El camino hacia la perfección 1/11

Titulo: El camino a la perfección
Autor: Wim Malgo
  Nº: PE829

Locutor: Herman Hartwich 

En el estudio de este tema estamos hablando de “escalones”.

En este programa vamos a hablar del segundo escalón. Es importante conocer la voluntad de Dios, como lo leemos en Romanos 12:2: “No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta”.

¿Conoce usted la voluntad de Dios para su vida?

¿Ha aceptado usted, personalmente, este gran amor de Dios en su vida?


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El camino hacia la perfección (parte1)

Estimado amigo, antes de seguir hoy con lo que llamamos – “el segundo Escalón en el Camino hacia la Perfección” – quisiera hacer un breve repaso de lo que hemos estudiado en el primer punto de este impactante tema.

El Señor hace dos promesas al hacedor de su palabra: 

1. El Señor Jesús se manifestará al hacedor de su palabra.

2. El Padre y el Hijo harán morada en el hacedor de su Palabra.

Estas verdades las hemos estudiado a través de la vida de Pedro y nos animó ver con qué paciencia, resolución y habilidad trató el Señor a Pedro, a ese discípulo que Lo había negado y que, lleno de miedo y de cobardía, se había maldecido a sí mismo.

Nos animó ver que, sean cuales fueran las cosas que hayan acontecido en nuestra vida, los pecados que hubiéramos cometido, si decimos en nuestro corazón lo que dijo Pedro: “Señor, tú lo sabes todo, tú sabes que te quiero”, entonces Él se manifiesta a nosotros, experimentamos Su fuerza de victoria y la podemos transmitir a los que nos rodean.

Recordemos: 

Es imposible que el amor de Dios se agote, jamás se agotará, y es imposible que Su amor, en ti y en mí, acabe, ya que proviene del centro: de la propia esencia de Dios, que es amor.

Ahora sí seguimos con nuestro estudio – con lo que vamos a llamar “el segundo escalón en el camino hacia la perfección” – y le invito primeramente a escuchar lo que Dios nos dice en Génesis 1:27: 

“Creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó''.

Dios quiere que el hombre tome el camino hacia la perfección para que vuelva a ser como El es, pues cuando Dios, con Sus manos maestras, terminó de crear al hombre, se vio a Sí mismo en este primer hombre: “Y vio Dios todo lo que había hecho, y he aquí que era bueno en gran manera'' (v. 31). Estos primeros seres humanos tienen que haber sido extraordinariamente hermosos; pero, por causa del pecado, perdieron esta imagen de Dios. Por eso, Dios envió a Su Hijo primogénito para redimir al hombre del pecado y restablecerlo a Su imagen, pues ¿qué dijo el Señor Jesús cuando estuvo en la Tierra? “El que me ha visto a mí, ha visto al Padre'' (Jn. 14:9); “Yo y el Padre uno somos'' (Jn. 10:30).

Tan pronto como un hombre llega a reconocer sus pecados recibe, en su corazón, a Jesucristo, quien lo reconcilió con Dios, a través de su obra en la cruz del Gólgota. Entonces, acontece lo maravilloso que está escrito en Juan 1:12: “Mas a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios.'' A partir de ese momento, el Espíritu Santo produce un anhelo, cada vez más intenso, que el poeta expresa, en un himno, con las siguientes palabras: “¡Ser como El es!'' Este es el camino hacia la perfección. Cuando alcancemos la meta y estemos con El (lo que todos anhelamos), entonces, “seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es'' (1 Jn. 3:2b).

Conocer la voluntad de Dios

Este camino hacia la perfección, Dios, el Señor, a través de Jesucristo y por medio del Espíritu Santo, lo utiliza para hacer, ya aquí en la Tierra, morada con los que Le aman. Su maravillosa promesa, al respecto, es: “El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada con él.'' Es verdad que no podemos explicar este milagro intelectualmente, pero el Señor nos ha dado representaciones proféticas para que podamos concebirlo por la fe. Es bueno que miremos hacia Sion, o sea Jerusalén, donde se representa, proféticamente, la voluntad perfecta de Dios en cuanto a Su morada en el Antiguo Pacto, Su templo. En el “primer escalon” que hemos estudiado anteriormente, hemos visto, proféticamente – así como en imágenes – en que estado debemos estar para ser dignos de ser Su morada, para que el Señor pueda habitar en ella, y para que seamos personas que viven conforme a Su perfecta voluntad.

Y ahora, por la fe, guardando Su Palabra y amándolo, experimentamos – en vez de lo alegórico – lo esencial, como se manifiesta en Juan 16:29: “Le dijeron sus discípulos: He aquí ahora hablas claramente, y ninguna alegoría dices. Ahora entendemos que sabes todas las cosas.'' Sí, ahora puedes ver, con tus propios ojos, que lo que era representación profética se vuelve realidad, conforme a tu obediencia de fe, y que el Señor mismo, por medio del Espíritu Santo, realmente habita en ti; por lo tanto, eres una morada de Dios.

Cuando hablamos del camino hacia la perfección, tenemos que esforzarnos por llegar al conocimiento de la voluntad perfecta de Dios y hacerla. Podríamos decir que la voluntad de Dios tiene tres escalones. Romanos 12:2 dice al respecto: “No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.'' En relación al hecho de que Dios quiere hacer morada en nosotros, podemos distinguir, claramente, estos tres escalones de Su voluntad: 

La buena voluntad de Dios la encontramos, por ejemplo, en el Salmo 132:13: “Porque Jehová ha elegido a Sion; la quiso por habitación para sí.'' Aplicando esto a tu situación: Dios anhela morar en ti, El te quiere “por habitación para sí.''

En el versículo siguiente (Sal. 132:14) vemos la voluntad agradable de Dios: “Este es para siempre el lugar de mi reposo; aquí habitaré, porque la he querido.''

Y en Hebreos 3:6 leemos: “Pero Cristo como hijo sobre su casa, la cual casa somos nosotros, si retenemos firme hasta el fin la confianza y el gloriarnos en la esperanza.'' En esto podemos reconocer la voluntad perfecta de Dios. También Zacarías 2:10-11 habla de esto: “Canta y alégrate, hija de Sion; porque he aquí vengo, y moraré en medio de ti, ha dicho Jehová. Y se unirán muchas naciones a Jehová en aquel día, y me serán por pueblo, y moraré en medio de ti; y entonces conocerás que Jehová de los ejércitos me ha enviado a ti.''

Además de hablar del futuro Israel, esta profecía tiene un significado profundo, en cuanto a la voluntad perfecta de Dios, para la Iglesia de Jesús hoy: Dios la quiere por habitación para El (la buena voluntad de Dios); según Su agrado, no solamente quiere habitar para siempre en los que ha comprado por Su sangre (la voluntad agradable de Dios), sino que dice: “Porque he aquí vengo, y moraré en medio de ti, ha dicho Jehová.'' Esta es la voluntad perfecta de Dios.

Desde este punto de vista, la exigencia del Señor, citada en Mateo 5:48, se nos hace cada vez más clara: “Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto.'' Somos exhortados a ser perfectos en amor, así como Dios es amor perfecto. Y si el Señor Jesús dice en Juan 14:23: “El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada con él'', entonces esto es ser perfectos en El, y se alcanza esta perfección porque El mora en ti. En el fondo, Pablo dice lo mismo en 2 Corintios 13:11: “Por lo demás, hermanos, regocijaos, sed perfectos, confortaos, sed de un mismo sentir, vivid en paz; y el Dios de amor y paz será con vosotros''.

Sin embargo, a muchos creyentes les falta aún una cosa. Si bien es verdad que dicen: “Oh sí, Señor, haz morada conmigo'', la mayoría no sabe lo que significa esto en realidad, no han asumido en su vida el cambio de propietario. De este punto – Dios mediante – escucharemos más en el próximo programa. ¡Qué Dios bendiga a su palabra!

El camino hacia la perfección 2/11
El camino hacia la perfección 4/11

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