“El encuentro con el Señor” (4 de 4)

Título: “El encuentro con el Señor”

Autor: Norbert Lieth
PE1363

Después de que Dios tuvo el encuentro con Jacob en Peniel (Gén 32), el Señor ocupó todo el lugar en la vida de Jacob. Poco tiempo después, sin embargo, tuvo lugar un encuentro en Siquem, que fue decisivo para la vida de Jacob


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El tercer encuentro de Jacob con Dios: al lado del Terebinto (= encina) en Siquem.

Estimado amigo, después de que Dios tuvo el encuentro con Jacob en Peniel (Gén 32), el Señor ocupó todo el lugar en la vida de Jacob. Poco tiempo después, sin embargo, tuvo lugar un encuentro en Siquem, que fue decisivo en todo sentido: “Entonces Dios dijo a Jacob: — Levántate, sube a Betel y quédate allí. Haz allí un altar a Dios, que se te apareció cuando huías de tu hermano Esaú. Entonces Jacob dijo a su familia y a todos los que le acompañaban: — Quitad los dioses extraños que hay entre vosotros. Purificaos y cambiad vuestros vestidos. Levantémonos y subamos a Betel; allí haré un altar a Dios, que me respondió en el día de mi angustia y ha estado conmigo en el camino que he andado. Así entregaron a Jacob todos los dioses extraños que tenían en su poder, y los aretes de sus orejas, y Jacob los enterró al pie de la encina que había junto a Siquem. Cuando partieron, el terror de Dios se apoderó de los habitantes de las ciudades de sus alrededores, y no persiguieron a los hijos de Jacob. Jacob y toda la gente que le acompañaba llegaron a Luz, es decir, a Betel, en la tierra de Canaán, y allí edificó un altar. Llamó al lugar El-betel, porque allí se le había revelado Dios cuando huía de su hermano. Entonces murió Débora, nodriza de Rebeca, y fue sepultada al pie de Betel, debajo de una encina, la cual fue llamada Alón-bacut. Dios se apareció otra vez a Jacob después de haber regresado de Padan-Aram, y le bendijo. Le dijo Dios: Tu nombre es Jacob, pero no se llamará más tu nombre Jacob. Tu nombre será Israel. Y llamó su nombre Israel” (Génesis 35:1-10).

Después de que el Señor se enfrentó cara a cara con Jacob en Peniel — lo cual proféticamente corresponde a la segunda venida de Jesucristo para Su pueblo Israel — comenzó un tiempo totalmente nuevo para Jacob y su casa: un tiempo de avivamiento. Aquí, proféticamente, se convierte en realidad, para Israel, la experiencia en el Gólgota. Este pueblo llevará fruto y obrará bendición eterna. Cuando Jesús regrese, verán a aquel a quien traspasaron y, entonces, todo el poder de Gólgota vendrá sobre Israel (Zac. 12:10ss).

El Terebinto, es decir la encina, simboliza la cruz. Así como Jacob en su tiempo enterró todos los dioses ajenos, es decir los ídolos, bajo ese árbol, así, Israel llevará todas sus faltas y pecados a la cruz de Jesús. Toda la casa de Israel será renovada en aquel día y nacerá de nuevo, como ya lo había visto en visión el profeta Isaías 66,8.

El pecado será quitado de Jacob, es decir Israel, como lo dice Romanos 11:26: “…Y así todo Israel será salvo, como está escrito: Vendrá de Sion el libertador; quitará de Jacob la impiedad.” Aquí conocerán el verdadero significado de Isaías 53, y llegará a ser realidad lo que Jesús hizo en la cruz, especialmente, para Israel: “Ciertamente él llevó nuestras enfermedades y sufrió nuestros dolores. Nosotros le tuvimos por azotado, como herido por Dios, y afligido. Pero él fue herido por nuestras transgresiones, molido por nuestros pecados. El castigo que nos trajo paz fue sobre él, y por sus heridas fuimos nosotros sanados” (Isaías 53:4-5). Ocho veces dice aquí, en plural: nuestro, nosotros, nos, porque se trata, en primer lugar, de la expiación de la culpa del pueblo de Israel.

Este encuentro cerca de la encina de Siquem simboliza la entrada de Israel en el reino del milenio de Jesucristo. Aquí se cumple lo que ya Pedro le dijo a los judíos en su prédica de Pentecostés: “Por tanto, arrepentíos y convertíos para que sean borrados vuestros pecados; de modo que de la presencia del Señor vengan tiempos de refrigerio y que él envíe al Cristo, a Jesús, quien os fue previamente designado” (Hechos 3:19-20). Por eso, seguramente no es así no más que Siquem, en tiempos de Josué, se haya convertido en una ciudad libre.

Volvamos a Jacob: Cuando él enterró los ídolos bajo la encina de Siquem, testificando con esto que él y los suyos querían servir solamente al Dios de Israel, cayó el terror del Dios Eterno sobre todas las aldeas de alrededor. Aquí es donde Jacob se convirtió en el verdadero Israel, para lo cual hacía mucho tiempo había sido llamado: “Le dijo Dios: Tu nombre es Jacob, pero no se llamará más tu nombre Jacob. Tu nombre será Israel.” Y llamó su nombre Israel” (v. 10). Es por eso que esto es mencionado aquí nuevamente.

Así sucederá con Israel cuando reconozca a su Mesías, destruya los ídolos inútiles y se postre a los pies de Jesús. Pero, anteriormente, dice todavía: “Ahora se han reunido muchas naciones contra ti y dicen: ¡Sea profanada, y vean nuestros ojos la ruina de Sion!” (Miqueas 4:11). Después de la conversión de Israel, sin embargo, temblarán las naciones, porque está escrito: “Pero ellos no conocen los planes de Jehovah ni comprenden su consejo, a pesar de que él los ha juntado como a gavillas en la era. ¡Levántate y trilla, oh hija de Sion! Haré que tu cuerno sea de hierro y tus uñas, de bronce. Desmenuzarás a muchos pueblos, y consagrarás a Jehovah el botín de ellos, y sus riquezas al Señor de toda la tierra” (Miqueas 4:12-13).

La Biblia dice que en aquel día del encuentro del Señor con Israel y del establecimiento de Su Reino, saldrá una fuente de la Casa del Señor y aguas vivas correrán desde Jerusalén. Este es un símbolo de la sangre de Jesucristo. El pueblo de Israel será purificado y ríos de agua viva se derramarán desde Jerusalén sobre toda la tierra, porque el Señor reina. Aun los antiguos enemigos a muerte de Israel, Egipto y Siria, se convertirán. Y en Isaías 19:23-25 incluso dice: “En aquel día habrá un amplio camino desde Egipto hasta Asiria; los asirios entrarán en Egipto, y los egipcios en Asiria. Entonces los egipcios y los asirios servirán a Jehovah. En aquel día Israel será tercero con Egipto y con Asiria, una bendición en medio de la tierra. Porque Jehovah de los Ejércitos los bendecirá diciendo: ¡Benditos sean Egipto mi pueblo, Asiria obra de mis manos e Israel mi heredad!”

Todo esto ya no se hará esperar mucho tiempo. Más bien, hoy podemos decir, con gran convicción, que ¡el Señor viene pronto para encontrarse con Su Iglesia!

A través del profeta Amós, el Eterno exclama: “…¡Prepárate para venir al encuentro de tu Dios, oh Israel!” (Amós 4:12). Quizás usted tenga que luchar con ataduras, las cuales lo vencen vez tras vez; o quizás lleve otra carga invisible, pero pesada, consigo. ¡Prepárese para el encuentro con su Dios! En Jesucristo, El se encuentra con usted en la cruz. El Hijo de Dios lo hizo todo, allí también, para usted. Acepte Su perdón, el perdón que El le ofrece en Su sangre vertida (1 Juan 1:7). ¡Usted necesita hoy un nuevo comienzo! Quizás Dios haya callado por años, meses o semanas en su vida. Su Palabra ya no le habla porque hay algún pecado entre usted y el Santo Dios. Ahora El está parado frente a usted, como antiguamente ante Jacob, y le llama a cambiar de actitud. Le pregunta si El hoy — así como Ud. se Lo prometió una vez en una situación difícil — puede ser su Dios. ¿Le permite, usted, serlo ahora?

Indecibles maravillas esperan a todos aquellos en los cuales El pudo llegar a ser su Señor y Dios, como está escrito en 1 Pedro 1:12-16: “A… vosotros …las cosas que ahora os han sido anunciadas [son] cosas que hasta los ángeles anhelan contemplar. Por eso, con la mente preparada para actuar y siendo sobrios, poned vuestra esperanza completamente en la gracia que os es traída en la revelación de Jesucristo. Como hijos obedientes, no os conforméis a las pasiones que antes teníais, estando en vuestra ignorancia. Antes bien, así como aquel que os ha llamado es santo, también sed santos vosotros en todo aspecto de vuestra manera de vivir, porque escrito está: Sed santos, porque yo soy santo.” Amén.

“El encuentro con el Señor” (3 de 4)
“El encuentro con el Señor, un encuentro que hace posible lo imposible” (1 fe 3)

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