorificar a Dios, a través de su Hijo Jesucristo. Así lo describe Pedro, en su primera carta, cap. 4, vers. 11:«para que en todo sea Dios glorificado por Jesucristo». Para alcanzar esta meta, como cristianos, somos exhortados a guardar la palabra sin desviarnos a diestra o a siniestra.


No importa cuál sea la situación, es importante escuchar y, sobre todo, actuar de acuerdo a lo que dice Dios en la Biblia. No tiene ninguna importancia lo que dice de la gente, pero es de suma importancia lo que dice la Palabra de Dios. Se puede aprender mucho de la vida, de los comentarios, de las predicaciones y de las interpretaciones de los hombres. Pueden ser una valiosa ayuda para nosotros, pero no pueden llegar a reemplazar la Palabra viva de Dios. Cada sermón, cada interpretación, comentario, o lo que sea, es y debe ser un suplemento que nos guíe hacia la Palabra de Dios, pero nunca puede, ni debe, reemplazar a la Biblia. ¡Esto es totalmente imposible!

Por lo tanto, los mormones (y otros grupos similares) no pueden tener la doctrina correcta, ya que le dan más valor al libro de mormón que a la Palabra de Dios. Tienen la guía equivocada y se encuentran en la línea errada. Por la misma razón, existen muchas herejías en la iglesia católica. Ellos le dan más importancia a cultivar sus tradiciones y a sus doctrinas eclesiásticas que a la Palabra viva de Dios. También es por eso que existe una gran necesidad en la iglesia reformada. Ya no se ocupan de la Palabra de Dios. Cada congregación, cada iglesia, debe preguntarse: «¿En qué estamos poniendo el énfasis? ¿En las tradiciones, en la doctrina de la iglesia o de la denominación, en la alabanza, o en la Palabra de Dios?»


Ya Timoteo fue exhortado a tener en cuenta la Palabra de Dios, así leemos en 1 Ti. 6:20:«OhTimoteo, guarda lo que se te ha encomendado». Pablo no le dice: «Oh Timoteo, acuérdate de mí.» «Oh Timoteo, no olvides lo que te he dicho» En cambio, Pablo solamente le pide: «Timoteo, guarda lo que se te ha encomendado» – la Palabra de Dios. Esta palabra es verdadera, eficaz y apunta al único Salvador que existe (como nos dice 1 Ti. 1:15).

La Palabra de Dios, siempre tendrá valor y nunca pasará. En Mr. 13:31 leemos: «El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán». También 1 Pedro 1:23 al 25, nos dice: «Siendo renacidos, no de simiente corruptible, sino de incorruptible, por la palabra de Dios que vive y permanece para siempre. Porque: Toda carne es como hierba, y toda la gloria del hombre como flor de la hierba. La hierba se seca, y la flor se cae; mas la palabra del Señor permanece para siempre. Y esta es la palabra que por el evangelio os ha sido anunciada.». ¡Qué pena que para algunos cristianos la palabra de una persona humana tenga más peso que la Palabra eternamente válida, verdadera y viva de Dios!

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