Consecuencias de la recaída y proseguir a la meta

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Autor: William MacDonald

Es importante distinguir entre el perdón de los pecados y las consecuencias de los pecados. Aunque es cierto que las consecuencias del pecado son costosas, es también cierto que Dios es un Dios de restauración.

 


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PE2135 – Estudio Bíblico
Consecuencias de la recaída y proseguir a la meta



¿Cómo están amigos? Habíamos dicho la vez anterior que: La fe se aferra al perdón como una realidad, y olvida el pasado, excepto como una sana advertencia para no apartarse otra vez del Señor.
Pero, no nos olvidemos que también debemos experimentar: LAS CONSECUENCIAS DE LA RECAÍDA

Por lo dicho hasta ahora, podría surgir la idea de que un cristiano puede pecar y salirse con la suya. En otras palabras, todo lo que ha de hacer es confesar el pecado y abandonarlo. Suena a demasiado fácil. Por eso, es importante volver a distinguir entre el perdón de los pecados y las consecuencias de los pecados. En cuanto al perdón, ya hemos observado que hay dos clases: el judicial y el paterno.
(a) Cuando alguien confía en Jesucristo como Señor y Salvador, recibe el perdón judicial de sus pecados. Esto significa que Dios, como Juez, lo perdona sobre la base de la obra de Cristo en el Calvario. El pecador que cree nunca tendrá que pagar la pena de sus pecados, por cuanto el Salvador la pagó en la cruz.
(b) Cuando un creyente peca, y después confiesa sus pecados, recibe el perdón paterno. Esto significa que Dios, como su Padre, lo perdona y restaura a la comunión en la familia (como leemos en 1 Jn. 1:9).

Pero, debemos también recordar que el pecado tiene consecuencias, y que a veces estas consecuencias persisten a través de la vida, y prosiguen hacia la eternidad. Esto se puede ilustrar en las vidas de personajes bíblicos:

(a) Abraham se casó con Agar durante un periodo de recaída y desaliento. Sus descendientes (los ismaelitas) han sido acerbos enemigos del pueblo terrenal de Dios desde aquel entonces.

(b) Como resultado de su recaída, Lot perdió a su mujer, a sus yernos, su testimonio, y casi su misma vida. También vino a ser padre de los moabitas y amonitas, crueles enemigos del pueblo de Israel.

(c) Sansón perdió su castidad, libertad, testimonio, vista, y finalmente su misma vida.

(d) Noemí perdió a su marido y a sus dos hijos, que murieron en tierra extraña.
(e) David fue perdonado por sus pecados, pero le fue demandada la cuádruple restauración por el asesinato de Urías. Posteriormente murieron cuatro de sus hijos:
(1) Murió el bebé nacido de Betsabé.
(2) Amnón murió en manos de Absalón.
(3) Absalón fue muerto por Joás y sus hombres.
(4)Adonías fue muerto por Benaías.

Dios dijo a David que la espada jamás se apartaría de su familia, y nunca se apartó. A David no le fue permitido edificar el Templo debido a su fracaso.

Las consecuencias de su pecado persisten hasta el día de hoy. Por su recaída, dio gran ocasión de blasfemar a los enemigos del Señor. Los ateos en la actualidad siguen blasfemando contra Dios por llamar a David un hombre según Su corazón, después que David actuase tan malvadamente.

¿Quién puede jamás medir las consecuencias de la recaída? Por ejemplo, el tiempo perdido fuera de la comunión con Dios. La pérdida de la recompensa ante el Tribunal de Cristo.

¿Y qué hay de la influencia del recaído sobre otros? ¿Cuántos no habrán tropezado por su mal ejemplo? ¿Cuántos padres no han vivido para ver su pecado repetido en su familia? ¿O para ver a sus hijos apartados de la fe cristiana? ¡Qué precio se ha de pagar por un breve momento de pecado!

¿Y qué hay de las oportunidades desperdiciadas? Ninguna lágrima puede jamás recuperarlas.

¿Quién puede describir el remordimiento del recaído? ¿Quién puede hablar de las convulsiones de su conciencia? ¿Quién conoce la contaminación de mente y espíritu que reaparece durante los momentos más sagrados de la vida?

Todas estas cosas nos recuerdan que un cristiano no puede pecar sin un gran costo. Sigue siendo cierto aquello que «de sus caminos recibirá hartura el necio de corazón» (como dice Pr. 14:14). Y sabemos por la Escritura y por la experiencia que «todo lo que el hombre siembre, eso también segará».

Pero, hay que: PROSIGUIR A LA META

Aunque es cierto que las consecuencias del pecado son costosas, es también cierto que Dios es un Dios de restauración. Anhela ver al recaído restaurado y levantándose por encima de todos los fracasos del pasado, y viviendo una vida llena del Espíritu. ¿Cómo puede el cristiano conseguir esto? ¿Cómo puede estar seguro de que no cometerá otra vez el mismo error?

1. Lo primero que debería hacer es limpiar su vida de una manera completa. Esto puede incluir quemar ciertos libros, librarse de ciertos objetos que formen hábitos nocivos, destruir todo aquello que pueda estimular los deseos pecaminosos. Incluso cierto tipo de ropa puede conducir a asociaciones impuras. Judas dice que debemos aborrecer el vestido manchado por la carne. Aferrarse a cosas materiales que estimulan malos deseos, revela la insinceridad en el arrepentimiento o la ignorancia acerca de la propia capacidad de resistir a la tentación.

2. Lo segundo que se debe hacer para mantener la comunión es confesar constantemente todo pecado. Tan pronto como uno se hace consciente del menor mal en su vida, debería llevarlo al Señor, llamar aquello por su nombre, y juzgarlo en Su presencia. Debe haber quebrantamiento en cuanto a esto; una continua disposición a ponerse del lado de Dios contra el pecado y contra el ego.

3. Luego debería haber una plena entrega de la propia voluntad al Señor. Esto comienza como una experiencia de crisis, pero prosigue como un hábito constante. Hay fuerza y seguridad en estar rendido a la voluntad de Dios, sea cual fuere. Cuando afirmamos nuestra propia voluntad, nos adentramos en una zona de peligro.

4. Y desde luego, el creyente ha de leer y obedecer a diario las Escrituras. De esta manera quedamos advertidos contra los tropiezos, somos conducidos de manera positiva y somos fortalecidos contra las tentaciones que nos sobrevienen. No es suficiente con leer la Palabra o escucharla. Debemos estar listos para hacer todo lo que el Señor nos dice. Esta actitud de profundo sometimiento a las Escrituras es indispensable.

5. La oración ha de ser, asimismo, una fuerza viva y vital, en la vida del creyente. Básicamente, la oración es hablar con Dios. Es tomarle en cada área de nuestras vidas, buscar Su conducción y reconocer Su Señorío. La oración debería incluir el constante clamor de Mt. 6:13: «No nos metas en tentación, mas líbranos del mal».

6. Otra influencia santificadora en la vida del cristiano es la asistencia regular a las reuniones de la asamblea local. La asociación con otros creyentes resulta en edificación y fortalecimiento. Asimismo, la rememoración constante del Salvador en la Cena del Señor es un poderoso freno al pecado.

7. El creyente debería también tratar de mantenerse ocupado para el Señor. La tentación es más intensa en los momentos de ocio, cuando la mente está en estado neutro y el cuerpo excesivamente adormecido. De modo que hay protección en aprovechar bien el tiempo para el Señor, haciendo lo que nuestras manos encuentren para llevar a cabo (como dice Ecl. 9:10).

8. También es importante que el creyente se ponga en una situación en la que tenga que confiar en el Señor. Somos llamados a vivir por fe. Pero, esto es algo que exige una acción deliberada de nuestra parte. Lo natural es vivir por vista, poner a nuestro lado tesoros sobre la tierra, acumular reservas, apoyarnos en seguridades y muletas financieras. Andar por fe significa que estemos contentos con tener alimento, vestimenta, y un lugar donde vivir, y que invirtamos todo lo demás en la obra del Señor, y confiemos en Él para el futuro.

9. Finalmente, el cristiano que quiere evitar la recaída debería andar humildemente delante del Señor todos los días de su vida (como leemos en Is. 38:15). No hay una solución “de una vez por todas” al problema de vivir una vida cristiana victoriosa. Sino que, como dice Pr. 3:5 y 6, es un andar constante, en humilde dependencia del Señor.

1 Comment

  1. JHON DEL TORE dice:

    Muy bueno 🙂

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