Cuestionamientos a la Biblia disfrazados de piedad (2ª parte)

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Autor: Michael Kotsch

En estos últimos años se han desarrollado en círculos cristianos diversas formas de objetar la Biblia. Se plantean cuestionamientos muchas veces disfrazados de piedad, que desvalorizan la Palabra de Dios. ¿Cuáles son esas críticas o ataques que se le hacen a las Escrituras desde las filas del cristianismo? ¿Cuánto de razón tienen en lo que señalan?


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PE2637 – Estudio Bíblico
Cuestionamientos a la Biblia disfrazados de piedad (2ª parte)



¿Qué tal, amigo? Al comenzar en el programa anterior con el tema de los cuestionamientos a la Biblia disfrazados de piedad, vimos en primer lugar que muchos cristianos dicen amar la Biblia, pero si preguntamos un poco más descubrimos que casi no la leen y no tiene importancia para ellos en las decisiones diarias. Otra de las formas de discrepancia bíblica disfrazadas de “piedad” que vimos, consistía en servirse de las afirmaciones de Jesús en contra de las de los apóstoles. Dijimos que detrás de ello no hay una fe especialmente profunda, sino más bien una tentativa de esquivar de forma elegante las declaraciones del Nuevo Testamento que escandalizan a la sociedad secular de nuestros días, pues muchas de las enseñanzas que irritan a la gente no están en los Evangelios, sino en las cartas de los apóstoles. Por ejemplo, el rechazo a la homosexualidad, la sumisión de la mujer, la exclusividad del oficio de anciano para los hermanos varones calificados, la disciplina de los niños, y algunos otros temas. Esquivar las explícitas declaraciones de la Biblia, haciendo una deshonesta referencia a Jesús, debe ser denunciado con toda claridad como un ataque a las Escrituras.

Ahora, una tercera forma de atacar la autoridad de Las Sagradas Escrituras es contraponer el Espíritu Santo y la Escritura. Se dice que “Dios guía a sus hijos de manera individual y personal. Por eso es un peligro limitarlo a lo que está escrito en la Biblia”. Por el profundo anhelo de una guía individual de Dios, muchos cristianos ya no se contentan con las enseñanzas generales y fundamentales de la Biblia. Bajo el lema de 2 Corintios 3:6, que dice que “la letra mata, mas el espíritu vivifica”, la sencilla fe en la Biblia es cuestionada con dureza, incluso a favor de una supuesta comunicación directa con Dios. Tanto para las decisiones diarias como para las grandes cuestiones de la vida, se esperan indicaciones celestiales directas. Se ignora de manera consciente la exhortación a actuar con responsabilidad y las claras indicaciones bíblicas, por ejemplo, acerca de la elección del cónyuge o la ética laboral.

Es cierto, amigo, que a veces, esta búsqueda de confirmaciones de parte de Dios, nace de una genuina y profunda inquietud espiritual. Pero en la mayoría de los casos, disimula una inseguridad espiritual, un miedo a la responsabilidad personal o una exagerada ambición del espíritu, al creerse uno imprescindible para la obra de Dios. Sin embargo, cuando las señales externas y las voces internas ocupan el lugar de la Palabra de Dios, la búsqueda de una guía individual se va degenerando en una disfrazada objeción a la Biblia. Y lamentablemente cada vez más los cristianos evangélicos ponen sus fundamentos en profecías especulativas, en supuestas confirmaciones obtenidas en circunstancias favorables o en dudosos llamamientos; incluso cuando representan una evidente contradicción con la enseñanza bíblica.

Resumiendo este punto, amigo, otra forma de ataque supuestamente “piadoso” contra la Biblia consiste en dar más peso a las revelaciones privadas, supuestamente recibidas de parte de Dios, que a las sencillas indicaciones de las Sagradas Escrituras. Una y otra vez, esto lleva a incompatibles contradicciones entre la autoridad de Dios y su Palabra con las voces internas, cuyo origen no puede verificarse con seguridad. Sin embargo, el fundamento para la toma de decisiones de cada cristiano debe ser siempre el clarísimo consejo de la Palabra de Dios, que reclama, con gran razón, ser de validez universal para todos los hombres. La presunta guía de Dios, más allá de la Palabra, no puede estar en contradicción con el fundamento escrito. Detrás de las profecías privadas se esconden, en muchos casos, los deseos, anhelos y miedos propios, además de lo que se espera que suceda, aun si se contradice con las comprensibles directivas bíblicas.

Al cuarto ataque a la Escrituras lo llamaré “el poder de los sistemas”. Se suele escuchar por ahí una frase como esta: “Como sabemos que Dios enseña la predestinación (o por el contrario, la libertad de elección), debemos comprender este pasaje bíblico de tal o cual manera”. Cuando uno observa de manera más cercana a los cristianos evangélicos que se consideran fieles a la Biblia, puede darse cuenta de que muchas veces se orientan más por cierta concepción teológica que por la misma Palabra de Dios. Por supuesto, los esquemas teológicos pueden ayudar a sistematizar y comprender mejor las múltiples afirmaciones de la Biblia. Cuando, en la búsqueda de explicaciones, uno comienza a seguir una cierta línea teológica, de repente todo se ve con más claridad. Con la ayuda de algunos dogmas básicos, parece que todos los pasajes se dejan interpretar y entender de manera correcta. Pero se pasa por alto el hecho de que aun el mejor sistema teológico no es una representación fiel de la Biblia, sino tan solo una construcción humana. Resulta evidente que Dios no se reveló en un libro de dogmática, lo cual podría haber hecho sin problema alguno, aunque no lo consideró necesario.

Guiarse por sistemas teológicos establecidos, lleva a los creyentes a centrarse con mucha facilidad en los detalles, que si bien se prestan para interminables discusiones, apenas cambian algo en sus vidas concretas. Además, existe el peligro de clasificar a otros cristianos como buenos o malos, como fieles o desobedientes a la Biblia, tan solo por su conformidad con el sistema teológico adoptado. La vida de los demás cristianos y la justificación de cierta enseñanza bíblica terminan despreciándose, porque el propio modelo interpretativo se ha convertido en una norma absoluta.

Los cristianos que se rigen por un marco teológico corren el peligro de leer la Biblia siempre a través de determinados lentes teológicos. Muy pronto, la Palabra de Dios se comienza a usar para confirmar una concepción teológica propia, convirtiéndose uno en defensor del dispensacionalismo, del calvinismo, del dogma menonita o carismático. Pero en lugar de esto, mi amigo, sería mucho mejor permanecer como un sencillo lector de la Biblia, para el cual siempre quedarán cuestiones sin resolver, por estar estas más allá de todas las tentativas de sistematización humana. Primera de Corintios 13:9 dice: “En parte conocemos, y en parte profetizamos”. La lógica o sistema propio no debe prescribir el significado de un versículo bíblico concreto.

Sería bueno que los cristianos aprendiéramos a vivir con el hecho de que no todas las afirmaciones bíblicas pueden catalogarse y sistematizarse con certeza (Job 38). A veces, los creyentes no comprendemos la complejidad de las manifestaciones de Dios u olvidamos que se reserva el derecho a no comunicar todo a sus hijos terrenales. En Mateo 24:36 el Señor Jesús les dice a sus discípulos: “Pero del día y la hora nadie sabe, ni aun los ángeles de los cielos, sino solo mi Padre”. Es evidente que la Biblia se limita a revelar todo lo que los cristianos deben entender acerca de la fe y la vida. Muchos otros conocimientos interesantes son omitidos.

Concluyendo este otro punto, amigo, podemos afirmar que otra de las formas de cuestionamiento piadoso a la Biblia consiste en poner, de manera consciente o inconsciente, la Palabra de Dios al mismo nivel que un sistema teológico de nuestra preferencia. Sin embargo, aun los mejores conceptos dogmáticos son meras construcciones humanas y no la verdad revelada por Dios. Nunca deberíamos reinterpretar el claro significado de un versículo bíblico para hacerlo compatible con un sistema teológico. Por el contrario, es necesario admitir la limitación del propio concepto, sin negar su utilidad en otros momentos. Ningún cristiano está obligado a optar por un único enfoque teológico, eligiendo por ejemplo entre el calvinismo y el arminianismo, si encuentra fundadas afirmaciones en la Biblia que permiten ambas visiones.

Le invito a acompañarme en el próximo programa para continuar viendo otros cuestionamientos frecuentes que se le hacen a la Palabra de Dios.

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