El misterio de la iniquidad.

Titulo: “Alegato para la profecía bíblica”(parte 1).

Autor: Norbert Lieth
  Nº: PE916

En base a 2ª Tesalonicenses 2, vamos a ver algunos puntos acerca del misterio de la iniquidad.

 

– La fuerza limitadora del Espíritu Santo se opone al poder del maligno.

– El baluarte de la ley contra el poder del maligno.

– La acelerada destrucción del baluarte en estos tiempos finales.

– Y, La caída inminente.


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“El misterio de la iniquidad”.

 

  El Espíritu Santo, también llamado “Espíritu de verdad”, es el poder divino que lleva a la realización de los misterios del reino celestial. Tras la iniquidad hay otro espíritu, que en la Biblia se denomina “espíritu de mentira”, el cual proviene de Satanás. Hasta la actualidad, este poder maligno tiene limitaciones impuestas por el Espíritu de verdad. Pablo, a quien le fue revelado esto, lo describió de la siguiente manera:“Porque ya está en acción el misterio de la iniquidad; sólo que hay quien al presente lo detiene, hasta que él a su vez sea quitado de en medio”  (2 Tesalonicenses 2:7).

 

 

  La fuerza limitadora del Espíritu Santo se opone al poder del maligno.

  ¿Qué o quién es esta fuerza limitadora, o detenedora, que refrena el libre despliegue de la iniquidad? Podemos concluir, por los siguientes versículos, que debe tratarse del Espíritu Santo – antítesis del espíritu de mentira, el cual alcanzará su total despliegue cuando el Espíritu de verdad sea retirado en el arrebatamiento. A partir de ese momento el camino para el hombre de pecado, el hijo de perdición, estará despejado y recién allí manifestará su verdadero ser. Lo leemos claramente en 2. Tesalonicenses 2:3 y 8: 

“Nadie os engañe en ninguna manera; porque no vendrá sin que antes venga la apostasía.

Y entonces se manifestará aquel inicuo, a quien el Señor matará con el espíritu de su boca, y destruirá con el resplandor de su venida”.

  Pero, la persona que hoy en día se cierra conscientemente al Espíritu de verdad, se está entregando innegablemente al poder de Satanás, y con ello, al espíritu de mentira. Pablo expresa claramente que el misterio de la iniquidad ya estaba obrando en aquella época en la que escribió estas líneas. Sin embargo, su poder destructor recién llegará a su total despliegue durante los tiempos finales.

 

El baluarte de la ley contra el poder del maligno: 

  Dios entregó a su pueblo Israel la ley, para protegerlo del pecado y para que fuera un pueblo santo. Con relación a la obra redentora de Cristo en la cruz del Gólgota, una y otra vez surge la pregunta: Para el creyente en Jesucristo, ¿la ley aún es vigente? Después del Sermón del Monte, adquirió aún una importancia mayor. Pablo la describe como santa y buena, pero nunca ha de ser el motivo de nuestra justificación ante Dios. Ya no es más la ley ortodoxa, sino la del Espíritu. Pero, al igual que antaño, tiene la función de preservar al hombre del poder del inicuo, de la mentira y del engaño, el cual, según 2 Tesalonicenses 2:9, ha de venir acompañado de señales y prodigios.

 

La acelerada destrucción del baluarte en estos tiempos finales: 

  No sólo la Palabra de Dios es la que nos da leyes y

reglamentos fundamentales para una vida que agrade a Dios. Según Romanos 13, el Estado también tiene la comisión divina de velar por la justicia y el orden. Pero, más y más podemos constatar, en la actualidad, una socavación  de los valores bíblicos. Los valores divinos están siendo desvalorizados y mal interpretados, con la “sabia” argumentación de que vivimos en tiempos distintos y más modernos. Esta tendencia se evidencia con mayor descaro en la homosexualidad, que hoy día hasta recibe frecuentemente la bendición de la iglesia, en vez de ser reconocida como pecado tal como la identifica claramente la Biblia. Cosas similares podemos comprobar a nivel del sistema judicial estatal. Se habla acerca del humanismo y se olvida el temor de Dios; se habla de derechos humanos y se olvidan los mandamientos de Dios. La libertad de expresión, por así decir, el desprendimiento de todos los valores transmitidos, se convierte más y más en el mensaje de salvación que promete el cielo en la tierra, relativizando la verdad de Dios. Detrás de esto se encuentra el astuto engaño del diablo, que a través del fraude y el engaño guía hacia la injusticia, como lo leemos en 2. Tesalonicenses 2:9-10: “…inicuo cuyo advenimiento es por obra de Satanás, con gran poder y señales y prodigios mentirosos, y con todo engaño de iniquidad para los que se pierden, por cuanto no recibieron el amor de la vedad para ser salvos”.

 Todo esto sólo es posible porque el amor a la verdad tiende a desaparecer.

 

La caída inminente: 

  En el misterio de iniquidad, está implícita la realidad de que Dios mismo permite el total despliegue de la misma, y con ello, del mal; cosa que sucederá en el momento en que el Espíritu de verdad sea quitado por mandato divino. Esto es lo que se puede extraer de 2Ts. 2:11:“Por esto Dios les envía un poder engañoso, para que crean la mentira”.Si se echa un vistazo al mundo, es sorprendente todo lo que es considerado verdadero, especialmente en el ámbito de la religión. Pero aquello que ha de venir, sobrepasará todo lo existente hasta el momento. Podemos ver cada vez con mayor claridad sus inicios. Todo esto llevará a un sistema mundial babilónico de los postreros tiempos (Apocalipsis 17).

 

Jesús mismo dijo acerca de estos últimos tiempos:“…y por haberse multiplicado la maldad, el amor de muchos se enfriará”(Mateo 24:12). Sin lugar a dudas, vivimos actualmente en esta era de la “iniquidad”. Debemos velar para  que, a pesar de la época adversa, no se enfríe el amor que Cristo puso en nuestros corazones a través del Espíritu Santo (Romanos 5:5). De esto se trata la advertencia de Jesús. Para nosotros, que conocemos a Jesús y sus palabras, no es ningún misterio ni tampoco una sorpresa que se incrementen sobremanera la injusticia y la iniquidad, sino que, antes bien, es una señal de que el arrebatamiento de la Iglesia está muy próximo.

 

Por otro lado, esta señal también es un desafío para que no fracasemos en el corto trayecto que falta hasta Su regreso, sino que atesoremos las palabras de Jesús: “Mas el que persevere hasta el fin, éste será salvo” (Mateo 24:13). ¡Quiera el Señor tener misericordia de nosotros!

El misterio de la obediencia a la fe entre las naciones. El misterio de Cristo en vosotros, la esperanza de gloria.
El misterio del endurecimiento de Israel.

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