Dos mandatos de la Palabra de Dios

Dos mandatos de la Palabra de Dios

Autores: Marcel Malgo y Thomas Lieth

 ¿Adónde vamos? Como cristianos deberíamos hacernos esta pregunta una y otra vez. Dios conoce nuestro futuro y tiene un plan para nosotros. ¿No quieres dejar de huir de Dios?


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 PE1856- Estudio Bíblico
Dos mandatos dela Palabra de Dios



 Hermanos y amigos, en 2 Jn. 5 y 6, leemos:„Y ahora te ruego, señora, no como escribiéndote un nuevo mandamiento, sino el que hemos tenido desde el principio, que nos amemos unos a otros. Y éste es el amor, que andemos según sus mandamientos. Éste es el mandamiento: que andéis en amor, como vosotros habéis oído desde el principio“.

El mandato del amor, el que nos tratemos unos a otros con amor genuino, es para todos los hijos de Dios. Tiene dos características:Se basa en guardar los mandamientos de Jesús. Y también:Se basa en el amor hacia el Señor.

Veamos la primera característica:El mandamiento del amor se basa en guardar los mandamientos de JesúsEl texto que citamos no solamente habla de amarse los unos a los otros, sino también de lo que este amor es, real y sustancialmente. Juan dice:„Éste es el amor, que andemos según sus mandamientos.“El amor que los hijos de Dios tendrían que tener los unos por los otros está, entonces, directamente relacionado con guardar los mandamientos de Jesús. Esto significa: Nuestro amor mutuo es una ficción, si no cumplimos la condición que nos es impuesta aquí.

Es interesante que para nuestro Señor Jesús, amor siempre tiene que ver con obediencia. Por eso, Él dice lo siguiente de nuestro amor hacia Él:„Si me amáis, guardad mis mandamientos… El que tiene mis mandamientos, y los guarda, ése es el que me ama“(así leemos en Jn.14:15 y 21). Luego, habla también de Su amor hacia el Padre:„Mas para que el mundo conozca que amo al Padre… Si guardareis mis mandamientos,permaneceréis en mi amor; así como yo he guardado los mandamientos de mi Padre,y permanezco en su amor“(así está escrito en Jn.14:31; y 15:10). Por lo tanto, si para nuestro Señor el amor está relacionado con guardar los mandamientos, no debe asombrarnos que Juan, en su segunda carta, describa con estas palabras el amor entre los hijos de Dios:„Y éste es el amor,que andemos según sus mandamientos…“  El que vive de todo corazón, con sincera devoción a Dios, el que se esmera en hacer la voluntad del Señor, el que realmente siente el deseo de vivir una vida que agrade al Señor, será capaz de amar a sus hermanos en la fe.

¿Es difícil guardar los mandamientos de Jesús? No. Pues Juan escribe en su primera carta, cap. 5, vers. 3:„Sus mandamientos no son gravosos“. Y nuestro Señor confirma esta declaración, cuando dice en Mateo 11:30:„Mi yugo es fácil, y ligerami carga.“

Veamos ahora la segunda característica:El mandamiento del amor se basa en el amor hacia el SeñorEn 1 Juan 4:20 y 21, el apóstol Juan escribe:„Si alguno dice: Yo amo a Dios, y aborrece a su hermano,es mentiroso. Pues el que no ama a su hermano a quien ha visto, ¿cómo puede amar a Dios a quien no ha visto? Y nosotros tenemos este mandamiento de él: El que ama a Dios, ame también a su hermano.“Es indudable: Nuestro amor por el Señor y nuestro amor por nuestro prójimo van inevitablemente juntos. El uno no funciona sin el otro. Jesús mismo, cuando un fariseo lo quiso tentar con la pregunta que leemos en Mt. 22:36:„Maestro, ¿cuál es el gran mandamiento en la ley?“, respondió:„Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Éste es el primero y grande mandamiento“. Y luego, el Señor añadió: „Y el segundo es semejante: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos depende toda la ley y los profetas“ (así leemos en los vers. 39 y40). Éste gran mandamiento que Jesús mismo nos comunicó, contiene entonces dos aspectos importantes y, sobre todo, inseparables: amor incondicional hacia Dios y amor desinteresado hacia el prójimo. Esto significa muy prácticamente que: Sin nuestra vida no funciona bien en el área humana, en el amor hacia el prójimo,quizás tenga que ver con que ya no esté intacto nuestro amor hacia el Señor.

Tenemos que proponernos vivir según Sus mandamientos y amarlo de todo corazón y con toda el alma. Esto nos capacitará para cumplir, verdaderamente y de corazón, el mandamiento del amor hacia nuestro prójimo.

Ahora, en la Palabra de Dios, tenemos también otro mandato: ¡Estén siempre alegres en el Señor!

En Fil. 4.4, leemos: „Otra vez os digo:¡Regocijaos!“ Pablo escribió estas palabras a la iglesia en Filipos. En aquel entonces, él estaba prisionero en Roma, por lo cual podría haberse angustiado y preguntado: „¿Cuándo estaré libre otra vez? ¿Cuándo podré seguir mi viaje?¿Cuándo y dónde podré predicar otra vez el Evangelio? ¿O será que agravarán mi pena? ¿Seré incluso, tal vez, condenado a muerte? ¿Qué pasará con la iglesia en Filipos? ¿Y cómo seguirá la obra en Roma?“ Sin embargo, Pablo no se preocupaba por estas cosas. Su carta no se caracteriza por preguntas angustiadas ni por expresiones de preocupación, sino por el gozo y el ánimo, desde el principio hasta el fin. Pablo sabía que tenía motivos para alegrarse, a pesar de su necesidad personal, persecución y enfermedad.

Nosotros, los cristianos, realmente tenemos motivos de sobra para regocijarnos. Si no lo hacemos nosotros, que somos salvos y libres, ¿quién lo hará? En el Señor, siempre podemos estar alegres. Pues Él está con nosotros todos los días (como lo prometió en Mt. 28:20). Este conocimiento es más que un consuelo, es un motivo para gozarnos. La alegría en el Señor es eterna, imperecedera e independiente de cosas externas. Por supuesto que también los hijos de Dios están sometidos a emociones cambiantes.También nosotros sufrimos necesidades y enfermedades. Sería una hipocresía andar por la vida constantemente con una sonrisa plástica. Todo tiene su tiempo, tanto la tristeza como la alegría. Sin embargo, estamos hablando de la actitud básica de nuestro corazón, de nuestro sentir.

Pablo fue perseguido, golpeado, estuvo en prisión, y sin duda, no siempre sentía ganas de reír y de cantar. A pesar de eso, irradiaba una alegría que venía del fondo de su corazón. Podía animar a otros, a pesar de estar en apuros. ¿Qué le daba la fuerza para esto? La gran fuente de fuerza: ¡la Palabra de Dios! En Neh. 8:10, leemos: „El gozo de Jehová es vuestra fuerza“. Y en Pr. 10:28: „La esperanza de los justos es alegría“.

En cada situación, lo que tenemos que recordar es qué somos y qué éramos. Estábamos perdidos y espiritualmente muertos, ¿y ahora? Dios se hizo hombre, para perdón de nuestra culpa. Él anuló la prueba de nuestra culpabilidad y nos libró de la cámara de ejecución. Somos salvos, resucitados con Jesús de los muertos para vida eterna, y en la gloria tenemos un lugar seguro junto a Jesús. Seremos revestidos con un cuerpo de gloria. ¿No es esto motivo de alegría? ¿No pesa mucho más que todas las preocupaciones de esta tierra? Lo que importa, justamente para un hijo de Dios renacido por la gracia, es hacia dónde mira. Si miro hacia atrás, el gozo quizás es limitado.Si solamente veo el ahora y el aquí, me inunda el miedo. Pero si miro al Señor y el futuro encuentro con Él, mi corazón canta.

En Ap. 21:1 al 4, dice así: „Vi un cielo nuevo y una tierra nueva… He aquí el tabernáculo de Dios con los hombres, y él morará con ellos… Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor…“. ¡No podemos sino alegrarnos cuando leemos pasajes como éste en la Biblia, y hay muchos más acerca del tema! El Señor Jesús, también le dijo a Sus discípulos: „No os regocijéis de que los espíritus se os sujetan, sino regocijaos de que vuestros nombres están escritos en los cielos“ (así leemos en Lc. 10:20). Con todo el distanciamiento de Dios que vemos en las personas que están a nuestro alrededor, y con todos los acontecimientos que cambian el rumbo de la historia y ponen al mundo en angustia y pánico, nosotros, los cristianos, tenemos motivos de sobra para alegrarnos, teniendo los ojos puestos en la eternidad y,con esto, en el encuentro con nuestro Señor y Salvador resucitado.

 

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