La santa voluntad de Dios (1ª parte)
19 abril, 2026La santa voluntad de Dios (3ª parte)
26 abril, 2026Autor: Wim Malgo
Wim Malgo enfatiza la importancia de hacer la voluntad de Dios, no solo escucharla. Explica que la verdadera transformación espiritual ocurre al obedecer la Palabra de Dios.
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PE3204 – La santa voluntad de Dios (2ª parte)
Leemos en Mateo 7:24-29: «Cualquiera, pues, que me oye estas palabras, y las hace, le compararé a un hombre prudente, que edificó su casa sobre la roca. Descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y golpearon contra aquella casa; y no cayó, porque estaba fundada sobre la roca. Pero cualquiera que me oye estas palabras y no las hace, le compararé a un hombre insensato, que edificó su casa sobre la arena; y descendió lluvia, y vinieron ríos, y soplaron vientos, y dieron con ímpetu contra aquella casa; y cayó, y fue grande su ruina. Y cuando terminó Jesús estas palabras, la gente se admiraba de su doctrina; porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas».
La gente admiraba la doctrina de Jesús, pero, aun así, el pueblo que oía sus palabras no respondía con arrepentimiento. ¿Y nosotros hoy? Deberíamos estar en medio de un poderoso avivamiento por causa de miles de cristianos que han oído su Palabra y comenzado a hacer lo que Jesús dice. Pero, lamentablemente no hay ningún movimiento radical de arrepentimiento. Son solamente unos pocos los que responden a la Palabra de Dios en verdadera obediencia de fe y hacen lo que el Señor dice. Tenemos muchos que dicen: “¡Señor, Señor!”, pero Él tiene que responderles con la palabra de Lucas 6:46: «¿Por qué me llamáis, Señor, Señor, y no hacéis lo que yo digo?».
Existen varias razones por las cuales una persona que dice ser creyente, a pesar de esto, no hace la voluntad del Señor en su vida. Sí, algunos parecen incapaces de hacer la voluntad del Señor, porque todavía están atados a hábitos que no quieren dejar y que los tienen presos en los lazos de satanás. Pablo manda a Timoteo a corregir a este tipo de personas: » … por si quizá Dios les conceda que se arrepientan para conocer la verdad, y escapen del lazo del diablo, en que están cautivos a voluntad de él». Satanás siempre empieza su obra a partir de nuestro ser natural pecaminoso. De esta tendencia negativa que nos rige habla el apóstol Pablo en Romanos 7:19-20, donde dice: «Porque no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero, eso hago. Y si hago lo que no quiero, ya no lo hago yo, sino el pecado que mora en mí».
Esta actitud negativa del corazón humano frente a la Palabra de Dios, solamente va en una dirección, la de la negación, de la destrucción, de la auto-aniquilación. Pues Proverbios 13:13 dice: «El que menosprecia el precepto perecerá por ello».
Durante la Segunda Guerra Mundial fueron arrojados sobre la ciudad alemana de Dresde cerca de 4.000 toneladas de explosivos. Este hecho constituyó hasta aquel entonces la mayor concentración de poder destructivo, que luego fue superada en 1945 con la bomba atómica que cayó sobre Hiroshima, la cual equivalía a 20.000 toneladas de explosivos. La bomba de hidrógeno testeado nueve años más tarde, en el atolón de Bikini, equivalía a 15 millones de toneladas.
La humanidad es capaz de llevar a cabo la autodestrucción del planeta Tierra. Sin embargo, las más terribles previsiones de este poder destructivo no estremecerán ni despertarán al hombre, si él mismo no es llevado a asustarse por la fuerza explosiva de su propio corazón desobediente.
Alberto Einstein escribió ya en 1948:
“El verdadero problema está en el corazón y en los pensamientos del hombre. No es un problema físico, sino uno ético. Es más sencillo cambiar la composición del plutonio que echar al espíritu malo de un hombre. Lo que nos atemoriza, no es la fuerza explosiva de la bomba atómica, sino el poder de la maldad del corazón humano, su fuerza explosiva para el mal”.
El poder destructivo de la bomba atómica es lo opuesto del poder de la Biblia. En la Biblia está almacenada una divina energía restauradora, que aniquila todas las fuerzas de destrucción. Pero, así como la más fuerte bomba infernal se presenta inofensiva mientras no sea encendida, así la Santa Escritura permanece letra muerta, a no ser que el destello divino salte al corazón y a la conciencia de la persona que se somete a la Palabra de Dios con fe y en obediencia.
De esto se trata: ¡de hacer la voluntad de Dios! La liberación del poder del pecado y del temor de la muerte, la liberación del temor a los hombres y del egoísmo, la fuerza para amar al enemigo y el gozo del corazón, son efectos milagrosos de la Palabra.
Un libro que produce estas cosas no puede ser de origen humano. ¡Ay de los que procuran quitar el detonador de la Santa Escritura, queriendo dar al libro un carácter inofensivo, como si fuera una obra humana llena de contradicciones! Pero justamente esto es el empeño de Satanás. Y si no tomas absolutamente en serio la Palabra de Dios y no le obedeces completamente, estás atrapado por lo que no corresponde a la voluntad de Dios para tu vida, y vas cediendo a la voluntad de Satanás.
Experimentarás que no hay ninguna bendición sobre lo que haces. Pues nada te separa tanto del Dios vivo como tu egocéntrica voluntad propia, y nada te une tanto a Él como Su salvadora voluntad de amor en Jesucristo.
También puede ser que estés sumiso a la voluntad de otra persona y por eso no eres capaz de hacer la voluntad de Dios. Tener un matrimonio armonioso, en el cual el Señor es el centro, es algo muy hermoso. Pero ¡qué desgracia si uno es esclavo de la voluntad de su cónyuge! – entonces resulta una catástrofe. Entonces el hombre o la mujer conscientemente sustituye la voluntad de Dios por hacer lo que le manda el cónyuge. No en vano nos advierte la Escritura en 1 Corintios 7:23: «Por precio fuisteis comprados; no os hagáis esclavos de los hombres».
La tragedia del rey Acab fue que era esclavo de la voluntad de su maligna esposa Jezabel. Mi pregunta a ti es: ¿Estás en condición de hacer la voluntad del Señor en un determinado asunto, después de haber llegado a conocerla? ¿O eres incapaz para esto, porque vives como esclavo de una voluntad humana? Considera que la venida del Señor está muy cerca y que el Señor dijo en Lucas 12:47: «Aquel siervo que conociendo la voluntad de su señor, no se preparó, ni hizo conforme a su voluntad, recibirá muchos azotes».
¡Amigo mío!, la bendición y el fruto, sí, la autoridad espiritual en nuestras vidas, son determinados por la medida en la cual hacemos la voluntad del Señor. Por tanto, Efesios 5:17 nos exhorta: «no seáis insensatos, sino entendidos de cuál sea la voluntad del Señor».
Para ilustrar más a fondo este tema, quiero comparar do tipos de personas: un artista y una persona artística.
El artista es alguien que no solamente tiene la mirada y el don artístico, sino también está dispuesto a aprender los conocimientos técnicos y pagar el costo que conlleva lograr expresar lo que ve. En cambio, una persona artística no tiene esa misma dedicación, necesaria para poder mejorar las técnicas del arte a través de las cuales se podría expresar. Por eso, existen muchas más personas artísticas que verdaderos artistas plásticas.
Exactamente lo mismo pasa con la poesía. Muchos piensan como Goethe, Cervantes o Shakespeare, pero no son como ellos. Pues hay muchos que tienen ideas poéticas, pero hay muy pocos poetas. No basta con sentir arder en sí la llama creativa. Si uno no está dispuesto a tomar sobre sí, con completa concentración, el duro trabajo de aprender las formas de expresión, su talento no le servirá nada.
De la misma manera, si no tenemos suficiente vida de Dios en nosotros para vencer las dificultades y obedecerle en todo, entonces llevamos una vida espiritual empobrecida. El apóstol Pablo le dice al joven Timoteo: «…te aconsejo que avives el fuego del don de Dios que está en ti».
Y yo te digo lo mismo: ¡pon en práctica la voluntad de Dios para tu vida, en el poder de Espíritu Santo que Dios te ha dado!
