Cristo, Nuestra Pascua (3 de 3)

Título: CRISTO, NUESTRA PASCUA ( 3 DE 3)

Autor: Fredi Winkler
PE1393

Los Evangelios relatan que Jesús subió a Jerusalén para la fiesta de Pascua, para morir en ese determinado momento. Es como si Dios, una vez más, quisiera llamar la atención de Su pueblo al verdadero Cordero de Pascua.


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Es un verdadero placer saludarles queridos amigos oyentes, y como se dijo en la introducción hacer un resumen del tema que venimos tratando: 

Recordemos que Jesús subió a Jerusalén para la fiesta de Pascua, para morir en ese determinado momento. Y esto nos hace pensar que es como si Dios, una vez más, hubiera querido llamar la atención de Su pueblo al verdadero Cordero de Pascua. La Pascua es la primera y quizás también la más importante de las siete fiestas del Señor. Ella nos hace recordar la salvación del pueblo de Israel de la esclavitud de Egipto. Y es única en toda la Escritura, pues ilustra claramente el significado que tiene la sangre para Dios. Jesús dio a entender que la fiesta de Pascua tiene todavía un significado y un cumplimiento profético futuro, y que el acontecimiento de aquel entonces en Egipto solamente era una imagen de la verdadera salvación, que tendrá su cumplimiento completo en el tiempo en que se establezca el Reino de Dios.

En Egipto, la sangre de los corderos salvó de una manera maravillosa a los primogénitos israelitas de la muerte física. Sin embargo, la sangre del Hijo de Dios tiene un significado y una fuerza que van mucho más allá. No nos salva de la muerte física, sino de una muerte aún mucho más terrible, espiritual y eterna. Para todos los que creemos en Jesús, Su sangre ha llegado a ser la señal de que Él ha tomado sobre sí el castigo en nuestro lugar. Y de la misma manera en que el Señor pasó de largo, en Egipto, frente a las casas de los israelitas en las cuales vió los postes y el dintel untados con sangre, concederá Su gracia a los que se refugien en Jesús y permanezcan en Él, guardando Sus mandamientos y obedeciéndole.

La muerte de Jesús en la cruz era el plan de Dios para la salvación de la humanidad del poder de Satanás. Y, por supuesto, el diablo quería impedir la realización de este plan. Por esta razón, no es correcto cargar la responsabilidad de Su muerte a determinados culpables. La causa de la muerte de Jesús la encontramos únicamente en nuestro pecado, que entró a este mundo por la desobediencia del hombre frente a Dios. La caída del hombre en pecado no fue una sorpresa para Dios, sino que Él conocía esta tragedia de antemano y ya había tomado las medidas correspondientes. El plan de salvación, que ya existía desde el principio, se destaca proféticamente de una manera maravillosa en la Pascua de Egipto. La imagen del cordero llega a ser la señal de la protección de la muerte. Pero incluso este acontecimiento, fue solamente un reflejo, una imagen de la salvación que Dios obró a través de Su Hijo, el Cordero de Dios, cuando llegó el cumplimiento del tiempo determinado para esto.

La muerte vence a la muerte. Puede ser que esto nos parezca contradictorio, pero ése fue el camino en el cual el plan de Dios, para la salvación de la humanidad del poder de Satanás y de la muerte, fue realizado. Solamente por Su propia muerte, Jesús, podía quitar el poder a aquél que tenía el poder de la muerte, o sea, al diablo. Y a través de Su muerte y resurrección, Jesucristo ha llegado a ser el Juez de toda la humanidad, de los vivos y también de los muertos. Este grandioso hecho es un punto central en el Evangelio. Según la Escritura, solamente los que obedecen a Jesucristo por la fe serán guardados del juicio venidero, así lo dice Hebreos 5:9:„… y habiendo sido perfeccionado, vino a ser autor de eterna salvación para todos los que le obedecen”. Este texto nos muestra claramente que la obediencia a nuestro Señor es de importancia decisiva para nuestra salvación eterna.

Todas las fiestas del Señor tienen un significado profético y simbólico, por el cual podemos echar un vistazo a la obra de salvación de Dios para con los hombres. De esta manera, el cordero de Pascua es una imagen profética acertada que nos muestra a Jesús, quien se convirtió en Cordero de Dios por nosotros, para quitar el pecado del mundo.

El éxodo de los hijos de Israel de la esclavitud de Egipto es, también, una clara imagen del futuro arrebatamiento de los creyentes. Los israelitas tuvieron que abandonar Egipto repentinamente. Y en la Biblia Egipto es una imagen del mundo pecaminoso. En vista de ese acontecimiento, el arrebatamiento podría tener lugar en una fiesta de Pascua, así como ya tres de las fiestas del Señor encontraron su cumplimiento profético exactamente en su fecha bíblica.

Continuando ahora con el mensaje, vemos que uno de estos cumplimientos es la muerte de Jesucristo, la cual también ocurrió en una fiesta de Pascua. Pero vamos ahora a una pausa musical y luego retomamos este tema.

Decíamos antes de la pausa que uno de los cumplimientos proféticos de la Pascua, que tiene lugar exactamente en su fecha bíblica, es la muerte de Jesucristo, la cual también ocurrió en una fiesta de Pascua. La resurrección de Jesús cayó precisamente en el día en que se ofrecían las primicias de las gavillas cosechadas. Y también el derramamiento del Espíritu Santo tuvo lugar en una fiesta bíblica, la Fiesta de las Semanas, que es Pentecostés.

Según la tradición judía, el Mesías vendría en una fiesta de Pascua. Incluso podemos confirmar que esto ya pasó; tal como el profeta Zacarías lo había predicho, Jesucristo entró en esa fecha a la ciudad de Jerusalén bajo el júbilo del pueblo, cabalgando sobre un pollino de asna. Luego Jesús lloró sobre Jerusalén porque ésta no había conocido el tiempo aceptable de su visitación. Aun hoy, todavía, los judíos tradicionales mantienen libre un asiento en la mesa de la cena de Séder, y dejan abierta la puerta para dar la bienvenida al profeta Elías, el cual, según su creencia, anunciará la venida del Mesías.

En la destrucción del faraón de Egipto y de su ejército, vemos otro aspecto del futuro acontecimiento de la venida del Mesías para establecer Su Reino. Luego del arrebatamiento, en el regreso visible de Jesús, vendrá también el fin de Satanás, de la misma manera como encontraron su fin el faraón y su ejército, cuando los israelitas salieron de Egipto. Sin embargo, antes de ser destruido, el faraón intentó hacer volver a los israelitas para que siguieran sirviéndole como esclavos. Como redimidos por el Señor, también nosotros tenemos que contar con que el adversario intentará hacernos volver a él. Sin embargo, la forma de actuar de Dios en Pascua nos muestra de una manera impresionante que no tenemos que tener miedo. Así como Él obró a favor de Israel, Dios luchará también por los redimidos del Nuevo Pacto.

Estemos siempre conscientes de que el Señor no nos salvó para liberarnos y nada más. Jesús quiere liberar a las personas de la servidumbre de Satanás y del pecado, para que Le sirvan a Él. Éste fue también el propósito de la redención de Israel. Pero vemos ya por el relato del becerro de oro que los israelitas pronto se desviaron de esta meta suprema. Ese fracaso debería servirnos de advertencia, ya que demuestra claramente nuestra debilidad humana.

Veamos ahora, porqué existe una diferencia de fecha entre la Pascua cristiana y la judía.

Las fiestas de Pascua, cristiana y judía, caen casi siempre en la misma semana, pero no en el mismo día. ¿De dónde viene esta diferencia? La fiesta de Pascua instituida en la Biblia tiene que ser celebrada en la noche del día 14 del primer mes (Nisán). Como el calendario judío se rige por la luna y cada mes comienza con la luna nueva, el día 14 del mes siempre está en la luna llena. Por eso, la Pascua puede caer en cualquier día de la semana. Los primeros cristianos, que provenían mayormente del judaísmo, celebraban la muerte y la resurrección de Jesucristo juntamente con la Pascua judía. Pero en los siglos tres y cuatro, hubo una discordia en cuanto a la fecha del 14 de Nisán. Los cristianos opinaron que la Pascua siempre se tendría que celebrar un domingo, el primer día de la semana, en el cual Jesús resucitó. Así que se eligió el primer domingo después de la luna llena.

Tampoco la Pascua judía corresponde a la fiesta de resurrección, sino al día en que Jesús murió en la cruz (Viernes Santo). El día de la resurrección cayó, según los relatos de los evangelistas, en el primer día de la semana, después de la Pascua, en el cual se celebraba la tercera fiesta del Señor, según Levítico 23:11. Era la fiesta en la cual se presentaban a Dios las primicias de las gavillas.

Pero la fecha no tiene que ser de tanta importancia para nosotros, sino el mensaje espiritual de esta fiesta, que encontramos en Col. 2:16 y 17:“Por tanto, nadie os juzgue en comida o en bebida, o en cuanto a dí as de fiesta, luna nueva o días de reposo, todo lo cual es sombra de lo que ha de venir”, y en, y en 1 Co. 5:7, donde dice:” Porque nuestra pascua, que es Cristo, ya fue sacrificada por nosotros”.

Cristo, Nuestra Pascua (2 de 3)
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