Caleb – Su Lucha (1ª parte)

Caleb

Su Lucha

(1ª parte)

Autor: Esteban Beitze

En medio de la noche oscura de la incredulidad, desazón y cobardía, aparece una luz que ilumina el camino, que da confianza y seguridad. Es un hombre que, en medio de la oposición y grandes retos, demostró ser un líder íntegro, capaz y perseverante. Ese hombre fue Caleb. Hoy, como nunca antes, la mies del Señor requiere de creyentes y, sobre todo, de líderes firmes, íntegros, que sirvan de ejemplo para otros. Caleb lo fue, tú también lo podrás ser. ¿Estarás dispuesto a ser usado por Dios?


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En este recorrido en la vida de Caleb, hoy trataremos el tema: Caleb – Su Lucha, y arrancamos con un primer punto titulado: La petición

Hacía 45 años, el pueblo se había acobardado frente al reto de conquistar la tierra prometida, debido al reporte de los diez espías que habían hecho el siguiente comentario: “También vimos allí gigantes, hijos de Anac, raza de los gigantes, y éramos nosotros, a nuestro parecer, como langostas; y así les parecíamos a ellos” (así leemos en Nm.13:33). Pero ahora, la nueva generación ya había entrado en la tierra y hacía siete años que venían luchando por conquistarla completamente. Y es ahí que aparece en escena, una vez más, Caleb. Este hombre se pone al frente del pueblo y del líder Josué. En Jos.14:6, 9 y 10, y 12 al 15 vemos como él presenta una petición muy llamativa: “…Tú sabes lo que Jehová dijo a Moisés, varón de Dios, en Cades-barnea, tocante a mí y a ti… Moisés juró diciendo: Ciertamente la tierra que holló tu pie será para ti, y para tus hijos en herencia perpetua, por cuanto cumpliste siguiendo a Jehová mi Dios. Ahora bien, Jehová me ha hecho vivir, como él dijo, estos cuarenta y cinco años, desde el tiempo que Jehová habló estas palabras a Moisés, cuando Israel andaba por el desierto; y ahora, he aquí, hoy soy de edad de ochenta y cinco años… Dame, pues, ahora este monte, del cual habló Jehová aquel día; porque tú oíste en aquel día que los anaceos están allí, y que hay ciudades grandes y fortificadas. Quizá Jehová estará conmigo, y los echaré, como Jehová ha dicho. Josué entonces le bendijo, y dio a Caleb hijo de Jefone a Hebrón por heredad. Por tanto, Hebrón vino a ser heredad de Caleb hijo de Jefone cenezeo, hasta hoy, por cuanto había seguido cumplidamente a Jehová Dios de Israel. Mas el nombre de Hebrón fue antes Quiriat-arba; porque Arba fue un hombre grande entre los anaceos. Y la tierra descansó de la guerra”.

Al llegar a los 85 años, tenía razón de sobra para descansar de sus campañas y exigir simplemente que le entregaran un lindo y tranquilo rincón ya conquistado. Seguramente nadie se lo hubiera negado. Pero no fue así. Siguió firme en la lucha. Pidió que se le diera una zona montañosa donde Hebrón era la ciudad principal, a unos 32 kilómetros al sur de Jerusalén. No era cualquier región, no era cualquier ciudad. ¡Era nada menos que la región de los anaceos, los gigantes que hicieron llorar de angustia al pueblo entero cuando se enteraron de su presencia! Esos gigantes vivían en la zona montañosa al oeste del Jordán, donde ya la geografía de por sí hacía difícil la conquista, sin mencionar lo poderosos que eran. Si recordamos el tamaño de Goliat y el peso de la armadura que llevaba, fácilmente nos podremos imaginar lo que habrá sido tener que enfrentar a un pueblo como el de ellos.

¿Por qué Caleb eligió justamente esta tierra? Existen 3 razones: buscaba el lugar de la experiencia con Dios, de la comunión con Dios y de las promesas de Dios. Vamos a analizar estas razones después de la pausa musical.

Ahora sí, analicemos la primera razón: Buscaba el lugar de la experiencia con Dios

Uno podría decirle a Caleb: “¿No te esforzaste y sufriste lo suficiente? Deja que ahora lo hagan los más jóvenes. Disfruta del resto de tu vida con tranquilidad y paz”. Pero ésta no era la actitud de Caleb. Él era consecuente con su testimonio. No eran meras palabras las que dijo al volver de espiar la tierra: “Si Jehová se agradare de nosotros, él nos llevará a esta tierra, y nos la entregará; tierra que fluye leche y miel. Por tanto, no seáis rebeldes contra Jehová, ni temáis al pueblo de esta tierra; porque nosotros los comeremos como pan; su amparo se ha apartado de ellos, y con nosotros está Jehová; no los temáis”. Él tenía la fe y la iniciativa para conquistar la tierra. Y ésta era la petición que hizo.

Algunos son muy rápidos de lengua en prometer hacer muchas cosas, pero cuando les toca cumplirlas salen corriendo. Justamente éste fue el caso de Pedro. Le dijo a su amado Maestro que estaba dispuesto a ir con Él a la cárcel o inclusive hasta la muerte si fuera necesario. Pero, sólo poco tiempo después, lo estaba negando frente a una criada. Muchos son los que dicen lo que habría que hacer para que la situación de la iglesia mejore, pero cuando se les pide que lo hagan, se esconden detrás de muchas excusas. Caleb no era así.

Él había experimentado a Dios al recorrer la tierra. Lo había experimentado al dar testimonio de ella y tener que enfrentar al pueblo entero, pero también quería experimentar al Señor en la conquista de la misma. ¡Cuántas preciosas experiencias con Dios se pierden aquellos que no se involucran en la obra de Dios! Sin lugar a dudas habrá luchas y problemas, pero la experiencia de ver a Dios actuar en medio de todo eso y dar fruto es algo que hace ver insignificante la oposición que pudo haber existido. La experiencia de caminar con Dios era algo único que él había experimentado y no quería perder por nada en este mundo. ¡Haz lo mismo y experimentarás a Dios!

Veamos la segunda razón de porqué Caleb eligió esa tierra:

Buscaba el lugar de comunión con Dios

¿Por qué Caleb quería Hebrón a toda costa? Si había preciosas y fértiles llanuras, lugares donde había leche y miel, ¿por qué no elegir la bella llanura de Sarón o la fértil llanura del Jordán? ¿Por qué elegir un lugar escarpado, montañoso y además muy defendido por poderosos enemigos?

Hebrón significa “comunión”, “unión”. Era el lugar donde Abraham había levantado su tienda y, de tanto cultivar la comunión con Dios, fue llamado “amigo de Dios” (así lo podemos leer en Gn.13:18). Caleb buscaba este lugar de comunión y unión cercana con Dios. No es que Caleb no pudiera tener comunión con Dios en otro lugar. De hecho, es evidente que sí la tenía. Pero quería estar en el lugar donde Dios ya se había manifestado, donde había crecido espiritualmente su ancestro Abraham. Fue en este lugar que Abraham fue justificado por la fe que tenía, y en donde tuvo un diálogo fluido con el Señor.

Él anhelaba este lugar de reunión con Dios. Le pasaba como a los hijos de Coré, de los cuales leemos en Sal. 84:1,2 y 4 que cantaban: “¡Cuán amables son tus moradas, oh Jehová de los ejércitos! Anhela mi alma y aun ardientemente desea los atrios de Jehová. Mi corazón y mi carne cantan al Dios vivo… Bienaventurados los que habitan en tu casa; perpetuamente te alabarán”. Y en los vers. 5 al 7 sigue diciendo: “Bienaventurado el hombre que tiene en ti sus fuerzas, en cuyo corazón están tus caminos. Atravesando el valle de lágrimas lo cambian en fuente, cuando la lluvia llena los estanques. Irán de poder en poder; verán a Dios en Sión”. ¿No tenemos ahí la clave del poder de Caleb? En la comunión con el Señor, en Su presencia, recibía la fortaleza para soportar tantos problemas y enfrentar a los más poderosos enemigos.

Ahí se encuentra la clave para una vida victoriosa. Esta vida sólo es posible en el lugar de comunión con el Señor. Pero para esto hay que tomar una decisión. Tiene que haber una prioridad. En su momento, Lot eligió la fértil llanura del Jordán donde se encontraban las ciudades de Sodoma y Gomorra, cuya perversión tan grande las llevó a la destrucción. En cambio, Abraham se quedó, justamente, en la zona de Hebrón (como leemos en Gn.13). La elección de los hijos de Coré fue, según dice en el Sal. 84, vers. 10 al 12: “Porque mejor es un día en tus atrios que mil fuera de ellos. Escogería antes estar a la puerta de la casa de mi Dios que habitar en las moradas de maldad. Porque sol y escudo es Jehová Dios; gracia y gloria dará Jehová. No quitará el bien a los que andan en integridad. Jehová de los ejércitos, dichoso el hombre que en ti confía”.

Esta fue la experiencia de Abraham, de Caleb y de muchos otros, pero también puede ser la tuya. Para eso se requiere una decisión: “quiero estar en la presencia de Dios”; “voy a buscarla a toda costa, y va a ser mi prioridad”. Por esto Dios te pregunta: ¿no estarás descuidando tu altar diario, ese tiempo de comunión a solas con el Señor estudiando la Biblia y orando? ¿Realmente amas el estar en la casa de Dios, en el lugar de reunión y comunión con Dios y otros hermanos? Existen muchas cosas que fácilmente nos quitan la vista de estos dos aspectos de la comunión con Dios. Pero cuanto más los descuidemos, menos tendremos el poder que experimentaba Caleb y la bendición que obtuvo Abraham.

Caleb – Su Servicio (3ª parte)
Caleb – Su Lucha (2ª parte)

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