La santa voluntad de Dios (3ª parte)

La santa voluntad de Dios (2ª parte)
25 abril, 2026
La santa voluntad de Dios (2ª parte)
25 abril, 2026

Autor: Wim Malgo

Conocer y obedecer la voluntad de Dios, es la clave para la renovación espiritual y la santificación. Wim Malgo advierte en este mensaje contra la pasividad y enfatiza que la verdadera vida cristiana requiere perseverancia y obediencia.


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PE3205 – La santa voluntad de Dios (3ª parte)



Estimado amigo, en este estudio acerca de la voluntad de Dios para tu vida, volvemos a la exhortación de Pablo a su hijo espiritual Timoteo, que ya mencionamos en el programa pasado: “Te aconsejo que avives el fuego del don de Dios que está en ti». Ahora te pregunto a ti: ¿arde el fuego del don de Dios en tu vida? ¿Eres obediente a lo que tú sabes que es la voluntad de Dios para ti? ¿O te dejas llevar por la inercia? Si no te ejercitas de continuo en la fe, no estarás preparado cuando se presente una prueba.

 

Es algo terrible, cuando uno se conforma con su pereza e indolencia. Esto produce impotencia y muerte espiritual. Por eso, te advierto que no te lo tomes a la ligera, pensando que podrás llevar una vida espiritual cómoda, sin tener que cambiar cosas en tu vida. Es sumamente peligroso acumular conocimiento espiritual y no crecer en la obediencia. ¡Haz obras de obediencia concretas! ¡Haz la voluntad de Dios!

 

Lo más importante no es que tengamos éxito en nuestra vida de fe, ni tener algún cargo en la iglesia local, sino que seamos personas que lleguen a conocer la voluntad de Dios y la hagan. En la carta a la iglesia en Colosas, leemos que Pablo, juntamente con otros hermanos, oraba persistentemente por esto. Les escribe: «…nosotros, desde el día que lo oímos, no cesamos de orar por vosotros, y de pedir que seáis llenos del conocimiento de su voluntad en toda sabiduría e inteligencia espiritual». Este ser llenos no significa otra cosa sino el ser completamente penetrados por la voluntad de Dios revelada en la Biblia.

Lo mismo oraba Epafras, siempre rogando encarecidamente por los colosenses en sus oraciones, para que estuvieran “firmes, perfectos y completos en todo lo que Dios quiere”. ¿Cuál es, pues, la gran tragedia, y qué es lo que produce todas las tensiones, los conflictos y problemas en las familias, los matrimonios y las iglesias? La respuesta es: el hecho de que muchas veces vivimos alejados de la voluntad de Dios. ¡Allí está el punto débil!

 

Leemos en Romanos 12:2: «No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta».

 

En 1 Timoteo 2:3-4 leemos acerca de la buena y agradable voluntad de Dios: «Porque esto es bueno y agradable delante de Dios nuestro Salvador, el cual quiere que todos los hombres sean salvos y vengan al conocimiento de la verdad».

También el propósito de nuestra salvación corresponde a la voluntad buena y agradable de Dios. Leemos en Efesios 1:5 que «nos predestinó para adopción como hijos para sí mediante Jesucristo, conforme al beneplácito de su voluntad» (lbla).

Y cuando Romanos 12:2 habla de la voluntad perfecta de Dios, me hace pensar en la culminación de Su meta con los creyentes. Leemos en 1 Tesalonicenses 4:3: «Pues la voluntad de Dios es vuestra santificación”. Por eso, la perfecta voluntad de Dios para ti es que llegues a ser como Él, por medio de la creciente santificación. El Señor Jesús dice al respecto en Lucas 6:40: «El discípulo no es superior a su maestro; mas todo el que fuere perfeccionado, será como su maestro». Y en Mateo 5:48 nos exhorta: «Sed, pues, vosotros perfectos, como vuestro Padre que está en los cielos es perfecto».

 

La voluntad perfecta de Dios no se realiza automáticamente en tu vida, sino tiene por condición una creciente renovación de tu pensar. Leamos en este contexto una vez más Romanos 12:2, según la Biblia de las Américas: «Y no os adaptéis a este mundo, sino transformaos mediante la renovación de vuestra mente (= la renovación de vuestra manera de pensar), para que verifiquéis cuál es la voluntad de Dios: lo que es bueno, aceptable y perfecto».

Este texto dice que nuestro pensar puede ser cambiado si lo queremos, o mejor dicho, si reivindicamos para ello la victoria de Jesucristo sobre nuestra vieja naturaleza.

 

No pudimos hacer nada a favor o en contra el hecho de que nacimos en este mundo. Pero para nacer de nuevo es necesario responder a la invitación de Dios de creer en Él y de recibir a Su Hijo; y esta es responsabilidad nuestra. Dios da el nuevo nacimiento a cada uno que, mediante su voluntad, recibe a Jesucristo en su corazón. Este principio se aplica también a otros ámbitos de la vida espiritual. Puedes ser renovado en tu manera de pensar, si tú lo quieres. ¡Considera que las promesas de Jesús siempre desafían en primer lugar nuestra voluntad! Solamente si obedecemos, se nos abre el entendimiento. El Señor dice en Juan 7:17: «El que quiera hacer la voluntad de Dios, conocerá si la doctrina es de Dios, o si yo hablo por mi propia cuenta».

Y en la Juan 5:40, el Señor Jesús lamenta la falta de voluntad, cuando dice: «…no queréis venir a mí para que tengáis vida».

 

 ¿Y tú? Tal vez tienes apariencia de ser piadoso, incluso eres un obrero en la viña del Señor, repartes folletos quizás; pero en lo más profundo de tu corazón te opones a la voluntad perfecta de Dios, que es tu santificación. No quieres permitirle que te renueve cada vez más profundamente.

 

Tu voluntad es desafiada en la confrontación con la Palabra de Dios. Mientras veas la voluntad de Dios como una exigencia excesiva, no habrá ninguna renovación. Quizás dices: Es tan avasalladora la plenitud de conocimiento que se me enfrenta en la Biblia, que no me animo a seguir adelante. Pero si sigues adelante, paso a paso en obediencia a lo que entiendes, todo lo que era tan difícil y confuso, de repente cobrará sentido y claridad, como si fueras alumbrado por un rayo. Sin embargo, será necesaria para esto tu perseverancia, tu querer.

 

En 1 Juan 2:17 leemos: «…el mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre».

Hoy en día, en nuestros países occidentales, muchos cristianos parecen decir: “Predícanos lo que hemos escuchado desde el principio, lo que no nos estorba en nuestro profundo sueño. No queremos que se nos diga otra cosa”. Vivimos hoy en la época que Pablo anticipó de manera profética en 2 Timoteo 4:3-4, diciendo: «Vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oír, se amontonarán maestros conforme a sus propias concupiscencias, y apartarán de la verdad el oído y se volverán a las fábulas».

 

Por eso tenemos hoy en nuestras iglesias, por decirlos de manera gráfica, mucha carne piadosa que huele mal a un kilómetro de distancia. ¿Por qué? Porque hay creyentes no quieren hacer la voluntad de Dios en áreas específicas de su vida. Pregúntate a ti mismo, pues tú sabes muy bien en qué área no obedeces a Dios.

 

La continua renovación del pensar es el único estado sano para un cristiano.

Por eso, ¡te animo a que no consideres definitiva ni inmutable tu actual manera de pensar! Si no permites el continuo obrar de Dios en tu vida, te encostrarás espiritualmente. Por eso te digo: ¡decide hoy hacer la voluntad de Dios! ¡No hay nada que pueda sustituir el hacer Su voluntad!

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