¿Cuándo regresará el Esposo? (3ª parte)


Autor: Norbert Lieth – Samuel Rindlisbacher

Jesucristo prometió regresar pronto a la tierra… Y desde entonces han pasado casi 2.000 años… ¿Nos habrá engañado Dios?


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PE2201 – Estudio Bíblico
¿Cuándo regresará el Esposo? (3ª parte)



Amigos, ¿cómo están? Antes de seguir adelante con el tema, quiero hacer un repaso de algunas cosas que dijimos la última vez.

Nos preguntamos si no es cierto que la carga del profeta Habacuc es de gran actualidad hoy. Porque también en nuestros alrededores reinan la injusticia y la confusión. El mal se despliega y reina en miles de facetas, en una manera brutal e intransigente. Las leyes parecen impotentes. El impío devora al justo… ¿y dónde está Dios? ¿Por qué el Señor aún no ha regresado para poner fin a esta situación?

Dios sabe lo que preocupa nuestros corazones, y nos ayuda pastoralmente en esto, a través del libro de Habacuc. Él no nos contesta con: “¿No te da vergüenza plantearme ese tipo de preguntas y hacerme reproches? ¿No te parece una impertinencia?” No, sino que Dios hizo escribir las preguntas angustiosas de Habacuc para todas las generaciones. Podemos preguntarle y sabemos que recibiremos respuesta.

“Y Jehová me respondió, y dijo…”, leemos en Habacuc 2:2. En el transcurso del libro del profeta, el Señor pacientemente da a Su siervo varias respuestas a sus preguntas.

De las mismas, queríamos enfatizar dos. En primer lugar, Dios hace ver al profeta que Él está presente. Le dice: “Mirad entre las naciones, y ved, y asombraos; porque haré una obra en vuestros días, que aun cuando se os contare, no la creeréis” (Hab. 1:5).
En aquel entonces, Dios había levantado a los caldeos (o babilonios) para realizar Su plan con ellos. Ellos son descritos como un pueblo malo, que hacía lo que quería, y que idolatraba su propio poder y su fuerza. Pero aún así, estaba bajo el completo control del Todopoderoso: “Porque haré una obra…”, dice Dios.

A través de los caldeos, Dios transformó las relaciones de poder políticas en el mundo:
Él los utilizó para enderezar a Su pueblo de Israel. Todo servía al plan de salvación de Dios, con el objetivo principal de la primera venida de Jesucristo.

Más adelante vivieron grandes profetas judíos en Babilonia, como ser Daniel y Ezequiel. De esta región también vinieron los magos de oriente, para ver al recién nacido Rey de los judíos (como leemos en Mateo 2). Ellos, probablemente, estarían informados sobre la venida del Rey por los escritos de Daniel.
Nadie habría pensado que el pueblo indómito, autoritario y destructor de Babilonia, en definitiva tendría que servir a Dios, y que un Nabucodonosor tendría que doblegarse ante el Dios de Israel. Un día, todo el mundo deberá reconocer que el Dios de Israel es el Dios verdadero. O ¿acaso creemos que en la actualidad eso sea distinto, cuando se trate de Europa y América, o de Medio Oriente? ¡Ciertamente no! – Y lo mismo pasa en lo personal: Quizás también para usted, el mundo, en este momento, esté de cabeza. Usted se encuentra en una situación que le agobia, y no tiene respuesta alguna. Pero una cosa es segura: Dios ha permitido, o incluso causado, ciertas circunstancias en su vida, para que esto sirva a un fin determinado.

Y ahora, veremos cuál es la segunda respuesta de Dios a Habacuc:
En el capítulo 2:2 y 3 leemos: “Y Jehová me respondió, y dijo: Escribe la visión, y declárala en tablas, para que corra el que leyere en ella. Aunque la visión tardará aún por un tiempo, mas se apresura hacia el fin, y no mentirá; aunque tardare, espéralo, porque sin duda vendrá, no tardará”.

Estas palabras eran un anuncio de juicio para castigar a los caldeos. El juicio vendría sobre ellos con toda seguridad, aunque todavía no se veía nada de ello. – A la larga, Dios no tolera la injusticia. Él intervendrá y traerá justicia, pero a Su tiempo. Hasta entonces, todo sirve para un fin determinado.

Lo mismo ocurre hoy con el último libro de la Biblia: Si bien el libro del Apocalipsis ha sido escrito y concluido, aún falta su cumplimiento. Aunque actualmente las cosas parezcan tomar un rumbo diferente, y hasta pudiéramos llegar a dudar del cumplimiento de los anuncios divinos, este seguramente no faltará. De modo que el Señor, otra vez se nos acerca en forma pastoral a través del libro de Habacuc y nos dice lo siguiente (y aquí nos permitimos parafrasear Habacuc 3:2): “Sí, es verdad que las profecías del Apocalipsis todavía esperan su tiempo determinado, pero aún así se apresuran hacia el fin, no mienten, sino que llegarán y se cumplirán. Es seguro que llegarán y que no faltarán, aun cuando tarden.” Muy similar es lo que leemos en el libro mismo del Apocalipsis, en el capítulo1:3: “Bienaventurado el que lee, y los que oyen las palabras de esta profecía, y guardan las cosas en ella escritas; porque el tiempo está cerca”.

Sin embargo, cuando haya llegado el tiempo determinado, “ya no habrá dilación” (como leemos en Apocalipsis 10:6, en la versión de la Biblia de las Américas). Entonces, el tiempo de la gran tribulación se acercará a su fin, y eso muy rápidamente: “La revelación de Jesucristo, que Dios le dio, para manifestar a sus siervos las cosas que deben suceder pronto”, leemos en Apocalipsis 1:1. Y Lucas 18:8 dice que “pronto les hará justicia”. Sí, el Señor vendrá pronto, cuando los acontecimientos del Apocalipsis comiencen: “E inmediatamente después de la tribulación de aquellos días…”, leemos en Mateo Mt. 2
4:29.

Hasta el momento de Su apocalipsis, Dios, en Su gracia, muestra gran paciencia; Él espera, mientras revela Su poder en el área espiritual, salvando pecadores y estableciendo la Iglesia. Con respecto a este tiempo de espera, Pedro nos da una explicación similar a la que recibió Habacuc: “El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento” (2 Pedro 3:9).

Al principio, Habacuc no podía comprender a su Dios. Pero el Señor contestó sus preguntas y, repentinamente, todo cobró sentido. La concepción de tiempo de Dios es distinta a la nuestra, tiene otras dimensiones. Sin embargo, el momento de Su intervención vendrá, y hasta entonces el mundo no está a la deriva. Todas las relaciones de poder, los desplazamientos políticos globales y las transformaciones sociales, llegarán a tener sentido. Dios se contiene para intervenir. En el tiempo intermedio hasta la intervención del Señor, sin embargo, el justo vivirá por la fe (según Habacuc 2:4). Al final tendrá lugar el tiempo de tribulación, en el cual Dios castigará a las naciones, destruirá al anticristo, salvará a Israel y enviará a Su Ungido. De este modo, todo finalmente desembocará en un triunfo sinfín del Señor, y todos los redimidos Lo adorarán.

Como Iglesia de Jesús, sabemos que antes de mandar los juicios de la gran tribulación, el Señor vendrá para arrebatar al cielo a Su Cuerpo, cuyos miembros somos nosotros. ¡A Él – no a los juicios – lo estamos esperando! También para nosotros en nuestra espera tienen validez las palabras de Habacuc: “Porque es seguro que vendrá y no faltará.”

¡El Señor viene – Maranata!

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