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Existieron algunas experiencias que marcaron la vida de Josué a fuego. Gracias a ellas entendió la importancia de una íntima relación con Dios. Se dio cuenta de que era fundamental para obtener la victoria, para recibir la revelación de Dios y para todos los aspectos de la vida entera.
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En nuestros estudios consecutivos sobre la vida de Josué, estamos observando cómo Dios lo fue preparando para encarar la responsabilidad de servirle liderando al pueblo. Por medio de analizar estas características podemos aprender lecciones muy necesarias para nuestra vida espiritual y los desafíos que tenemos que encarar tanto en lo secular como en lo espiritual. Una de las lecciones que cada siervo de Dios tiene que aprender es… APRENDIÓ TENER COMUNIÓN CON DIOS Existieron algunas experiencias que marcaron la vida de Josué a fuego. Pero creo que una de las que más lo impactó fue respecto a la importancia de una íntima relación con Dios. Se dio cuenta que la profunda comunión con Dios era fundamental para obtener la victoria, para recibir la revelación de Dios y para todos los aspectos de la vida entera. Es necesaria para la victoria Anteriormente vimos como Moisés intercedía desde la cumbre del collado mientras Josué estaba peleando contra los amalecitas. Sin lugar a dudas, en este momento, recibió una de las enseñanzas más trascendentes para su vida. Decía el pasaje: “Y sucedía que cuando alzaba Moisés su mano, Israel prevalecía; mas cuando él bajaba su mano, prevalecía Amalec” (Ex.17:11). Es fácil imaginarnos a Josué enfrentando al enemigo en el valle. Los enfrentó con todo el valor y de forma aguerrida. Ellos estaban logrando hacer retroceder al enemigo. De reojo podía observar a Moisés con las manos levantadas. Con gran valor animaba a sus soldados que iban abriendo brechas en las filas enemigas. Pero, de repente, era el enemigo que los estaba acorralando. Era el enemigo que los hacía retroceder. Era el enemigo que iba avanzando sobre sus hombres. Quizás en un primer momento, Josué no entendía lo que sucedía. El enemigo se estaba convirtiendo en más poderoso que ellos. Por más que se esforzaran, no podían avanzar, más bien eran obligados a retroceder. Allí Josué levanta su mirada desesperada al collado y ve como Moisés había bajado los brazos. Por un momento no puede creer lo que ve. Estaba Moisés olvidándolos. Pero justo ahí, lo ve levantar los brazos de vuelta. En este momento pareciera que nuevas fuerzas corrieran por los brazos de sus soldados. Con nuevo ánimo se lanzan contra los amalecitas. Éstos son echados hacia atrás. Pero al poco tiempo la situación se vuelve a revertir. Me imagino a Josué mirar incrédulo a la cumbre del cerro y ver a su amado líder otra vez con los brazos abajo. Pero cuando el ejército enemigo parecía tomar la delantera otra vez, una vez más ve a Moisés levantar sus manos al cielo. Estas idas y venidas sucedieron un par de veces, no sabemos cuantas, pero suficientes para que Josué se diera cuenta la relación entre las manos con la vara levantada y la victoria, y, por el contrario, las manos cansadas, con la derrota. Con cuánto alivio vio que a Aarón y Hur se les ocurrió sostenerle las manos. La consecuencia inmediata fue una victoria arrolladora sobre el enemigo. Josué comprendió rápidamente, que la victoria no se había logrado por sus méritos de estratega militar. Aunque era necesario un ejército y un líder que los dirigiera, sin la intercesión de este gran hombre de Dios, no se hubiera logrado la victoria. Si miramos nuestras iglesias e inclusive nuestras vidas en lo personal, ¡cuánto se hace en las propias fuerzas! Hacemos mucho, decidimos infinidad de temas a diario, sin haber tenido la debida comunión con el Señor. Después nos asombramos si las cosas no funcionan como deberían. Emprendemos estudios, trabajos, nos mudamos, inclusive emprendemos tareas en la obra de Dios, y después todo se pierde en la nada, queda trunco y sin fruto. Pareciera que todo está marcado por el desastre, fallas y derrotas. Es muy probable que sea tiempo de dedicarse a tener comunión con el Señor por medio de su Palabra y la oración. Es necesaria para la revelación Poco tiempo más tarde de estos eventos, el pueblo había llegado al Monte Sinaí. Allí sucedió que “…se levantó Moisés con Josué su servidor, y Moisés subió al monte de Dios. Y dijo a los ancianos: Esperadnos aquí hasta que volvamos a vosotros; y he aquí Aarón y Hur están con vosotros; el que tuviere asuntos, acuda a ellos” (Ex.24:13). Cuando Moisés subió al monte para estar en la presencia de Dios, Josué fue el único que lo acompañó. No sabemos hasta dónde fueron juntos. Lo único que sabemos es que Moisés y Josué estuvieron en la falda del monte durante 6 días esperando que Dios lo llamara a Moisés a la cumbre, dentro de la nube que cubría el monte. Al séptimo día Dios lo llamó a Moisés desde la cumbre. Moisés subió y estuvo en la presencia de Dios durante 40 días seguidos. Cuando regresó se encontró con Josué otra vez, que lo estuvo esperando todo este tiempo y bajaron juntos al campamento. De mientras el pueblo se había impacientado y se habían dado a la adoración del becerro de oro. ¿Pero para qué había subido Moisés al monte? Fue para recibir la Ley de Dios escrita en las tablas de piedra. También fue allí que Dios le reveló a Moisés como debería ser el tabernáculo, el lugar desde dónde el Señor se iba a manifestar a su pueblo. Allí iba a estar la presencia de Dios. Iba a ser también en este lugar donde el israelita podía solucionar el problema de su pecado. Fueron los temas de mayor trascendencia que le sucedieron al pueblo en su estadía en el desierto. Pero todo esto sólo fue posible porque Moisés estuvo en la presencia de Dios. Si queremos profundizar en el conocimiento de Dios, recibir su perdón, saber de su obrar y reconocer su voluntad para nuestra vida, no existe otra fuente ni otra manera que buscar la comunión con Él que por medio de la oración y el estudio conciente y constante de la Biblia. Es necesaria para la vida entera Es indudable que estos hechos impactaron de forma definitiva y profunda en la vida de Josué. Comprendió que la bendición de Dios, su guía, protección y provisión dependían absolutamente de su cercanía al Señor. Por esto, después que la tienda de reunión con Dios fuera sacada de en medio del pueblo por el pecado del becerro de oro, leemos de estos dos hombres que Moisés salía a la presencia de Dios: “Y hablaba Jehová a Moisés cara a cara, como habla cualquiera a su compañero. Y él volvía al campamento; pero el joven Josué, hijo de Nun, su servidor, nunca se apartaba de en medio del tabernáculo” (Ex.33:11). Este tabernáculo todavía no era el que se iba a construir luego con los altares, candelabro, mesa, el arca, etc. Esta tienda era el lugar donde se llevaban a cabo las audiencias, donde Moisés recibía la guía de Dios frente a los diferentes asuntos y allí donde estaba en comunión con el Señor. ¿Existe alguna duda por qué Dios eligió a Josué como sucesor de Moisés? ¿Cuál habrá sido la razón por la cual Dios le pudo guiar y dar a Josué un puesto tan elevado dentro de Su pueblo? ¿Por qué Dios le otorgó a Josué la victoria sobre sus enemigos? ¿Por qué fue bendecido en todo lo que emprendió? La respuesta es obvia y la tenemos en el versículo anterior y es porque “…el joven Josué, …nunca se apartaba de en medio del tabernáculo” o sea, de la presencia de Dios. Por esta razón, luego de la muerte de Moisés, vemos como Dios se le revela a Josué personalmente (Jos.1:1). Teniendo presente esta realidad, quizás comprendamos mejor porque el salmista pudo decir: “Porque mejor es un día en tus atrios que mil fuera de ellos. Escogería antes estar a la puerta de la casa de mi Dios, que habitar en las moradas de maldad” (Sl.84:10). Este versículo nos muestra la gran importancia de estar y permanecer lo más cerca posible de Dios. Esto significa que aún en el trabajo, en el estudio, en los quehaceres domésticos e inclusive en el entretenimiento, Dios debe estar presente. Y en medio de todo lo que haya que hacer, la comunión con el Señor debe ser lo primordial. Sólo aquel que busca la presencia del Señor en un profundo estudio de la Palabra y una vida de oración, podrá ser usado eficazmente en la obra de Dios. Si hacemos la prueba, comprobaremos que la bendición del Señor nos acompañará.
