Dios restaura lo que pasó: Quien nos hace rectos (26ª parte)

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Autor: Eduardo Cartea

En este programa, abordaremos la disyuntiva a la que todo creyente nacido de nuevo en algún momento despierta. Y es que la rectitud no genera la Santidad, sino que Dios nos ha hecho Santos y en consecuencia nos volvemos rectos.


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PE3195 – Dios restaura lo que pasó: Quien nos hace rectos (26ª parte)



Quien nos hace rectos

Hola. Le acompaño una vez más para meditar con usted sobre el tema que nos ocupa: la restauración de un creyente. En nuestro último encuentro oímos a David pedir con humildad y convicción lo que recoge el v. 10: “Crea en mí, oh, Dios, un corazón limpio”.   

En el v. 7 pidió al Señor ser “purificado con hisopo” y sería limpio. Aquí en el v. 10 repite el pedido, aunque utiliza otra palabra en el original. Esta vez significa puro desde el punto de vista moral. David está pidiendo a Dios un corazón sin impurezas, sin contaminación, sin esas inclinaciones de la carne que le habían hecho sucumbir.

No basta con ser perdonado. Se necesita un corazón renovado. Una nueva forma de pensar, de sentir, de actuar. Por ejemplo, si cometo una infracción leve, pago mi multa y con eso ya estoy libre de culpa y cargo. Estoy absuelto ante la ley. Pero, si no cambio de actitud y dejo de ser imprudente, ¿qué va a pasar? ¡Mañana tendré otra multa!

No es solo “perdóname”, sino, “cámbiame”. No es fácil esto. Hay veces que el pecado es tan rebelde como aquellas hierbas malas que crecen en nuestro jardín. Las cortamos y vuelven a crecer.

Teníamos en nuestra casa un césped malo, lleno de pequeñas espinas, molesto y desagradable. ¿Cómo se combatió y cómo se transformó en un lindo jardín? Plantando buen césped. El bueno se comió al malo. Al poco tiempo teníamos una alfombra de precioso césped verde y suave.

Así es en lo espiritual. ¿Cómo se vencen las malas tendencias, las costumbres viciosas, los malos hábitos? Plantando ideas de Dios. Y estas están en Su Palabra, leída y oída personalmente y en los cultos.

Dice J. M. Martínez:

 

“Solo de un corazón limpio puede brotar como fruto una conducta limpia. Solo de un espíritu recto, puede surgir un comportamiento justo”.

 

Dijo Jesús: “Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios”. Para esto necesitamos una sincera y continua introspección y decir como David mismo, en el salmo 139.23, 24: “Examíname, oh, Dios, y conoce mi corazón; pruébame y conoce mis pensamientos; y ve si hay en mí camino de perversidad, y guíame en el camino eterno”.

¿Cuánto hace que no oramos así?

 

Necesitamos también una renovación interior. Que el Espíritu de Dios, ese manantial de vida que tenemos en nuestro interior, renueve permanentemente nuestros pensamientos, deseos, tendencias, sentimientos, acciones, para hacernos cada vez más semejantes a la Persona de Cristo. “transformados de gloria en gloria, en la misma imagen”.

 Qué Dios nos enseñe a orar como David: Señor, crea en mí un corazón limpio.

 

Renueva un espíritu recto dentro de mí (v. 10b).

Dios es el Creador, pero también el Renovador. Renovar es la tarea permanente del Espíritu Santo:  Salmos 104.24-25; 27-30: “¡Cuán innumerables son tus obras, oh, Jehová! Hiciste todas ellas con sabiduría; la tierra está llena de tus beneficios… todos ellos (se refiere a los seres creados por Dios) esperan en ti, para que les des su comida a su tiempo. Les das, recogen; abres tu mano, se sacian de bien. Escondes tu rostro, se turban, les quitas el hálito, y dejan de ser. Envías tu Espíritu, son creados, y renuevas la faz de la tierra”.

¿Qué pide David a Dios? Renueva un espíritu recto dentro de mí.  El ruego anterior era la limpieza de su corazón. Ahora pide la renovación de su espíritu. Ruega que Dios reconstruya un espíritu recto, no torcido, no dual, no una persona de doble ánimo, es decir, de alma dividida. Santiago dice que un creyente así es inconstante en todos sus caminos.

David pide a Dios hacerle un hombre íntegro, de una sola pieza. Sin fisuras. Sin dobleces. Inconstante.

 

Una canción lo expresa así:

      Renuévame, Señor Jesús, ya no quiero ser igual

Renuévame, Señor Jesús, pon en mí tu corazón

Porque todo lo que hay dentro de mí, necesita ser cambiado, Señor

Porque todo lo que hay dentro de mi corazón, necesita más de Ti.

 

Espíritu recto, también es traducido como espíritu firme (BJ). El término viene de una raíz semita que significa estar erguido, afirmar, establecer, permanecer firme. David había sido débil, poco estable, había caído en el pecado por ceder ante la tentación. Así que, pide a Dios firmeza para no ceder, para no volver a caer, para perseverar en vida de rectitud. La NVI 1999 traduce el v. 10: Crea en mí, oh, Dios, un corazón limpio, y renueva la firmeza de mi espíritu.

Firme es todo lo opuesto a débil y cambiante.  Lo firme no puede ser derribado o movido. Salmo 112.8: “Asegurado está su corazón, no temerá”; 1Pedro 5.9: “Al cual –al diablo resistid firmes en la fe”; Colosenses 1.23: “Si en verdad permanecéis fundados y firmes den la fe, y sin moveros de la esperanza del evangelio”.

La palabra “creer” proviene de un concepto que significa “estar firme y seguro”. Y creer significa exactamente: “continuar firme”, ser fiel.

 

¿Cómo se obtiene la firmeza? 

  • No por mi propia fuerza. 1 Corintios 10.12 es muy claro cuando afirma que “el que piensa estar firme, mire que no caiga”. No serán mis fuerzas las que me darán firmeza. Esta es posible
  • Por la Palabra. Si estoy fundado sobre la Roca, no habrá tempestad que pueda hacerme caer. Mateo 7.24: “Cualquiera, pues, que me oye estas palabras y las hace, le compararé a un hombre prudente, que edificó su casa sobre la roca. Descendió lluvia, y vinieron ríos y soplaron vientos, y golpearon contra aquella casa; y no cayó, porque estaba fundada sobre la roca”.

 ¿Cómo se mantuvo firme Abraham? Por confiar en las promesas de Dios. ¿Cómo lo estuvieron Josué y Caleb?  Por creer la Palabra de Dios. ¿Cómo estuvo David? Salmo 125.1: “A Jehová he puesto siempre delante de mí. Porque está a mi diestra, no seré conmovido”.

Recto, también traduce un término que significa “estar listo o preparado”. David necesitaba esa firmeza para estar preparado para los ataques del enemigo. Vendrían otra vez. Otras veces, sin duda. Pero quien tiene un espíritu recto está preparado para el conflicto. Él había fallado porque cuando vino el ataque del enemigo, estaba débil, ocioso, sin proyectos. Era presa fácil. En el salmo 143.3, 4 lo dice en estos términos: “Porque ha perseguido el enemigo mi alma; ha postrado en tierra mi vida; me ha hecho habitar en tinieblas como los ya muertos, y mi espíritu se angustió dentro de mí; está desolado mi corazón”.

¿Acaso no nos sucede igual? Nuestro enemigo es cruel, despiadado. Como león rugiente anda alrededor nuestro, buscando a quien devorar. En la naturaleza ocurre así. Las presas débiles, descuidadas, aisladas son las que sucumben ante el depredador.

Pablo nos exhorta, por esa razón, en 2Corintios 2.11 a que “Satanás no gane ventaja alguna sobre nosotros, porque no ignoramos sus maquinaciones”. La palabra “maquinaciones”, tiene que ver con la mente, con los pensamientos. Según Ch. Swindoll, podríamos parafrasear este fragmento del versículo así: “No ignoramos su habilidad para meterse en nuestras mentes y dirigir nuestros pensamientos”. Las batallas espirituales se libran en nuestras mentes, cuando permitimos que el enemigo las ocupe con sus estrategias. No obstante, las artimañas de Satanás son completamente predecibles. Él ha usado las mismas estrategias y los mismos métodos y artimañas desde el principio. Todas las tentaciones siguen el mismo modelo. Y tengamos en cuenta que una de las principales reglas de la guerra es: “Conoce a tu enemigo”.

En una preciosa alegoría como es la de Efesios 6, leemos en los versículos 10-13: Por lo demás, hermanos míos, fortaleceos en el Señor, y en el poder de su fuerza. 11. Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del diablo. 12. Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes. 13. Por tanto, tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estar firmes”.

Firmes, listos, preparados. Es tiempo de lucha. Es tiempo de pedir al Señor que renueve un espíritu recto dentro de nosotros. Es tiempo de resoluciones fieles, de propósitos firmes de corazón, de voluntades fuertes y decididas. Como Daniel, que “propuso en su corazón no contaminarse”.

“Afirma mis pasos en Tu palabra, Y que ninguna iniquidad me domine”.

Que el Señor confirme estos pensamientos en nuestros corazones para su gloria y nuestra bendición.

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