Una vida para la gloria de Dios – Parte 2

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Continuamos hablando con Marianne Rauter, una sobreviviente de la Segunda Guerra Mundial. Marianne nos cuenta sobre las cosas difíciles que tuvo que vivir luego de la guerra, como el abandono de su esposo y fallecimiento de su nieto. Aún así, nos anima a que vivamos para la gloria de Dios, porque es su gracia la que nos sostiene en los momentos más difíciles. Te invitamos a conocer más de su testimonio y de cómo continúa sirviendo al Señor hoy, con 86 años.


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EA0991 – Entre Amigas –
Una vida para la gloria de Dios – Parte 2



Entrevista a Marianne Rauter

Laura: Bienvenidas, amigas, a una nueva edición de Entre Amigas. Como les adelantábamos en la edición pasada, estuvimos conversando con Marianne Rauter, quien nos contaba un poco acerca de su origen alemán y de cómo llegó aquí a Uruguay, donde nos encontramos hoy. Para los que quizás no pudieron escuchar el programa anterior les recordamos que Marianne tiene 86 años y ha servido al Señor durante toda su vida. Marianne nos contaba un poco acerca de los obstáculos que ha tenido que sobrellevar, pero el resumen de toda su vida es que la gloria de todo lo que ha vivido es para el Señor, porque es su gracia la que la ha sostenido. Gracias, Marianne, por acompañarnos nuevamente.

Marianne: Gracias por la oportunidad de poder honrar al Señor y agradecerle por su gracia para conmigo. Todos los días yo le agradezco mucho al Señor por todo lo que Él nos da. No merecemos nada, pero por su gracia es que somos lo que somos.

Laura: Exacto, Marianne. Estábamos hablando en la edición pasada un poco acerca de tu familia y de tus hijos, y hay una parte de la historia que de pronto es muy dolorosa y con la que muchas personas se podrían sentir identificadas. Tú nos contabas la edición pasada que tenías tres hijos, y tenías también un nieto al que sé que amabas mucho y que el Señor se lo llevó siendo muy joven. Me imagino que eso debe haber sido un impacto muy fuerte en tu vida, ¿no?

Marianne: Sí, muy fuerte, y más fuerte aún para mi hija, ese hijo era todo lo que ella tenía. Era un hijo especial, era todo amor. Él se crio acá conmigo, lo que más le gustaba de chiquito era arrimarse a mi cama, apenas caminaba ya venía a estar conmigo. Cuando estaba enfermo él se agarraba de mí y ponía su frente contra mi frente para tener seguridad, porque le venían a veces convulsiones, lo que le daba mucha angustia, entonces él se aferraba a mí. Cuando era más grande y ya trabajaba, todos los días me llamaba a la hora del almuerzo. “¿Cómo está mi abu?” Era muy cariñoso. Me escribía poemas, me dejaba papelitos, siempre me decía “sos la más maravillosa del mundo”, “sos la mejor cocinera”. Era un buen muchacho, gracias a Dios.

Laura: Y también era un joven que servía al Señor, Marianne, ¿no?

Marianne: Sí, ellos iban por los barrios con otros jóvenes para evangelizar a las personas que todavía no conocían del Señor. Fue justo después de una de esas reuniones, cuando él volvía para Montevideo, que pasó el accidente.

Laura: Fue un accidente de tránsito en el que el Señor se llevó a tu nieto a su presencia. Marianne, ¿cómo encontraste consuelo y paz en el Señor? Porque tal vez, de las personas que nos están escuchando, hay algunos que se encuentran en una situación similar. Hay muchas personas que pierden a sus hijos, a sus nietos, a sus seres queridos jóvenes. Creo que los seres humanos estamos más preparados para perder a los que son mayores que nosotros, pero nunca para perder a los que son más jóvenes y menos todavía a las generaciones que vienen después de nosotros. ¿Cómo encontraste fuerza en el Señor para poder superar eso y cómo pensás que eso podría ayudar a otras personas que están pasando por esa situación?

Marianne: Bueno, nunca voy a entender por qué el Señor se llevó a mi nieto siendo tan jovencito y sirviendo al Señor. Pero por la gracia de Dios, Él nos da el consuelo, tanto a mi hija como a mí. El Señor nos maravilla con su presencia, con su ayuda. Él es soberano. Quizás Dios quería guardarlo de muchos dolores en esta vida y quería llevarlo a su lado. Estamos muy seguros de que él está mejor que nosotros, gozando ya en la presencia del Señor. Creo que Dios vio que eso era lo mejor.

Laura: Marianne, qué importante eso que decías de la soberanía de Dios, de entender que lo que nosotros creemos que es bueno no siempre es lo mejor. Dios tiene sus planes y Dios tiene sus designios eternos. En ellos, a veces, nosotros podríamos hasta llegar a pensar que ciertas cosas son malas, o que no son buenas para nosotros, pero Él sabe lo que es bueno, lo que es lo mejor para nosotros. Por cierto, creo que un pasaje que nos viene muy bien para este momento es aquel de Romanos 8:28 que dice “Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien”. La realidad es que no dice que a los que aman a Dios todas las cosas les salen bien, sino que todas las cosas les ayudan. Y de alguna forma, aún en medio del dolor y de las dificultades, el Señor sabe. A veces el propósito del Señor es hacernos más fuertes, es ayudarnos a confiar más en Él, es enseñarnos que lo que tenemos en este mundo no es nada, porque las personas hoy están y mañana no, pero el que siempre está es el Señor. Él nos quiere enseñar eso, nos quiere enseñar a depender solo de Él y a que nuestro corazón sea suyo. A veces hasta el desprendimiento de una persona tan querida como un nieto o como un hijo nos puede llevar a los pies del Señor, a confiar en Él, a poner toda nuestra esperanza solamente en Él. Qué linda esa esperanza de la cual nos contabas, Marianne, que es la esperanza de la vida eterna, de saber que algún día ya no vamos a estar en este mundo, pero vamos a estar en la presencia del Salvador, vamos a gozar la eternidad con aquel que nos amó, que nos salvó.

Marianne: Eso es, exactamente, estaremos eternamente con Jesús, gracias a Dios.

Laura: Creo que no debe de haber ninguna esperanza más grande que esa para nosotros. Marianne, en tu vida también has servido mucho al Señor y has tenido la oportunidad de compartir el evangelio con muchísimas personas. Has servido compartiendo el evangelio en los hogares de ancianos, en hospitales, y en muchos lugares más. ¿Te gustaría contarnos poco acerca de esa experiencia, de servir al Señor de forma tan cercana a las personas?

Marianne: Sí. Al principio yo enseñaba clases de niños al aire libre, en los barrios donde no se conocía el evangelio. Todas las semanas iba con láminas, con figuras, con historias bíblicas. Tenía muchas clases de niños. Después empecé a servir en el hospital. Íbamos un grupo los domingos al hospital, los que iban me pasaban los contactos que habían hecho y en la semana yo los visitaba. Hasta hace muy poco yo enseñaba la Palabra en el hogar de ancianos que está a media cuadra de la iglesia, pero ahora ya no puedo ir debido a la enfermedad del COVID-19. Así que por ahora no sé cuándo podré ir y darles la Palabra.

Laura: Es verdad, porque estamos grabando este programa en tiempos de coronavirus, en tiempos de pandemia mundial y en tiempos en los que las iglesias están sin servicios, en tiempos en los que es muy difícil poder evangelizar. No podemos entrar a los hospitales, no podemos ir a los hogares de ancianos, no podemos salir. Pero bueno, como hablábamos antes, el Señor también tiene el control de esto y Él sabe lo que hace. Mientras tanto, el Señor sigue permitiendo que su Palabra llegue a las personas por otros medios. Por internet, por la radio, por tantos lugares que permiten que la Palabra llegue a muchos lugares del mundo a pesar de estos tiempos de dificultad. Qué lindo que es, Marianne, que tengas esa experiencia de poder compartir tantos años el evangelio. Me imagino que habrás visto a muchas personas conocer al Señor en todos estos años, ¿no?

Marianne: Uno anhela verlos a todos convertidos, eso lo sabe Dios, pero lo que es una gran arma que Dios me mostró es lo que encontramos en 1 Timoteo 5:5, que dice: “Mas la que en verdad es viuda y ha quedado sola, espera en Dios, y es diligente en súplicas y oraciones noche y día”. Esto es ahora mi ministerio, la oración, orar por todos estos lugares, por todas estas personas, por las que han escuchado y por las que todavía no conocen. Yo oro también para que recuerden los coritos que aprendían desde niños, porque con la melodía se graba más, por eso siempre trataba de enseñarles coritos bien evangelísticos. Esto les queda.

Laura: Qué bueno que otras personas que también son mayores, y en estas épocas en las que servir al Señor en la calle ya no es tan fácil, que es la limitación que tenemos hoy pero en otros momentos podemos estar limitados por otras cosas como por enfermedad o por edad, pero qué lindo esto que nos compartís de este servicio espiritual que podemos darle al Señor y a los santos a través de la oración y de la intercesión. Tú me contabas, Marianne, y me gustaría que se lo cuentes a los oyentes también, que tenés un cuaderno de oración.

Marianne: Sí, es una libreta donde tengo todos los contactos y todos los motivos de oración, me ayuda a recordar.

Laura: Allí tenés los pedidos de oración y las personas por las cuales orás, ¿no?

Marianne: Sí, son unas cuantas páginas.

Laura: Qué lindo servicio, Marianne. Muchas gracias por el tiempo que has compartido con nosotros.

Marianne: Gracias a ti, por el tiempo que me dedicaste a mí.

Laura: No, por favor, es una bendición poder estar contigo. Tal vez podemos cerrar con una reflexión para las personas que nos están escuchando acerca de cómo podemos encontrar nuestro refugio en el Señor. Tal vez hay personas que nos están escuchando y que no conocen a este Señor del que les hablamos, que no saben quién es Cristo, no entienden por qué nosotros podemos encontrar esperanza aún en medio del abandono, en medio de la pérdida de un familiar, en medio de la guerra, en medio del dolor, de la enfermedad. ¿Cómo es que nosotros podemos encontrar gozo en medio de todo esto? Otros podrían preguntarse qué es esto de la vida eterna y de que este mundo se acaba pero que después vamos a estar con el salvador. ¿Qué podríamos decirles, Marianne, a estas personas que nos escuchan y que se están haciendo esas preguntas en este momento?

Marianne: No hay nada más grande que tener a Cristo en el corazón como nuestro salvador. La paz que Él da sobrepasa todo. Lo peor que nos puede pasar es la muerte, pero si tenemos a Cristo y hemos sido perdonados, hemos sido lavados con la sangre de Jesús, hemos sido hechos ciudadanos del cielo, hijos de Dios, y cuando morimos vamos con él, donde vamos a estar mucho mejor que acá, la muerte no es tragedia. La muerte no es tragedia para el verdadero creyente. Si usted no conoce a Cristo como el salvador, él dice en su Palabra “He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta”, el corazón, “entraré a él”. Le dará el perdón de sus pecados, le dará una vida nueva, una vida eterna, y el compañerismo, la comunión con él día a día, en todas las situaciones Cristo está presente. Nuestro padre celestial está allí, cuidándonos, protegiéndonos, guiando nuestra vida. Todo está en sus manos, no tenemos por qué preocuparnos de nada, Él dirige todo. Lo más grande de este mundo es pertenecer al Señor Jesucristo por la fe en él y en su sacrificio en la cruz, ser hechos hijos, hijas de Dios para toda la eternidad.

Laura: Gracias, Marianne, por esas palabras hermosas, y gracias por tu testimonio que nos has compartido. Que el Señor siga bendiciendo tu vida y que te siga usando para su gloria, para seguir intercediendo y orando por todos.

Marianne: Solo para su gloria. Si no es para su gloria no. A mi muchas veces me gustaría ya irme con el Señor, porque es tan lindo lo que nos espera que uno a veces ya quisiera irse. Hay un himno en alemán que es muy precioso, dice “déjame ir para que pueda ver a Jesús. Mi alma anhela grandemente rodearte y estar contigo”.

Gracias por la oportunidad que me dieron, que sea para la gloria de Dios.

Laura: Amigas, las invitamos a que continúen en la escucha de Entre Amigas porque les traeremos mucho más programa.

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