El camino hacia la perfección 3/11

Titulo: El camino a la perfección
Autor: Wim Malgo
  Nº: PE831

Locutor: Herman Hartwich 

Dos situaciones opuestas: Una casa abandonada La restauración de una casa.

Este ejemplo gráfico es aplicable a nuestra vida espiritual. ¿Cómo? La vida y las deciciones del rey Ezequías nos ofrecen una ilustración muy viva.


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El camino a la perfección (parte3) 1 de 4

Estimado amigo, venimos compartiendo este estudio bíblico desde hace algunos programas y puede ser que usted hoy nos esté sintonizando por primera vez. Por eso, quiero retomar algunos puntos para que usted pueda entender bien lo que vamos a estudiar hoy.

Dios quiere que el hombre tome el camino hacia la perfección para que vuelva a ser como El es. En este camino tenemos que conocer la perfecta voluntad de Dios, revelada en Su palabra, y también ponerla por obra. Aquí se inicia un cambio de propietario en su vida, pues el camino a la perfección no es esfuerzo, sino entrega total de todas las cosas. Entonces, Él ocupará, llenará y dominará el verdadero sitio de su personalidad.

El titulo de estudio de hoy es: 

“La casa abandonada”.

Estimado amigo, si el Señor tiene acceso a lo interior, al centro de tu vida, entonces, en primer lugar, Él limpia lo más recóndito de tu morada de toda inmundicia – después entra. En 2 Crónicas 29:1-11 tenemos un ejemplo muy gráfico de esto: “Comenzó a reinar Ezequías siendo de veinticinco años…E hizo lo recto ante los ojos de Jehová, conforme a todas las cosas que había hecho David su padre…abrió las puertas de la casa de Jehová, y las reparó. E hizo venir a los sacerdotes y levitas, y los reunió en la plaza oriental. Y les dijo: ¡Oídme, levitas! Santificaos ahora, y santificad la casa de Jehová el Dios de vuestros padres, y sacad del santuario la inmundicia. Porque nuestros padres se han rebelado, y han hecho lo malo ante los ojos de Jehová nuestro Dios; porque le dejaron, y apartaron sus rostros del tabernáculo de Jehová, y le volvieron las espaldas. Y aun cerraron las puertas del pórtico, y apagaron las lámparas; no quemaron incienso, ni sacrificaron holocausto en el santuario al Dios de Israel. Por tanto, la ira de Jehová ha venido sobre Judá y Jerusalén, y los ha entregado a turbación, a execración y a escarnio, como veis vosotros con vuestros ojos. Y he aquí nuestros padres han caído a espada, y nuestros hijos, nuestras hijas y nuestras mujeres fueron llevados cautivos por esto. Ahora, pues, yo he determinado hacer pacto con Jehová el Dios de Israel, para que aparte de nosotros el ardor de su ira. Hijos míos, no os engañéis ahora, porque Jehová os ha escogido a vosotros para que estéis delante de él y le sirváis, y seáis sus ministros, y le queméis incienso.''

Esta fue la situación bajo el reinado de Ezequías, cuya manera de actuar es muy apropiada y ejemplar para nosotros hoy en día. El Señor había salido de la morada, del templo. Las razones eran muy serias: 

Había “inmundicia'' en el templo (v. 5). La consecuencia fue la pérdida de la comunión con el Señor (v. 6). No había más luz, no más oración ni sacrificio (v. 7). En resumidas cuentas: El Señor mismo ya no estaba.

Y, ése, era el resultado de los hechos de Acaz, el padre de Ezequías, un rey impío de Judá. En 2 Crónicas 28:24-25 leemos de él: “Además de eso recogió Acaz los utensilios de la casa de Dios, y los quebró, y cerró las puertas de la casa de Jehová, y se hizo altares en Jerusalén en todos los rincones. Hizo también lugares altos en todas las ciudades de Judá, para quemar incienso a los dioses ajenos, provocando así a ira a Jehová el Dios de sus padres.'' Pensemos, a la luz de estos eventos, una vez más, en las serias palabras de 1 Corintios 3:16-17: “¿No sabéis que sois templo de Dios, y que el Espíritu de Dios mora en vosotros? Si alguno destruyere el templo de Dios, Dios le destruirá a él; porque el templo de Dios, el cual sois vosotros, santo es.'' Por eso, esta historia del Israel de aquel entonces es una representación profética, muy precisa, del estado actual de la mayoría en la Iglesia de Jesús.

¿No será que la gloria del Señor también se ha apartado de ti porque has profanado Su templo con tus pecados? Lo que hicieron exteriormente, en aquel entonces, ¿no lo has hecho tú interiormente? “Porque le dejaron, y apartaron sus rostros del tabernáculo de Jehová, y le volvieron las espaldas'' (2 Cr. 29:6b). ¿Están escritas también sobre tu vida estas palabras? ¿No has perdido tú también, enteramente, la conciencia de la presencia del Señor en ti? Si es así, ¿por qué? Justamente porque has apartado tu rostro de la morada del Señor y has vuelto tu mirada hacia cosas vanas y egocéntricas. Por eso, también, estás tan intranquilo, tan nervioso, tan acosado. De esta manera, han desaparecido todas las características, o sea, las señales de Su presencia en ti. Tendríamos que leer 2 Crónicas 29:7, desde este punto de vista: 

1. “Y aun cerraron las puertas del pórtico….'' Esto representa el infructuoso llamado del Señor a la puerta del corazón, otra vez cerrada.

2. “…y apagaron las lámparas.'' En otras palabras: Porque el aceite del Espíritu Santo se ha agotado, hay oscurecimiento.

3. “No quemaron incienso….'' Vemos, en esto, el espíritu de oración apagado.

4. “…ni sacrificaron holocausto en el santuario al Dios de Israel.'' En otras palabras: El altar del holocausto está vacío, ya no existe el “Con Cristo estoy juntamente crucificado.''

Como aconteció exteriormente en Israel, en aquel entonces, así tampoco, interiormente, en tu vida, han faltado las trágicas consecuencias. Para esclarecer esto, sigamos con los dos próximos versículos de 2 Crónicas 29: “Por tanto, la ira de Jehová ha venido sobre Judá y Jerusalén, y los ha entregado a turbación, a execración y a escarnio, como veis vosotros con vuestros ojos'' (v. 8). Estas son las graves desavenencias en tu vida de fe y, ésta, en el fondo, es entregada “a escarnio'' porque no eres lo que aparentas ser exteriormente; hay en tu vida más apariencia que realidad y la gloria del Señor ya no mora en ti.

Luego, tu desconcierto interior se pone de manifiesto en tu vida conyugal y familiar, como está descrito, proféticamente, en el versículo 9: “Y he aquí nuestros padres han caído a espada, y nuestros hijos, nuestras hijas y nuestras mujeres fueron llevados cautivos por esto.'' Hay ruptura y separación en la familia. ¿Se acabó todo, ahora?

¡No! ¡Por la gracia de Dios, existe la posibilidad de una renovación del Pacto! En la vida de Ezequías vemos cómo se puede realizar. El quería que el Señor pudiera habitar en medio de Israel otra vez y dijo: “Ahora, pues, yo he determinado hacer pacto con Jehová el Dios de Israel, para que aparte de nosotros el ardor de su ira. Hijos míos, no os engañéis ahora, porque Jehová os ha escogido a vosotros para que estéis delante de él y le sirváis, y seáis sus ministros, y le queméis incienso'' (2 Cr. 29:10-11). Y yo quisiera exhortarte también a ti, querido hermano, querida hermana en el Señor: ¡No te engañes!

Pero ¿qué fue la primera cosa que hizo Ezequías, antes de hablar a los sacerdotes y levitas? Tomó nuevamente el camino hacia la perfección, a pesar de que, según Hebreos 7:19, la Ley no podía perfeccionar nada. Leemos que Ezequías “…abrió las puertas de la casa de Jehová'' (2 Cr. 29:3). Lo hizo, en primer lugar, como símbolo para decirnos hoy, de parte de Dios, qué es lo más urgente que tenemos que hacer, antes que todo lo demás. Así lo leemos en Hebreos 9:9: “Lo cual es símbolo para el tiempo presente, según el cual se presentan ofrendas y sacrificios que no pueden hacer perfecto, en cuanto a la conciencia, al que practica ese culto.'' Así que pregunto, una vez más: ¿Qué hizo Ezequías exteriormente, en primer lugar, antes de dirigirse con su mensaje a los sacerdotes y levitas? Hizo lo que ahora tú también tienes que hacer en primer lugar, tú que quieres ser bendición para tu medio ambiente y un instrumento del avivamiento: “…abrió las puertas de la casa de Jehová, y las reparó.''

Si seguimos con la lectura en 2. Crónicas podemos seguir comparando los acontecimientos de aquel entonces con nuestra vida actual y veremos puntos importantes acerca de la casa restaurada. Para esta vista le invitamos hacernos juntos con nosotros en el próximo programa.

El camino hacia la perfección 2/11

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