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Hablamos con la maestra, pastora y profesora de seminario Sandra Mora sobre cómo instruir a nuestros hijos en la Palabra de Dios. Nos da muchos ejemplos prácticos acerca de nuestras actitudes y ejemplo, así como consejos para llevar a una nueva generación a Cristo. Te invitamos a conocer más de lo que dice la Biblia sobre este tema.


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EA760 – Entre Amigas –
Dirigiendo a nuestros hijos – Parte 1



Entrevista a Sandra Mora

Victoria: Amigas, continuamos y hemos llegado al momento de la entrevista. Hoy vamos a estar hablando de un tema bastante práctico. Nos visita nuestra amiga Sandra, ella es maestra y además está pastoreando junto con su esposo, Esteban, la iglesia Pan de Vida, con muchísimas actividades, y es profesora de seminario también. ¿No es así, Sandra?

Sandra: Sí. Buenos días, primero que nada. Y sí, tengo unos cuantos roles, como las mujeres solemos tener. Es una bendición poder servir a Dios en varias actividades, hace ya 20 años que estoy pastoreando y trabajando con la familia, trabajando con padres, con niños, y en la educación, tanto secular como la cristiana también. Así que es una bendición poder practicar ese servicio para el Señor y poder compartir de las experiencias que uno ha tenido, por este medio. Es una bendición estar aquí.

Victoria: ¡Qué bien! Es un gusto tenerte con nosotros, Sandra. Hoy vamos a estar hablando acerca de la enseñanza de la Palabra de Dios en los niños. Hay tantas madres que buscan que sus hijos sean personas de bien, y tal vez no están muy cerca de la iglesia o de la Biblia. ¿Qué les podemos decir a todas esas madres?

Sandra: ¡Qué responsabilidad! No es que haya una receta, pero la Biblia, la Palabra de Dios, nos da una dirección en todo esto. Cuando uno va a enseñar, es bueno enseñar fundamentado en la Palabra, y justamente traje para compartir un versículo que está en Proverbios 22:6, que dice: “Instruye al niño en su camino, y cuando fuere viejo no se apartará de él.” Y traje otra versión que lo aclara un poco más. Dice así: “Dirige a tus hijos por el camino correcto, y cuando sean mayores, no lo abandonarán”. Esa versión me encantó porque habla de dirección, y habla de los hijos específicamente. Nos desafía a comenzar en casa. A veces están esos mitos, esas frases que dicen: “Yo quiero que a mis hijos le enseñen en la escuela, o en la escuela bíblica.” Pero la enseñanza comienza en el hogar, en la casa. Y es ahí cuando tenemos que aplicar esa palabra, y por supuesto que los padres tenemos que haber conocido a Jesús, haber tenido una experiencia personal con Jesús para poder transmitir, enseñar e instruir.

Victoria: Y también transmitir a través del ejemplo, ¿no?

Sandra: Claro, justamente. No es solamente venir con la Biblia y decir: memorizá este versículo. No, tiene que ver con una práctica. A los niños no se los puede engañar. Si uno ama a alguien, si, en el caso de la mamá, ama al esposo, eso se ve. Se ve en la casa, se ve en las palabras, y se ve en las acciones. Hay prácticas cotidianas que tienen que ver con instruir al niño en su camino, como, por ejemplo, orar antes de comer. Esas prácticas están, por su puesto, en la Palabra de Dios, y tienen que ver con la convivencia, la paz, la reconciliación, el perdón, eso tiene que estar en la casa, tiene que estar en el hogar, porque está en la Palabra de Dios, y la Palabra se vive. ¿Qué mejor manera de enseñarla que viviéndola? Viviéndola de una manera simple, en la que los niños pueden ver que es algo genuino, que Dios es importante para los padres, entonces, al ser importante, lo que dice la Biblia pasa a ser importante. Y por lo tanto se practica.

Victoria: Hablabas de algunas herramientas. Hablabas del perdón, hablabas de una manera de vivir esas enseñanzas, que cuando los hijos crecen y se van, tiene un impacto bastante fuerte. Una cosa que no dijimos es que estás trabajando en el área de ayuda a las personas con adicción, y cuántos de esos jóvenes que llegan, además de no haber tenido una instrucción en la Palabra, han tenido todo lo contrario, no han tenido instrucción.

Sandra: No han tenido ninguna instrucción con respecto a la Palabra del Señor y los principios. Porque la Biblia tiene principios, tiene valores, que muchas veces no están en los hogares. Principios de amor y disciplina. Justamente en estas familias, lo que hemos visto es la falta de dirección de los padres a los hijos. Como los padres no están mucho en su casa, están trabajando, no hay tiempo de calidad con ellos. Entonces cuando los padres llegan a su hogar le dan todo a los niños. No hay límites, no hay un “no”. Como no están en todo el día, les permiten que hagan lo que quieran.

Victoria: Y no les falta nada, ¿no?

Sandra: No les falta nada, pierden la capacidad de desear algo. Nosotros como padres siempre tenemos que ir a la práctica. A lo genuino, a lo que sale del corazón. Tenemos que ser, no padres perfectos, pero sí padres que reconozcan sus errores, que puedan tener ese tiempo de calidad con sus hijos del que hablábamos, que los puedan escuchar y que la Palabra de Dios esté presente en todo momento. Porque hay un tema que es la “excesiva espiritualidad”, la religiosidad. Leer la Palabra, memorizarla, está bien, siempre y cuando esté acompañada de la acción. Si el niño ve otras cosas en sus padres, otras actitudes, otras palabras, otros hechos, esa Palabra se está enseñando de una manera religiosa.

Debe dedicarse un tiempo a leer la Palabra, en conjunto con lo demás. Por lo general, en la noche. Ese momento antes de dormir es cuando se les puede hablar de la Biblia a los hijos, enseñarles acerca de la Palabra. Tenemos libros ilustrados con historias bíblicas que podemos compartir en la noche. También podemos compartir la Palabra cuando estamos comiendo, cuando estamos juntos en la mesa. Justamente en Deuteronomio la Palabra nos dice: “Amarás a Jehová con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas. Y estas palabras que yo te mando hoy estarán en tu corazón, y las repetirás a tus hijos. Hablarás de ellas estando en tu casa, por el camino, al acostarte y al levantarte.” Está hablando de algo cotidiano, de una Palabra que es viva, que ayuda en los problemas diarios, que cuando ese niño tenga que enfrentar cosas en el día sepa que la Palabra de Dios es eficaz, que no es solamente un libro que está allí sobre la mesa de luz, sino que es una palabra viva. Justamente, en lo práctico es bueno que en una casa haya una biblioteca donde haya muchos libros cristianos, que el niño tenga su propia Biblia, hay Biblias que son de colores, hay Biblias disponibles en el celular o en la Tablet, hay Biblias habladas, pero el libro me gusta mucho más y los empuja a pensar, a razonar. Es bueno que en la casa esté la Biblia, hablada, leída, o cantada, podemos tener tiempos de alabanza, y son formas de instruir al niño desde pequeño. Con el ejemplo, con las palabras, con las acciones, que la Biblia esté presente en todo lugar.

Victoria: Una cosa interesante que leíamos en el pasaje es que incluso dice que lo repitamos “en el camino”, a veces ponemos la excusa de que no tenemos tiempo porque los padres tenemos que trabajar, tenemos mil cosas para hacer, pero aquí dice en el camino, mientras estamos andando.

Es un poco de lo que estábamos hablando, el relacionar la Palabra de Dios con las cosas que hacemos cotidianamente.

Sandra: Sí, seguro. Tiene que ver con conocer y aplicar la Biblia constantemente. Aún a los adultos nos cuesta aplicar la Palabra del Señor. Sabemos la Palabra, la memorizamos, la enseñamos, pero no la explicamos, no la hacemos parte. Cada vez que hay una situación difícil en nuestra vida, nos supera y no pensamos acerca de lo que dice la Biblia acerca de cómo resolver esa situación. Tengo un conflicto, bueno, la Biblia dice que hay que perdonar. Entonces en vez de estar pensando en otra cosa, voy a ver lo que dice la Palabra de Dios. De esa manera es que podemos enseñar de una manera práctica lo que Dios dice.

Victoria: Muy bien, vamos a continuar conversando de este tema con Sandra en el próximo programa, y a las amigas les decimos que comiencen a aplicar esto que estuvimos aprendiendo, porque hay ojitos que nos están mirando todo el tiempo.

Sandra: Es muy bueno tener una dirección para esto. No todo es tan ideal como lo pintamos a veces, no tenemos todo el tiempo, no tenemos el hogar ideal, a veces hay problemas en el matrimonio, en la familia, pero Dios nos dice en la Palabra que tenemos que confiar, que tenemos que creer, y si hay algo que no ha estado funcionando bien, si hay algo que no les hemos estado enseñando a nuestros hijos, tenemos que replantearnos, evaluar nuestra vida. Como dice el pasaje que leíamos al comienzo, instruir al niño en el camino es para que cuando sea grande no se aparte de él. Un anhelo del Señor es que haya generaciones próximas que le sigan, que nuestros hijos le sigan cuando sean grandes. Ese es el anhelo de todo padre, de toda familia. Entonces lo que hay que hacer es sembrar. Pasa el tiempo, y los padres pueden confiar en que la Palabra de Dios se cumple, que eso que se sembró no es en vano. Por eso, cuando los corazones están tiernos, cuando son pequeños es cuando hay que leerles la Palabra y llevarlos a la casa del Señor.

Victoria: ¡Qué importante que es la escuela dominical entonces! Hay tanta gente que cuenta que iba a la escuela dominical porque le daban pan con dulce y la leche, pero en determinado momento de su vida, apareció una canción que aprendió en la escuela dominical, apareció una historia y fue de esperanza para ellos.

Sandra: Es cierto, hay muchos testimonios así. Incluso en mi propia vida. Yo cuando era niña fui invitada a una escuela bíblica para cantar canciones, y ahí se hablaba de la Palabra y se contaban historias. Después de que pasó el tiempo, cuando era adolescente, escuché de la Palabra y me recordó todo lo que había escuchado de niña. Entonces eso de la escuela bíblica, los que trabajan con niños en lugares carenciados o en cualquier lugar, nunca hay que despreciar ese trabajo porque es muy importante, porque los niños nunca se van a olvidar. Más aún en los primeros 3 a 5 años de vida. Es cuando uno se forma, y es como que nuestro corazón está blandito, y todo lo que entra, entra profundamente. Entonces, si la palabra llegó en esos primeros años, muy difícilmente salga. Por eso los que tienen niños cerca, las abuelas, las madres, algún familiar, algún vecino que quizás no tiene hijos, pero tiene un vecinito que es un niño, que puedan compartir la Palabra, porque no es en vano. Es una siembra para generaciones posteriores. En Malaquías la Biblia habla de una descendencia para Dios. O sea que el instruir al niño en su camino tiene que ver con extender el reino, tiene que ver con una descendencia para Dios. Por eso cada vez que tú le estás enseñando a un niño, sea tu hijo o no, estás preparando a una generación para Dios. Así que no es poca cosa instruir. Y para hacerlo debemos conocer la Palabra del Señor, la tenemos que aplicar, y la tenemos que compartir. Y que eso sea algo genuino en nosotros.

Victoria: Hablabas de cuando las situaciones no son las mejores. Hoy tal vez hay alguna madre, o alguna amiga que nos está escuchando, y dice que ya no puede volver al Señor. ¿Tenemos consejos para ellas?

Sandra: Sí, claro. Siempre hay esperanza, siempre hay cosas nuevas para hacer. Primero tenemos que arrepentirnos de nuestra situación, admitir que nos hemos equivocado, y empezar.

Victoria: Y vamos a continuar con todos esos consejos en el próximo programa de Entre Amigas, así que las invitamos a que se queden por ahí. Muchas gracias, Sandra, por acompañarnos. ¡Hasta la próxima!

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