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Una Pequeña Ciudad en Judá y el Reino Venidero 
(1ª parte)

Autor: Marcel Malgo

  En el momento en que Jesús vio la luz del mundo en Belén, la “casa del pan”, Él se convirtió en el cumplimiento literal de ese nombre. Miqueas 4 y 5 nos habla de esta pequeña ciudad en Judá que cambió drásticamente al mundo, y de lo que Cristo, el Rey de Israel, hará a favor de Su pueblo durante los mil años de su reinado.


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PE2002 – Estudio Bíblico
Una Pequeña Ciudad en Judá y el Reino Venidero
(1ª parte)



Queridos amigos oyentes: Miqueas 4 y 5 hablan del maravilloso futuro de Israel y de cuando se instaure el reino. Basándonos en Apocalipsis 20:4, lo llamamos el reino de mil años. El período de tiempo desde Miqueas 4:1 hasta 5:14 es enorme: abarca el nacimiento de Jesús en Belén, el tiempo del Rey Sedequías (el último rey de Judá), el cautiverio babilónico, y los acontecimientos del reino de mil años.

Miqueas 4 describe las características del reino (vs. 1 al 5) y como éste fue establecido (vs. 6 al 13). Miqueas 5 trata de un punto culminante inigualable. Porque en este capítulo se nos narra, en pocas palabras, toda la historia de la Navidad, el nacimiento del Rey (v. 1). Y los versículos 2 al 14 muestran lo que Cristo, el Rey de Israel, hará a favor de Su pueblo durante los mil años de su reinado. Estudiemos detalladamente los dos capítulos.

Cap. 4, vers. 1- El “Monte” es el Monte Sión, la “Casa del Señor” es el templo del reino de mil años. (Podemos informarnos más sobre este templo en Ezequiel 40 al 42.) Los “pueblos” que fluyen cual río hacia el Monte Sión, son las naciones de esta tierra.

Cap. 4, vers. 2 – Miqueas explica que durante el reino de mil años, Jerusalén será el centro ético-moral y religioso de la tierra.

Cap. 4, vers. 3 y 4 – El reino será un reino de justicia, paz y seguridad.

Cap. 4, vers. 5 – En el reino de mil años, Israel no servirá a los ídolos, sino que servirá exclusivamente a su Dios – el Dios de Israel.

Cap. 4, vers. 6 al 8 – Israel regresará de la dispersión al reino (podemos comparar con Is. 11:11 al 16).

Cap. 4, vers. 9 y 10 – El regreso comienza después del cautiverio babilónico.

Cap. 4, vers. 11 al 13 – Aquí se describe la forma en que será establecido el reino, después del asalto apocalíptico de las naciones contra Jerusalén. – Este asalto termina con la batalla de Armagedón (podemos comparar con Ap. 16:16).

Cap. 5, vers. 1 – Probablemente, hable aquí del Rey Sedequías, a quien los enemigos le sacaron los ojos durante la invasión babilónica.

Cap. 5, vers. 2 – Belén es mencionada como la ciudad natal del gran Rey.

Cap. 5, vers. 3 – El Mesías librará al pueblo de Dios. Pero hasta que llegue ese momento, Dios prepara a Su pueblo para esto, a través del juicio. Es entregado a sus enemigos hasta el nacimiento del Mesías. Después, el resto, o sea el remanente de sus hermanos, regresará a los hijos de Israel.

Cap. 5, vers. 4 y 5a – El dominio del Mesías será un dominio de paz y seguridad: Él pastoreará a Su pueblo en el poder del Señor, el mismo habitará confiado y Él será su paz.

Cap. 5, vers. 5b y 6 – El Mesías se ocupará del bienestar de Su pueblo cuando éste sea atacado por los enemigos. Esos enemigos son representados aquí por los asirios. Siete pastores y ocho príncipes se presentan contra los enemigos. El número siete representa la obra completada de Dios, y eso en sí ya sería suficiente. Pero, se le agrega un número más, es decir el número ocho, para aclarar que habrá más que suficiente poder para enfrentar a los enemigos del pueblo de Dios.

Cap. 5, vers. 7 al 9 – Aquí se describe el triunfo de los judíos restantes, triunfo que les es dado por su Mesías: Ellos serán como el rocío del Señor, como lluvia en el pasto. Ellos estarán en medio de muchas naciones, como un león entre los animales del bosque, y su mano prevalecerá contra todos los adversarios.

Cap. 5, vers. 10 y 11 – Quedará claro, sin embargo, que esta victoria no sucederá por el poder militar o por su supremacía. Porque el Señor mismo aniquila sus caballos, destroza sus carros, y rompe sus ciudades y fortalezas.

Cap. 5, vers. 12 al 14 – Pero, todo esto recién sucederá cuando el Señor haya exterminado de en medio de ellos a los hechiceros, agoreros, ídolos e imágenes de Asera.

Cap. 5, vers. 15 – En aquellos últimos días de juicio, la ira de Dios se derramará con gran poder destructor sobre el mundo.

Veamos ahora: La pequeña ciudad en Judá. Hasta aquí hemos hecho una sinopsis de estos dos capítulos. Ahora, en primer lugar, nos dirigiremos hacia el versículo más destacado, o sea a la historia de la Navidad, de Miqueas 5:2 –“Pero tú, Belén Efrata, pequeña para estar entre las familias de Judá, de ti me saldrá el que será Señor en Israel; y sus salidas son desde el principio, desde los días de la eternidad.”Este versículo es una de las profecías más cortas, pero más notable, sobre la venida del Señor Jesús a esta tierra. En la misma frase habla de dos moradas muy distintas del Mesías: sobre la eternidad, como Su residencia celestial, y sobre Belén Efrata, como Su morada terrenal.

El nombre Belén significa “casa del pan” (Beth-Lechem). Se le dio este nombre por la fertilidad de su entorno, en contraste con el cercano desierto de Judá. En el capítulo 2 del libro de Rut, podemos leer acerca de la gran fertilidad de esa zona en ese tiempo. También hay otra explicación para el término “casa del pan”, y ésta tiene que ver, en forma muy directa, con el Señor Jesús. Porque en el momento en que nuestro Señor vio la luz del mundo en Beth-Lechem, en la “casa del pan”, Él se convirtió en el cumplimiento literal de ese nombre. Además, más adelante, en Jn. 6:35 y 51 leemos que Él dijo de Sí mismo:“Yo soy el pan de vida; el que a mí viene, nunca tendrá hambre… Yo soy el pan vivo que descendió del cielo; si alguno comiere de este pan, vivirá para siempre; y el pan que yo daré es mi carne, la cual yo daré por la vida del mundo”.

A través de Jesucristo, el “pan de vida”, la “casa del pan” llega a tener su significado más profundo y más glorioso. Y con el nacimiento de Jesús, Belén se convirtió en el centro de aquel tiempo, en el centro de todo el acontecer mundial. Pero, sorprende ver que casi nadie se percató de ese cambio tan enorme que sucedió en esta pequeña ciudad en Judá. Es más: Belén era, y siguió siendo, un pequeño e insignificante lugar. Y eso, a pesar de que conocían la profecía de Miqueas. Porque cuando Herodes quiso saber, de boca de los sabios y de los escribas, dónde debía nacer el nuevo rey, ellos se refirieron a este pasaje. Pero, en la noche del nacimiento de Jesús, según Lc. 2:15, sólo fueron unos pocos pastores los que comprendieron lo que estaba sucediendo allí, en el pueblito de Belén. El resto, simplemente se perdió este portentoso acontecimiento.

Si se mira a Belén en la actualidad, todavía no se puede decir que sea un lugar sobremanera importante. Al contrario: es un pueblito con una atmósfera política tensa, y en las últimas décadas, de tiempo en tiempo, ha estado bajo mucha presión. Lo que encontramos allí en el día de hoy, ya no tiene mucho que ver con las palabras del profeta Miqueas. Aun así, para nosotros los cristianos, Belén, hasta el día de hoy, es el lugar que cambió drásticamente al mundo. Y la única razón para eso, es que Dios el Señor mismo había anunciado que Su Hijo nacería en Belén. Eso es para nosotros un mensaje de Navidad muy especial: Dios cumple lo que dice, aun cuando, a primera vista, no se pueda ver casi nada de eso. No necesitamos cosas, ni experiencias espectaculares, para llegar a tener la seguridad de la salvación en Cristo, sino una fe sencilla e inocente en la Palabra escrita de Dios.

 

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