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Autor: Esteban Beitze

Para la victoria sobre la carne, el creyente también requiere recordar el pasado, tener una mirada del presente, y considerar el porvenir.


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PE3109 – Josué (7ª parte)



En esta serie de programas sobre la vida de Josué, estamos analizando como Dios fue preparando la vida de este joven para luego ocupar un servicio de gran trascendencia frente al pueblo de Dios. Él tenía que aprender a enfrentar el enemigo. Ahí trazamos el paralelo a la vida de cada creyente para que tenga una vida de victoria personal sobre uno de sus más grandes enemigos que es la carne. Vamos a leer el pasaje de Éxodo 17:8-16:

Entonces vino Amalec y peleó contra Israel en Refidim. Y dijo Moisés a Josué: Escógenos varones, y sal a pelear contra Amalec; mañana yo estaré sobre la cumbre del collado, y la vara de Dios en mi mano. E hizo Josué como le dijo Moisés, peleando contra Amalec; y Moisés y Aarón y Hur subieron a la cumbre del collado. 11 Y sucedía que cuando alzaba Moisés su mano, Israel prevalecía; mas cuando él bajaba su mano, prevalecía Amalec. 12 Y las manos de Moisés se cansaban; por lo que tomaron una piedra, y la pusieron debajo de él, y se sentó sobre ella; y Aarón y Hur sostenían sus manos, el uno de un lado y el otro de otro; así hubo en sus manos firmeza hasta que se puso el sol. 13 Y Josué deshizo a Amalec y a su pueblo a filo de espada. 14 Y Jehová dijo a Moisés: Escribe esto para memoria en un libro, y dí a Josué que raeré del todo la memoria de Amalec de debajo del cielo. 15 Y Moisés edificó un altar, y llamó su nombre Jehová-nisi; 16 y dijo: Por cuanto la mano de Amalec se levantó contra el trono de Jehová, Jehová tendrá guerra con Amalec de generación en generación” (Éx.17:8-16).

En relación a la victoria sobre la vieja naturaleza en el creyente, vimos paralelos necesarios en esta historia. Para que el creyente viva una vida de victoria, tiene que tener una vida de constante oración, tiene que tomar la iniciativa de enfrentar el pecado y también necesita cultivar la comunión con Dios y hermanos espirituales.

En esta ocasión le vamos a sumar un aspecto más. Para la victoria sobre la carne, el creyente también…

  1. Requiere recordación

Dios le dijo a Moisés: “Escribe esto para memoria en un libro, y di a Josué que raeré del todo la memoria de Amalec de debajo del cielo” (Ex.17:14). Este versículo aparte de evidenciar que Moisés sabía escribir, nos muestra una preciosa realidad. Dios le ordena que escriba estos hechos en un libro como recordatorio de lo que Dios hizo, pero también lo que todavía haría.

1) Una mirada animadora al pasado

¿Por qué Moisés tiene que escribir estos hechos en un libro? En la orden misma encontramos la respuesta. El objetivo era que esta historia sirviera “para memoria” de Moisés, Josué, del pueblo entero y creo también para nosotros. Si sabemos que todos los hechos del Antiguo Testamento nos fueron escritos como ejemplo, también tienen una enseñanza para nosotros. Las enseñanzas ya las vimos, la cuestión ahora es hacer memoria. Quizás preguntes ¿en qué sentido? Puede ser que justamente ahora te encuentres frente al conflicto de tu carne. El conflicto se hace fuerte, casi insuperable, entonces haz memoria de lo que Dios ya hizo en el pasado. En primer lugar, recuerda que Jesús logró una victoria absoluta en la cruz del calvario. Si te basas en esta victoria, si confías en el Señor también la tendrás. Recuerda también como Dios por medio de la oración, acción determinada y confianza en Él, dio una victoria maravillosa a Israel.

También puedes recordar momentos en los cuales Dios te dio victorias en el pasado. Ese Dios no ha cambiado, y aunque el conflicto pareciera insuperable, Josué sabía que Jehová-Nissi seguía siendo el mismo y actuaría a tu favor. Lo mismo podrás experimentar también tú. En relación a tener presente los eventos del Antiguo Testamento para nuestro ejemplo, el apóstol Pablo nos da una advertencia, pero también una promesa: “Y estas cosas les acontecieron como ejemplo, y están escritas para amonestarnos a nosotros, a quienes han alcanzado los fines de los siglos. Así que, el que piensa estar firme, mire que no caiga. No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea humana; pero fiel es Dios, que no os dejará ser tentados más de lo que podéis resistir, sino que dará también juntamente con la tentación la salida, para que podáis soportar” (1Co.10:11-13). La advertencia es que no pensemos que nosotros no podríamos caer. No nos creamos fuertes suficientes para enfrentar las tentaciones. Tales pensamientos quizás sean el preludio de una caída estrepitosa. Pero Pablo también nos señala la promesa y es que el Señor siempre estará dispuesto a ayudarnos si lo queremos, y también nos dará la salida.

 

2) Una mirada animadora al presente

Dios le dice a Moisés: “Escribe esto para memoria en un libro…”. Si Moisés tenía que escribir estos hechos en un libro, esto significaría también, que este libro tendría que ser leído. Y al leer este libro también se sacaría el ánimo necesario para cada problema o conflicto presente. Según el comentarista Matthew Henry[1] en hebreo este pasaje dice literalmente: “Escribe esto para memoria en un libro y repítelo a los oídos de Josué”. En otras palabras, Josué tenía que escuchar, leer y recordar estas enseñanzas contenidas en este libro. Esto ciertamente tenía una aplicación práctica a su vida y la del pueblo.

 

Es demasiado evidente, lo que esto significa para nosotros. Este libro lo tenemos nosotros. Los escritos de Moisés más muchos otros los tenemos disponibles en nuestra Biblia.

Es interesante que el conflicto con Amalec surgió justamente después de haber sido alimentados con el maná (Ex.16) y su sed calmada con el agua de la peña (Ex.17:1-7). Tanto el maná como la roca golpeada de la cual manó el agua, en el Nuevo Testamento son vistas como figuras de Cristo. Por lo tanto, la clave para una vida de victoria sobre nuestra vieja naturaleza está también en el hecho del alimento previo correcto. Si Israel no se hubiera alimentado con el maná y si no hubieran saciado su sed en la fuente, estarían absolutamente debilitados e imposibilitados de hacerle frente al ataque enemigo. ¿Por qué caen tantos creyentes? ¿Por qué tantos viven en derrota constante por debilidades de la carne? Es evidente que no hacen “memoria del libro”, no buscan la fortaleza por un estudio conciente y profundo de la Palabra, no sacian su sed en la fuente de la comunión con el Señor. Se alimentan de otras cosas, sacian su sed con lo que le ofrece el mundo. ¿Es de extrañar entonces, que la consecuencia sea una vida en derrota? Tú puedes tener la victoria si existe una comunión profunda con el Señor por medio de su Palabra. El Señor te sigue invitando a que te fortalezcas interiormente: “Jesús les dijo: Yo soy el pan de vida; el que a mí viene, nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed jamás” (Jn.6:35).  Y en otra ocasión “Jesús se puso en pie y alzó la voz, diciendo: Si alguno tiene sed, venga a mí y beba. El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior correrán ríos de agua viva” (Jn.7:37,38). ¡Busca la fortaleza para este conflicto en el “libro” y en la comunión con el Señor!

 

3) Una mirada animadora al porvenir

A todo lo dicho todavía tenemos que añadir un pensamiento más. Sabemos que los amalecitas no fueron exterminados en esta batalla. Siguieron siendo un problema para Israel. Pero Dios le dio la promesa a Josué: “…raeré del todo la memoria de Amalec de debajo del cielo” (Ex.17:14). Es interesante que era una promesa explícitamente dada a Josué, pues dice: “di a Josué”. Dios no le dio la promesa a Moisés en primer lugar, sino que estaba destinada a Josué. ¿Por qué sería así? Es innegable que era Josué quién iba a necesitar esta promesa. Aunque Moisés todavía no había fallado, por lo cual tampoco se suponía que Josué iba a ocupar el lugar de Moisés, Dios ya sabía que iba a ser Josué quien tendría que enfrentar a muchos otros enemigos al conquistar la tierra prometida. De esta manera ya lo estaba preparando. Pero también dio la promesa de que un día los amalecitas serían exterminados definitivamente.  

 

Esto nos ilustra que, durante toda nuestra vida, la lucha contra la carne seguirá estando. Pero cuando llegue la culminación de nuestra redención, en la venida del Señor por los suyos, recibiremos un cuerpo glorificado en el cual la vieja naturaleza ya no tendrá lugar. Recibiremos un cuerpo celestial con una naturaleza celestial donde el pecado estará completamente ausente. ¡Cómo anhelamos el momento en el cual la lucha contra nuestra carne llegue a su fin! Hasta el apóstol Pablo nos hace partícipes de su lucha interior en Romanos 7:21-24: “Así que, queriendo yo hacer el bien, hallo esta ley: que el mal está en mí. Porque según el hombre interior, me deleito en la ley de Dios; pero veo otra ley en mis miembros, que se rebela contra la ley de mi mente, y que me lleva cautivo a la ley del pecado que está en mis miembros. ¡Miserable de mí! ¿quién me librará de este cuerpo de muerte?”. El conflicto estará presente hasta nuestra muerte o la venida del Señor. Pero de mientras que seguimos en este cuerpo, aunque la vieja naturaleza sigue estando y el conflicto con ella también, tenemos que estar dispuestos a la lucha. La cuestión no es que la carne esté presente, sino si la dejamos gobernar. Lo maravilloso es que podemos contar con la ayuda del Señor para una victoria diaria. ¡Aprovechémosla!

[1] Comentario Matthew Henry – Mattew Henry – Ed.Clie – España 1999 – pág.93

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