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Autor: Norbert Lieth

El ser perfeccionados en amor es una de las características de quienes caminan con el Señor y le esperan. Este amor no termina y refleja la misma esencia de Dios. En este programa hablaremos del amor que libera del miedo y cómo ponerlo en práctica.


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PE2516- Estudio Bíblico
Amor: Lo que nos falta todavía para el Arrebatamiento (6ª parte)



El amor, su vigencia y su relación con el miedo

Dios es amor y el amor viene de Él, por lo tanto, este es eterno e imperecedero. El amor es lo que Dios es. “El amor nunca deja de ser; – dice 1 Corintios 13:8 y continúa- pero las profecías se acabarán, y cesarán las lenguas, y la ciencia acabará”. ¿No quisiéramos comenzar a practicar el amor?

Recordemos el pasaje de Romanos 13:10 al 12 que estamos analizando en ésta serie, dice: “Así que el cumplimiento de la ley es el amor. Y esto, conociendo el tiempo, que es ya hora de levantarnos del sueño; porque ahora está más cerca de nosotros nuestra salvación que cuando creímos. La noche está avanzada, y se acerca el día. Desechemos, pues, las obras de las tinieblas, y vistámonos las armas de la luz”. Amigo, practicar el amor quiere decir desechar todas las “obras de las tinieblas”. Las “obras de las tinieblas” incluyen también todo lo que echa sombras sobre el amor. ¿Hay alguna sombra en la relación con su prójimo? Quizás lo disimula, pero ahí está y le pesa. Algunos dicen: “Yo no puedo amar”.

El pastor y autor, Wilhelm Busch, cuenta una anécdota al respecto: En el siglo pasado, vivía en Wuppertal un comerciante de cuero. Él era un buen consejero. Una vez llegó un joven a su taller y le dijo: “Si Jesús me preguntara: ¿tú me amas?, no le sabría responder. Mi corazón está muy frío”. El comerciante le respondió: “Amigo, entonces ¡haz la pregunta al revés! Pregunta a tu Salvador: ¿Tú me amas?” Hubo un largo silencio. Y de repente el rostro del joven comenzó a brillar. Y brotó en él el amor, ese amor que Jesús tiene hacia nosotros, y este amor encendió su corazón.

Por otro lado, podemos decir que el amor libera del miedo. En 1 Juan 4:18 y 19 leemos “…en el amor no hay temor, sino que el perfecto amor echa fuera el temor; porque el temor lleva en sí castigo. De donde el que teme, no ha sido perfeccionado en el amor. Nosotros le amamos a él, porque él nos amó primero». ¡Cuán grande es pues el significado que se le atribuye al amor!

Ahora bien, ¿cómo es este mundo en el cual estamos puestos para amar?
Leí un relato sobre una señora en Berlín, ya entrada en años, que vive una vida solitaria. No le gustan los perros, porque en el pasado fue mordida por uno. Sin embargo, se acostumbró a sonreírle a cada perro con el cual se cruza. Cuando se le preguntó por qué lo hacía, respondió: “Es mi truco. De esta manera recibo algunas veces una sonrisa del dueño e incluso de vez en cuando una palabra amable. Me tratan amablemente porque sonrío a sus perros”. ¡Qué imagen tan triste de nuestra sociedad! Esta señora hace todo para conseguir por lo menos una mirada amable, para recibir un poco de atención y para que de vez en cuando alguien le dirija una palabra.

Nuestro texto en Juan 4 quiere llamar nuestra atención a las siguientes verdades: La primera es que el amor está en relación directa con la venida de Jesús. Nuevamente vemos que el amor está estrechamente ligado con la venida de Jesús: “para que tengamos confianza en el día del juicio”, dice el versículo 17 de Juan 14. En la carta a los Romanos 14:10 encontramos la misma idea: “Pero tú, ¿por qué juzgas a tu hermano? O tú también, ¿por qué menosprecias a tu hermano? Porque todos compareceremos ante el tribunal de Cristo”. Por lo que vemos, la falta de amor será un criterio que se tendrá en el tribunal de Cristo.

En segundo lugar entendemos que quien ha creído el amor de Dios, se esfuerza por ponerlo en práctica. 1 Juan. 4:16-21 dice “Y nosotros hemos conocido y creído el amor que Dios tiene para con nosotros. Dios es amor; y el que permanece en amor, permanece en Dios, y Dios en él … El que ama a Dios, ame también a su hermano”. Quien ha conocido el amor de Dios, cree el amor de Dios, ama a Dios y hará todo lo posible para amar a sus hermanos. De lo contrario, confirma lo que dice el versículo 20: “Si alguno dice: Yo amo a Dios, y aborrece a su hermano, es mentiroso. Pues el que no ama a su hermano a quien ha visto, ¿cómo puede amar a Dios a quien no ha visto?

En la revista cristiana Perspektive leí la siguiente reflexión: Creemos de la Biblia solamente lo que aplicamos en la práctica. Si no logramos cumplir el mandamiento más importante: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Lv. 19:18), entonces no nos sirve de nada cumplir los detalles menos importantes de la Palabra de Dios. Los fariseos cometían el grave error de poner todos sus esfuerzos en los puntos de menor importancia, pero descuidaban los mandatos determinantes. Transgredían precisamente la Ley que creían defender”.

Hay cristianos que siguen sus propias leyes no bíblicas, leyes que ellos mismos construyeron basándose en algunos versículos bíblicos fuera de contexto. No toman en cuenta el mensaje completo de la Escritura referente a cierto tema. Se concentran en querer encontrar algo en el prójimo que no esté en de acuerdo con su propia norma legalista. Están constantemente en exploración, dando vueltas por encima de la iglesia, así como un ave de rapiña orbita en el aire sobre su presa. Y cuando descubren algo, se precipitan directamente sobre la presa. Hacen comentarios indirectos, reparten notas o folletos, colocan algo en el buzón, escriben insolentes correos electrónicos o atacan fríamente y sin corazón. Ellos mismos han caído en el error de creer cumplir la Palabra de Dios con su actuar. No se dan cuenta que son ellos mismos los fracasados y que un día deberán rendir cuentas. Su fruto es asustar, ahuyentar y expulsar, en vez de reunir. Su propia transgresión de la Ley es la falta de amor, ellos son los fariseos del cristianismo.

Anteriormente hablamos del amor que ahuyenta el temor. Pero el amor también nos quita el miedo ante Dios. Leíamos en 1 Juan 4:18 hablando sobre quien teme que “… no ha sido perfeccionado en el amor. Nosotros le amamos a él, [a Dios] porque él nos amó primero”. ¿Cuándo comenzó la dificultad del hombre para conocer el amor de Dios? Comenzó con la caída del hombre. Con el primer pecado apareció el miedo a Dios y la pérdida del conocimiento de Dios. Pero como Dios se acercó nuevamente a nosotros a través de Jesús, se restableció la relación con Él. El amor, obrado por el Espíritu de Dios, es la señal de que un ser humano ha sido renovado a fondo, y por esta razón, no tiene que temer más el tribunal de Dios. El amor produce confianza y echa fuera el miedo al juicio de Dios.

El que todavía tiene miedo al juicio de Dios, teme el castigo. Esto se debe a que aún no ha sido reconciliado con Dios, no ha experimentado el amor de Dios en Jesús y aún no se ha refugiado en él. El político cristiano alemán, Volker Kauder, lo expresa con estas palabras: “Lo contrario de la fe es el miedo. Mucha gente tiene miedo porque no tiene ningún ancla donde poner a salvo su vida». Quien ama a Dios, no puede al mismo tiempo esconderse de Él con miedo. Quien teme el castigo, no vive completamente en el amor. Vive aún en el pecado, sin haber recibido el perdón, por eso teme el castigo. Pero el amor transforma todo: la relación con Dios y con ello también la relación con el prójimo.

Mi buen amigo, el Doctor Markus Bourquin, es psicoanalista, psicoterapeuta y especialista en medicina interna. En cierta ocasión me dijo:
En más de mil horas de tratamiento psicoanalítico y con ayuda de otro psicoanalítico, he intentado cambiarme y he buscado mi autorrealización. Mi deseo más importante de poder amar verdadera y profundamente, no se realizó. Pero a partir del momento en que me abrí al amor de Dios, sentí que era capaz de poder amar desinteresadamente.


Si desea puede adquirir el libro sobre el que está basada esta serie de programas.


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