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Autor: Wim Malgo
La higuera, un imagen de Israel y también una analogía profética sobre el fin de los tiempos.
«De la higuera aprended una analogía…»  En el contexto se nos presentan tres figuras
que vamos a estudiar más a fondo en esta oportunidad.


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Estimado amigo, en el ejemplo de las hojas de la higuera, vemos que las obras de la ley no pueden darnos la justicia que es válida delante de Dios. Esto se nos muestra con toda claridad en el ejemplo de la higuera Israel. En todo el transcurso de la historia de este pueblo, Dios mostró, a todo el mundo, que la ley no puede salvar.

Pero justamente éste es el gran problema de Israel hasta el día de hoy, que ellos, hasta ahora, creen que pueden ser justificados por las obras de la ley. La Biblia, sin embargo, enseña inequívocamente: «que ningún hombre es justificado por las obras de la ley» (Gál. 2:16). En Gálatas 3:10 lo expresa aún más claramente: «Porque todos los que se basan en las obras de la ley están bajo maldición…» Estas palabras de suma seriedad, el apóstol Pablo las dirige, en primer lugar, a los creyentes de Galacia, quienes, además de la gracia de Jesucristo también querían cumplir las leyes del judaísmo.

Al igual que Adán y Eva quienes «…cosieron hojas de higuera y se hicieron ceñidores», así, en la actualidad, muchos buscan alcanzar la buena voluntad de Dios por medio del cumplimiento de la ley o de ejercicios religiosos. En Praga, por ejemplo, conocimos a un hombre que hasta su conversión oraba el «Padre Nuestro» 150 veces por día. Todos los que hacen este tipo de cosas se esfuerzan en vano, porque con esto, en verdad, se encuentran «bajo la maldición». ¡Qué bien suena, en medio de todo esto, el mensaje del sacrificio de la muerte de Jesucristo en la cruz: «Cristo nos redimió de la maldición de la ley al hacerse maldición por nosotros (porque está escrito: Maldito todo el que es colgado en un madero)» (Gál. 3:13).- «Luego Jehová Dios hizo vestidos de piel para Adán y para su mujer, y los vistió.» ¡El creó una salvación mejor!

Un hombre sabio dijo una vez:

La legalidad es el malentendido que confunde el diagnóstico con la terapia.

La legalidad siempre es algo a medias. Generalmente, el ser humano busca hacer resaltar un punto en especial, que está dispuesto a cumplir, y luego se duerme sobre el supuesto cumplimiento de la ley, desistiendo así de la comunión con Jesús.

Del mismo modo se expresa Pablo, cuando habla de la higuera Israel: «Pues, ignorando la justicia de Dios y procurando establecer su propia justicia, no se han sujetado a la justicia de Dios. Porque el fin de la ley es Cristo, para justicia a todo aquel que cree» (Ro. 10:3-4).

¿Y qué me dice usted? ¿Ya ha llegado a la gracia? En realidad es tan simple: Uno se dirige simplemente al Señor Jesucristo y Le entrega su vida entera. Eso, en realidad, ya es el paso del arrepentimiento, cuando uno reconoce: «Soy un pecador en todo sentido». No es posible confesar por nombre todos los pecados que uno ha cometido en pensamiento, palabra y hecho. Por eso: Vaya también usted con su vida entera a Jesús y dígale: «Soy un pecador en todo sentido. Señor, Te necesito para mi vida entera — para todo lo que fue, lo que es y lo que será. Te acepto ahora como mi Salvador». Así usted podrá experimentar lo que es la verdadera salvación — ¡porque esa es la justicia en Jesús que es válida delante de Dios!

Ya en las primeras páginas de la Biblia se nos muestra la higuera, como imagen de Israel, a manera de un libro escolar de la enseñanza de Dios sobre la salvación válida. Así como las hojas de higuera de Adán y Eva muestran su deseo de salvación — y más allá de esto, el sacrificio válido de Jesucristo — así Israel nos fue dado como una imagen de la gracia salvadora. Por medio de este pueblo se nos muestra, con toda claridad, el deseo de salvación del ser humano y el cumplimiento de ese deseo, en Cristo.

Encontramos una segunda analogía en la higuera:

(recuerde, la primera imagen fue: La higuera como maestro del camino correcto, es decir a la verdadera justicia, válida y permanente).

2. La higuera como maestro de salvación

En 2 Reyes 20:5-7 el Señor le dice a Su profeta Isaías: «Vuelve y di a Ezequías, el soberano de mi pueblo: Así ha dicho Jehová, Dios de tu padre David: `He oído tu oración y he visto tus lágrimas. He aquí, te voy a sanar; al tercer día subirás a la casa de Jehová. Añadiré quince años a tus días, y libraré a ti y a esta ciudad de mano del rey de Asiría. Defenderé esta ciudad por amor a mí mismo y por amor a mi siervo David.’ Entonces Isaías dijo: Tomad pasta de higos. La tomaron y la pusieron sobre la llaga; luego sanó.»

¿Qué aprendemos de esto?

1. La higuera, Israel, está puesta para salvación.

Israel es para la humanidad, para todas las naciones, como una venda sanadora de pasta de higos. Pero este pueblo no es salvación y bendición sobre la tierra en sí mismo, sino por Aquél que viene de Israel y que se ha convertido en el sacrificio para el mundo: Jesucristo. Esta ya era la intención salvadora de Dios con Abraham, cuando El le dijo al patriarca: «En ti serán benditas todas las familias de la tierra» (Gn. 12:3). Jesús es el Salvador del mundo, pero El salió del judaísmo. ¡Esto, en sí, es el derecho de existencia del pueblo judío, del cual el Eterno de Israel hizo venir, en Su Hijo Jesucristo, la salvación para el mundo entero!

Los botánicos describen a la higuera de la siguiente forma: «Tiene un tronco torcido y corteza brillante.» Israel, en sí mismo, es torcido y rebelde, pero brillante en y a través de Jesús. Instintivamente me hace pensar en el israelita Moisés quien, en sí mismo, también era torcido. Pero cuando él salía de la presencia de Dios, «la piel de su cara resplandecía por haber estado hablando con Dios» (Ex. 34:29).

«Las ramas se extienden en todas las direcciones y tienen hojas quíntuples.» Israel se convirtió en salvación para todas las naciones. Primeramente se proclamó el evangelio en Jerusalén, en Samaria y en Judea, pero luego — desde Israel (la higuera) — en todas las direcciones, a todos los pueblos. Hojas quíntuples: El cinco en la Biblia es el número de la gracia. Una venda quíntuplo de higos fue puesta sobre el lugar enfermo en el cuerpo de Ezequías, y él se sanó. Y Jesús tenía cinco heridas, las cuales se convirtieron en salvación para el mundo.

En Isaías 49:3 está escrito: «Y me dijo: Mi siervo eres tú, oh Israel; en ti me gloriaré» (Is. 49:3). Aquí vemos la identificación de Israel con su Hijo más importante, Jesucristo. La higuera, Israel, en combinación con Jesús, el Mesías, se convirtió en la salvación del mundo.

Por eso dice tres versículos más adelante: «Poca cosa es que tú seas mi siervo para levantar a las tribus de Israel y restaurar a los sobrevivientes de Israel. Yo te pondré como luz para las naciones, a fin de que seas mi salvación hasta el extremo de la tierra» (Is. 49:6). Aquí la Palabra de Dios ya no se dirige a Israel como tal, sino a Aquél que debía salir de Israel, Jesucristo: «…que tú seas mi siervo para levantar a las tribus de Israel y restaurar a los sobrevivientes de Israel…» Porque, naturalmente, Israel no podía levantarse a sí mismo y traer de nuevo a los dispersados. Y como la higuera, Israel, es torcida en sí misma y solamente brilla en su Mesías, está claro que también las demás palabras de Dios se dirigen al más grande de los hijos de Israel: «…te pondré como luz para las naciones, a fin de que seas mi salvación hasta el extremo de la tierra.» Por eso fue que Jesús dijo en Juan 4:22b: «…la salvación procede de los judíos.»

Pero más aun podemos aprender: Proféticamente pareciera que también ya se está perfilando la futura salvación de Israel en su propia restauración.

De este punto y de la tercera imagen: – La higuera como maestra de las intenciones salvadoras de Dios – vamos a escuchar en el próximo programa. Hasta entonces y que Dios le bendiga.

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