Él dijo: Renuncien a Todo (1ª parte)

Él dijo: Renuncien a Todo

(1ª parte)

Autor: William MacDonald

La palabra discípulo ha sido por demás utilizada, y cada usuario le ha dado el significado de su conveniencia. El autor de este mensaje nos lleva a examinar la descripción de discipulado que presentó Jesús en sus enseñanzas, la cual se halla también en los escritos de los apóstoles, para que aprendamos y descubramos más acerca de este concepto.



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PE1799 – Estudio Bíblico
Él dijo: Renuncien a Todo (1ª parte)



Queridos amigos oyentes, como ya dijimos, este mensaje está basado en Lucas 14: 25 al 35. Éstos deben ser los pasajes menos populares de la Biblia. Vamos a leerlos:

“Y grandes multitudes iban con él; y volviéndose, les dijo: ‘Si alguno viene a mí, y no aborrece a su padre, y madre, y mujer, e hijos, y hermanos, y hermanas, y aun también su propia vida, no puede ser mi discípulo. Y el que no lleva su cruz y viene en pos de mí, no puede ser mi discípulo. Porque ¿quién de vosotros, queriendo edificar una torre, no se sienta primero y calcula los gastos, a ver si tiene lo que necesita para acabarla? No sea que después que haya puesto el cimiento, y no pueda acabarla, todos los que lo vean comiencen a hacer burla de él, diciendo: Este hombre comenzó a edificar, y no pudo acabar. ¿O qué rey, al marchar a la guerra contra otro rey, no se sienta primero y considera si puede hacer frente con diez mil al que viene contra él con veinte mil? Y si no puede, cuando el otro está todavía lejos, le envía una embajada y le pide condiciones de paz. Así pues, cualquiera de vosotros que no renuncia a todo lo que posee, no puede ser mi discípulo. Buena es la sal; mas si la sal se hiciere insípida, con qué se sazonará? Ni para la tierra ni para el muladar es útil; la arrojan fuera. El que tiene oídos para oír, oiga”.Vemos que en el versículo 25 dice:“Y grandes multitudes iban con él; y volviéndose, les dijo…”

El Señor le estaba hablando a la multitud, compuesta tanto de salvos como de no salvos. Allí dio una justa presentación de su mensaje, incluso a los no convertidos. No colocó sus mejores fresas en la parte más visible de la bandeja. Note el proceso de filtrado de Cristo: “Primero advierte, luego selecciona” (según Campbell Morgan). “Él nunca escondió Sus cicatrices para hacer discípulos”. En el capítulo anterior trató la temática del evangelio; en éste trata del servicio. Él quiere discípulos, no decisiones; quiere soldados reales, no de chocolate; quiere calidad, no cantidad. Recuerde que el ejército de Gedeón fue reducido de 32.000 personas a 300.

Veamos el versículo 26:“Si alguno viene a mí, y no aborrece a su padre, y madre, y mujer, e hijos, y hermanos, y hermanas, y aun también su propia vida, no puede ser mi discípulo”.El pasaje paralelo a éste, de Mateo 10:37, dice:“El que ama a padre o madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a hijo o hija más que a mí, no es digno de mí”.La expresión“más que a mí”muestra que Jesús usaba un comparativo. Por lo tanto, colocar a Jesús en el primer lugar de nuestras vidas significa odiar las demás cosas, en comparación. Significa que Cristo debe estar en primer lugar. Todo otro amor, en comparación, debe ser como odio.

En Romanos 9:13, leemos que Dios dijo:“A Jacob amé, mas a Esaú aborrecí”. Su amor preferencial por Jacob, era como decir que odiaba a Esaú por comparación. No significa que odiaba a Esaú con una animosidad perversa, o vengadora, sino que amaba a Esaú menos que a Jacob, como se ve a través de Su elección soberana de éste último.

C. T. Studd temía que su novia le amara a él más de lo que amaba a Jesús, por lo tanto escribió este poema, para que ella lo repitiera cada día de su vida:

Jesús, te amo,
Tú eres para mí
Más querido
De lo que Charlie
Jamás podría ser.

Cuando el poeta Ruskin le propuso matrimonio a una dama cristiana, ella le preguntó:“¿Me amas más de lo que amas a Jesucristo?”Él tuvo que admitir que sí. Ella dijo: “Bueno, en ese caso,no puedo casarme contigo.”

Ruskin intentó nuevamente, incluso después que ella había contraído una seria enfermedad. Su respuesta aún era la misma. Poco después, ella murió.Cristo aún estaba en el primer lugar en la vida de ella.En el versículo 26, nuestro Salvador menciona a la esposa de un hombre. Existen muchos hombres piadosos que permiten que sus esposas los dominen. Si un hombre tiene una esposa mundana, le será muy difícil llevar a la práctica un discipulado serio. Pero, si es cristiano debe reconocer que, incluso su esposa, deberá estar en segundo lugar. La Sra. Spurgeon nos cuenta un relato interesante en el libro que narra la biografía de su esposo Charles:

Cuando Spurgeon era joven, tuvo que ir de lugar en lugar para encontrar un edificio lo suficientemente grande para recibir a las multitudes que venían a escucharle. Tenía poco más de veinte años cuando predicó en el Exeter Hall. El lugar estaba repleto. Él estaba comprometido y a punto de casarse con una joven llamada Susan Thompson. Una noche, él estaba en casa de ella y, luego, se dirigieron juntos al Exeter Hall para una reunión. Cuando llegaron allí, él se apresuró a salir del vehículo. Había una enorme multitud de gente. La policía trataba de regular el fluir del tránsito, pero le resultaba extremadamente difícil. Spurgeon tuvo que abrirse camino entre la multitud para llegar al salón. Estaba tan impresionado con la enorme cantidad de gente a la que debía predicarle el evangelio, que olvidó prácticamente todo, excepto su sentido de responsabilidad. Así que se abrió camino entre la multitud para, finalmente, llegar a la plataforma y dirigir la reunión.

Cuando todo había terminado, recordó que había llegado al salón en compañía de alguien más, pero la había perdido por completo entre la multitud. Trató de recordar si la había visto entre la congregación. Luego, recordó que no la había visto. Temió que estaba en problemas, así que después de la reunión se dirigió muy aprisa a la casa de la Srta. Thompson. Al llegar allí, le dijeron que no quería verlo. Ella estaba arriba, sollozando. Se había imaginado que ella era mucho más importante que toda la multitud. Él insistió en verla, y finalmente ella bajó.

Él le explicó su posición: “Estoy muy apenado, pero debemos entendernos en esto. Yo, en primer lugar, soy siervo de mi Maestro. Él siempre debe estar en primer lugar. Creo que viviremos muy felices si tú estás dispuesta a tomar el segundo lugar, pero siempre debe ser el segundo lugar con respecto a Él. Mi obligación, en primer lugar, es para con Él.”

Años más tarde, cuando aquel gran ministerio había culminado, la Sra. Spurgeon dijo que aquel día había aprendido una lección inolvidable. Aprendió que había Alguien que tenía el primer lugar en la vida de su esposo. Ella tendría el segundo. Ésa es una exigencia muy alta, ¿no es cierto? Pero es la exigencia de la Biblia. Cristo demanda el primer lugar.

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